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Las conversiones de Viena – mitos y realidades

Jaiéi Sará 2022

Las conversiones de Viena – mitos y realidades

 

Activistas del movimiento lituano y de Jabad optaron por difundir falsedades y mitos en torno a las conversiones que tuvieron lugar en la ciudad de Viena y sobre los rabinos que participaron en su ejecución. El lamentable resultado fue una dura polémica acompañada de difamaciones que tuvieron origen en el extranjero y posteriormente llegaron a la tierra de Israel.

Dado que los difamadores sabían que el Gran Rabinato de Israel y especialmente el Rabino Unterman estaban al tanto de las conversiones de Viena y habían dado su asentimiento para su realización, cuando fueron a diferentes rabinos para intentar incitarlos en contra del procedimiento, les dijeron que el Gran Rabinato claudicaba ante las presiones de los funcionarios de la Sojnut para autorizar las conversiones, por lo que era necesario un llamado público e inmediato para tapar la brecha que se había originado. Lamentablemente, fueron muchos los rabinos que firmaron el panfleto de protesta, el cual estaba basado en falsedades.

El episodio de las conversiones en Viena

En el artículo anterior conté a modo general sobre el episodio de las conversiones en Viena y sobre el héroe trágico del evento, Rabí Alter Meir Steinmatz, de bendita memoria, así como también sobre cómo de manera milagrosa logramos dar con el único ejemplar que quedaba de sus memorias, obra en la cual describió en detalle las conversiones que tuvieron lugar en la ciudad de Viena y él mismo organizó. En este entrega, he de contarles cómo se desarrolló este incidente.

Las conversiones de Viena fueron organizadas por el Departamento de Asuntos Religiosos de la Agencia Judía a los efectos de convertir al judaísmo a las parejas gentiles de judíos que deseaban llegar a la tierra de Israel provenientes de la Unión Soviética. Antes de partir hacia Israel, se les ofreció la posibilidad de estudiar judaísmo y convertirse mientras residían en la ciudad de Viena que era su estación de tránsito hacia su destino final. La mayor parte de los gentiles en cuestión se alegraron ante el ofrecimiento, ya que deseaban unir sus destinos al del pueblo judío. Hubo también quienes prefirieron no sumarse a este curso, por lo general, se trataba de quienes optaban por radicarse en otros países. Para ello, el Rabino Alter reclutó al Rabino Dr. Eisenberg, rabino titular de la ciudad de Viena para que fungiera como presidente del tribunal de conversión y al Rabino Jaim Grinfeld, rabino de la comunidad de Agudat Israel de Viena, que asumió el rol de autoridad halájica para toda consulta que resultase necesaria. Por lo general, los integrantes del tribunal eran el Rabino Dr. Eisenberg, el Rabino Alter y el director de la escuela de Talmud Torá de Agudat Israel en Viena el Rabino Yosef Bruner. Así, durante el año 5729 y el invierno del 5730 fueron convertidos 54 prosélitos.

El inicio del episodio

A finales del invierno del 5730 (1970) Shmuel Yeshaiáhu Ratak, un banquero perteneciente al grupo jasídico de Satmer, publicó en «Der Yid», el periódico de esa agrupación en Nueva York, un furibundo ataque contra las conversiones supuestamente ficticias que se estaban llevando a cabo a manos de la Agencia Judía sionista en la ciudad de Viena. Ratak era uno de los líderes de la comunidad jaredí extremista que se había separado de la de Agudat Israel en la ciudad de Viena, y además, era conocido como un buscapleitos que se había visto envuelto en complicaciones con la justicia. Por medio de la publicación del artículo, procuraba atacar por igual al sionismo y al rabino jaredí de Viena.

A raíz de este artículo, que supuestamente develaba ‘toda la verdad’ sobre las conversiones en la ciudad de Viena, el Rebe de Lubavitch, Rabino Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria, quien ya con anterioridad se había interesado enormemente sobre el tema de la aliá y la ley que establecía «quién es judío», se escandalizó de lo que se describían como conversiones ficticias. Aparentemente, otras personas de entre los opositores al sionismo y a la Agencia Judía habían informado que las conversiones realizadas eran falsas. A raíz de ello, el Rebe comenzó a atacar duramente a la Agencia Judía acusándola de haber montado una «fábrica de conversiones». Activistas israelíes de diferentes grupos hostiles al movimiento Mizraji comenzaron a difundir las expresiones del líder de Lubavitch a los diferentes medios de prensa tanto religiosos como seculares publicándolo una y otra vez en los periódicos de Israel. Por ejemplo, en el periódico She’arim del movimiento Po’alei Agudat Israel se escribió que en una disertación que pronunciara en la porción de Reé del año 5730, el Rebe de Lubavitch había dicho que «existe una fábrica de conversiones en Viena que convierte al por mayor a un gran número de gentiles, que se incrementa día tras día» (She’arim 10, Elul del 5730).

El mito de los números

En una disertación pronunciada el día 11 de Shevat del 5731, el Rebe de Lubavitch se refirió a este episodio diciendo que «dado que la mentira carece de principios, vemos que esta posee varias versiones, pero la verdad es solo una, al tiempo que la mentira posee diferentes variantes. Por ejemplo, en nuestra cuestión, la mentira es tan grande que cuando se habla de las conversiones de Viena uno sostiene que hubo veinticuatro casos, luego un segundo individuo dice que fueron cincuenta y ocho y un tercero asegura que se trató de unos cien, ¡y el cuarto ya dice que fueron cuatrocientos!… Supuestamente, si todos dicen la verdad, ¿cómo puede ser que existan estas diferencias entre los números? Y quienes presentan estos datos, ¡ocupan cargos oficiales! (Admorei Jabad VeYahadut Austria, 5774, pág. 264). En el periódico Yediot Ajaronot del 23 de Shevat del 5731 se publicó que «en Viena se llevaban a cabo conversiones falsas cuyo número, según miembros del movimiento Jabad, asciende a unos trescientos veinte hombres y mujeres».

El número correcto

En la práctica, el número de prosélitos fue de cincuenta y cuatro a lo largo de un año y medio. Nadie intentó ocultar el número. Lo que ocurrió fue que los difamadores y opositores a las conversiones mentían, y como la mentira ‘no tiene patas’, a veces lanzaban un número y a veces otro.

Es de destacar que quienes se ocupaban de las conversiones eran personas reconocidas por su rectitud. Tal era el caso del Rabino Alter Steinmatz, un estudioso de la Torá que durante el Holocausto salvara a cientos de judíos de una muerte inminente. También era el caso del Rabino Kirschblum, uno de los líderes de la Agencia Judía, quien con anterioridad había sido uno de los dirigentes del movimiento Mizraji en los Estados Unidos. Y por supuesto, que esta era también la calidad humana del erudito Rabino Shamai Guinzburg, quien en el marco de su labor en la Agencia Judía había dirigido la realización de todas las conversiones en cuestión.

Tal como parece, los difamadores le contaron una y otra vez al Rebe de Lubavitch, de bendita memoria, cuestiones negativas respecto de los funcionarios de la Agencia Judía, al grado de que este creyó que se trataba de personas malvadas. No hay otra manera de explicar cómo una persona de sus dimensiones, que tenía el recaudo de respetar a los estudiosos de la Torá de todos los grupos y difundía la paz entre los hijos de Israel, adoptó una actitud tan dura en contra de las conversiones de Viena.

La difusión de la calumnia en la tierra de Israel

A raíz de lo sucedido, se agrupó en Israel el «Comité en pro del pueblo judío» que comenzó a organizar ataques mediáticos contra la Agencia Judía por las conversiones en Viena y contra el Gran Rabinato de Israel por hacer caso omiso de lo que sucede y autorizarlas a pesar de ser falsas.

Los líderes del Partido Sionista Religioso y en particular el ministro de Asuntos Religiosos Zeraj Warhaftig, reaccionaron ante las acusaciones y sostuvieron que quienes llevaban a cabo las conversiones eran personas temerosas del Cielo, que el estudio de los prosélitos era serio y se prolongaba por varias semanas y que los conversos mostraban gran interés y deseo de sumarse al pueblo de Israel. De todas maneras, estaban convencidos que en el momento en que el Gran Rabinato de Israel revisase las conversiones, vería que estaban hechas de acuerdo con la Halajá y que el episodio se disiparía.

Sin embargo, los activistas de Jabad junto a los rabinos de la corriente lituana comenzaron a ir a las casas de los rabinos y líderes jasídicos y reclutarlos para que condenaran las conversiones de Viena. Sostenían que a los conversos no se les enseñaba judaísmo en absoluto, ya que Steinmatz que dice ser quien les enseña, no es más que un supervisor de kashrut que no sabe Torá ni habla la lengua de los inmigrantes, por lo que ¿cómo puede enseñarles? O sea, Steinmatz es un mentiroso.

En la realidad, el Rabino Alter Steinmatz era un estudioso de la Torá, había recibido ordenación rabínica, hablaba seis idiomas y podía comunicarse con los inmigrantes.

Dijeron también que, en lo referente a la aceptación de los preceptos, los conversos firmaban un papel sin saber cuál era el significado de la conversión, y que los rabinos los convertían en virtud de los movimientos de asentimiento que los prosélitos efectuaban con sus cabezas.

En la realidad, cada converso era examinado por los jueces del tribunal sobre el material estudiado, así como también se examinaba su deseo de convertirse y aceptar el yugo de los preceptos.

Además, los difamadores sostenían que los funcionarios de la Agencia Judía los convertían únicamente si tenían la intención de ir a vivir a Israel y por ende se trataba de una conversión condicionada a un interés, lo cual está reñido con la Halajá.

En la realidad, los jueces del tribunal de conversión entendían que si los candidatos tenían la intención de ir a vivir a Israel estaban uniendo su destino al del pueblo judío, por lo que hay una base sobre la cual convertirlos.

Argüían que el rabino titular de la Comunidad de Viena, el Rabino Dr. Eisenberg era neológico, o sea, reformista, y que en su comunidad, con su consentimiento, se llevaban a cabo fiestas en las que se servía cerdo, y que aparentemente esto era lo que los conversos comían. Decían que su única virtud era ser miembro del movimiento Mizraji y por ello los dirigentes de esa agrupación lo apoyaban.

En la realidad, El Rabino Eisenberg era un rabino ortodoxo que había sido ordenado por los rabinos de Hungría, y en efecto, había estudiado un título académico en el Seminario Neológico, tal como solían hacer en esa época rabinos modernos como él. Sin embargo, dado que era una persona temerosa del Cielo, cuando se le presentaban preguntas de envergadura consultaba a grandes rabinos, entre ellos al Rabino Grinfeld, líder de la comunidad de Agudat Israel de la ciudad de Viena, quien además accedió a asistir y guiar al tribunal de conversión. Cabe destacar que también después de este episodio, rabinos de todo el mundo continuaron refiriéndose al Rabino Dr. Eisenberg como un colega ortodoxo.

El panfleto

Dado que los difamadores sabían que el Gran Rabinato de Israel y especialmente el Rabino Unterman estaban al tanto de las conversiones de Viena y habían dado su asentimiento para su realización, cuando fueron a los rabinos para intentar incitarlos en contra del procedimiento, les dijeron que el Gran Rabinato claudicaba ante las presiones de los funcionarios de la Sojnut para autorizar las conversiones, por lo que era necesario realizar un llamado público inmediato para ‘tapar la brecha’ que se había originado. Lamentablemente, fueron muchos los rabinos que firmaron el panfleto de protesta, el cual estaba basado en falsedades.

En el mes de Shevat del 5731 (1971) se publicó un llamamiento que rezaba: «¡A nuestros hermanos que siguen a D’s! Son ya sabidas y de público conocimiento las acciones que se llevan a cabo en los centros de aliá de Viena, Marsella y demás estaciones de pasaje de inmigrantes, donde bajo la apariencia de promover la aliá se ayuda a gentiles a declarar oficialmente su carácter de judíos estableciendo para ello un comité de ‘conversión’ por cuyo intermedio se traen gentiles a Tierra Santa portando un documento oficial que indica su ‘judeidad’, en lo que se ha convertido en un escándalo sin igual y una enorme ‘brecha en los muros’ de la singularidad del pueblo de Israel y de su pureza. Instamos a todos aquellos que tienen injerencia o activan en el ámbito público y son poseedores de al menos una pizca de temor al Cielo en sus corazones, que empleen toda su capacidad de influencia para evitar este vergonzoso fenómeno, extirpar el mal de su raíz, y muy especialmente, establecer una ley por medio de la cual no se reconozcan conversiones a menos que sean realizadas según la Halajá. ¡Que la Tierra Santa no sea entregada sino al pueblo sagrado!»

Sobre este panfleto firmaron veintisiete líderes jasídicos y rabinos, fue publicado en la prensa y en pegado en carteles de la vía pública. Entre los firmantes estaban los líderes jasídicos o Rebes de Lublin, Rajmastriwka, Lelov, Majnowka, Pittsburg, Biale, Chernobyl, Nadworna y otros; los rabinos jefes de la yeshivá de Jevrón el Rabino Moshé Jevroni y el Mashguiaj Rabino Meir Jadash, los jefes de la yeshivá de Ponewicz, el Rabino Shmuel Rozowsky, el Rabino Powarsky y el Rabino Lewinstein, así como también el Rabino Kaniewsky (el Steipler), el Rabino Wozner (Shevet Haleví) y el Rabino Landau de Bnei Brak. Incluso lograron incitar al Baba Sali a que firmara el panfleto contra las conversiones de Viena. Paralelamente, la Congregación Jaredí de Jerusalém publicó un panfleto propio con un estilo más duro.

A propósito, con el correr del tiempo, rabinos que se enteraron de lo que había ocurrido realmente en las conversiones de Viena se retractaron y pidieron disculpas por la postura que habían asumido. Además, cabe destacar que los Rebes de Gur y de Vishnitz no lo firmaron porque habían escuchado sobre los eventos acaecidos de manera directa, en el caso del Rebe de Gur de boca de su fiel administrador el Rabino Shamai Guinzburg y en el del Rebe de Wishnitz de boca del Rabino Alter Steinmatz, en quien tenía plena confianza.

Así disminuirán las divisiones

En efecto, existe una profunda discusión respecto de si en caso de gran necesidad corresponde o no convertir a los familiares de judíos que se sienten identificados con el judaísmo, pero probablemente no lleven un estilo de vida religioso una vez convertidos. Sin embargo, cuando sobre la base de una discusión halájica legítima se calumnia y difama al otro bando, se genera una terrible división con efectos indescriptiblemente devastadores.

Así se procedió con el Rabino Yehonatán Eibsitz, sobre quien se difundieron patrañas deplorables, y para nuestro pesar, grandes eminencias rabínicas creyeron lo que se decía de él y firmaron proclamas en su contra. Lo mismo ocurrió con los primeros grandes maestros del jasidismo, cuando se contaban cosas terribles sobre ellos, las cuales generaron una tremenda división.

A modo de resumen intermedio: Resulta claro que la gran mayoría de los rabinos pensaba inocentemente que las patrañas que se contaba sobre los activistas de la Agencia Judía y los rabinos que convirtieron a los inmigrantes eran ciertas, pero en realidad se trató de burdas mentiras. Tiempo después, los rabinos que generaron la polémica contra las conversiones de Viena fueron a su vez objeto de duros ataques.

En el próximo artículo concluiremos esta historia.

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