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La bendición por los árboles frutales (Birkat Hailanot) y el proceder adecuado de las asistentes de inmersión (balaniot)

La bendición por los árboles se recita específicamente por sus frutas, para significar así la abundancia que nos prodiga el Kadosh Baruj Hú que supera y excede la mera cobertura de las necesidades básicas.

A priori, debe ser recitada a principios del mes de Nisán, pero de no haber alcanzado a hacerlo, se puede también durante el mes de Yiar.

Numerosos mensajes de diferentes mujeres que acuden a la mikve exponen un problema real y es la incomodidad que genera la conducta de algunas de las balaniot.

Desde un punto de vista halájico, el rol de la balanit es ver que el cabello de la mujer se sumerge por completo en el agua. Por cualquier otra ayuda suplementaria, la balanit deberá consultar a la mujer que se sumerge si está interesada en recibirla.

Al ingresar una mujer a la mikve a los efectos de sumergirse, estando aun vestida, la balanit deberá preguntarle qué tipo de ayuda solicita y no habrá de imponerle una asistencia que no sea de su interés. Además, las balaniot deben abstenerse de imponer a las mujeres que acuden a sumergirse ningún tipo de práctica especialmente estricta o costumbre piadosa como lo es quitar un maquillaje bien hecho o un color que no es de importancia.

Dijeron nuestros sabios que quien sale a los campos en los días del mes de Nisán y contempla árboles florecientes debe bendecir: «Baruj Atá HaShem Elokeinu Melej Haolam Sheló Jisar Beolamó Klum Ubará bo Briot Tovot Veilanot Tovot Lehanot Bahem Bnei Adam» (Bendito eres Tú D´s, Rey del universo, que no permitió que en su mundo falte cosa alguna y creó en él buenas creaturas y buenos árboles para deleite de los seres humanos) (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 43(B)).

Esta bendición tiene por finalidad agradecer a D’s por Su generosidad en vivificar y hacer florecer los árboles que estuvieron secos y mustios durante el invierno y ahora brotan de ellos flores que en un futuro se transformarán en buenas frutas de las cuales disfrutarán los seres humanos.

Nuestros sabios establecieron recitar esta bendición por árboles y no por verduras ya que los primeros son más bellos. Además, en los árboles se percibe más notoriamente la generosidad de HaShem, ya que dan frutas sin que medie el esfuerzo humano de arar y sembrar nuevamente cada año. Además, el alimento básico para el sustento humano proviene de los cereales, las legumbres y demás verduras, y el Creador fue bondadoso con nosotros y nos agregó las frutas de los árboles para variar nuestra dieta con sabores más plenos y deliciosos. Por ello, bendecimos «que no permitió que en su mundo falte cosa alguna», incluso aquellas que no son indispensables para la supervivencia.

Las reglas de la bendición

Se recita por árboles frutales florecientes. A priori, se debe recitar al contemplar cuanto menos dos árboles, pero en caso de necesidad se puede también ante uno solo.

Quien no haya alcanzado a ver árboles frutales florecientes y lo hizo cuando las frutas comenzaron ya a crecer – no habrá de recitar la bendición por ellos. Sin embargo, si sus diminutas frutas son apenas visibles, puede aun recitarla (Mishná Berurá 226:4, Pninei Halajá Berajot 15:8).

Si es sabido que al árbol le fue realizado un injerto prohibido de dos especies diferentes de fruta – no se bendice, ya que en opinión de muchas de las autoridades halájicas no se debe alabar a HaShem por un árbol con el cual se cometió una transgresión (Sefer Halajot Ktanot I 60:265). Asimismo, si se sabe que el árbol se encuentra aún en los años de la orlá – no corresponde bendecir por él ya que está prohibido disfrutar de sus frutos (Rabí Akiva Iguer). Sin embargo, se puede bendecir por todo árbol sobre el cual no se sepa si fue injertado o está en los años de la orlá.

El tiempo de la bendición

El momento del recitado de la bendición depende del florecimiento de los árboles tras el invierno, sea ello tanto antes como después del mes de Nisán. Lo que dijeron nuestros sabios respecto de que el momento del recitado es durante el mes de Nisán obedece a que, por lo general, en la tierra de Israel ese es el momento habitual de florecimiento de los árboles. Sin embargo, los cabalistas, que valoraron extremadamente esta bendición y sostuvieron que por medio de ella se realizan grandes reparaciones a las almas que se encarnaron en esos árboles, indicaron que estas reparaciones tienen lugar durante el mes de Nisán. Por ello, algunos de los sabios de las últimas generaciones escribieron que se debe tener el cuidado de recitar la bendición justamente durante el mes de Nisán, y las personas diligentes lo hacen ya en Rosh Jodesh. Sin embargo, en la práctica, quien no alcanzó a recitar la bendición durante el mes de Nisán, según la opinión mayoritaria de las autoridades halájicas, puede completarla durante el mes de Yiar (Mishná Berurá 226:1).

Las mujeres recitan esta bendición a la par de los hombres, y no se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo ya que la situación es causada por la realidad material (si el árbol floreció o no, independientemente que fecha es).

Fuera de Israel

En los países del norte, en los que el florecimiento de los árboles se demora hasta el mes de Yiar, se bendice a priori en el mes de Yiar. Quien se encuentra en el hemisferio sur donde los árboles florecen en el mes de Tishrei, recita la bendición en ese mes (Har Tzví 1:118).

Los hábitos de las balaniot en la mikve

En el marco de mis estudios y la escritura de las leyes de pureza familiar para la serie Pninei Halajá llegué a la cuestión de las asistentes de inmersión o balaniot y vi que era menester aclararla para armonizar las diferentes opiniones al respecto.

Como parte de mi trabajo de preparación del libro, mi esposa junto a otras mujeres del yshuv formaron un grupo numeroso de señoras y cada vez que surge una interrogante respecto de la práctica aceptada o la recurrencia de un problema determinado y las diferentes formas de resolverlo, mi esposa formula la consulta en este fórum conformado por señoras de todo el país, y por cada pregunta llegan cientos de respuestas que resultan sumamente iluminadoras. Respecto de las balaniot, las respuestas resultaron ser especialmente complejas y tensas y a la par de numerosos testimonios positivos sobre su actuar, recibimos no pocas quejas.

Las críticas

Hubo quienes se quejaron de que las balaniot les revisan todo el cuerpo, y mientras la mujer que desea realizar su inmersión está de pie y desnuda las asistentes le increpan que debe retirar trozos de piel o recortar un poco más una uña. A veces, llegan señoras con uñas largas y la balanit discute con ellas que deben cortarlas previo a la inmersión (según la halajá está permitido sumergirse con uñas largas bien cuidadas). Hay quienes se quejaron de balaniot que hablan de un modo rudo y desagradable, o que hablan entre ellas de temas mundanos que molestan a la concentración en cuestiones de pureza de las mujeres que se sumergen.

Hubo señoras que escribieron que prefieren que la balanit solamente se cerciore que todo el pelo está dentro del agua, según lo que indica la base de la norma y no investigue los detalles de preparación de quien se sumerge, ya que según al halajá la mujer es confiable en lo que respecta a su propia pureza y no requiere de fiscalización alguna. Otras, escribieron que prefieren sumergirse sin balanit o que esta solamente se cerciore que salió del agua de un modo seguro tras la inmersión. Una señora escribió: «El COVID 19 ha influido solamente para bien en esta cuestión… ahora la balanit no se acerca. Hubo casos en lo que me negué a la revisión y la balanit dijo que se trataba de una directiva del rabino». No pocas mujeres escribieron que les provoca vergüenza que la balanit las mire y se sienten invadidas en su privacidad de un modo irrespetuoso. Prefieren que esta ingrese únicamente cuando se encuentran ya dentro del agua para que se cerciore de que su cabello está completamente sumergido y luego se retire y les permita salir solas del agua.

Quejas opuestas

Parecería ser que, así como en algunos casos surgen quejas en virtud de la intervención excesiva de la balanit, en otros, donde la balanit interviene poco y no dice nada más allá de lo necesario, algunas de las mujeres que acuden para su inmersión se lamentan que así sea. «Yo se que la balanit teme recordarme las reglas básicas pues algunas mujeres se ofenden por ello, pero para mí esto es importante ya que me permite evitar una situación en la cual pueda olvidarme de algo». «Yo estaría realmente contenta si la balanit revisase todo lo necesario en mi cuerpo, pero lamentablemente, en mi mikve ella solo ingresa a revisar la inmersión». «En nuestra mikve la balanit no dice nada, solo se fija que el cabello se sumerja, y ya hubo casos en los que me sumergí con pendientes que no son fijos y solo una vez de regreso en la casa me di cuenta de ello y tuve que regresar a la mikve lo cual implicó una gran molestia».  Algunas elogiaron a las balaniot involucradas: «Me gusta que la balanit se fije en mis uñas y en todo aquello que pueda interponerse entre mi cuerpo y el agua y me recuerde los detalles de la norma, me tranquiliza». Inclusive, una señora escribió: «Prefiero una mikve donde la balanit revisa todo. La sensación es mucho a mejor que cuando la consigna es: ven, sumérgete y vuela de aquí». «En nuestra mikve, la balanit me apoya mucho, y en tiempos en los que estaba tensa por querer descender de peso ella me alentaba y me daba una buena sensación». Por lo tanto, cabe explicar aquí el fundamento de la existencia de una asistente de inmersión y a la vez, sugerir un modo apropiado de efectivizar esta práctica.

El fundamento de esta práctica

La pureza tiene lugar por medio de la inmersión en la mikve, y el precepto de la inmersión indica que todo el cuerpo esté dentro del agua, tal como fue dicho: «Y habrá de lavar en el agua a todo su cuerpo» (Vaikrá-Levítico 15:16). Nuestros sabios infirieron de la expresión «a» que, junto al cuerpo, es menester sumergir también todo el cabello conectado a este (Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 4(B)). Aquella mujer que se sumerge y deja fuera del agua un dedo o un cabello – su inmersión resulta nula. De nada sirve que luego vuelva a sumergir en el agua el dedo o el cabello en cuestión, sino que deberá volver a sumergir todo su cuerpo junto a todo su cabello.

Dado que la mujer no se ve a sí misma durante la inmersión, se teme que un cabello pueda flotar y permanecer fuera del agua lo cual redundaría en su nulidad. Por lo tanto, algunos de los sabios medievales escribieron que es necesario que otra mujer vea y se cerciore de que todos los cabellos de la mujer que se sumerge estén dentro del agua (Rosh). En caso de no haber una mujer a disposición – que le pida a su marido (Maharam de Rotenburg, Orjot Jaím). Hubo quienes agregaron que si la mujer envolvió su cabello con una tela – la inmersión resulta apta (Rashbá y Meiri). Otros, escribieron que se trata de dos opciones equivalentes, que la mujer reciba ayuda de una compañera o que envuelva su pelo (Raavad).

En el Shulján Aruj (Yoré Deá 198:40) se sentenció que es necesario que una acompañante se cerciore de que todo el cabello de la mujer que se sumerge esté dentro del agua, y a posteriori, en caso de no haber una asistente que pueda ver, que se envuelva el cabello en una tela holgada y se sumerja así.

Por lo tanto, en todas las mikvaot se nombra a una señora fija que ayuda a las que acuden a su inmersión. A raíz de ello, hubo quienes solicitaron a estas asistentes que ayuden también a revisar que no haya nada adherido al cuerpo de la mujer que ha de sumergirse que no le resulte visible y se interponga al agua. Así se estableció la costumbre de que en cada mikve hay una balanit que guía a las novatas que se inician en la práctica de la inmersión y ayuda a las más experimentadas a sumergirse sin que medie ninguna adherencia entre su cuerpo y el agua. En la práctica, hay mikvaot en las cuales se acostumbra que previo a la inmersión la balanit repase con la mujer los detalles de la preparación necesaria para cerciorarse de que no haya olvidado nada, y otras, en las cuales la balanit incluso asiste a la mujer en la revisación de su cuerpo y de sus uñas para descartar cualquier tipo de adherencia. En otras mikvaot, la balanit solo mira que todo el cabello de la mujer se haya sumergido.

La práctica apropiada

Es correcto que al ingresar a la mikve, estando la mujer aun vestida, la balanit le pregunte qué tipo de ayuda requiere y no le imponga una en la que no esté interesada ya que hay mujeres a las que les molesta de sobremanera cualquier intervención que no sea conforme a su voluntad.

Además, las balaniot deben evitar imponer a las mujeres que acuden a la inmersión todo tipo de prácticas especialmente estrictas y costumbres piadosas como lo es retirar un maquillaje bien hecho o un color que no es de importancia, el corte de uñas que están bien cuidadas, retirar un trozo de piel o simplemente quitar la piel seca de los pies etc.

La bendición por la inmersión

En el Talmud Babilonio (Tratado de Pesajim 7(B)) se explica que siempre antes de cumplir con un precepto, se debe recitar la bendición correspondiente «salvo en el caso de la inmersión», porque la persona aun no se encuentra en condición de aptitud como para bendecir.

Según la opinión de muchos de los sabios medievales (rishonim), quien se convierte bendice con posterioridad a su inmersión puesto que antes de esta no es aún judío, pero una mujer recita la bendición antes de su inmersión y estando aun vestida. Esa es la opinión del Rif, del Rambám y del Shulján Aruj (200:1). Así acostumbran de parte de las mujeres de las comunidades norafricanas.

Por otra parte, hay quienes sostienen que por cuanto que quienes se convierten deben recitar la bendición con posterioridad a la inmersión, los sabios establecieron que todo aquel que realiza una inmersión bendiga después de sumergirse. En la práctica, según este proceder, las mujeres acostumbran a cumplir el precepto con excelencia realizando dos inmersiones y recitando la bendición en medio de estas para de esa manera cumplir con los requerimientos de las dos opiniones. Esta es la costumbre de las mujeres procedentes de comunidades ashkenazíes y la mayoría de las provenientes del oriente y del norte de África, tal como escribieran muchos de los juristas sefaradíes, entre ellos: Jidá, Jikrei Lev, Jesed LaAlafim, Eretz Jaim Sithon, Ben Ish Jai. En la práctica, que cada mujer continúe con su costumbre.

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