Últimos artículos

Suscríbete y recibe nuestro Newsletter

No te lo pierdas, artículo Halájico del Rab Eliezer Melamed viendo la actualidad en ojos de la Tora.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Las halajot del Shabat de Janucá

JANUCÁ 2022

Las halajot del Shabat de Janucá

En vísperas del Shabat de Janucá es preciso preparar las velas de modo tal que alcancen a mantenerse encendidas durante una hora y cuarto, y quien así proceda, aunque las velas se apaguen antes de tiempo, de todas maneras, habrá cumplido con su deber.

Cuando se encienden velas en la sinagoga es preciso tener el recaudo de que haya un quorum de diez presente, y a estos efectos se puede contar tanto a mujeres como a niños.

Durante los años del exilio, el fundamento nacional que se manifestó en la rebelión de los jashmonaím cayó en el olvido y se puso especial énfasis en el aspecto milagroso de los eventos. Es nuestra responsabilidad reparar esta situación, pues en ausencia del factor nacional, la propia Torá se ve disminuida.

A pesar de los defectos de los reyes jashmonaím, en términos generales sus victorias fueron de una gran importancia. Bajo el ala de la independencia política la tierra de Israel volvió a ser el centro nacional y espiritual del pueblo judío, las casas de estudio de Torá florecieron y se ampliaron y se establecieron las bases del estudio de la Torá Oral por medio de la cual la identidad judía de cada uno se vio fortalecida bajo el formato de «una vela por persona en su hogar».

A priori, el horario de encendido de las velas es a partir de la puesta del sol, lo cual según la mayoría de las autoridades halájicas significa el final del atardecer y el inicio de la salida de las estrellas. Sin embargo, los viernes no se pueden encender velas después del horario de inicio del Shabat, que como máximo puede ser unos minutos previo a la puesta del sol. Al ponerse el sol ya comienza el día sagrado y es precepto de la Torá recibirlo unos minutos antes para agregar tiempo profano al sacro. Por ello, la costumbre más extendida en la mayor parte de pueblo de Israel es recibir el Shabat veinte minutos antes de la puesta del sol. En el Shabat de Janucá, es preciso encender las velas festivas más de veinte minutos antes de la puesta del sol para que las de Shabat se enciendan como siempre veinte minutos antes de esta. En Jerusalém, donde se acostumbra a cumplir con excelencia y se recibe el Shabat cuarenta minutos antes de la puesta del sol, hay quienes el viernes de Janucá suelen posponer el encendido de las velas sabáticas haciéndolo veinte minutos antes de la puesta del sol para encender las de Janucá lo más cerca posible del anochecer.

Es bueno rezar Minjá con minián antes del encendido de las velas de Janucá ya que este rezo pertenece al día anterior, al tiempo que las velas se corresponden con la noche que está por iniciarse. No obstante, para ello no se debe rezar Minjá sin minián (Shulján Aruj 679:1, Pninei Halajá Zmanim 13:5).

En la víspera de Shabat es preciso prender velas que puedan mantenerse encendidas durante una hora y cuarto. Todas las noches alcanza con emplear velas que puedan arder durante media hora, pero en la víspera de Shabat es preciso que ardan por hora y cuarto, ya que deben estar encendidas media hora después de la salida de las estrellas, y como se encienden temprano, antes de la puesta del sol, es preciso que ardan durante setenta y cinco minutos.

En caso de que las velas se apaguen antes de la salida de las estrellas, quien las haya encendido habrá cumplido igualmente con su deber, debido a que el precepto consiste en encender velas que puedan arder hasta media hora pasada la salida la salida de las estrellas, y todo aquel que prenda candelas de esa duración ya habrá cumplido con su deber en el mero momento del encendido. Y aunque un minuto después de prendidas estas se apagaren, no se deberá volver a encenderlas. No obstante, en un día de semana, a priori es bueno volver a encenderlas para publicitar el milagro, pero en la víspera de Shabat, tras haber recibido el día sagrado – ya no resulta posible hacerlo.

El horario de encendido de las velas al concluir el Shabat

Al finalizar el Shabat, en primer lugar se reza Arvit y luego se encienden las velas de Janucá.

Muchos acostumbran a anteceder el encendido de las velas porque la Havdalá concluye el Shabat y las velas de Janucá corresponden ya al día siguiente (Turei Zahav 681, Aruj HaShulján 2, Ben Ish Jai Vaieshev 21).

Hay quienes acostumbran a encender en primer lugar las velas de Janucá para que el encendido sea lo más contiguo posible a la salida de las estrellas, y además, es preferible retrasar la Havdalá lo más posible para prolongar en cierta medida la santidad del Shabat. Sin embargo, a los efectos de que se pueda encender velas antes de la Havdalá es preciso primeramente recitar «Atá Jonantanu» o «Baruj Hamavdil Bein Kodesh Lejol» (Bendito es Aquel que diferencia lo sacro de lo profano) (Shulján Aruj Ramá 681:1)

En la práctica, ambas costumbres tienen asidero en la Halajá y cada uno puede escoger cuál seguir (Pninei Halajá Zmanim 13:5).

El encendido de las velas de Janucá en una sinagoga en la víspera de Shabat

Es costumbre extendida en el pueblo de Israel el encender velas de Janucá en la sinagoga. Todos los días de la semana se acostumbra a hacerlo previo al rezo de Arvit ya que es entonces cuando se encuentra el mayor número de personas y de esa manera el milagro se ve publicitado, mientras que una vez finalizado el rezo las personas tienen prisa por regresar a sus hogares y encender sus propias velas.

Sin embargo, los viernes, en la mayoría de los sitios se acostumbra a rezar Minjá contiguo a la puesta del sol y entonces, no resulta posible encender velas pasado este servicio pues es necesario recibir el Shabat. Por lo tanto, es preciso encender las velas de Janucá antes de Minjá, pero dado que el motivo del encendido en la casa de oración es la publicitación del milagro, es necesario que se encuentren presentes al menos diez personas. En caso de que aún no se hubieren reunido, se encenderán las velas sin recitar las bendiciones correspondientes. En caso de que hubieren diez personas contando a las mujeres y a los niños se podrá encender recitando las bendiciones correspondientes pues a los efectos de que el milagro se publicite  no es necesario que el público sea precisamente masculino y adulto (Pninei Halajá Zmanim 12:14:17).

En un sitio en el cual se acostumbre a rezar Minjá un largo tiempo antes de la puesta del sol, las velas de Janucá se habrán de prender después de este servicio teniendo el recaudo de que el encendido tenga lugar por lo menos cinco minutos antes de la puesta del sol para que se pueda recibir el Shabat antes del ocaso y cumplir así con el precepto de agregar tiempo profano al sagrado (Mishná Berurá 671:47).

El encendido de las velas de Janucá en la sinagoga al concluir el Shabat

Al finalizar el Shabat se encienden velas después del rezo de Arvit ya que antes de ello el día sagrado aun no concluyó. Los encargados de la sinagoga deben designar como oficiante a alguien que no suela extenderse prolongadamente en su rezo para que ni bien termine el servicio se puedan encender las velas sin demorar al público presente.

¿Dónde encienden velas quienes se hospedan en Shabat?

Es preceptivo encender las velas de Janucá en el hogar, y quien se hospede en otra parte, el lugar donde vaya a pernoctar se considerará como su hogar a estos efectos. Por lo tanto, quien se hospede en Shabat fuera de su casa es preceptivo que encienda allí sus velas. Surge entonces la interrogante de qué hacer al finalizar el Shabat.

Respuesta: Si se tiene la intención de regresar al hogar inmediatamente después de finalizado el Shabat es preferible hacerlo allí. Si se tiene la intención de regresar tarde, a una hora en la cual las personas ya no habrán de caminar por la calle, es preferible cumplir con el precepto encendiendo en casa de los anfitriones y si bien por la noche se piense pernoctar en el hogar, dado que la noche anterior se durmió donde los anfitriones, mientras uno no se separe de ellos seguirá considerándose como miembro de la familia que agasaja.

En caso de que no se regrese al hogar de inmediato, pero tampoco se lo haga muy tarde, se podrá decidir dónde encender las velas, pues desde el punto de vista del día anterior el sitio de residencia es todavía en la casa de los anfitriones, y desde el punto de vista del día siguiente se debe encender en el hogar, y por lo tanto se puede escoger dónde hacerlo (Pninei Halajá Zmanim 13:10).

A raíz de la destrucción del Templo quedaron sin efecto las festividades citadas en Meguilat Ta’anit

En los días del Segundo Templo nuestros sabios instauraron numerosos días festivos de agradecimiento y alegría por las salvaciones de las que fue objeto el pueblo de Israel, y todas estas fechas fueron recordadas en un texto titulado Meguilat Ta’anit. Muchas de las festividades fueron establecidas a raíz de las victorias de los jashmonaím, por ejemplo, el 13 de Adar, el 14 de Nisán o el 22 de Elul. Sin embargo, se dictó la halajá de que tras la destrucción del Segundo Santuario este libro quede sin efecto y por ende las fechas festivas en él incluidas fueran anuladas ya que los logros que se mencionaban se habían desvanecido.

El derrumbe del reino jashmonaí condujo posteriormente a la destrucción del Segundo Templo. El problema comenzó cuando los jashmonaím, que eran de linaje sacerdotal (cohanim), tomaron para sí la función real y mezclaron entre los roles rituales y los políticos, de modo tal que ambas esferas de acción resultaron perjudicadas. La dedicación a las funciones gubernamentales afectó la labor sagrada que demanda una concentración absoluta de todas las energías en el cumplimiento de la misión espiritual. Así, la influencia helénica se incrementó y a raíz de ello el estatus de la dinastía de los jashmonaím se vio menoscabado hasta que finalmente se desmoronó.

Es así como encontramos a nietos y a bisnietos de Matitiahu, que entregara su vida en aras de la lucha contra la helenización, viéndose atraídos y arrastrados tras los helenizantes y persiguiendo a los sabios de Israel que preservaban las tradiciones, como fue el caso del rey Yanai, quien, si bien desde el punto de vista nacional extendió los límites del reino, desde el punto de vista religioso apoyó a los saduceos y persiguió cruelmente a los sabios. A raíz de ello, los siervos de los jashmonaím que habían sido convertidos al judaísmo por la fuerza derrotaron a sus antiguos amos, erradicaron a su simiente y reinaron en su lugar, al punto que nuestros sabios dijeron que todo aquel que sostuviera pertenecer a la familia de los jashmonaím se trataba de un esclavo o de un embustero.

Por el mérito del encendido de las velas los días de Janucá perduraron para todas las generaciones

A diferencia de los días festivos que habían sido instituidos sin que se le adosasen preceptos específicos, los días de Janucá no fueron eliminados, porque en tiempo real los sabios establecieron el precepto de encender velas. Gracias a ello, hasta el día de hoy continuamos cumpliendo el mandato de agradecer a D’s por la victoria a través del recitado del Halel y el agregado del pasaje de Al Hanisim tanto a los rezos como al Birkat Hamazón (Tratado de Rosh HaShaná 18(B), Pninei Halajá Zmanim 11:1).

Esto es, a pesar de los defectos de los reyes jashmonaím, en términos generales sus victorias fueron de una gran importancia. Bajo el ala de la independencia política la tierra de Israel volvió a ser el centro nacional y espiritual del pueblo judío, las casas de estudio de Torá florecieron y se ampliaron y se establecieron las bases del estudio de la Torá Oral por medio de la cual la identidad judía de cada uno se vio fortalecida bajo el formato de «una vela por persona y por hogar».

Por ello, tras la destrucción del Templo, el milagro de la jarra de aceite y el precepto del encendido de las velas son los elementos festivos que perduraron con nosotros de los esplendorosos días del Segundo Templo, pues si bien este fue destruido y con él se perdieron todos los logros políticos de la dinastía de los jashmonaím, el legado del estudio de la Torá Oral que se desarrolló y que fructificó en esa época perdura por siempre. En virtud del milagro de la jarra de aceite se reveló la singularidad eterna de la Torá que es capaz de iluminar la oscuridad más allá de las leyes naturales y gracias a la cual resistimos las penumbras del largo exilio. Esto y más, con el correr de los años resultó que la luz de la Torá, que fuera encendida en los días del Segundo Templo abatió a la idolatría griega doblegando a su cultura, y las ideas judías comenzaron a permear hacia las naciones del mundo por vías tanto directas como sinuosas conduciéndolas hacia una fe menos pagana y hacia una mayor aspiración a la moral.

Los días de Janucá son el fundamento del nacionalismo religioso

Durante el prolongado exilio cayó en el olvido el fundamento nacional político que en gran medida es la base de la celebración de Janucá y del milagro de la jarra de aceite, y en lugar de este se puso énfasis en el fundamento espiritual. Tal como escribiera el Rambám (Hiljot Janucá 3:1) en los días de Janucá se le agradece a D’s por el regreso del reinado a Israel por más de doscientos años, lo cual incluye también los períodos de monarcas malvados tales como Herodes. Esto es así pues al final de cuentas, el reino israelita permite concretar nuestra visión nacional y espiritual, ya que incluso en los días de Herodes las casas de estudio continuaron floreciendo y el Templo de Jerusalém pudo ser renovado y ampliado esplendorosamente.

Cuando olvidamos el fundamento nacional afectamos y destruimos la Torá. Tal como dijeran nuestros sabios (Tratado de Nedarim 81(A), Tratado de Baba Metzía 85(A)), a raíz de la destrucción del Segundo Santuario surgió una gran interrogante: «¿Por qué se destruyó el país?» Esto es así ya que en esos días se estudiaba Torá y se cumplían las halajot en todos sus detalles. Esta pregunta le fue formulada a sabios y a profetas y no la pudieron responder, hasta que el Santo Bendito Él la aclaró, tal como está escrito «Y dijo HaShem por haber abandonado mi Torá etc., ya que no bendecían previo a leerla». ¿Y cuál es el núcleo central de la bendición por la Torá? «Que nos escogió de entre todas las naciones y nos entregó Su Torá». Quien no comprende este fundamento nacional Divino, su Torá puede llegar a conducir a la destrucción.

 

כתבות נוספות באתר:

VAIEJI 

VAIEJI  Hay quienes se equivocan en medir la grandeza de un estudioso de la Torá por su dedicación a determinados detalles de

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *