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Los toques del shofar y la coronación de HaShem

NITZAVIM 2022

Los toques del shofar y la coronación de HaShem

 

Hay una multitud de esclavos en el mundo, felices de nosotros que tenemos el privilegio de aceptar el reinado del Rey de Reyes en Rosh HaShaná.

El shofar produce dos tipos de sonido, la teki’á y la teru’á. La teki’á es un sonido simple y parejo que expresa alegría y estabilidad al tiempo que la teru’á es un sonido quebrado y con interrupciones que alude a congoja y angustia.

Nuestros sabios establecieron que se toque una teki’á antes y después de la teru’á para sugerir que a pesar de la angustia que nos embarga creemos que el objetivo del Día del Juicio es reparar nuestras acciones y finalmente beneficiarnos.

Naturalmente, el ser humano desea revelar sus potencialidades, aquellas que HaShem le otorgó. Por ello, está interesado en liberarse de la «fe inferior» que disminuye la imagen Divina que lleva en su seno para apegarse a la «fe superior» que potencia a su alma y a sus capacidades. En este nivel, la coronación de HaShem no debilita al ser humano, sino que lo inspira y le confiere sentido a su vida, elevándolo a un estadio del valor y creación que no puede ser alcanzado de no mediar la fe.

Es precepto positivo de la Torá escuchar el shofar en Rosh HaShaná, tal como fue dicho: «Y en el mes séptimo, en el primer día del mes… día de toque de shofar será para vosotros» (Bamidbar-Números 29:1). Los toques del shofar de Rosh HaShaná expresan la coronación de HaShem como monarca sobre nosotros, ya que este es el tema central tanto de Rosh HaShaná como de los Diez Días de Retorno, y por ello en la conclusión de la tercera bendición de la Amidá en vez de «el D’s Santo» decimos «el Rey Santo», y todo aquel que se equivoque y diga lo primero no cumplió con su deber y debe volver a rezar (Shulján Aruj 582:1). Asimismo, el final de la bendición por la santidad festiva durante todos los rezos de Rosh Hashaná dice: «Rey sobre toda la tierra, que santifica a Israel y al Día de Recordación».

En el rezo de Musaf, que es el principal de Rosh HaShaná y es aquel en el cual se efectúan los toques de shofar, nuestros sabios establecieron que se reciten tres bendiciones: Maljuiot, Zijronot y Shofarot, siendo la primera la más importante de ellas, en la que se menciona la santidad del día y se finaliza diciendo: «Rey sobre toda la tierra, que santifica a Israel y al Día de la Recordación», pues la cuestión central de esta festividad es coronar a D´s como nuestro monarca.

La bendición de Zijronot también se refiere a que HaShem es el Rey del universo y por ello recuerda a todas Sus creaturas. Asimismo, la bendición de Shofarot versa sobre la revelación de Su reinado en el mundo que se lleva a cabo por medio del toque del shofar, tal como acaeció en su momento en el Monte Sinai, y tal como lo será en el futuro, cuando a través del toque (teki’á) de un gran shofar se reunirán todos nuestros exiliados para prosternarse ante HaShem en Jerusalém.

El sonido de teru’á expresa también Su reinado, y en virtud del temor que nos infunde comparecemos ante Él con congoja y deseo de retorno.

El privilegio de aceptar Su reinado

¡Felices de nosotros que tenemos el privilegio de coronar sobre nosotros al Rey de Reyes, el Santo Bendito Él! Ya que no hay ser humano que no esté bajo la autoridad de algún tipo de monarca, algunos son siervos de personas, otros son esclavos de sus pasiones, tales como los deseos de obtener dinero y prestigio, otros sirven a los más elevados de entre los valores, tales como la justicia, el bien y la verdad. Y hay quienes tienen el privilegio de coronar sobre sí a HaShem, que es la fuente de la vida y de todos los valores. Así, pueden liberarse de todo tipo de servidumbre, manifestar la totalidad de sus cualidades y participar junto a Él del incremento del bien y la bendición en el mundo.

La fe inferior y la fe superior

Desde una perspectiva baja de la fe, en la medida que una persona cree más en HaShem y lo corona como su soberano, se auto disminuye en un mayor grado, se colma de angustias y teme actuar en el mundo para repararlo, suplicándole al Eterno cual hijo en desgracia o cual siervo insignificante.  Este tipo de creencia baja genera una persona timorata y cobarde. Sin embargo, también resulta necesaria, pues este temor al Cielo es aquel que hace de cerco protector ante los instintos del ser humano, los cuales pueden irrumpir en cualquier momento con una crueldad asesina en toda su repugnancia y bajeza, y cuando las personas lograron «liberarse» de este tipo de fe (como en los casos de la Unión Soviética y de la Alemania Nazi) asesinaron a mucha más gente que cuando la fe estaba presente en sus vidas.

Sin embargo, naturalmente, el ser humano desea revelar sus potencialidades, aquellas que HaShem le otorgó. Por ello, está interesado en liberarse de esa forma inferior de fe que disminuye la imagen Divina que lleva en su seno para apegarse a la «fe superior» que potencia tanto a su alma como a sus capacidades.

En este nivel, la coronación de HaShem no debilita al ser humano, sino que lo inspira y le confiere sentido a su vida, elevándolo a un estadio de valor y creación que no puede ser alcanzado de no mediar la fe (ver Midot HaRaaiá, Emuná 29).

Teki’á y teru’á

El shofar produce dos tipos de sonido, la teki’á y la teru’á. La teki’á es un sonido simple y parejo que expresa alegría y estabilidad al tiempo que la teru’á es un sonido quebrado y con interrupciones que alude a congoja y angustia, al llanto y al rompimiento de un modelo anterior de vida de cara a una nueva etapa.

Vemos que D’s le ordenó al pueblo de Israel que cuando necesitasen reunirse tocasen una teki’á con trompetas, pues este sonido expresa alegría y confluencia; y que cuando necesitasen salir a la guerra o desarmar el campamento y continuar su camino nómade emitiesen el sonido de la teru’á con las trompetas (Bamidbar-Números 10:1-7). Esto es así ya que el sonido de la teru’á expresa dolor y llanto por aquello que se terminó sin alcanzar a completarse, así como también angustia de cara al futuro.

La teru’á significa congoja o el quebrantamiento del corazón, tal como fue dicho (Tehilim-Salmos 2:9): «Los quebrantarás (tero’em) con vara de hierro, los destrozarás cual vasija de alfarero», aquí vemos que el vocablo tero’em (similar a teru’á) significa ‘quebrar’. De igual manera fue dicho (Ishaiahu-Isaías 24:19): «La tierra será quebrantada (hitro’a’a) completamente, se desmoronará y colapsará». También aquí estamos ante un vocablo muy cercano a ‘teru’á’ que significa quiebre o rotura. Otro tanto fue dicho por otro profeta (Mijá-Miqueas 5:5): «Y devastarán (ra’ú) Asiria por la espada», siendo la intención que habrán de destruir ese país (Rashí). De igual manera Onkelos tradujo al arameo «día de toque del shofar (yom teru’á)» (Bamidbar-Números 29:1) como «día de llanto» (yom yavaba).

El significado de la teru’á en Rosh HaShaná

En Rosh HaShaná se acaba la porción de vida adjudicada por D’s al mundo en el año pasado, HaShem recuerda a Sus creaturas y les crea una vida nueva para el año entrante, ya que el recuerdo ante D’s o que D’s recuerde implica la generación y el otorgamiento de vida (‘pkidá’, palabra hebrea que es usada tanto para expresar ‘recuerdo’ como ‘embarazo’).

A los efectos de que Su generosidad o el flujo de vida que otorga no sean empleados para el mal por medio del uso que le dan los malvados, HaShem estableció que en ese día juzgaría a Su mundo. De esto resulta que Rosh HaShaná es el Día de la Recordación y el Juicio, en el cual ascienden ante Él, bendito sea, todas las buenas y malas acciones realizadas a lo largo del año, y el Santo Bendito Él se posa sobre Su asiento de justicia y saca la cuenta de Su mundo, juzgando a cada nación en su conjunto y a cada persona individualmente.

Por ello, Rosh HaShaná es denominado día del toque del shofar (yom teru’á), puesto que el sonido de la teru’á alude a quebranto, llanto y tristeza, dolor y lágrimas por aquello que finalizó sin haber sido completado, así como también angustia o temor de cara a una nueva etapa incierta, ya que aun no se ha determinado quién habrá de vivir y quién habrá de morir, quién lo hará pasible y placenteramente y quién sumido en sufrimientos.

Por ello, si bien la teru’á se extiende por un breve lapso, expresa el carácter del día y este es nombrado ‘Yom Teru’á’, día de congoja y llanto, temor y angustia.

Sin embargo, la teru’á que se hace sonar en Rosh HaShaná está destinada a despertarnos a retornar en arrepentimiento (teshuvá) y hacernos crecer, por ello es este también un día de celebración en el cual es preceptivo llevar a cabo comidas festivas, pues el objetivo final de todo este proceso es la reparación y la alegría.

Teki’á, teru’á, teki’á

Nuestros sabios analizaron minuciosamente los versículos y aprendieron que en Rosh HaShaná es preciso escuchar tres sonidos de teru’á, y tanto antes como después de cada uno de estos se debe tocar una teki’á de modo tal que el precepto de la Torá es escuchar tres series de teki’á, teru’á y teki’á (Tratado de Rosh HaShaná 33(B), 34(A)).

El significado del precepto radica en que, si bien Rosh HaShaná es el Día del Juicio y de la Teru’á, día de angustia y quebrantamiento, el objetivo final del precepto es mejorar nuestras acciones y finalmente beneficiarnos. Por ello, HaShem nos ordenó emitir una teki’á simple que expresa alegría y estabilidad antes y después de la teru’á (Rabenu Bejaié Kad HaKemaj Rosh HaShaná 2, Akedat Ytzjak cap. 67).

La primera teki’á de cada unidad expresa la rectitud natural del alma, tal como es en el seno de un niño pequeño que aún no pecó, que está limpio y puro de transgresiones.

Luego, al crecer, el niño en cuestión se encontró con las complicaciones y el carácter retorcido de este mundo, por una parte, lucha y adquiere experiencia, pero por la otra, también cae y peca. Ello está expresado en el sonido de la teru’á, el cual a veces se asemeja a un suspiro y otras a un llanto, a causa de los defectos que se adhirieron a nuestras virtudes y por los pecados en los que incurrimos.

Posteriormente, la unidad o módulo de sonidos de shofar culmina con una teki’á simple que nuevamente viene a expresar la rectitud y el bien, pero ahora se trata de una rectitud posterior al retorno en arrepentimiento, tras haber pedido perdón. Y así cada unidad expresa otra área de la vida personal, su buen inicio, la crisis que sobreviene al enfrentar las dificultades de la vida y la reparación final.

Al finalizar todos los sonidos de teki’á se acostumbra a tocar una ‘teki’á guedolá’, una teki’á fuerte y prolongada que expresa la completa reparación posterior a la lucha y a los sufrimientos (ver en Shnei Lujot HaBrit al Tratado de Rosh HaShaná Torá Or 55).

Los shevarim y la teru’á – palanca de reparación y alegría

Si continuamos analizando, veremos que los sonidos de shevarim y teru’á son el principal motor o palanca de crecimiento, ya que uno de los riesgos que acechan al hombre es el de permanecer estancado en su sitio sin avanzar ni renovarse, y en lugar de ello decaer y perder su vida. Para que esto no ocurra, HaShem nos ordenó escuchar el sonido del shofar (la teru’á) cada año para tomar conocimiento de las fisuras y las debilidades de la vida humana en general y de la nuestra en particular, para que en lugar de hundirnos en la rutina y perder altura reflexionemos y nos alcemos entusiastas de cara a otro año de superación y creación. De todo esto surge una alegría más que profunda.

La reparación – aceptar Su reinado

Es normal que cuando se les avisa a las personas que en determinado día D’s habrá de dictar su destino para todo el año dediquen la jornada a plegarias individuales en las cuales piden por sustento, salud y demás cuestiones que el hombre se esmera por obtener a lo largo de toda la temporada.

Sin embargo, la particularidad del pueblo de Israel radica en su profundo deseo de que se revele Su reinado, bendito sea, que el mundo entero sea reparado y redimido, aunque para esos efectos resulte necesario atravesar penurias. El pueblo de Israel optó por este gran y terrible camino, partiendo de los patriarcas que adoptaron para sí la creencia en HaShem lo cual los llevó a enfrentar a los idólatras que los rodeaban y llegando hasta el largo exilio, que a pesar de los pesares que ha infligido, los judíos optaron por no asimilarse y continuar llevando en alto el estandarte de la fe y la Torá para reparar el mundo bajo la soberanía de HaShem.

Una persona que dedica la mayor parte de sus rezos a pedidos personales, rinde culto a sus aspiraciones y las corona como monarcas sobre sí, al tiempo que el pueblo de Israel, que desea traer la bendición y la redención al mundo – corona sobre sí a HaShem.

Cuando el pueblo de Israel deja de lado su dolor y se ocupa de Su gloria y de la revelación de Su reinado, el Santo Bendito Él les dice a los ángeles: ‘Ved a mis queridos hijos, que dejan de lado su dolor y se ocupan de Mi gloria’. De esa manera, quedan neutralizados o bloqueados los argumentos del Satán ángel fiscal) que desea eliminar al pueblo judío del mundo y los hijos de Israel disfrutan de un año nuevo en el cual avanzarán un paso más hacia la reparación y la redención.

En la medida en que tengamos el mérito de recibir en Rosh HaShaná Su reinado con humildad y temor reverencial, tendremos un año mejor y más bendito.

Nación singular

Por ello, el pueblo de Israel es una nación singular, poseedora de un sentido de misión que hace que revelar la fe y traer la bendición al mundo le resulta más importante que cualquier otra cosa. Por este motivo, la sentencia de la generalidad del mundo depende del pueblo y de la tierra de Israel, ya que esta nación es el corazón del universo, la nación de D’s, y de ella depende la reparación del mundo.

Por eso, tanto la recompensa como el castigo de Israel es mayor que el de las demás naciones. Este es el motivo por el cual HaShem juzga en primera instancia al pueblo de Israel, y a través de la sentencia de la nación judía se expande la justicia sobre toda la humanidad y sobre el mundo entero (Tratado de Rosh HaShaná 8(AyB)), Tratado de Ta’anit 10(A)).

 

 

 

 

 

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