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koraj

KORAJ 2023

El imperativo de alejarse de las controversias y nuestra actitud hacia los cristianos

 

El pecado cometido por los que se quejaron (mitlonenim) fue especialmente grave a ojos de D’s porque implicó un cierto tipo de acuerdo con los malvados de Koraj y su grupo.

Las señales identificatorias de los malvados son las siguientes: mienten asiduamente y no ven nada bueno en aquellas personas con las que debaten.

Es preciso promover el amor entre todos los seres humanos, pertenecientes a todos los tipos de religiones, y ciertamente que está prohibido escupir en el rostro a fieles de la fe cristiana.

El Rabino Abraham Ytzjak HaCohen Kuk y el Rabino Ya’akov Kaminetzky, ambos de bendita memoria, solían tratar con respeto y buen semblante a los religiosos y miembros del clero cristiano.

 

El tzadik, el justo, corre con una ventaja y es la ventaja moral. Él puede definir la maldad, y dado que valores como la verdad y la justicia poseen un peso decisivo, el establecer que fulano o mengano adoptan posturas malvadas provocará el debilitamiento del mal hasta su eliminación definitiva. De esto resulta, que cuando los justos se conducen de acuerdo con las reglas de la moral – vencen.

En la Proción de lectura de Jukat (capítulo 17) se explica que luego de que la tierra abriese su boca y se tragase a Koraj y a su grupo, “toda la congregación de los hijos de Israel se quejó al día siguiente ante Moshé y Aharón y les dijeron: ‘vosotros habéis dado muerte al pueblo de D’s”. Mientras se quejaban, descendió repentinamente la columna de la nube, cubrió el Tabernáculo y entonces se reveló la gloria de HaShem. “Y fue cuando la congregación se reunió ante Moshé y Aharón, que estos se dirigieron a la tienda de reunión, he aquí que esta fue cubierta por una nube y se vio entonces la gloria de HaShem”. Todo el pueblo se estremeció, Moshé fue llamado al recinto sagrado y se le sumó su hermano Aharón. “Moshé y Aharón se presentaron ante la tienda de reunión”, desconociendo aun el significado de la revelación. “Le habló HaShem a Moshé y le dijo: Apartaos del seno de esta congregación y los habré de exterminar en un instante. Mas ellos se prosternaron sobre sus rostros”.

Mientras se encontraba orando prosternado con una gran entrega y abnegación por el pueblo de Israel, Moshé entendió que el ángel de la muerte ya había recibido permiso para actuar y herir a la nación, y mientras oraba se irguió para pedirle a Aharón que ofrendara un incienso, y de esa manera, desobedeció la orden de HaShem, “se insubordinó a la orden recibida”, y en vez de apartarse de la nación fue en dirección a sus hijos portando el incienso para detener la epidemia. “Dijo Moshé a Aharón: Toma el incensario y coloca sobre él fuego -de sobre el altar- y pon sahumerio y llévalo pronto hacia la asamblea y haz la expiación por ellos; pues ha salido el furor de ante HaShem, ha empezado la mortandad. Tomó Aharón, como había hablado Moshé, corrió hacia el seno de la congregación y he aquí que había empezado la mortandad en el pueblo, colocó el incienso e hizo expiación por el pueblo. Se puso de pie él, entre los muertos y los vivos y se detuvo la mortandad. Fueron los muertos por la mortandad, catorce mil setecientos, aparte de los muertos por la causa de Koraj. Regresó Aharón hacia Moshé, a la entrada de la tienda de reunión, y la mortandad ya había sido detenida”.

Por qué se había originado la furia

En efecto, el pueblo de Israel pecó al quejarse ante Moshé y Aharón, pero aun así lo ocurrido resulta difícil de comprender. ¿Por qué este pecado fue considerado de tal gravedad, al punto de que se promulgó contra los israelitas un edicto de exterminio?

En realidad, lo que ocurrió es que por medio de su queja se hicieron socios plenos de la polémica en contra de Moshé Rabenu. Koraj y su grupo fueron una minoría insignificante, un par de cientos en el seno de toda la nación. Si el pueblo se hubiese levantado contra ellos, Koraj y su grupo se habrían replegado humillados y la polémica no se habría desarrollado. Así debía haber procedido el pueblo de Israel, después de todo lo bueno que esa generación había recibido por medio de Moshé Rabenu. Pero los israelitas vieron cómo Koraj y su grupo humillaron a Moshé y a Aharón y callaron. Incluso se llegó a temer que Moshé y Aharón fuesen asesinados, ya que en más de una oportunidad se dieron situaciones en las cuales Moshé y Aharón debieron enfrentarse a cientos de los partidarios de Koraj. Pero incluso entonces, los hijos de Israel permanecieron en su sitio y dejaron que los rebeldes amenazasen a Moshé y a Aharón e instigasen al pueblo, al punto de que fue necesario que Moshé pidiese la ayuda de HaShem para que castigase al grupo de Koraj y así, todos supiesen que Su Torá es verdadera.

Luego de todo eso, los hijos de Israel tuvieron el coraje de quejarse por la dura muerte de los rebeldes que se habían alzado contra Moshé. Entonces, HaShem se desquitó de ellos por haberse mantenido callados previamente y por no haber protestado ante los polemistas, permitiendo que se generase un debate que puso en peligro el futuro de la nación y el legado de la Torá. Si bien en el grupo de Koraj había personalidades sumamente prominentes, el pueblo debió haber optado por Moshé y debió haber protestado contra quienes se alzaron contra él.

La mujer de On ben Pelet

En un inicio, On ben Pelet había sido partícipe de controversia y por lo tanto debió haber perecido junto a Koraj y su grupo, pero su mujer le salvó la vida (Tratado de Sanhedrín 109(B)). Así solía narrarnos este evento nuestro rabino y maestro el Rav Tzví Yehudá Kuk, de bendita memoria: “Su esposa era una mujer justa, y por su mérito él se salvó. En un principio él se vio arrastrado por el grupo, pero su mujer le rogó que se alejase de la polémica, mas él no conseguía detenerse. Él le dijo: ‘Pronto vendrán a llamarme’. Ella le respondió: ‘Me sentaré afuera de la tienda con un atuendo atrevido, provocativo, con mi cabello suelto, y dado que son ‘justos’, al verme se escaparán’, y en efecto, así fue. Tanto en las generaciones pasadas como en las actuales los que desatan duras polémicas son personas ‘justas’. Nuestros sabios, de bendita memoria denominan a estos individuos ‘malvados’, pero ellos son ‘justos’ (tzadikim), ‘temerosos de D’s’ (jaredim) (Sijot HaRatzia Bamidbar pág. 195).

Rasgos característicos de los polemistas malvados

El problema que se nos presenta es que no siempre resulta sencillo saber quiénes son los generadores de divisiones o controversias que ponen en peligro al pueblo de Israel, ya que estas personas saben adaptar su retórica de manera tal que se vuelve difícil discernir su maldad. El problema más grave es que ellos se autoconvencen de estar en lo cierto, al punto de que no perciben que se van tornando malvados.

El rasgo característico de una discusión que tiene por objetivo alcanzar la verdad (leshem shamaim), tal como la de los discípulos de Hilel y los de Shamai es que los contendientes o polemistas participan de una discusión concreta, y fuera del área de debate las diferentes partes encontradas se tratan entre sí con respeto y ven el lado positivo de sus semejantes. Por otra parte, el rasgo característico de una discusión que no persigue la obtención de la verdad (shelo leshem shamaim) es que los polemistas no se respetan, y en virtud de ello tampoco reconocen las aristas positivas de quienes discuten con ellos.

Otra señal característica de los que polemizan sin procurar alcanzar la verdad es que mienten, algunos lo hacen premeditadamente ya que piensan que en aras de la “causa sagrada” se puede desprestigiar al otro bando. Otros de entre ellos, mienten inintencionalmente, pues al ver en el bando contrario solamente cosas malas todo rumor negativo sobre este es asumido como cierto sin previa revisación, y en virtud de ello, resulta que terminan difundiendo mentiras. Si bien en todos los seres humanos podemos hallar inexactitudes a la hora de expresarse, entre los que polemizan con malas intenciones se ve que de manera constante mienten y desprestigian, e incluso cuando queda a las claras que se equivocaron no extraen de ello conclusiones, sino que de inmediato pasan al siguiente argumento, el cual muy probablemente también sea falso.

El deber de criticar y alejarse de quienes polemizan de mala fe

Si los justos no han de condenar a los malvados no podrán vencerlos, ya que por lógica, en apariencia, toda lucha entre un justo y un malvado debería finalizar con la victoria de este último, puesto que el justo tiene escrúpulos y limitantes morales: él no puede mentir ni desprestigiar, no puede vengarse, guardar rencor ni eliminar a sus rivales.

Sin embargo, el tzadik, el justo corre con una ventaja, la ventaja moral. Él puede definir la maldad, y dado que valores como la verdad y la justicia poseen un peso decisivo, el establecer que fulano o mengano adoptan posturas malvadas provocará el debilitamiento del mal hasta su final eliminación. De esto resulta, que cuando los justos se conducen de acuerdo con las reglas de la moral – vencen. No resulta necesario abundar en acciones, solamente se precisa definir la esencia de la maldad del que polemiza, y expresarlo públicamente, en un tono calmo y sereno, y la verdad sola ya indicará el camino. Pero si los justos renuncian a su derecho a definir moralmente a la maldad, no tienen probabilidad alguna de prevalecer.

El respeto a los semejantes aplica también a los cristianos

Pregunta: Recientemente tomaron notoriedad pública casos de judíos que escupieron a turistas cristianos, ¿acaso está permitido proceder de esa manera según la Torá?

Respuesta: Está prohibido humillar a seres humanos, y todo aquel que lo hace – peca. “Dijeron de Rabán Yojanán ben Zakai que nadie nunca logró anticipársele a la hora de saludar, ni siquiera un extranjero en el mercado” (Tratado de Berajot 17(A)). En los días de Rabán Yojanán ben Zakai todos los extranjeros eran idólatras, y a pesar de ello, él tenía el recaudo de adelantarse y saludarlos primero, y obviamente que no los humillaba ni los escupía. Esto es lo que nos dice el Tratado de Avot: “Shamai dice: …y recibe a cada ser humano con un buen semblante” (1:16). La categoría de ser humano incluye a todas las personas sin excepción.

Cuánto más que debemos recibir de buen semblante a los turistas, que son huéspedes en el Estado de Israel y por lo general llegan con una actitud de respeto hacia el país. Dijeron nuestros sabios que los visitantes por los cuales Abraham corrió para atenderlos se veían como idólatras (Tratado de Baba Metzía 86(B)), y a pesar de ello los trató con sumo respeto y cumplió con ellos el precepto de recibir y alojar huéspedes (hajnasat orjim) y por mérito de ello recibió la buena nueva de que nacería su hijo Ytzjak.

Este es el lugar apropiado para recordar las palabras de nuestro maestro el Rav Kuk (padre) respecto de la actitud de amor y respeto que se debe profesar a los miembros de las demás religiones (Midot HaReaiá, Ahavá 10). Explica que es preciso amar a todas las creaturas creadas por HaShem, más que nada al ser humano, y que ese amor “debe expandirse a todos los hombres a pesar de las diferencias de pensamiento y creencias, y a pesar de las divisiones existentes en cuanto a razas y a climas”. Esto y más, el Rav Kuk explicó también que el amor a los miembros del pueblo de Israel (ahavat Israel) debe asimismo basarse en el amor general a todos los seres humanos, “pues solamente sobre un alma rica en amor a las creaturas y al hombre el amor a la nación podrá elevarse con toda la hidalguía de su nobleza y grandeza, tanto espiritual como práctica”. Por el contrario, “la mezquindad que es la que causa ver a todo aquello que se encuentra fuera del límite de la nación particular -incluso si se encuentra fuera de los límites de Israel- como desagradable e impuro, es una de las  tinieblas y carencias terribles que causan la destrucción general de todo constructo del bien espiritual, que toda alma sensible espera recibir de su luz”.

El Rabino Ya’akov Kaminetzky y su actitud hacia las monjas cristianas

Se cuenta del Rabino Kaminetzky, de bendita memoria, que era uno de los líderes del Consejo de Sabios de la Torá de Agudat Israel en los Estados Unidos y respetaba a todos los hombres, “incluso los extranjeros fueron por él recibidos con el máximo respeto y los recibía con un semblante luminoso. Un día, un habitante de la localidad de Monsey se sorprendió al ser detenido en la calle por la Madre Superiora de un convento que se encuentra en la calle en la que reside Rabí Ya’akov. Ella quería saber por qué los transeúntes judíos que pasaban frente al convento desviaban su vista o cruzaban a la otra vereda cada vez que se topaban con una monja. Todos procedían de esa manera menos un anciano rabino que siempre tenía el recaudo de saludarlas con una sonrisa y una bendición amistosa (Sefer Rabí Ya’akov pág. 327).

El Rabino Kaminetzky (5651-5746; 1891-1986) nació en Lituania, estudió en las yeshivot de Slobodka y Slutzk. Fue rabino en Lituania y posteriormente emigró a los Estados Unidos donde ejerció el Rabinato en la ciudad de Seattle y posteriormente en la de Toronto. Durante largos años estuvo al frente de la Yeshivá ‘Torá VaDa’at’ en la ciudad de New York. Fue reconocido como un gran erudito (gaón) en el análisis halájico y un maestro en el cultivo de las virtudes de la conducta.

 

 

 

 

 

 

 

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