La prohibición de los tatuajes

La prohibición de los tatuajes

Está prohibido por la Torá grabar sobre la piel letras o figuras que permanezcan en ella para siempre. @ Esta prohibición se aplica por igual a hombres y a mujeres, y a cualquier parte del cuerpo. @ La prohibición de hacerse tatuajes es un jok, es decir, un precepto cuyo motivo no ha sido explicitado en la Torá. Sin embargo, algunas de las autoridades halájicas medievales (rishonim) explicaron que esta era una costumbre de los idólatras. @ Quien se tatúa en la piel una figura permanente, se somete a ella y se impide a sí mismo seguir renovándose. @ Una vez que el tatuaje ya existe, no hay prohibición de conservar el resultado y, por lo tanto, la Torá no exige quitarlo. @ Sin embargo, hoy en día es posible eliminar los tatuajes mediante láser, por lo que es correcto esforzarse por hacerlo, a fin de expresar de ese modo el rechazo a la transgresión.

Si el tatuaje es visible, es conveniente eliminarlo también para evitar una profanación del Nombre de D’s (jilul Hashem), de modo tal que la gente no se equivoque y piense que la persona está orgullosa de su transgresión, y para evitar que otras personas quieran imitarla. Es posible que, si en la época de los sabios hubiera existido la posibilidad de eliminar los tatuajes mediante rayos láser, habrían establecido que era obligatorio quitarlos. Sin embargo, en la práctica, dado que no se estableció la obligación de eliminar un tatuaje, no se trata de un deber absoluto, sino de algo que es correcto hacer. En cualquier caso, quien tiene dificultades para eliminar sus tatuajes no debe demorar por ese motivo su acercamiento a la Torá.

Tatuajes

Pregunta: ¿Los tatuajes que la gente se hace hoy en día en todo el mundo son los mismos que la Torá prohíbe? Quizás los tatuajes prohibidos por la Torá son aquellos relacionados con la idolatría, pero los que se hacen hoy día por motivos estéticos están permitidos. Y ¿acaso está permitido hacerse tatuajes por medio de un no judío?

La definición de la prohibición

Respuesta: Está prohibido por la Torá grabar sobre la piel letras o figuras que permanezcan en ella para siempre, tal como fue dicho: «No pondréis sobre vosotros escritura de tatuaje. Yo soy HaShem» (Vaikrá-Levítico 19:28).

En términos generales, la piel tiene dos capas. La exterior (epidermis) que está compuesta por células que se renuevan y se desprenden al cabo de unas pocas semanas. Por eso, mientras el pigmento penetre únicamente en la capa exterior, irá desapareciendo gradualmente. En cambio, en la capa interna (dermis), el pigmento queda atrapado dentro de células que no se desprenden. Por lo tanto, aunque con el paso del tiempo también las células de esa capa se renuevan, dado que no se desprenden, el pigmento permanece en el mismo tejido. De este modo, se conserva durante años y solo después de mucho tiempo se va desvaneciendo ligeramente.

Antiguamente, el tatuaje prohibido se realizaba cortando la piel e introduciendo el pigmento a través de la incisión. Así, cuando la piel cicatrizaba y se cerraba, el pigmento quedaba atrapado permanentemente en sus capas profundas. Hoy en día se realiza perforando la piel con pequeñas agujas, a través de las cuales se introduce el pigmento en las capas profundas de la piel. La prohibición se aplica por igual a hombres y mujeres, y a cualquier parte del cuerpo (Rambám, Hiljot Avodá Zará 12:11; Siftei Cohen, Yoré Deá 180:2).

La prohibición para los judíos también se aplica cuando interviene un no judío

Un no judío no tiene prohibido tatuarse el cuerpo, y también está permitido que un judío tatúe el cuerpo de un no judío (Nodá BiYehudá, segunda edición, Even Haézer 135). Sin embargo, está prohibido por la Torá que un judío le pida a un no judío que le haga un tatuaje en su propio cuerpo (Levush, Yoré Deá 180:2; Siftei Cohen ídem, inciso 4; Gaón de Vilna inciso 3).

Todas las formas de tatuaje están prohibidas

Según la opinión de Rabí Shimón, la prohibición de la Torá se refiere específicamente a escribir el nombre de una divinidad o dibujar una figura de idolatría, ya que, de ese modo, el tatuaje expresa el sometimiento de la persona tatuada a la idolatría. En cambio, respecto de otras figuras, no existe una prohibición de la Torá, sino únicamente una prohibición establecida por los sabios (Tratado de Makot 21(A), según la mayoría de los comentaristas, entre ellos: Tosafot al Tratado de Guitín 20(B) en el párrafo que comienza con la palabra כתובת; Tosafot HaRosh ídem, Rabí Yehudá de Lunel ídem 21(A)).

Por otra parte, según la opinión de Tana Kama (la primera opinión de la Mishná), cualquier forma de tatuaje está prohibida por la Torá, y quien la realiza es pasible de recibir azotes (malkot). La opinión de la inmensa mayoría de los comentaristas medievales (rishonim) es que la halajá va de acuerdo con la opinión de Tana Kama (Rambám, Leyes de la Idolatría 12:11; Sefer Yereím, precepto 338; Orjot Jaim, leyes de las patillas y la barba, inciso 4; Meiri, Makot 13a; Ritva, Makot 21a; Rabenu Yerujam, Toledot Adam VeJavá, 17:5. Y así se desprende también de muchos otros primeros comentaristas).

El sentido del precepto

La prohibición de hacerse tatuajes es un jok, es decir, un precepto cuyo motivo no ha sido explicitado en la Torá. Nosotros lo cumplimos en virtud de nuestra fe en HaShem, quien nos entregó Sus preceptos para hacernos merecedores de alcanzar una mayor elevación espiritual.

Sin embargo, algunos de los sabios medievales (rishonim) explicaron que esta era una costumbre de los idólatras (Rambám Hiljot Avodá Zará 12:11; Sefer HaJinuj, precepto 233). Incluso cuando el tatuaje no está relacionado con una determinada forma de idolatría, contiene una prohibición vinculada con ella. Esto se debe a que la fe en HaShem conecta al ser humano con la luz infinita. Por eso, mediante la fe en HaShem, la persona se convierte en un ser libre, liberado de toda sujeción a una idea o a un valor limitado. No ocurre lo mismo con la idolatría, que restringe la fe a un valor determinado (Pninei Halajá, Emuná Umitzvoteha 2:2).

Incluso quien tatúa sobre su cuerpo alguno de los Nombres de HaShem transgrede una prohibición de la Torá. Esto se debe a que tampoco el Nombre de HaShem expresa Su esencia, sino únicamente una de Sus manifestaciones (Pninei Halajá, Jefetzei Kodesh 11:1).

Quien graba un Nombre sagrado sobre su propia carne se fija a sí mismo en una de las manifestaciones de HaShem y se desvincula de la fuente infinita. De ese modo, restringe la fe en HaShem hasta convertirla en algo semejante a la idolatría (ver el comentario del Rav Shimshon Rafael Hirsch a Vaikrá-Levítico 19:28).

El deterioro de la imagen divina en el ser humano

Además, el ser humano fue creado a imagen de D’s, y su cuerpo, tal como fue creado por HaShem, refleja esta idea. Quien tatúa una figura sobre este, está grabando y deformando la forma de la revelación de la imagen divina (Recanati a Vaikrá-Levítico 19:28; Radbaz, Metzudat David 72). Es decir, en lugar de que el cuerpo refleje el valor intrínseco del ser humano como criatura divina, la persona se tatúa y se rebaja a sí misma, convirtiéndose en una base o un medio para exhibir diferentes figuras.

El tatuaje impide la renovación

Existe otro problema relacionado con los tatuajes. El ser humano, creado a imagen de D’s, debe permanecer conectado con la fuente de la vida y, a partir de ello, renovarse y elevarse constantemente durante toda su existencia. Quien graba sobre su piel una figura permanente se somete a ella y se impide a sí mismo seguir renovándose. Esta es la impureza que provoca el tatuaje: somete a la persona a una figura determinada, que la bloquea y le impide conectarse con la fuente de la vida y recibir de HaShem una inspiración infinita.

En un primer momento, a quien se tatúa le parece que está agregando algo que le otorga significado y belleza a su cuerpo. Sin embargo, con el tiempo, el tatuaje le impide abrirse a cosas nuevas. Incluso sus antiguas cualidades se debilitan y se desvanecen.

¿Existe el precepto de eliminar un tatuaje?

Pregunta: Una persona que pecó deliberada o involuntariamente y se hizo un tatuaje, ¿tiene el precepto de eliminarlo?

Respuesta: La prohibición de la Torá consiste en tatuar el cuerpo, tal como fue dicho: «No pondréis sobre vosotros escritura de tatuaje» (Vaikrá-Levítico 19:28). Sin embargo, una vez que el tatuaje ya existe, no hay prohibición de conservar el resultado y, por lo tanto, la Torá no exige eliminarlo. Tampoco los sabios establecieron que exista un precepto de quitarlo.

Sin embargo, es importante saber que antiguamente era sumamente difícil eliminar un tatuaje. Cuando los esclavos que habían sido liberados querían borrar los tatuajes que los identificaban como tales, debían cortarse la piel y quitar la parte que contenía el pigmento, o quemarla, o utilizar sustancias extremadamente corrosivas para intentar disolver el pigmento, dañando al mismo tiempo la piel. Este procedimiento implicaba dolores terribles, dejaba una gran cicatriz y, en ocasiones, incluso provocaba la muerte como consecuencia de una infección. Además, después de todo ese sufrimiento, a veces todavía quedaban restos del tatuaje sobre la piel. Por eso, muchos esclavos liberados preferían conservar el tatuaje en su cuerpo antes que exponerse al sufrimiento y al peligro que implicaba intentar eliminarlo. En consecuencia, se comprende que los sabios no hayan contemplado la posibilidad de eliminar los tatuajes mediante procedimientos que implicaban un peligro mortal y un sufrimiento terrible.

 

¿Existe el precepto de eliminar un tatuaje mediante una intervención quirúrgica?

En la época moderna, hace aproximadamente ciento cincuenta años, los médicos aprendieron a realizar operaciones bajo anestesia y a mantener condiciones de esterilidad para prevenir infecciones. Como consecuencia, hace unos setenta años, las personas adineradas de los países occidentales ya acostumbraban a recurrir a la cirugía plástica por razones estéticas. Para entonces, ya era posible eliminar tatuajes mediante una operación sin correr un riesgo significativo. A raíz de ello surgió la pregunta: quien tiene tatuajes ¿tiene el precepto de eliminarlos?

La respuesta de las autoridades halájicas fue que, ciertamente, existe un valor en eliminar el tatuaje. Esto se desprende, por ejemplo, de las palabras del Minjat Jinuj, quien prohibió eliminar un tatuaje en Shabat, porque hacerlo constituye una reparación (Musaj HaShabat, 32, Mojek 4). Sin embargo, dictaminaron que, desde el punto de vista estrictamente halájico, no está prohibido conservar el tatuaje y, por lo tanto, no existe la obligación de eliminarlo. Así lo dictaminaron el Rav Shlomó Zalman Auerbach (citado en Shevet HaKehatí V, 154, publicado en 5758 [1998]) y el Rav Eliashiv (Jashukei Jemed, Pesajim 75b, 5766 [2006]). También lo escribieron en las responsas LeHorot Natán (VIII, 72, 5750 [1990]), Rivevot Efraim (VIII, 306, 5758 [1998]) y Maré HaBazak (V, 78, 5761 [2001]). Sin embargo, en el caso de los sobrevivientes del terrible Holocausto, las autoridades halájicas indicaron que no debían eliminar el número que los nazis —que su nombre sea borrado— les habían tatuado en el brazo. Esto se debe a que dicho número constituye un recuerdo de las acciones de los malvados y representa una santificación del Nombre de HaShem (kidush Hashem), pues demuestra que un judío que atravesó la Shoá continúa viviendo su vida (Responsa MiMa’amakim IV, 22, 5736 [1976]).

La invención del láser

El láser fue inventado en el año 5720 (1960) y, con el tiempo, se aprendió a utilizarlo para eliminar tatuajes. Se dirigen los rayos láser hacia los pigmentos atrapados en la piel y, mediante una serie de tratamientos, se descomponen en partículas pequeñas que el organismo va eliminando gradualmente de la piel, hasta que el tatuaje desaparece.

La eliminación de tatuajes mediante rayos láser provoca más dolor que el que se experimenta al hacerse el tatuaje, pero no se trata de un dolor extremadamente difícil de soportar. Cuanto más oscuros son los colores del tatuaje, por lo general se necesitan menos sesiones para eliminarlos, ya que los colores oscuros absorben más los rayos láser que los descomponen. En la práctica, actualmente la eliminación de un tatuaje requiere un promedio de unas diez sesiones, y su costo puede llegar a ser diez veces, o incluso más, que el precio de hacerse el tatuaje.

Los tratamientos para eliminar tatuajes mediante láser comenzaron hace aproximadamente treinta años. Sin embargo, recién hace unos veinte años, alrededor del año 5765 (2005), estos tratamientos empezaron a difundirse ampliamente en Israel. A partir del año 5775 (2015), se produjo un importante salto cualitativo en su eficacia. Por lo tanto, las respuestas de los rabinos que escribieron que es conveniente eliminar el tatuaje, aunque no existe un precepto de hacerlo, se referían a procedimientos quirúrgicos que implicaban mucho sufrimiento, cierto riesgo y dejaban una cicatriz.

Es correcto esforzarse por eliminar el tatuaje mediante láser

Por consiguiente, desde el punto de vista halájico y en la práctica, consideramos que ahora que es posible eliminar los tatuajes mediante láser, es correcto esforzarse por hacerlo, para expresar de ese modo el rechazo al pecado. Quien no se esfuerza por eliminarlo da a entender que no se avergüenza de él, cuando lo apropiado es que la persona se avergüence de la transgresión que cometió en su propio cuerpo. Por eso, incluso cuando el tatuaje se encuentra en un lugar oculto, es correcto que la persona se avergüence de él y lo elimine. Esto es especialmente importante cuando el tatuaje simboliza valores negativos .Sin embargo, si se tatuó el Nombre de HaShem, está prohibido eliminarlo (cuando se entra al baño o se toma un baño, es necesario cubrirlo para no menoscabar su honor).

Si el tatuaje es visible, es conveniente eliminarlo también para evitar una profanación del Nombre de Hashem (jilul Hashem), de modo tal que la gente no se equivoque y piense que la persona está orgullosa de su transgresión, y para evitar que otras personas quieran imitarla. Es posible que, si en la época de los sabios hubiera existido la posibilidad de eliminar los tatuajes mediante rayos láser, habrían establecido que era obligatorio quitarlos. Sin embargo, en la práctica, dado que no se estableció la obligación de eliminar el tatuaje, no se trata de un deber absoluto, sino de algo que es correcto hacer. En cualquier caso, quien tiene dificultades para eliminar sus tatuajes no debe demorar por ese motivo su acercamiento a la Torá.

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