LAS SEIS PREGUNTAS QUE SE LE HACEN A UNA PERSONA EN EL JUICIO CELESTIAL

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De cara a Rosh Hashaná, es apropiado comprender las preguntas que se le formulan a una persona cuando comparece ante el Tribunal Celestial. @ Torá, trabajo y redención: las seis preguntas abarcan todos los ámbitos de la vida y de la misión del judío en el mundo, con la condición de que todo ello esté precedido por el temor reverencial a D’s. @ ¿Y por qué pronunciamos tantas alabanzas en la oración de Rosh Hashaná?

 

La expectativa de la salvación y el deseo de traer redención y bendición a todo el mundo constituyen una cualidad especial de Israel. Por eso, en Rosh Hashaná, en lugar de pedir únicamente por la salud y el sustento de uno mismo y de la propia familia, el núcleo de la oración está dedicado a la revelación de la gloria de D’s en el mundo y a Su redención. Y cuando Israel deja de lado su propio sufrimiento y se ocupa de la gloria de D’s y de la revelación de Su reinado, el Santo, Bendito Él les dice a los ángeles: «Vean a Mis hijos queridos, que dejan a un lado su sufrimiento y se ocupan de Mi gloria» (Zohar, parte III, 22a).

De cara a los Días del Juicio, es apropiado volver a las palabras del Talmud (Tratado de Shabat 31(A)) que resumen las seis preguntas que se le formulan a una persona cuando comparece ante el Tribunal Celestial: «Dijo Raba: Cuando introducen a una persona al juicio, le dicen: ¿Te has conducido en tus asuntos y en tus ocupaciones laborales con honestidad? ¿Has fijado tiempos para el estudio de la Torá? ¿Te has ocupado de la procreación? ¿Has esperado la redención? ¿Te has ocupado del estudio profundo de la sabiduría? ¿Has comprendido una cosa a partir de otra»?

La pregunta sobre el trabajo: «¿Te has conducido en tus asuntos y en tus ocupaciones laborales con honestidad»?

«¿Te has conducido en tus asuntos y en tus ocupaciones laborales con honestidad?» Esto es, ¿trabajaste con diligencia, responsabilidad y honestidad? Y con el dinero que ganaste, ¿realizaste tus transacciones de manera honesta? Esta es la primera pregunta que se formula porque el trabajo destinado a poblar, mantener y desarrollar el mundo (ishuvó shel olam) y a obtener el sustento de la familia constituye la función primera y básica de toda persona. Pues, desde el principio, cuando el Santo Bendito Él creó el mundo, lo creó incompleto, para dar a la persona, que fue creada a imagen de D’s, un lugar desde el cual poder asociarse con Él en la población, el desarrollo y la reparación del mundo.

Por eso, incluso estando en el Jardín del Edén, antes de pecar, la persona estaba destinada a trabajar, tal como fue dicho: «Y tomó HaShem Elokim al hombre y lo puso en el Jardín del Edén para que lo trabajara y lo cuidara» (Bereshit-Génesis 2:15). Asimismo, los sabios enseñaron: «Ama el trabajo» (Tratado de Avot 1:10). Y, en palabras de Rabenu Bajaié: «Esto vino a advertir acerca del trabajo: que lo ame, cualquiera que este sea y cualquiera sea el que se le presente, porque es una buena cualidad que aleja la vergüenza de las personas; y precisamente ella es la causa de la existencia del ser humano y de su vida en este mundo».

Sin embargo, no basta con que una persona trabaje; debe hacerlo con responsabilidad y honestidad. No debe desentenderse de su trabajo durante las horas en las que se comprometió a trabajar, y debe terminar las tareas a tiempo y con la calidad correspondiente, tal como se comprometió. Además, debe separar de sus cosechas y productos agrícolas las ofrendas y los diezmos (trumot uma’asrot), y en el caso de las demás profesiones, debe entregar el diezmo de sus ingresos para fines de tzedaká. Si actuó de esta manera, podrá responder: «Sí, en mis asuntos y en mis ocupaciones laborales me he conducido de manera honesta».

 

«¿Has fijado tiempos para el estudio de la Torá?»

La mitzvá del estudio de la Torá equivale en importancia a la sumatoria de todos los preceptos (Tratado de Peá 1:1; y en el Talmud Jerosolimitano ídem; y en el Talmud Babilonio Tratado de Mo’ed Katán 9(B)). Hay dos razones para ello: a) Sin el estudio no es posible saber cómo cumplir las mitzvot de la Torá y vivir de acuerdo con sus valores. b) El precepto del estudio de la Torá es el más elevado de todos, pues se cumple mediante la parte superior de la persona: su intelecto. Por ello, es necesario fijar tiempos para el estudio de la Torá todos los días y todas las noches: «Y es necesario que ese tiempo sea fijo, de modo tal que el individuo no lo posponga, incluso si considera que puede obtener de ello una gran ganancia» (Shulján Aruj, Oraj Jaím 155:1).

«¿Te has dedicado a la procreación?»

La tercera pregunta es: «¿Te has dedicado a la procreación?», porque después de que la persona se ha ocupado de su existencia material mediante el trabajo y de su existencia espiritual mediante la fijación de tiempos para el estudio de la Torá, su misión es agregar vida al mundo.

Así también se les dijo a Adam y a Javá (Adán y Eva): «Y D’s les dijo: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla» (Bereshit-Génesis 1:28). Y tal como dijeran los sabios en la Mishná: «El mundo no fue creado sino para la procreación, tal como fue dicho: ‘No la creó (a la Tierra) para que estuviera desolada; la hizo para que sea habitada’» (Yshaiahu-Isaías 45:18) (Tratado de Guitín 41(B)).

Al cumplir este precepto, la persona sigue los caminos de D’s: así como Él creó el mundo y lo mantiene, también la persona trae hijos al mundo, los cuida y los educa. De este modo se convierte en socio del Santo Bendito Él, tal como dijeran los sabios: «Tres socios participan en la creación de una persona, el Santo Bendito Él, su padre y su madre» (Tratado de Nidá 31(A)).

Cuanto más ama una persona la vida que D’s le ha dado, mayor es su deseo de añadir vida y de cumplir la mitzvá de «creced y multiplicaos» con mayor excelencia, y se alegra profundamente por los hijos que D’s le ha concedido.

«¿Has esperado la redención

El pueblo de Israel fue creado para seguir los caminos de D’s y traer la redención al mundo. Por ello, todo judío debe siempre anhelar que la redención llegue en sus días y debe actuar, dentro de sus posibilidades, para lograrlo. La redención, tal como se explica en la Torá, en los libros de los Profetas y en las enseñanzas de los sabios, comienza con la reunión de los exiliados y el asentamiento en la Tierra de Israel, y continúa con la creación de un magnífico sistema educativo, la ayuda a los necesitados y el establecimiento de un sistema judicial, hasta llegar a la construcción del Templo y a la llegada de la bendición a todas las familias de la tierra.

La expectativa de la redención y el deseo de traer redención y bendición a todo el mundo constituyen una cualidad especial de Israel. Así le dijo D’s a nuestro patriarca Abraham: «Vete de tu tierra… y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra» (Bereshit-Génesis 12:1). Por eso, en Rosh Hashaná, en lugar de pedir únicamente por la salud y el sustento de uno mismo y de la propia familia, el núcleo de la oración está dedicado a la revelación de la gloria de D’s en el mundo y a Su redención. Y cuando Israel deja de lado su propio sufrimiento y se ocupa de la gloria de D’s y de la revelación de Su reinado, el Santo Bendito Él les dice a los ángeles: «Vean a Mis hijos queridos, que dejan de lado su sufrimiento y se ocupan de Mi gloria» (Zohar, parte III, 22a).

De este modo, se acallan las acusaciones de Satán, que desea eliminar al pueblo de Israel del mundo, y así nuestra nación merece un nuevo año en el que avanzará un paso más hacia la reparación del mundo y su redención.

Cabe agregar que la expectativa de la redención está relacionada con el mandamiento de «creced y multiplicaos», tal como dijeron los sabios: «Así como Israel fue redimido de Egipto gracias a que crecieron y se multiplicaron, del mismo modo serán redimidos en el futuro gracias a que fructificarán y se multiplicarán. ¿Y de dónde lo sabemos? Debes saber que esto es así: el pueblo de Israel no será redimido sino cuando crezca, se multiplique y llene todo el mundo, tal como fue dicho: ‘Porque te expandirás a derecha y a la izquierda, y tu descendencia heredará naciones y habitará ciudades desoladas’» (Yshaiahu-Isaías 54:3) (Eliahu Zuta 14).

 

«¿Te has ocupado del estudio profundo de la sabiduría?»

Después de que una persona haya cumplido con su deber básico hacia sí misma, mediante el trabajo y la fijación de tiempos para el estudio de la Torá, y haya cumplido también su misión de añadir bendición al mundo mediante la procreación y mediante la expectativa y la acción en favor de la redención, es necesario añadir un nivel más, para que todo se realice de la manera más profunda y clara posible. A esto se refieren las dos preguntas siguientes, relacionadas con el estudio profundo de la Torá.

«¿Te has ocupado del estudio profundo de la sabiduría?», es decir, ¿te has esforzado por indagar más minuciosamente en la Torá para comprenderla de manera correcta? Sin embargo, cuando se intenta ahondar, a veces se tiende a desarrollar razonamientos forzados y retorcidos. Por eso la pregunta es: «¿Te ocupaste del estudio profundo de la sabiduría?», en palabras del Maharshá: «Esto es, que la persona no se dedique a desarrollar un razonamiento vano, sino que su intención sea discutir y analizar con inteligencia, sabiduría y conocimiento».

«¿Has comprendido una cosa a partir de otra

Después de que una persona haya comprendido la Torá en profundidad, podrá aprender de ella otras enseñanzas que le sirvan para orientar al mundo en todos los demás ámbitos de la vida. Tal como dijeran los sabios: «Y se obtiene de él consejo y sabiduría práctica, comprensión y fortaleza» (Tratado de Avot 6:1).

De este modo, la expectativa de la redención puede hacerse realidad, pues mediante la profundización en el estudio de la Torá y la comprensión de ideas profundas a partir de ella, es posible elevar a la persona, a la familia, a la sociedad, al pueblo de Israel y al mundo entero.

En otras palabras, mediante la fijación de tiempos para el estudio de la Torá, la persona tiene el mérito de estar vinculada a la Torá y de seguir, en términos generales, sus caminos. Pero solamente si la comprende en profundidad y mediante su estudio es capaz de comprender una cosa a partir de otra, podrá traer bendición y redención al mundo.

El temor reverencial a D’s es la condición para todo

Los sabios agregaron que, incluso si una persona respondiera afirmativamente a las seis preguntas, solamente si «el temor de D’s es su tesoro», todos los buenos actos que haya realizado perdurarán y serán provechosos. Pero si no tiene temor de D’s, ninguna de las cosas que haya hecho perdurará. «Esto puede compararse con una persona que dijo a su enviado: ‘Sube para mí un kor (un volumen de entre 250 y 400 litros) de trigo al ático’. Él fue y lo subió. Le dijo: ‘¿Mezclaste en él un kav (medida de volumen equivalente a unos veinticuatro huevos) de jumtón (tierra salada que se utilizaba para proteger el trigo de los gusanos)?’ Le respondió: ‘No’. Le dijo: ‘Hubiera sido mejor que no lo hubieras subido'» (Tratado de Shabat 31(A)). Esto se debe a que, sin temor del Cielo, todos los buenos actos, así como el estudio de la Torá, tanto el regular como el profundo terminarán perdiéndose.

Tal como dijera Rabí Janina ben Dosa: «Todo aquel cuyo temor al pecado precede a su sabiduría, su sabiduría perdura; pero todo aquel cuya sabiduría precede a su temor al pecado, su sabiduría no perdura. Él solía decir: Todo aquel cuyas acciones son mayores que su sabiduría, su sabiduría perdura; pero todo aquel cuya sabiduría es mayor que sus acciones, su sabiduría no perdura» (Tratado de Avot 3:9).

Asimismo, dijeron: «Si no hay sabiduría, no hay temor; si no hay temor, no hay sabiduría» (ídem 3:17). Por ello, los estudiosos de la Torá, al igual que todo el pueblo de Israel, dentro del tiempo que dedican al estudio de la Torá, deben dedicar también un tiempo al estudio de la fe (emuná) y de la ética (musar), para continuar elevándose en la fe, en el temor reverencial al Cielo y en la purificación y perfeccionamiento de sus cualidades.

De cara a los rezos de Rosh Hashaná

Pregunta: ¿Por qué se dedica tanto tiempo en la oración a alabar a D’s? Parece como si D’s tuviera un gran deseo de ser alabado constantemente. ¿Acaso esto no lo rebaja, convirtiéndolo en un gobernante ávido de honores?

Respuesta: Las alabanzas no aportan absolutamente nada a D’s, pues Él es perfecto en toda perfección y, por lo tanto, no necesita nada ni obtiene ningún beneficio de que lo alabemos. Además, ni siquiera es posible expresar una pequeña parte de Su grandeza, porque Él está por encima de todos los límites y definiciones (ver Tratado de Berajot 33(B)). Sin embargo, mediante la expresión de las alabanzas a D’s, nosotros nos elevamos y nos engrandecemos, y alcanzamos el temor reverencial al Cielo. Nuestro espíritu se eleva hacia espacios infinitos y nuestra alma entra en contacto con la sabiduría y la belleza presentes en toda la creación.

Tal como los escritores y los poetas, los compositores y los músicos, los pintores y los artistas se llenan de alegría y elevación cuando logran describir la belleza de la creación en todos sus componentes, así también —y aún más— quien reza se llena de grandeza, deleite, sensibilidad, comprensión y elevación espiritual cuando se encuentra ante D’s y expresa Sus alabanzas. A partir de ello, se conecta con el propósito de la creación, que es añadir luz, verdad y bondad a todas las creaturas, y continúa su oración para atraer abundancia de bendición al mundo.

Por eso, como introducción a todas las oraciones y peticiones, comenzamos alabando a D’s, Creador de los cielos, de la tierra y de todo cuanto hay en ellos. Este es el sentido de los Pesukei Dezimrá, los maravillosos cánticos de alabanza del rey David que aparecen en el libro de los Salmos. Este es también el sentido de todos los poemas litúrgicos (piutim) y las elevadas oraciones que los grandes sabios de Israel compusieron a lo largo de las generaciones acerca de la magnificencia de la creación y del gobierno de D’s sobre el mundo.

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