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La centralidad del precepto de Oná en el hogar judío

  • La observancia de las leyes de la pureza familiar no implica la revelación de la santidad en el hogar, sino que es la condición indispensable para el cumplimiento del precepto de ‘Oná’ que es su manifestación verdadera.
  • La percepción del precepto de Oná como central en el sostén del hogar está muy afianzada en el judaísmo, y justamente el cristianismo fue el que le restó importancia.
  • Las reacciones que recibí a raíz de la publicación del libro «La Alegría del Hogar y su Bendición» (Simjat HaBait Ubirkató) me enseñaron que el público estaba sediento de que se expresara una postura de este tenor.

La máxima que suele aconsejarse al hombre de que «no se comporte como un gallo», esto es, que no se exceda en su actividad sexual, no está destinada a disminuir el valor de la santidad ni la alegría del precepto de Oná sino que viene a generar un equilibrio fecundo, por efecto del cual, simultáneamente con el cumplimiento de este precepto tan importante, el individuo dedique también tiempo al estudio de la Torá, al rezo, a la realización de acciones generosas y otros.

Pregunta: Con su permiso, Rabino, y con todo el respeto que me merece, quisiera escribirle sobre una duda que se despertó en mi interior a raíz del estudio de su libro «La Alegría del Hogar y su Bendición». Encontré allí indicaciones que quizás resulten más apropiadas para personas que son nuevas en el cumplimiento de preceptos o para casos especiales, pero no para la generalidad de las parejas que desean construir su hogar con santidad, pureza y libres de todo tipo de ideas perniciosas que el occidente infiltra en otros públicos. ¿Por qué usted incorpora estas indicaciones como generales y destinadas a todas las parejas?

Además, el libro hace un énfasis muy acentuado en el cumplimiento del precepto de Oná, sin embargo, de mis maestros aprendí que resulta preferible que las relaciones maritales se lleven a cabo con limitación (en el caso de los estudiosos de la Torá el precepto se cumpliría los viernes por la noche para que no estén donde sus mujeres todo el tiempo ‘cual gallos’) y no con una gran alegría, tal como se explica en diferentes incisos de su libro (cap. 1 halajá 1 y 2, capítulo 2 halajot 1 y 3). Quizás este tipo de directivas se adaptan mejor a personas que se acercaron a la observancia más recientemente pero no para los estudiantes de yeshivot. Entonces, ¿por qué no aparece escrito de manera explícita que se trata de indicaciones a posteriori para situaciones en las cuales resulta necesario adoptar una actitud más flexible y no destinadas a una rutina normativa común?

Los antecedentes y el contexto de la producción del libro

Respuesta: No me resultó sencillo escribir este libro, y tal como lo mencionase en su prólogo en el año 5774: «En un inicio pensé que si D´s quiere y tendré el mérito algún día de explicar por escrito estas cuestiones lo haré siendo ya un anciano, con la esperanza de que entonces me avergüence menos en publicarlo. Sin embargo, en los últimos años junto con mi esposa nos vimos expuestos a las carencias y los errores que a veces afectan a los cursos preparatorios para novios y novias, falencias que pueden llegar a causar problemas y dolor allí donde deben de reinar la alegría y el amor. Generalmente, estos cursos se extienden en los detalles referidos a las leyes de Nidá y separación durante el periodo menstrual y abrevian en cuanto a las reglas del precepto de Oná. Mi señora compara esto a una muchacha joven que acude a lo de una señora mayor para que esta le enseñe a cocinar comida apropiada para el Shabat. La señora mayor le enseña cómo tamizar la harina y revisar que las verduras y las legumbres estén libres de insectos, cómo verificar que los huevos no tengan manchas de sangre, cómo separar los utensilios de carne de los de leche así como también los diferentes cuchillos y entre ellos el de la cebolla, cómo evitar la cocción de alimentos por parte de no judíos, cómo evitar los productos que contienen leche no supervisada o gelatina y también cómo adquirir únicamente ingredientes con el máximo grado de certificación de kashrut. Pero no sólo no le enseña a cocinar alimentos sabrosos para deleitar con estos el Shabat, sino que además la lleva a pensar erróneamente que basta con que los alimentos sean kasher para que entonces el Shabat resulte placentero; y que el hecho de que los ingredientes no estén suficientemente cocidos y que los platillos no sepan bien no es problema, ya que nuestro rol en el mundo es sufrir y santificar así el Nombre de D´s. Hay guías del curso para novias que enseñan que basta con cuidar las reglas de Nidá y distanciamiento durante el período menstrual para que la casa se vea bendecida por la santidad, en lugar de comprender que la alegría de la unión de la pareja mediante el precepto de Oná es la manifestación de la santidad en la vida, mientras que las reglas de distanciamiento durante el período son la condición necesaria para el cumplimiento del precepto en sí.

A raíz de este error surge una separación terrible entre la santidad y la vida, la verdad y el bien, el deber y la alegría, distanciamiento que debe ser reparado por medio del precepto de «amarás a tu prójimo como a ti mismo» en general y el de Oná en particular. Por ello, en el invierno de 5774 reuní las fuerzas y el valor necesarios para escribir las halajot así como también el racional del precepto de Oná, y a partir de estas continué aclarando y elaborando las reglas del precepto de procrear».

Temores

Allí también relaté que «muchos de mis maestros y amigos me aconsejaron abstenerme de escribir la presente obra o al menos de atenuar su significado. En su mayoría, el móvil del consejo era una sincera preocupación por mi persona, y en otros, por considerar que no corresponde comentar y explicar cuestiones que es mejor mantener en discreción».

El temor de quienes velan por mi bien era que una explicación del precepto de Oná que indique que debe ser cumplido con alegría ponga en mi contra a «los temerosos del Cielo» que entienden que en la medida en que una persona reduzca el cumplimiento de la Oná será más justa y sagrada. Y tal como lamentablemente resulta común entre algunas de ellas, mis conceptos van a generar una dura discusión que ponga en tela de juicio a la totalidad de la serie de libros ‘Pninei Halajá’ y sería una pena afectar la aceptación de todo el emprendimiento por un solo tema.

Sin embargo, sobre la base del reconocimiento de las carencias existentes en la comprensión de la Torá en lo referido a este precepto sentí la obligación de explicarlo como corresponde, tal como lo escribí en el libro: «Empero, dado que en el seno del público circulan ideas equivocadas y rumores falsos que afectan el buen nombre de nuestra sagrada Torá al insinuar que esta promueve la reducción de la alegría resultante del cumplimiento del precepto de Oná; me vi en la obligación de presentar de un modo claro la postura de nuestra Torá y evitar las maledicencias de las que es víctima, salvando así a las queridas parejas, hombres y mujeres, del dolor y las carencias que las posturas equivocadas provocan. Es oportuno señalar que la mala fama que se le ha hecho a nuestra Torá se deriva de una mala comprensión de las enseñanzas de nuestros sabios de bendita memoria, de los pasajes del Zohar y las enseñanzas de los maestros kabalistas, la cual muchas veces se debe a una cierta influencia de la religión cristiana que ensalza a quien por apego religioso decide no casarse».

La alegría de la Oná es sagrada

De aquí, pasemos a la pregunta de si realmente en el espíritu de mi libro estamos ante una ‘influencia perniciosa de occidente’. Todo lo contrario, la alegría y la pasión del precepto en cuestión se explican extensamente en las palabras de nuestros sabios tanto en el Talmud como en el Zohar y en los escritos de los eruditos medievales (Rishonim), al igual que en mi libro, donde menciono que el núcleo central del precepto es alegrar y alegrarse, por eso recibe el nombre de ‘Oná’ (del hebreo lehe’anot que puede significar ‘atender’, ‘corresponder’ o ‘ser solícito’ a otra persona, N. de T.). Si bien es cierto que en el pueblo de Israel a lo largo de la historia hubo algunas personalidades especiales que detentaron costumbres ascéticas que les resultaron adecuadas tanto a ellos como a sus mujeres, como fuera el caso de Rabí Eliezer, de todas maneras, a los efectos de la halajá se permite proceder así solamente si ambos miembros de la pareja aceptan las restricciones de buena gana. Más aun, según la opinión de muchos eruditos, estas prácticas ascéticas no son para aplicarlas a priori y además no implican un cumplimiento especialmente excelente de precepto alguno (hidur mitzvá) sino que son adecuadas únicamente para unas pocas personas cuya alma tiende a ellas, por lo que pueden observarlas, tal como lo explicara en mi libro (3:12-13). Esto es, la directiva o la máxima según la cual se suele aconsejar al hombre que «no se comporte como un gallo», o sea, que no se exceda en su actividad sexual, no está destinada a disminuir el valor de la santidad y la alegría del precepto de Oná sino que viene a generar un equilibrio fecundo, por efecto del cual, simultáneamente con el cumplimiento de este precepto tan importante, el individuo dedique también tiempo al  estudio de la Torá, al rezo, a la realización de acciones generosas y otros mandamientos.

El fundamento importante que debe entenderse es que el precepto de Oná no se contradice con la santidad, sino que, por el contrario, es aquel que la expresa, ya que por su intermedio se manifiesta la Unicidad Divina en el mundo: la unión del hombre con su mujer y el vínculo del alma con el cuerpo. Tal como fue dicho (Bereshit-Génesis 2:23): «Y serán una sola carne». Ese es el ideal superior de la Torá, y por eso este precepto manifiesta de un modo completo el mandato de «amarás a tu prójimo como a ti mismo» que es su regla general (Arizal en Sefer Halikutim – Ekev). Por el contrario, en el cristianismo se dejó sin efecto este gran fundamento e incluso se llegó a verlo como el pecado primigenio que dio lugar a todas las desgracias del mundo, y sin darse cuenta, hubo judíos que se vieron influidos por este aspecto de esa religión desvirtuando el valor de la santidad y la alegría inherentes al cumplimiento del mandato de la Oná.

Una de las pruebas que tenemos de que este precepto expresa la santidad la encontramos en el hecho de que los querubines que se encontraban sobre el Arca del Pacto en el Templo de Jerusalém estaban colocados como un hombre y una mujer que se aman fiel y recíprocamente (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 54(A)). Y así dijo Rabí Akiva: «Todos los escritos canónicos son santos, y el Cantar de los Cantares es el Santo Sanctorum» (Midrash Tanjuma Tetzavé 5). Esto y más, esta conexión y esta unión son una metáfora del vínculo entre el Santo Bendito Él y el pueblo de Israel, tal como fue dicho: «Cual novio que se regocija sobre la novia se regocijará sobre ti tu D’s» (Yshaiahu-Isaías 62:5). Asimismo, vemos que con posterioridad a la entrega de la Torá en el Monte Sinai, HaShem le ordenó a Moshé «Ve y diles: Retornad a vuestras tiendas» (Devarim-Deuteronomio 5:27), lo cual fue explicado por nuestros sabios como «retornad a la alegría de la Oná» (Talmud Babilonio Tratado de Avodá Zará 5(A)). Esto es, justamente a partir de la máxima pureza que se reveló en la entrega de la Torá los hijos de Israel debían regresar a sus tiendas a cumplir con el precepto de Oná con alegría (ídem 1:6).

Dado que muchas personas no son conscientes de la santidad y el valor inherentes a este precepto, e incluso erran al pensar que esta alegría puede hacer mermar lo sagrado en la existencia, desde el punto de vista educativo resulta enormemente necesario aclarar esta cuestión también al público más joven.

Cabe destacar que amén del valor intrínseco de explicar la santidad implícita en este precepto, este estudio representa también una cerca protectora ante una posible incursión en pecados graves. Sobre esta cuestión habré de explayarme, D’s mediante, en otra oportunidad, cuando expliqué por qué este libro fue incluido en la serie.

Las reacciones de quienes estudiaron el libro

Desde que el libro fue publicado, casi en cada sitio al cual llego se me acercan una o dos personas para agradecerme, ya que gracias a haber leído mi libro entendieron la fe y la vida y ello incrementó la alegría y la bendición en sus hogares. No pocos de ellos me dijeron con lágrimas en sus ojos: «El libro salvó nuestra vida». También personas del publico jaredí se me acercan y me cuentan que gracias al estudio de este libro se reforzaron en su fe y en el cumplimiento de los preceptos, sus vidas mejoraron y se tornaron más alegres. Le pregunte a un jasid que me agradeció por el libro cómo se enteró de su existencia. Me respondió que su Rebbe le recomendó estudiarlo.

Un muchacho, hijo de rabino, me contó que dudaba si abandonar o no la práctica religiosa y ya había dejado de observar muchas de sus normas. Un Shabat, estando en el ejército encontró un libro y lo estudió un par de horas. Entonces, decidió permanecer religioso, al entender que justamente según las directivas de la Torá la vida se encamina hacia una senda más moral, más bendita y gratificante.

Otro agradecimiento que me alegró de sobremanera es el que provino de una familia de estudiosos de la Torá (‘jardalit’ o jaredit leumit – jaredí sionista), en la cual el padre es un erudito y la madre una docente muy experimentada. Uno de sus hijos abandonó la yeshivá, fue al ejército, dejó de observar los preceptos y comenzó a frecuentar todo tipo de sitios. Finalmente volvió a la casa, retornó a la observancia y comenzó a estudiar una profesión. A D’s gracias encontró una muchacha temerosa del Cielo y fijaron fecha de casamiento, para beneplácito de los padres del novio. Una semana antes del enlace el novio fue donde su tutor de estudios nupciales preparatorios para recibir su última lección, en la cual estudiaron sobre la relación íntima entre el hombre y la mujer. El muchacho regresó a su casa agitado y enfadado. Fue con su madre, se quitó la kipá, la arrojó sobre el suelo y dijo que había que suspender el matrimonio. Sostuvo que si esto es lo que la novia estudia, y así piensa que se debe vivir, él no puede casarse. Con lágrimas en sus ojos dijo que era necesario suspender el casamiento.

Su madre abrió el armario, sacó el libro «La Alegría del Hogar y su Bendición» y se lo entregó, el joven entró a su habitación y dejó su kipá sobre el suelo del comedor de la casa. Pasadas dos horas de estudio el muchacho volvió a ponerse la kipá y dijo que podía celebrarse el enlace.

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