Rindan honor a la Torá

revivim1214

El precepto de estudiar Torá tiene un valor equivalente a la sumatoria de todas las demás mitzvot @ La recompensa por el precepto de estudiar Torá equivale a la que se recibe por la observancia de todas las mitzvot @ Toda persona del pueblo de Israel que estudia Torá contribuye al sostenimiento del mundo @ Incluso las opiniones discrepantes o minoritarias que no fueron establecidas como halajá expresan un aspecto verdadero de la Torá @ La multiplicidad de opiniones conduce a la paz, pues en la Torá y en el mundo existen diferentes perspectivas y, por consiguiente, diferentes opiniones @ Las innovaciones de Torá (jidushei Torá), que surgen de una profunda reflexión sobre la Torá o de las preguntas que plantea la vida en la Tierra de Israel, desarrollan e impulsan el mundo.

Dado que la Torá expresa el plan divino supremo, no es posible que llegue a manifestarse plenamente a través de una sola forma de estudio. Por ello, desde el comienzo se manifiesta en dos aspectos: la Torá Escrita y la Torá Oral. La Torá Escrita expresa la iluminación divina celestial que está por encima del ser humano, mientras que la Torá Oral expresa la iluminación divina que se revela por medio de los sabios del pueblo de Israel, quienes deben interpretar la Torá Escrita y, al mismo tiempo, brindar respuestas a las preguntas que surgen de la vida terrenal.

Los sabios dijeron: «Los Shabatot y los días festivos no fueron dados sino para ocuparse en ellos (del estudio) de la Torá» (Talmud Jerosolimitano Tratado de Shabat 15:3). Entre los días festivos se incluye también los de Jol HaMo’ed. Y en Sheminí Atzeret incluso celebramos la culminación del ciclo de lectura de la Torá. Por ello, dedicaremos esta vez la columna al gran valor que encierra el precepto del estudio de la Torá.

 

El valor de la Torá

Nuestros sabios dijeron que el precepto de estudiar Torá tiene un valor equivalente al de la sumatoria de todas las demás mitzvot, y que la recompensa por el cumplimiento del precepto de estudiar Torá equivale a la que se recibe por la observancia de todas las mitzvot (Tratado de Peá 1:1; Talmud Jerosolimitano ad loc., y Talmud Babilonio, Tratado de Mo’ed Katán 9(B)). Hay dos razones para ello.

En primer lugar, sin el estudio de la Torá es imposible saber cómo cumplir las mitzvot de la Torá ni cómo vivir de acuerdo con sus valores. Por eso, el precepto más básico es el del estudio de la Torá (Rambám, comentario a la Mishná, Tratado de Peá 1:1). A esto se refirieron los sabios cuando dijeron: «Grande es el estudio, ya que conduce a la acción» (Tratado de Kidushín 40(B)).

En segundo lugar, el precepto de estudiar Torá es el más elevado, pues se cumple por medio de la parte superior del ser humano que es el intelecto. Todos los preceptos prácticos se realizan por medio del cuerpo, y todas las mitzvot que se cumplen a través de las emociones se efectivizan por medio del corazón; pero tanto el cuerpo como el corazón están limitados por las estructuras de este mundo. En cambio, el precepto de estudiar Torá se realiza mediante el pensamiento, que está vinculado con el mundo espiritual eterno, más allá de los límites de este mundo (Maharal, Netiv HaTorá, cap. 1). Como consecuencia de ello, dado que la mitzvá de estudiar Torá se lleva a cabo en la parte superior del ser humano, por su intermedio la persona tiene el mérito de rectificar su alma, sus pensamientos y sus ideas, de los cuales se ven influenciados todos sus sentimientos y sus actos.

El plan según el cual el mundo fue creado

Los sabios dijeron que, en el orden de la creación, la Torá precedió en existencia al mundo. Después de que el Santo Bendito Él creara la Torá, que contiene en su interior todos los ideales y valores existentes en el universo, «el Santo Bendito Él, la contempló y creó el mundo» (Bereshit Rabá 1:1). Tal como un rey que desea edificar un palacio prepara primeramente un plano para su construcción, de igual manera D’s creó primero la Torá y, de acuerdo con ella, creó el mundo.

Tal como dijeran nuestros sabios: «Dichosos aquellos que se esfuerzan por ocuparse de la Torá, pues cuando el Santo Bendito Él, creó el universo, la contempló y lo creó … porque todas las cosas y todas las acciones de todos los mundos están contenidas en la Torá… Así está escrito en la Torá: ‘En el principio creó D’s los cielos’; esto es, contempló esta palabra y creó los cielos. En la Torá está escrito: ‘Y dijo D’s: Que haya luz’; o sea, contempló esta palabra y creó la luz. Y así procedió con cada una de las palabras que están escritas en la Torá, el Santo Bendito Él la contempló y efectivizó lo que estaba escrito» (Zohar, Terumá 161a).

Israel, la Torá y el sostenimiento del mundo

Reb Jaim de Volozhin explicó en su libro Nefesh HaJaím (4:11) que la revelación divina (el Santo Bendito Él), la Torá e Israel constituyen una misma realidad: «Cada miembro del pueblo de Israel tiene la raíz de su alma superior unida y aferrada a una de las letras de la Torá, y en efecto, estas se convierten verdaderamente en una sola unidad» (ver Bereshit Rabá 1:4; Rashi a Bereshit 1:1). Es decir, el pueblo de Israel expresa la voluntad suprema del Creador de crear un mundo y derramar sobre él bondad y bendición, pues todo el deseo de Kneset Israel (el colectivo israelita) es prodigar bien al mundo (Orot Israel 1:4). Como continuación de ello, D’s creó la Torá, que constituye el plan para la creación del mundo, y en ella se explica el camino mediante el cual el pueblo de Israel habrá de repararlo y perfeccionarlo.

Nuestros sabios dijeron que toda persona en el pueblo de Israel que se ocupa del estudio de la Torá sostiene el mundo: «Una vez creado el mundo, nada podía subsistir hasta que surgió Su voluntad de crear al hombre, para que se ocupara de la Torá y, por él, el mundo pudiera subsistir. Y ahora, todo aquel que contempla la Torá y se esfuerza por ocuparse de ella es, por así decirlo, quien sostiene todo el mundo. Pues, así como el Santo Bendito Él contempló la Torá y creó el mundo, de igual manera la persona que contempla la Torá sostiene el mundo. Resulta entonces que el acto de la creación del mundo y su sostenimiento del mundo es la Torá, por medio de la cual fluye la abundancia necesaria para que el mundo subsista. Por ello, dichosa es la persona que se ocupa de la Torá, pues ella sostiene el mundo» (Zohar, Terumá 161a; ver también Zohar Bereshit 47a; Vaikrá 11b).

Sobre esta base, agregó en Nefesh HaJaim: «Y la verdad, sin ninguna duda en absoluto, es que si todo el mundo entero, de un extremo al otro, quedara, D’s no lo permita, aunque tan solo fuera por un instante completamente desprovisto de nuestro estudio y de nuestra reflexión sobre la Torá, en ese mismo instante todos los mundos, los superiores y los inferiores, se verían destruidos y quedarían, D’s no lo permita, reducidos a la nada y al vacío. Y, asimismo, la abundancia que recibe el mundo, o su disminución, D’s no lo permita, depende únicamente del grado y de la intensidad de nuestro estudio [de la Torá]» (Nefesh HaJaim 4:11).

Las manifestaciones de la Torá y las diferentes opiniones

Dado que la Torá expresa el plan divino supremo, no es posible que llegue a manifestarse plenamente a través de una sola forma de estudio. Por ello, desde el comienzo se manifiesta en dos aspectos: la Torá Escrita y la Torá Oral. La Torá Escrita expresa la iluminación divina celestial que está por encima del ser humano, mientras que la Torá Oral expresa la iluminación divina que se revela por medio de los sabios de Israel, quienes deben interpretar la Torá escrita y, al mismo tiempo, brindar respuestas a las preguntas que surgen de la vida terrenal.

La Torá Oral comienza con la tradición interpretativa que Moshé recibió en el Monte Sinai, y continúa con la interpretación de los sabios del pueblo de Israel de la Torá Escrita y de la tradición de la Torá Oral, con todas las implicaciones que de ello se derivan. Así fue dicho: «Una cosa habló D’s; dos escuché» (Tehilim-Salmos 62: 12). Y también fue dicho: «¿Acaso no son Mis palabras como fuego, dice D’s, y como un martillo que rompe la roca?» (Yrmiahu-Jeremías 23:29).

Los sabios interpretaron: «Así como este martillo se divide en muchas chispas, así también cada palabra que salió de la boca del Santo Bendito Él, se dividió en setenta lenguas» (Tratado de Shabat 88(B)). Y también: “Así como este martillo se divide en muchas chispas, así también un mismo versículo puede dar lugar a múltiples interpretaciones» (Tratado de Sanhedrín 34(A)).

Las opiniones que no fueron establecidas como halajá

Incluso las opiniones discrepantes que no fueron establecidas como halajá expresan un aspecto verdadero de la Torá, puesto que cada opinión se fundamenta en la propia Torá. Así dijeron los sabios acerca de la controversia entre las escuelas de Beit Shamai y Beit Hilel: «Estas y aquellas son palabras del D’s viviente, y la halajá es conforme a la opinión de Beit Hilel» (Tratado de Eruvín 13(B)).

Asimismo, los sabios interpretaron el versículo que dice: «Las palabras de los sabios son como aguijones y como estacas firmemente plantadas; los maestros de las asambleas fueron dadas por un solo Pastor» (Kohelet-Eclesiastés 12:11) de la siguiente manera: «‘Los maestros de las asambleas’: estos son los estudiosos de la Torá que se sientan en asambleas y se ocupan del estudio de la Torá; unos declaran algo impuro y otros lo declaran puro; unos lo prohíben y otros lo permiten; unos lo consideran inválido y otros lo consideran apto. Quizás una persona diga: ‘¿Cómo habré de estudiar la Torá de ahora en adelante, si no sé quién la representa?’ El versículo enseña: ‘Todos fueron dados por un solo Pastor’: un solo D’s los dio, un solo Pastor los pronunció, de boca del Eterno de todas las acciones, Bendito Él … También tú, procura que tus oídos sean como un embudo (destinado a reunir palabras de Torá), y adquiere un corazón capaz de comprender, para escuchar las palabras de quienes declaran algo impuro y las palabras de quienes lo declaran puro, las palabras de quienes prohíben y las palabras de quienes permiten, las palabras de quienes consideran algo inválido y las palabras de quienes lo consideran apto» (Tratado de Jaguigá 3(B)).

La multiplicidad de opiniones conduce a la paz

A primera vista, la multiplicidad de opiniones existente en la Torá provoca división. Sin embargo, en realidad, la multiplicidad de opiniones conduce a la paz, pues en la Torá y en el mundo existen diferentes perspectivas y, por consiguiente, diferentes opiniones. Cuando no se da lugar a una de las opiniones, se desarrolla a partir de ello una disputa. Pero cuando, en el marco del estudio de la Torá, se esclarece la verdad contenida en cada opinión, y el estudiante comprende cómo las diferentes opiniones se aclaran y enriquecen mutuamente, se establece una verdadera paz en el mundo.

Tal como dijeron los sabios: «Los estudiosos de la Torá incrementan la paz en el mundo, tal como fue dicho: ‘Y todos tus hijos serán discípulos de D’s, y grande será la paz de tus hijos’ (Yshaiahu-Isaías 54:13). No leas banaij (“tus hijos”), sino bonaij (“tus constructores”)» (Tratado de Berajot 64(A)). Estos son los estudiosos de la Torá que construyen a Israel y al mundo. Y a esto se refiere lo dicho por el salmista: «Mucha paz tienen los que aman Tu Torá, y no hay para ellos tropiezo» (Tehilim-Salmos 119:165) (Ein Aiá Tratado Berajot 9:361).

Las innovaciones de Torá

Los sabios dijeron: «Incluso lo que un discípulo veterano habrá de enseñar ante su maestro ya le fue dicho a Moshé en el Monte Sinai» (Talmud Jerosolimitano Tratado de Peá 2:4). Es decir, todas las verdaderas innovaciones de Torá son una continuación directa de la revelación divina en Sinai. A esto se refiere lo dicho: «Hay algo de lo que se dice: ‘¡Mira, esto es nuevo!’ Su compañero le responde: ‘Ya existió en los tiempos antiguos, que fueron antes de nosotros'» (Kohelet-Eclesiastés 1:10). Y necesariamente debe ser así, pues dado que la fuente de la iluminación de la Torá es la luz del Infinito, no existe límite para las innovaciones que pueden surgir de ella. Tal como dijeran los sabios: «No puede haber una casa de estudio sin una innovación» (Tratado de Jaguigá 3(A)).

El sostenimiento y el progreso del mundo

Resulta, entonces, que el estudio de la Torá, realizado con una comprensión correcta y lishmá —en aras de la verdad o “por el bien del Cielo”—, sostiene el mundo; y las innovaciones de Torá, que nacen de una profunda reflexión sobre la Torá o de las preguntas que surgen de la vida en la Tierra de Israel, desarrollan e impulsan el mundo (Nefesh HaJaim 4:12; Yesod VeShoresh HaAvodá 6:6).

Tal como dijeron los sabios: «Cuánto debe esforzarse la persona en la Torá día y noche, pues el Santo, bendito sea, escucha la voz de quienes se ocupan de la Torá, y por cada palabra nueva que es renovada en la Torá por aquel que se ocupa de ella, crea un firmamento… y los llama ‘los cielos nuevos’ … Y todas las demás palabras de Torá que son renovadas permanecen ante el Santo Bendito Él, ascienden y se convierten en tierras de vida… y todo se convierte en una tierra nueva… Y sobre esto está escrito: ‘Porque, así como los cielos nuevos y la tierra nueva que Yo hago permanecen delante de Mí, dice D’s’ (Yshaiahu-Isaías 66:22). No fue dicho ‘hice’, sino ‘hago’, pues Él hace continuamente; estos son las innovaciones y los secretos de la Torá.

Y sobre esto está escrito: “Y pondré Mis palabras en tu boca y a la sombra de Mi mano te cubriré, para plantar los cielos y establecer la tierra y decir a Sion: ‘Tú eres Mi pueblo’…” (Yshaiahu-Isaías 51:16). No leas amí (“Mi pueblo”), sino imí (“conmigo”): para ser Mi socio. Así como Yo hice los cielos y la tierra con Mis palabras… tú también (puedes hacerlo)» (Introducción al Zohar 4b; ver también Zohar Vaiejí 243a y Zohar Shelaj 173a).

כתבות נוספות באתר:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Yeshiva Har Brajá We use cookies to ensure the website functions properly and improve user experience. You can choose which types of cookies to enable.
Cookie Selection