Revalorizar la labor de los maestros y las maestras

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Debemos realzar el estatus de los maestros y las maestras en Israel, pues la educación es el fundamento de todas las cosas buenas. @ Los educadores de los niños son los verdaderos guardianes de las ciudades de Israel, ya que gracias a la Torá que enseñan y al aprendizaje que transmiten, el pueblo judío puede mantenerse en su tierra. @ Aunque, en apariencia, sus ingresos no sean tan elevados como los de otras profesiones, sus condiciones de trabajo son relativamente favorables, gozan de estabilidad laboral y encuentran una profunda satisfacción en su quehacer, además de disponer de tiempo para dedicarse a sus familias.

 

Los cohanim y los leviím no recibieron una parcela en la Tierra de Israel, y por ende, no participaron en la competencia económica ni procuraron enriquecerse, y gracias a ello pudieron concentrarse en su misión sagrada: enseñar la Torá al pueblo de Israel, promover la bondad y la paz, y preservar la ley. De manera semejante, los maestros y las maestras deben servir de ejemplo e inspiración, siendo personas de sólidos valores que no anhelan la riqueza material, sino que llevan una vida buena y feliz gracias al bien que brindan a sus alumnos.

 

La importancia de la educación de los niños

La educación es la base de todo lo bueno. Sin embargo, no siempre se concede a los maestros y a las maestras, dedicados a la sagrada tarea de educar, el honor que merecen. Que sea la voluntad de HaShem que sepamos expresar las virtudes de estos educadores fieles, y que, gracias a ello, aumente su prestigio y se multiplique su influencia beneficiosa.

En primer lugar, es necesario aclarar que, cada vez que los sabios hablan de los «tinokot shel beit rabán» se refieren a los menores que aún no han alcanzado la edad de cumplir los preceptos. También conviene señalar que la grandeza de las maestras que enseñan Torá y buenos modales a las niñas es equivalente a la de los maestros que enseñan a los niños, pues ellas, al igual que ellos, educan a pequeños que todavía no han probado el sabor del pecado, para que lleguen a ser personas sabias, virtuosas y vayan por las sendas de D’s.

 

Los maestros fieles a su labor son como las estrellas del cielo

Sobre los maestros de Israel recae una inmensa responsabilidad. El futuro espiritual del pueblo de Israel depende de ellos y, en consecuencia, también el futuro del mundo entero, pues Israel entre las naciones es como el corazón entre los órganos del cuerpo. Por ello, los maestros deben desempeñar su labor con fidelidad, enseñando a sus alumnos las palabras de la Torá con amor y alegría, de forma clara y precisa, y procurando constantemente hacerlos crecer tanto en el estudio de la Torá como en las buenas cualidades morales. Si tienen el mérito de actuar de este modo, sobre ellos fue dicho: «Los que traen méritos a muchos resplandecerán como las estrellas por toda la eternidad» (Daniel 12:3). Y así lo interpretaron nuestros sabios: «‘Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento‘ se refiere al juez que dicta un juicio completamente verdadero y a los encargados de recolectar, administrar y distribuir la caridad (gabaei tzedaká); y ‘los que traen méritos a muchos resplandecerán como las estrellas por toda la eternidad’ se refiere a los maestros de los niños» (Tratado de Bava Batra 8(B)). En cuanto a los grandes sabios de la Torá, sobre ellos fue dicho: «Los que lo aman (a D’s) serán como el sol cuando sale con toda su fuerza» (Shoftim-Jueces 5:31). Ellos son comparados con la fuente misma de la luz, de la cual los maestros reciben su brillo, y son como las estrellas que iluminan a sus alumnos por medio de esa luz (Maharal de Praga, Netiv HaTorá, cap. 10).

 

 

Cual jardines junto al río

Nuestros sabios enseñaron que los maestros que educan a los niños, es decir, a los menores que aún no han alcanzado la edad de cumplir los preceptos, junto con los grandes rabinos, son quienes sostienen la Torá en Israel. Sobre ellos fue dicho: «¡Qué hermosas son tus tiendas, Ya’akov, tus moradas, Israel! Se extienden como valles, cual jardines junto al río…» (Bemidbar-Números 24:5-6). Los sabios explicaron (Taná Devei Eliahu, cap. 19) que las «tiendas de Ya’akov» son las casas de estudio que purifican al pueblo de Israel, y por ello fueron comparadas con los ríos, en los que es posible sumergirse para purificarse. En cambio, los maestros de los niños fueron comparados con los «jardines», tal como dice el Midrash: «Cual jardines junto al río’: estos son los maestros de los niños en Israel, que hacen brotar de su corazón sabiduría, entendimiento, conocimiento e inteligencia, y enseñan a cumplir la voluntad de nuestro Padre Celestial.» Así como los jardines producen toda clase de buenos frutos, también los maestros hacen florecer en sus alumnos comprensiones rectas y valiosas.

Por ello, la recompensa de los maestros es inmensa, tal como dijeran nuestros sabios :»En el futuro, el Santo, Bendito Él, se sentará a juzgarlos, colocará un rollo de la Torá sobre Su regazo y dirá: ‘Todo aquel que se dedicó a esto, que venga y reciba su recompensa’, tal como fue dicho: ‘¿Dónde está el escriba? ¿Dónde el que pesaba? ¿Dónde está el que contaba las torres?’ (Yshaiahu-Isaías 33:18). ‘¿Dónde está el escriba?’ – estos son los maestros de los niños que enseñaron en aras de cumplir la voluntad celestial (leshem shamaim); que vengan y reciban su recompensa…» (Midrash Mishlei 16:11).

 

¿Quiénes son los verdaderos «guardianes de la ciudad (neturei karta) «?

El Talmud Jerosolimitano enseña: «Rabí Shimón bar Yojai dijo: Si ves ciudades que han sido arrancadas de su lugar en la Tierra de Israel, debes saber que fue porque no pagaron para tener maestros de la Escritura y de la Mishná, tal como fue dicho: ‘¿Por qué fue destruida la tierra (de Israel), quedando desolada como un páramo sin quien pase por ella?… Y el Eterno respondió: Porque abandonaron Mi Torá’ (Yrmiahu-Jeremías 9:11-12)» (Tratado de Jaguigá 1:7). Los «escribas» son los maestros que enseñan la Escritura, y los «repetidores» (meshanim) son quienes enseñan la Mishná, es decir, la Halajá.

Asimismo, el Talmud Jerosolimitano relata que Rabí Yehudá Hanasí (el nieto de Rabi) envió a los sabios Rabí Jiá, Rabí Asi y Rabí Ami a recorrer las ciudades de la Tierra de Israel para verificar que en todas hubiera maestros que enseñaran la Escritura y la Halajá. Llegaron a una ciudad y descubrieron que no había ni un maestro de Escritura y ni uno de Halajá. Entonces dijeron a sus habitantes: Traed ante nosotros a los neturei karta («guardianes de la ciudad»). Los habitantes llevaron ante ellos a los neturei karta, es decir, a los responsables de la seguridad y de la administración de la ciudad. Los sabios les dijeron: ¿Acaso estos son los guardianes de la ciudad? ¡Estos no son más que quienes la destruyen!, pues no se preocuparon verdaderamente por ella. Les preguntaron entonces: ¿Y quiénes son los verdaderos guardianes de la ciudad? Respondieron :Los maestros que enseñan la Escritura y la Halajá, tal como fue dicho: «Si HaShem no edifica la casa, en vano trabajan quienes la construyen; si HaShem no guarda la ciudad, en vano se esmera el centinela» (Tehilim-Salmos 127:1).

 

Una ciudad en la cual no se enseña a los niños

Nuestros sabios dijeron: «Toda ciudad en la que no haya «tinokot shel beit rabán» (niños que estudien Torá en la escuela) debe ser destruida»; y otros opinan: «Debe ser boicoteada» (sometida a «jerem») (Tratado de Shabat 119(B)).

Es decir, si los habitantes de una ciudad no están dispuestos a garantizar la enseñanza de la Torá a los niños, las demás comunidades deben imponerles un boicot hasta que contraten maestros y establezcan un marco educativo para los pequeños. Y si, aun así, persistieran obstinadamente en su actitud, sería preferible destruir la ciudad y dispersar a sus habitantes entre otras comunidades, pues no hay lugar en Israel para una comunidad en la cual no se enseñe Torá a los niños (Rambám, Tur y Beit Yosef, Yoré Deá 245:7). Sin embargo, en la práctica, si existiera la capacidad de destruir una ciudad, con mayor razón sería posible fundar en ella una escuela. Por ello, la expresión «debe ser destruida» tiene por cometido enfatizar cuán grave es la desidia en la educación de los niños. De hecho, no se conoce ningún caso en que una ciudad haya sido destruida por carecer de un marco educativo de Torá para los niños.

 

Un ejemplo de maestro fiel: Rav Shmuel bar Shilat

El Talmud (Tratado de Baba Batra 8(B)) presenta a Rav Shmuel bar Shilat como el modelo de un maestro de niños dedicado y fiel a su misión. En una ocasión, el gran amoraíta Rav vio a Rav Shmuel bar Shilat descansando en un jardín durante las horas en que normalmente enseñaba a sus alumnos. Entonces le preguntó: «¿Has abandonado tu fiel responsabilidad?» Es decir, ¿has dejado de cumplir con la dedicación con la que acostumbrabas a enseñar a tus discípulos? Rav Shmuel le respondió que seguía plenamente comprometido con su labor docente y que aquella era la primera vez en trece años que necesitaba descansar un poco en el jardín, e incluso en ese momento de reposo, explicó, su pensamiento seguía ocupado en sus alumnos, reflexionando sobre cómo ayudarlos a progresar.

 

Los maestros pueden alcanzar la mejor calidad de vida

Cabe destacar que, cuando los sabios buscaron un ejemplo de una persona que lleva una vida tranquila y equilibrada, y que por ello puede convivir con su esposa con especial alegría, pusieron precisamente como ejemplo a Rav Shmuel bar Shilat (Tratado de Ketuvot 62(A)). Explicaron que gozaba de una vida serena porque su sustento era seguro, ya que enseñaba con fidelidad; su trabajo era cómodo en comparación con el de otras profesiones, pues no necesitaba viajar largas distancias como un comerciante ni realizar labores físicamente agotadoras; además, no vivía preocupado por las autoridades ni por la posibilidad de que le impusieran elevados impuestos, tal como ocurría con los propietarios de las tierras y los negocios, ya que sus ingresos eran modestos.

 

 

También en nuestros días

De manera similar, hoy en día los maestros que poseen aptitud para la enseñanza y desempeñan su labor con fidelidad y amor disfrutan de un sustento estable. Llevan una vida sencilla, cómoda y buena, y pueden formar una familia en un ambiente de alegría y afecto. Esto, naturalmente, depende de dos condiciones: que tengan verdadera vocación y capacidad para enseñar y dirigir una clase, y que sean conscientes de la enorme fortuna que supone haber recibido la misión de educar a los niños de Israel. Cuando estas dos condiciones se cumplen, los primeros beneficiados son ellos mismos, pues alcanzan la felicidad. Tal como enseñaron nuestros sabios: «¿Quién es rico? Aquel que está contento con lo que tiene» (Pirkei Avot 4:1). En realidad, la verdadera riqueza consiste en la alegría y la satisfacción que una persona encuentra en su propia vida. Además, esta actitud suele traducirse también en bienestar económico, ya que quien está satisfecho con su parte no malgasta su dinero en cosas innecesarias. Así, incluso un salario modesto puede proporcionar una vida tan buena como la que podría ofrecer un ingreso mucho mayor.

 

Como los cohanim y los leviím

Hoy en día, los maestros y maestras desempeñan una función comparable a la que antiguamente correspondía a los cohanim y a los leviím, pues la misión principal de estos era enseñar la Torá al pueblo de Israel. En la actualidad, son los educadores quienes transmiten la Torá a los niños de Israel y, de ese modo, aseguran la continuidad de la herencia espiritual del pueblo judío de generación en generación. Así como la Torá otorgó a los cohanim y a los leviím mandamientos y restricciones especiales que expresaban la santidad de su misión, también es apropiado que los maestros manifiesten la nobleza de su vocación mediante una conducta ejemplar, esto es, tratando a toda persona con respeto, evitando las habladurías (rejilut) y la maledicencia (lashón hará), embelleciendo el cumplimiento de los preceptos y siendo cuidadosos en lo relativo a los rezos y al recitado de las bendiciones.

 

Corresponde que los maestros estén satisfechos con su porción

Es conveniente que los maestros y las maestras estén contentos con la parte que les ha correspondido, pues tienen el privilegio de dedicarse a una de las misiones más nobles y sagradas. Aunque no perciban los salarios más elevados, tienen el mérito de formar a los niños de Israel para que sean personas sabias y virtuosas, educarlos en el buen comportamiento y las buenas acciones, y hacerlos crecer en la Torá y en el cumplimiento de las mitzvot. Los cohanim y los leviím no recibieron una parcela en la Tierra de Israel, y por ende, no participaron en la competencia económica ni buscaron enriquecerse, y gracias a ello pudieron concentrarse en su misión sagrada: enseñar la Torá al pueblo de Israel, promover la bondad y la paz y preservar la observancia de la ley. De igual manera, también hoy los maestros y las maestras deben servir de ejemplo y de modelo, siendo personas de sólidos valores que no anhelan la riqueza material. Su vida puede ser buena y feliz gracias al bien que hacen a sus alumnos. De este modo, la Torá y los valores que enseñan acompañarán a sus estudiantes hasta la vejez. Sobre ello dijeron nuestros sabios: «Ven y observa cuán amada es la Torá ante el Santo, Bendito Él. Gracias a ella la persona merece la vida en el Mundo Venidero, y quien enseña Torá a los demás merece, más que todos… Su morada está junto a la Presencia Divina. Por eso decía Rabí Shimón, cuando iba a visitar a los jóvenes en su lugar de estudio: ‘Voy a contemplar el rostro de la Shejiná'» (Zohar Jadash, Lej Lejá 42a).

 

La indumentaria de los maestros

También la forma de vestir de los maestros debe reflejar la gran herencia que están llamados a transmitir a sus alumnos, del mismo modo que la Torá estableció vestimentas especiales para el servicio de los cohanim. Por ello, es apropiado que su ropa sea limpia, elegante y digna; ni descuidada ni ostentosa. Nuestros sabios dijeron: «Todo estudioso de la Torá cuya vestimenta tenga una mancha merece la muerte, tal como fue dicho: ‘Todos los que me odian aman la muerte’ (Mishlei-Proverbios 8:36)» (Tratado de Shabat 114(A)). Es decir, cuando quien representa a la Torá se presenta con ropa sucia o descuidada, profana el Nombre de D’s y provoca que las personas menosprecien la palabra divina. Con mayor razón, resulta gravísimo cuando un maestro adquiere mala reputación por haber incurrido en pecados graves.

Asimismo, los maestros y las maestras deben ser especialmente cuidadosos en las leyes de la modestia (tzniut), procurando que su vestimenta represente fielmente la Halajá y constituya un ejemplo de su cumplimiento, para que nadie pueda reprocharles que no representan adecuadamente a la Torá. Al mismo tiempo, deben procurar que su apariencia sea limpia, agradable y respetable, para que los alumnos no lleguen a pensar que quienes se apegan a la Torá son personas desaliñadas o miserables.

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