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La combinación del estudio de la Torá y de las ciencias en las instituciones educativas

KI TAVÓ 2022

La combinación del estudio de la Torá y de las ciencias en las instituciones educativas

El estudio de ciencias resulta imperativo tanto desde el punto de vista del estudio mismo de la Torá como del de la necesidad de ganarse el sustento.

En la medida que en el pueblo de Israel haya más científicos de primer nivel, y en la medida que estos sean temerosos del Cielo, a ojos de las naciones del mundo el Nombre Divino se verá consagrado en mayor manera.

En la actualidad, la decisión de no impartir a los niños la educación científica aceptada en todas partes implica condenarlos a la pobreza y contradice los preceptos de la Torá que tienen por objeto ayudar al necesitado y darle herramientas para que sea autosuficiente.

Los gentiles no tienen interés ni vínculo directo con la Torá en sí, sin embargo, el rol del pueblo judío es el de llevar la bendición a todas las familias de la tierra por medio de la proyección de la luz de la Torá y su bendición sobre todas las ciencias, y de ese modo todos habrán de creer en HaShem y avanzarán por las sendas de la verdad y la moral, cada persona y cada nación conforme a lo que le resulte más apropiado.

Pregunta: De tanto en tanto surgen en el seno del público religioso y el jaredí debates respecto de la inserción del estudio de las ciencias y de las lenguas extranjeras en las diferentes instituciones educativas tanto para niños como para adolescentes. Hay quienes sostienen que la “educación pura” no debe incluir la enseñanza de ciencias o idiomas, por su parte, están quienes arguyen que no hay más remedio que incluirlas en el plan de estudios y estudiarlas en la medida de lo indispensable, y hay otros que consideran que deben ser estudiadas a priori y de manera honorable. ¿Cuál es el camino apropiado a seguir según la Torá?

Respuesta: La inclusión del estudio de las ciencias en el programa debe ser a priori, en virtud de dos fundamentos importantísimos. El primero es una cuestión de principios – sin el estudio de ciencias la comprensión del estudio de la Torá es insuficiente. El segundo, a los efectos de que puedan cumplir la Torá, es deber de los padres preparar a sus hijos para que de adultos puedan ganarse un sustento decoroso (Tratado de Kidushín 30(B)). Explicaremos ambos fundamentos.

El estudio de las ciencias como parte del aprendizaje de la sabiduría Divina

Dijeron nuestros sabios (Tratado de Shabat 75(A)): ‘Todo aquel que sabe calcular las estaciones y es capaz de realizar mediciones astronómicas y no lo hace, se dice de él que “la obra de D’s no vieron, ni contemplaron a acción de Su mano” (Yshaiahu-Isaías 5:12)’. Este pasaje se refiere a todas las ciencias naturales, ya que es posible conocer a D’s por medio de la contemplación de Sus obras, y este es el fundamento tanto del amor como del temor reverencial a D’s. Nuestros sabios trajeron como ejemplo el saber astronómico por tratarse del más complejo y por requerir de una alta capacidad matemática (Responsa del Rambam 150 y otros).

Dijeron nuestros sabios (Tratado de Sucá 28(A)) que Rabí Yojanán Ben Zakai jamás cesó de estudiar Torá y se dedicó a todas las ciencias existentes, y de aquí que la actividad científica es un gran precepto y no una interrupción en el estudio de la Torá. Se trata del estudio de las acciones de D’s, y por su intermedio resulta posible comprender mejor la sabiduría Divina y la Torá.

Esto es lo que escribió Rabenu Bejaié en su comentario a Pirkei Avot (capítulo 3): “Sabido es que las siete sabidurías son una escalera para ascender a la sabiduría Divina”. Y otro tanto escribió el Maharal de Praga (Netiv HaTorá 14).

Incluso nuestros maestros establecieron que al contemplar un sabio de entre las naciones debemos bendecir: “Bendito eres Tú HaShem, nuestro D’s, Rey del universo, que ha compartido de Su sabiduría a los seres humanos” (Tratado de Berajot 58(A)), Shulján Aruj Oraj Jaím 224:6-7). De esto resulta que las diferentes ciencias son denominadas Su sabiduría, bendito sea, ya que todo el mundo fue creado por medio de esta, y quien estudia ciencia aprende la sabiduría Divina oculta en la Creación.

Asimismo, vemos que los grandes maestros de Israel estudiaron ciencias y lenguas extranjeras e incluso ejercieron la medicina. Un ejemplo de ello son Rabí Yehudá HaLeví, el Rambám, el Rambán y muchos otros. El Ralbag se destacó tanto en matemática como en astronomía, e incluso logró desarrollar un instrumento de medición astronómica que fue de uso de los navegantes cientos de años después de su fallecimiento. El Maharal de Praga mantuvo un estrecho contacto epistolar con el mayor astrónomo de su generación, y fue tan importante en la historia de la astronomía que un sitio de la luna lleva su nombre. Y así como estos ejemplos, hay muchos más.

La ignorancia en cuestiones científicas genera carencias en el estudio de la Torá

El Gaón de Vilna impulsó a sus alumnos a estudiar ciencias, y ordenó a su discípulo Rabí Baruj de Shklov que tradujera a Euclides del griego al hebreo, para que los alumnos pudieran estudiar geometría. Le dijo, que en la medida en que una persona carezca de conocimientos en las demás sabidurías, carecerá cien veces más de asidero en la Torá, ya que la Torá y las ciencias están entrelazadas entre sí. Otro tanto escribió Rabí Israel de Shklov en la introducción a su libro Peat HaShulján, donde dijera que todas las sabidurías precisan de nuestra Torá, y atestiguó que el Gaón de Vilna tenía buenos conocimientos de álgebra, geometría, cálculo, música y demás ciencias. Incluso nuestro maestro, el Rav Kuk, en su artículo “Buscando a D’s” de su libro “Ykvei HaTzón” citó del Gaón de Vilna estas palabras: “Todo aquel que carezca de conocimientos en las sabidurías del mundo, carecerá diez veces más de Torá, dijo nuestro maestro el Gaón de Vilna a sus personas allegadas”. Por ello, juntamente con el fortalecimiento del “poder de la Torá”, es preciso también ampliar el estudio de “la sabiduría universal en la medida de lo posible”. Si bien no es factible exigir a todo estudioso de la Torá que esté “profesionalmente formado en todas las disciplinas científicas, es si posible que sea conocedor de la situación del espíritu general de su época”, o sea, que esté al día con las tendencias imperantes en las ciencias naturales, humanísticas y sociales. Nuestros sabios, se expresaron de un modo aún más asertivo (Tratado de Shabat 75(A)): “Todo aquel que sabe realizar cálculos astronómicos y de estaciones y no los hace está prohibido hablar de él”, esto es, no se le debe dirigir la palabra a quien tiene la posibilidad de estudiar ciencias y se empecina en no hacerlo, haciendo de la ignorancia un fundamento.

Rabenu Bejaié, en su libro Jovot HaLevavot (2:2) escribió que quien no contempla la naturaleza y no aprende de esta sobre Su sabiduría, bendito sea, es peor que un animal, ya que, según la naturaleza de la bestia, el no pensar no implica un defecto o una carencia.

La santificación del Nombre Divino a ojos de las naciones

Dijeron también nuestros sabios (Tratado de Shabat 75(A)): ‘¿De dónde sabemos que es preceptivo realizar observaciones astronómicas y calcular las estaciones? Tal como fue dicho (Devarim-Deuteronomio 4:6): “Y los cuidareis y los haréis (los preceptos) porque ella (la Torá) es vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a ojos de las naciones”. ¿Cuáles son la sabiduría y el entendimiento que están a la vista de las naciones? Son los cálculos astronómicos y de las estaciones.

O sea, los gentiles no tienen interés ni vínculo directo con la Torá en sí, sin embargo, el rol del pueblo judío es el de llevar la bendición a todas las familias de la tierra por medio de la proyección de la luz de la Torá y su bendición sobre todas las ciencias, y de ese modo, todos habrán de creer en HaShem y avanzarán por las sendas de la verdad y la moral, cada persona y cada nación conforme a lo que le resulte más apropiado.

De esto resulta que cuando los judíos son científicos de primera línea, el Nombre Divino se ve consagrado a ojos de las naciones. Y en la medida que estos sean temerosos del Cielo, a ojos de las naciones del mundo el Nombre Divino se verá consagrado en mayor manera. Y de ese modo, acercamos el arribo de la redención, tal como figura en el libro Kol HaTor (5:2): “Es públicamente sabido que nuestro maestro, el Gaón de Vilna… se dedicó en gran medida al estudio de los fenómenos naturales para poder adquirir el conocimiento de la Torá, para santificar el Nombre de D’s a ojos de las naciones y para acercar la redención… y también ordenó a sus discípulos estudiar, en la medida de lo posible, las siete sabidurías naturales para encumbrar así la sabiduría de Israel y la de la Torá a los ojos de las naciones… y en conversaciones personales nos dijo reiteradamente: ‘Qué hacen los estudiosos de la Torá de nuestra generación por santificar el Nombre de D’s tal como lo hicieron lo antiguos grandes sabios de Israel, muchos de los cuales consagraron el Nombre Divino por medio de su profundo conocimiento de los secretos de la naturaleza y las maravillas de la obra del Creador, bendito sea, tal que muchos de los justos entre las naciones admiraron la sabiduría israelita de los maestros de la Torá, admiraron a los miembros del Sanhedrín, a los tanaítas y a los amoraítas etc., y en las últimas generaciones a personalidades como el Rambám, el autor de las Tosafot Yom Tov y otros, quienes a menudo santificaban el Nombre de D’s a ojos de los gentiles por medio de sus conocimientos en las ciencias naturales’”.

El fundamento de ganarse el sustento

El segundo fundamento que torna necesario incorporar el estudio de las ciencias y los idiomas al currículo de la educación religiosa es el de Derej Eretz (lit. ‘la senda para transitar por la tierra’) que incluye la responsabilidad moral de la persona de mantenerse a sí misma y a su familia así como también participar del desarrollo del mundo. Sin ello la Torá no tiene existencia posible, y tal como dijeron nuestros sabios: “Si no hay Derej Eretz no hay Torá”.

Otro tanto dijo y escribió una de las eminencias de las últimas generaciones, el erudito y cabalista Rabí Yosef Jaím, autor del libro “Ben Ish Jai”, en su obra Imrei Biná (pág. 233-242), que recoge una disertación que impartiera con motivo de la inauguración del  colegio de la Alliance Israélite Universelle (‘Kol Israel Javerim’) en Bagdad: “Por ello, mientras los muchachos están jóvenes, corresponde dedicarse a estos dos estudios, uno, el de nuestra sagrada Torá y otro el de ‘Derej Eretz’ (ciencias naturales o cuestiones mundanas)… y deben dedicarse a estos dos estudios simultáneamente, durante el tiempo de la juventud, que es cuando las mentes de los alumnos son más receptivas. Sobre esto dijo el sabio tanaíta en Pirkei Avot (2:2): ‘Es bueno el estudio de la Torá junto con el de ‘Derej Eretz’, porque el esfuerzo en ambos aleja del pecado’. O sea, es bueno y oportuno que se dediquen al mismo tiempo al estudio de ambas disciplinas, la Torá y el Derej Eretz”.

Sin bien posteriormente se decepcionó de los directores de ese establecimiento educativo por no haber otorgado un sitial de importancia a los estudios religiosos, se mantuvo firme en el principio de la combinación de ambo conocimientos.

El nivel más alto de tzedaká

En las últimas generaciones la formación en ciencias se ha transformado en un elemento clave en la capacidad de una persona de ganarse el sustento, y en su ausencia, a muchos les resulta dificultoso mantenerse decorosamente. El Rambám escribió (Matanot LaAniím 10:7-14) que “hay ocho niveles de tzedaká, uno superior al otro. El más alto de todos es la de quien sostiene la mano de un hijo de Israel que se empobreció, le da un presente, un préstamo, establece con él una sociedad o                   le consigue un empleo para apoyarlo y evitar que precise recurrir a la caridad de las personas…” y así fue sentenciado como halajá en el Shulján Aruj (Yoré De’á 249:6).

O sea, el precepto más encumbrado es ayudar a alguien a salir del círculo de la pobreza y a que se mantenga por sí mismo. En la actualidad, la decisión de no impartir educación científica a los niños tal como es aceptado en todas partes implica condenarlos a la pobreza y contradice los preceptos de la Torá que tienen por objeto ayudar al necesitado y darle herramientas para que sea autosuficiente.

Si la intención es impulsar a multitudes a estudiar en el Kolel y mantenerse de la tzedaká, sobre esta actitud ya se expidió el Rambám en las halajot de estudio de la Torá (Hiljot Talmud Torá): “Todo aquel que decide que estudiará Torá, no trabajará y vivirá de la tzedaká profana el Nombre de D’s, denigra la Torá, apaga la luz de la religión generándose un mal a sí mismo quitando su vida del Mundo Venidero”.

Si bien es por todos aceptado que corresponde mantener a quienes estudian para transformarse en rabinos y en educadores, no obstante, en el caso de quienes no son aptos para estas labores o que el público no requiere de sus servicios las palabras del Rambám son actuales y vigentes.

¿Cómo se crían judíos más fieles?

Hay quienes sostienen que si bien corresponde estudiar ciencias, la realidad demuestra que los egresados del sistema educativo jaredí son más religiosos que los del sistema educativo sionista religioso.

Respuesta: En efecto, entre los egresados de la educación sionista religiosa hay entre un diez y un veinte por ciento de seculares, y en el seno de los egresados de la educación jaredí el porcentaje de no religiosos es un poco menor. Sin embargo, la diferencia no tiene su origen en el estudio de las ciencias sino en el hecho de que los mismos padres de muchos de los alumnos de las yeshivot de educación secundaria no son religiosos sino seculares o tradicionalistas, y entre los padres que sí son religiosos, muchos son poco cuidadosos en el cumplimiento de los preceptos en todos sus detalles. Si se toman en cuenta todos estos factores, resulta que el éxito de las yeshivot de enseñanza secundaria es arrollador.

Esto y más, por lo general quienes esgrimen estos argumentos suelen medir la religiosidad según una regla que toma en cuenta únicamente algunos de los preceptos y pasan por alto otros principios fundamentales de la Torá que se manifiestan en numerosos preceptos tales como el de habitar la tierra de Israel, el de servir en el ejército, el de la honestidad en el comercio, la ayuda al prójimo y la participación en la construcción de la economía y de la sociedad. Desde ese punto de vista, los egresados del sistema educativo que incorpora el estudio de ciencias se encuentran en un sitial más alto.

Lo principal, es que tenemos la obligación de observar todos los fundamentos de la Torá y transmitirlos a las generaciones futuras, pues sin ello no podremos cumplir nuestra misión como pueblo de D’s, que es la de revelar la fe en todos los ámbitos de la vida, traer la bendición a todas las familias de la tierra y construir un mundo que se rija bajo el reinado de HaShem.

 

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