BO 5786
Un vínculo de santidad: los tefilín como señal y como esencia
Los tefilín son una señal (ot) para el pueblo de Israel, es decir, un símbolo y un signo que expresan su esencia. @ Las cuatro secciones (parashot) de los tefilín expresan los fundamentos de la fe. @ Uno de estos fundamentos es la cuestión de la tierra de Israel, la cual se menciona en los tefilín en numerosas oportunidades. @ Al igual que el mandamiento de poblar la tierra de Israel, también el de los tefilín vincula a la santidad con la realidad material. @ El precepto de amarrar los tefilín en el brazo y sobre la cabeza expresa el vínculo absoluto que existe entre el pueblo de Israel, HaShem y Su Torá. @ Incluso si una persona deja crecer su cabello como un nazareo perpetuo, este no constituye una interposición entre el tefilín y su cabeza.
El precepto de amarrar los tefilín en el brazo y sobre la cabeza expresa el vínculo absoluto que existe entre el pueblo de Israel, HaShem y Su Torá. Muchos pueblos poseen ideas espirituales, pero no hay ningún pueblo en el mundo cuyas ideas espirituales hayan resistido ante desafíos tan enormes y terribles durante un período tan prolongado como fue el caso de los judíos, que preservaron la observancia de la Torá en su seno.
El significado del precepto de los tefilín
Los tefilín son una señal para Israel, es decir, un símbolo y un signo que expresan su esencia, y en ellos hay una doble expresión: por una parte, manifiestan que somos siervos del Soberano del universo, y al colocarnos los tefilín sobre el cuerpo proclamamos nuestra servidumbre, tal como los siervos que llevaban en su cuerpo el emblema de su amo. Por otra parte, son también la corona esplendorosa de Israel, pues expresan la capacidad especial del pueblo judío de vincularse con D’s y revelar Su Nombre en el mundo. Es precisamente mediante la servidumbre total a D’s que nos convertimos en personas libres, emancipadas de todas las ataduras de este mundo, y logramos así santificarnos, ceñirnos con la corona de Su reinado y revelar Su Nombre en el mundo.
Los tefilín y la tierra de Israel
Las secciones de la Torá que se encuentran en el interior de los tefilín expresan los fundamentos de la fe, y uno de estos es la cuestión de la tierra de Israel, que se menciona en los tefilín en numerosas oportunidades. En la sección de “Kadesh” leemos: “Y sucederá que cuando el Eterno te introduzca en la tierra del cananeo, del jití, del amorí, del jiví y del ievusí, que juró a tus padres darte, una tierra que mana leche y miel” (Shemot-Éxodo 13:5). En la sección de “Vehaiá ki yeviaja” leemos: “Y sucederá que cuando el Eterno te introduzca en la tierra del cna’aní, tal como lo juró a ti y a tus padres, y te la haya dado” (ídem 13:11). La sección de “Vehaiá im shamo’a” trata íntegramente de la tierra de Israel, pues toda la recompensa y el castigo que se mencionan en ella y en toda la Torá se efectivizan principalmente en la Tierra Prometida. Y en la sección de “Shemá” se menciona la cuestión de la fe en el D’s único; que tal como hemos aprendido, es la manifestación principal de la fe en la unicidad y se revela en la tierra de Israel.
También el precepto de los tefilín, al igual que el de poblar la tierra de Israel, vincula a la santidad al interior de la realidad material. Pues se nos ordenó escribir las secciones sagradas de los tefilín sobre la piel de un animal y colocarlas dentro de estuches confeccionados con la piel de un animal, como forma de afirmar que incluso los aspectos más “animales” de la existencia están vinculados con la santidad. Y esto es lo que dijeron los sabios: “Cumple este precepto (tefilín), por cuyo mérito entrarás en la tierra” (Tratado de Kidushín 37(B)).
Al igual que la tierra de Israel, los tefilín expresan el vínculo esencial y particular existente entre Israel y D’s; por ello, los tefilín se amarran a la cabeza y al brazo, para expresar que estamos realmente ligados a la vocación y el plan divinos. Y los sabios dijeron (Tratado de Berajot 6(A)) que incluso el Santo Bendito Sea se pone tefilín, y que en ellos está escrito: “¿Y quién como Tu pueblo Israel, una nación única en la tierra (de Israel)?” (I Divrei Haiamim-Crónicas 17:21).
Los tefilín revelan el alma que anida en nuestro interior
A causa de las preocupaciones de este mundo y de sus tentaciones, la persona puede llegar a hundirse en las necesidades del momento y en los deseos pasajeros. Mediante el amarrado de los tefilín, en los que se hallan los fundamentos de la fe y de la Torá, volvemos a vincularnos con la fe y con las ideas eternas de la Torá divina, y el alma que hay en nuestro interior se revela. A esto se refirieron los sabios cuando dijeron: “Todo el que se coloca tefilín prolonga sus días, como está dicho: ‘Por ellos vivirá’ (Yshaiahu-Isaías 38:16)» (Tratado de Menajot 44(A)).
Los tefilín y el precepto de los primogénitos
Pregunta: Es comprensible que en las secciones de los tefilín se expresen los fundamentos de la fe de Israel, y por ello precisamente se nos ordenó escribirlas y colocarlas en los tefilín. Según esto, cabe preguntar: ¿cuál es la relación del precepto de la consagración de los primogénitos con los fundamentos de la fe, hasta el punto de que se menciona ampliamente tanto en la sección “Kadesh” como en la de “Vehaiá ki yeviaja»?
Respuesta: El precepto de la consagración de los primogénitos expresa la fe básica de que todo comienza en D’s. Y para hacer descender la palabra de D’s en el mundo es necesario consagrar o santificar el comienzo de cada cosa: el primogénito del hombre, el primogénito del animal e incluso el primogénito del asno, que es un animal impuro. De igual manera, la Torá ordenó llevar a D’s los primeros frutos que brotan cada año —las primicias (bikurim)—. Asimismo, se nos ordenó no comer del fruto del árbol durante los tres primeros años, que son «orlá», y dedicar a D’s los frutos del cuarto año, que se denominan «neta revai» (lit. ‘brote del cuarto año’), que es como el “año primogénito” de los años en los que disfrutamos de los frutos. De igual modo, en la niñez y en la juventud que son sus primeras etapas vitales la persona debe estudiar Torá, y a partir de ello sale a formar una familia y a ocuparse del poblamiento y desarrollo del mundo (ishuvó shel olam). De manera similar, la primera ciudad que conquistamos en la tierra de Israel, Yerijó (Jericó), la consagramos a D’s.
A partir de la consagración del primogénito a D’s es posible extender la bendición divina a todas las criaturas y a todas las acciones que realizamos en el mundo. También la salida de Egipto es el inicio del pueblo de Israel como nación, cuando se reveló la elección que D’s efectuara de que Israel fuera Su pueblo singular (am segulá), para que heredase Su tierra y revelase Su palabra en el mundo. En la noche del Seder de Pesaj y a lo largo de toda esta festividad recordamos este fundamento; por ello, el precepto de la consagración de los primogénitos y la festividad de Pesaj se mencionan en las dos primeras de las secciones que se encuentran en el interior de los tefilín.
El significado de amarrar los tefilín
El precepto de amarrar los tefilín en el brazo y sobre la cabeza expresa el vínculo absoluto que existe entre el pueblo de Israel, HaShem y Su Torá. Muchos pueblos poseen ideas espirituales, pero no hay ningún otro en el mundo cuyas ideas espirituales hayan resistido el enfrentamiento ante desafíos tan enormes y terribles durante un período tan prolongado como ocurriera en el caso del pueblo judío, que ha preservado la Torá en su seno. Hay dos razones para ello. La primera es que, entre todos los pueblos, solo el de Israel eligió a al Eterno, y a su vez, el Eterno le dio Su Torá solo a Israel; por lo tanto, las ideas del pueblo de Israel son ideas divinas, a diferencia de las de los demás pueblos que tienen su origen en el pensamiento humano. La segunda razón, que se deriva de la primera, es que el vínculo de los demás pueblos con sus ideas no es tan profundo ni tan fuerte como el que tiene Israel con la Torá. Por ello, no ha habido en el mundo un pueblo en el que tantos de sus hijos estuvieran dispuestos a entregar la vida por su fe, tal como ocurriera con el pueblo Israel. Y no hay pueblo en el mundo en el que el asunto divino ocupe un sitial tan significativo en el corazón y la mente de tantos de sus miembros.
Estas ideas están expresadas en el precepto de colocar los tefilín, en el marco del cual amarramos, literalmente, las secciones de los tefilín al brazo y sobre la cabeza. Con ello vinculamos las principales fuerzas de la persona, a saber, el intelecto, la emoción y la acción con la santidad. Los tefilín del brazo, ubicados frente al corazón y a la mano, que simbolizan la emoción y la acción; y los tefilín de la cabeza, que se encuentran frente al intelecto. Desde este punto de vista, los tefilín expresan, más que los demás preceptos, el vínculo entre Israel y D’s, pues en los tefilín amarramos las ideas sagradas a nuestro propio cuerpo, y de este modo nos apegamos por completo a HaShem y a Su Torá.
¿Está permitido colocar los tefilín de la cabeza sobre una peluca?
Pregunta: Una persona a la que se le ha caído el cabello y siempre lleva una peluca que parece cabello normal, y cuyo retiro le causaría una gran vergüenza, ¿puede colocarse los tefilín de la cabeza sobre la peluca?
Respuesta: Según la opinión del Rashbá (III, 282), solo en el caso de los tefilín del brazo está prohibido que haya una interposición (jatzitzá), tal como fue dicho: “Te serán por señal para ti”, para ti y no para otros. En cambio, en los tefilín de la cabeza no existe la prohibición de la interposición, puesto que deben ser visibles, tal como fue dicho: “Y verán todos los pueblos de la tierra que el Nombre del Eterno es invocado sobre ti y te temerán” (Devarim-Deuteronomio 28:10); por ello, está permitido colocarlos sobre un sombrero. Esta es también la opinión del Ran.
Sin embargo, según la mayoría de los sabios medievales (rishonim), también en los tefilín de la cabeza está prohibido que se produzca una interposición (Responsa del Rosh III, 4; Yereím 379; Responsa del Ritvá 24; y Tashbatz I, 30). En la práctica, los juristas halájicos dictaminaron que una persona que se encuentra en una situación de fuerza mayor y no puede colocarse los tefilín directamente sobre la cabeza, puede colocarlos sobre el sombrero sin recitar la bendición (Responsa del Ribash 137; Shulján Aruj y Ramá, Oraj Jaím 27:4–5). Por lo tanto, deberá colocarse los tefilín sobre su cabeza en su casa antes de la oración recitando la bendición correspondiente, y en la sinagoga se los colocará sobre la peluca, y por esta colocación no habrá de recitar la bendición.
¿El cabello largo constituye una interposición respecto de los tefilín?
Ciertamente, el Majatzit HaShekel (27:4) escribió que quien deja crecer una melena peca de arrogancia y soberbia, y además cabe que temer que su cabello constituya una interposición para los tefilín. La Mishná Berurá (27:15) cita sus palabras. Sin embargo, no es posible aceptar esta postura; la ley es que incluso si una persona deja crecer su cabello como un nazareo (nazir) perpetuo, sin cortárselo jamás, su cabello no constituye una interposición. Pues si no fuera así, ¿cómo la Torá habría de permitir que alguien fuera un nazareo perpetuo, si a causa del crecimiento de su cabello no podría cumplir el precepto de los tefilín? Asimismo, entre quienes guardan duelo por sus padres, había quienes acostumbraban a no cortarse el cabello durante muchos meses, incluso hasta un año entero, y sin duda que se colocaban los tefilín (Mor Uktziá; Aruj HaShulján 2:14; Or LeTzión, parte II, 44:19; Bnei Banim I, 6).
Interposición en las correas
A priori se cuida también que no haya interposición en el caso de las correas que amarran y ajustan los tefilín al brazo y a la cabeza; pero a posteriori, una interposición por efecto de las correas no invalida, por lo que se pueden colocar los tefilín recitando la bendición correspondiente (Levush; Mishná Berurá 27:16).
En cuanto a las correas que se enrollan siete veces sobre el antebrazo como forma de embellecimiento del cumplimiento del precepto, desde el punto de vista de la ley es permisible que haya interposición, puesto que no son aquellas que amarran los tefilín al brazo. Sin embargo, muchos acostumbran a embellecer el precepto y retirar también cualquier interposición del lugar de los enrollamientos; por ello, es costumbre quitarse el reloj de la mano antes de colocarse los tefilín (Prí Megadim, Mishbetzot Zahav 4).
¿El nudo en forma de “yud” (י) debe estar adherido a los tefilín del brazo?
Explicaremos primero que cerca de los tefilín del brazo es necesario hacer un nudo en las correas con forma de la letra “yud”. Dijeron los sabios (Tratado de Menajot 35(B)) que “el nudo de los tefilín es una ley transmitida a Moshé en Sinai” (halajá leMoshé miSinai). Hay quienes adoptan una actitud estricta y procuran que el nudo con forma de “yud” esté adherido a la caja de los tefilín (Mishná Berurá 27:11), porque los cabalistas, basándose en el libro del Zohar (parte III, 236b), advirtieron que el nudo debe estar unido a los tefilín. Sin embargo, desde el punto de vista de la ley, la no adhesión del nudo a la caja no invalida el cumplimiento del precepto. Hay quienes dicen que mientras el nudo esté cerca de los tefilín, incluso si hay aire entre ambos, se considera como si estuviera adherido (Teshurat Shai II, 93). Otros opinan que basta con que el nudo esté unido a la titorá (la base de la caja), lo cual en la práctica siempre ocurre (Avnei Nezer, Oraj Jaím 14).
No obstante, quienes siguen las indicaciones de la cabalá son más cuidadosos en adherir el nudo de la “yud” a los tefilín, y una de las razones para enrollar las correas sobre la caja de los tefilín, según la costumbre de los cabalistas, es precisamente para unir el nudo a la caja (Birkei Yosef, Oraj Jaím 25:9). Hay quienes adoptan una actitud aún más estricta y atan el nudo a la caja de los tefilín mediante un tendón (Ben Ish Jai, Vaierá 15). Sin embargo, la costumbre aceptada y extendida en el pueblo de Israel es no añadir ataduras con tendones ni cosas semejantes.





