Las distintas ciencias son consideradas sabiduría divina. @ La menorá del Templo de Jerusalém tenía siete brazos, los cuales se corresponden con las siete sabidurías del mundo cuya raíz está oculta en la Torá. @ Quien no domina estas sabidurías no puede ser nombrado miembro del Sanedrín y, por lo tanto, no puede ser considerado uno de los grandes sabios de la Torá. @ El Gaón de Vilna alentó a sus discípulos a estudiar ciencias. @ A un erudito de la Torá que desconoce las ciencias le falta una comprensión importante de la propia Torá. @ Sin embargo, si el estudio de las ciencias conduce al abandono de la Torá, existe la obligación de renunciar a ellas. @ Otra razón para integrar estudios básicos de ciencias y de lengua (el currículo básico) es que gracias a ellos los alumnos podrán adquirir una profesión.
Es posible debatir, desde el punto de vista pedagógico, si es preferible que en las edades tempranas se estudie primero únicamente Torá y solo después se incorporen las ciencias, o si es mejor estudiar ambas en paralelo. Sin embargo, el principio fundamental de que el estudio de las ciencias es importante y beneficioso para el estudio de la Torá debe mantenerse. Por ello, no cabe reprochar a ninguna yeshivá ktaná (para jóvenes de 14 a 17) que siga este enfoque, pues no está rechazando el estudio de las ciencias, que también forman parte de la obra de D’s.
¿Yeshivá ktaná o yeshivá secundaria (en la que se completa el bachillerato)?
Pregunta: ¿Qué tipo de institución representa mejor la postura de la Torá: una yeshivá ktaná, en la que todas las horas de estudio se dedican exclusivamente a la Torá sin ninguna enseñanza científica, o una yeshivá secundaria que combina el estudio de la Torá con las ciencias? Si el rabino admite que la yeshivá ktaná representa más fielmente la postura de la Torá, ¿por qué el público sionista religioso no envía a todos sus hijos a este tipo de instituciones? ¿Acaso porque elige un camino de compromiso entre la Torá y el mundo secular?
¿Y no podría decirse que este camino de compromiso caracteriza también a los eruditos del sector sionista religioso? Después de todo, incluso los egresados de la Yeshivá Merkaz HaRav fundaron la Yeshivá LeTzeirim, que combina el estudio de la Torá con las ciencias. E incluso quienes intentaron establecer yeshivot ktanot, en la práctica incorporan estudios científicos para preparar a los alumnos para los exámenes de bachillerato. ¿No constituye esto un concesión?
También las ciencias son consideradas sabiduría divina
Respuesta: Las distintas ciencias son consideradas sabiduría divina, porque HaShem creó el mundo con sabiduría, y el estudio de las ciencias es el estudio de la sabiduría del Creador. Por esta razón, nuestros sabios establecieron que, al ver a un gran sabio entre las naciones del mundo, se recite la bendición: «Bendito eres Tú, HaShem, nuestro D’s, Rey del universo, que has otorgado de Tu sabiduría a los seres humanos». De ello se desprende que también las ciencias son llamadas Su sabiduría (Tratado de Berajot 58(A); Shulján Aruj, Oraj Jaím 224:7; Pninei Halajá Berajot 15:18).
La menorá del Templo y las ciencias
Muchos comentaristas explicaron que la menorá que se encontraba en el Templo tenía siete brazos, en correspondencia con las siete sabidurías del mundo, cuyas raíces están ocultas en la Torá (Rabenu Bejaié sobre Shemot-Éxodo 25:31; Akedat Ytzjak 49; Abarbanel sobre Behaalotejá 8; el Jidá en Najal Kedumim, Behaalotejá; Jidushei Jatam Sofer al Tratado de Nedarim 81(A); Rabí Yosef Shaúl Natanzon en sus comentarios al Tratado de Shabat 21(B); Malbim a Parashat Terumá – Rimzei HaMishkán; Netziv, Haamek Davar a Shemot-Éxodo 37:19; Aruj HaShulján en la introducción a su obra, entre muchos otros).
Es decir, la máxima expresión de la Torá se encontraba en el Kodesh Hakodashim (Santo Sanctórum) donde reposaba el rollo de la Torá, dentro del Arca del Pacto junto a las Tablas de la Ley, o a su lado. En el área del Kodesh (limitada a los cohanim, un nivel por debajo de la santidad del Kodesh Hakodashim) estaban la mesa de la ofrenda de los panes y la menorá. La mesa representaba el trabajo destinado al sustento y al desarrollo del mundo, mientras que la menorá representaba las siete sabidurías del mundo. Así, la menorá, que simbolizaba las ciencias y los saberes, estaba ubicada en el Kodesh para expresar su carácter sagrado. Sin embargo, no estaba en el Kodesh Hakodashim, porque no alcanza el nivel de la Torá que allí se encontraba. En relación con la Torá del Kodesh Hakodashim, las ciencias son como servidoras, cocineras y asistentes, destinadas a ayudarla (Rambám; Rabí Yonatán Eibschitz, Ye’arot Devash II 7).
Es preceptivo estudiar las ciencias
Nuestros sabios dijeron: «Todo aquel que sabe calcular los ciclos astronómicos y las constelaciones y no lo hace, sobre él fue dicho: ‘No contemplan la obra del Eterno ni consideran la labor de Sus manos’ (Yshaiahu-Isaías 5:12)» (Tratado de Shabat 75(A)). También afirmaron que «Es un precepto para la persona calcular los ciclos y las constelaciones (ibid.) con el fin de santificar el Nombre de D’s ante las naciones. Tal como fue escrito: ‘Guardadlos y cumplidlos, porque esa será vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a los ojos de los pueblos, que oirán todos estos estatutos y dirán: Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio y entendido’» (Devarim-Deuteronomio 4:6). Puesto que las naciones no comprenden la Torá en sí misma, cuando vean que el pueblo de Israel sobresale también en las ciencias, honrarán tanto a Israel como a la Torá que recibió de D’s en el Monte Sinai.
Como ejemplo, los sabios mencionaron la ciencia del cálculo de los ciclos y las constelaciones, es decir, el estudio del movimiento de los astros en el cielo: la astronomía, que en la antigüedad era considerada una ciencia extraordinariamente elevada y cuyo aprendizaje requería una gran dedicación. Sin embargo, la intención de los sabios abarca a todas las ciencias, pues todas ellas se ocupan de la obra de HaShem. Quien tiene la capacidad de estudiarlas y no lo hace, está ignorando la obra y la grandeza del Creador y deja de santificar Su Nombre. Tal como escribiera el Maharal: «Todo aquello que conduce al conocimiento de la naturaleza del mundo debe ser estudiado por el ser humano, y está obligado a hacerlo, porque todo es obra de D’s, y mediante su estudio se llega a conocer al Creador» (Netiv HaTorá, cap. 14). Esta misma idea fue expresada por numerosos autores, entre ellos Rabenu Bejaié (Jovot HaLevavot 2:2), Radak (Yshaiuahu-Isaías 40:21–26; Tehilim-Salmos 25:5), el Ramá (Responsa 7), el Rav Kuk (Ein Aiá al Tratado de Shabat 75(A); Shmoná Kevatzim I, 900) y el Rav Kalfón Moshé HaCohen (Torá VeJaím, 416:14).
Está prohibido elogiar a quien pudiendo estudiar ciencias no lo hace
Nuestros sabios también dijeron: «Quien sabe calcular los ciclos astronómicos y las constelaciones y no lo hace, está prohibido hablar elogiosamente de él» (Tratado de Shabat 75(A)). Algunos comentaristas explican que esto significa que está prohibido alabar a una persona que tiene la capacidad de estudiar las ciencias y se abstiene de hacerlo. Se trata de una sanción que guarda una proporcionalidad o reciprocidad (midá kenegued midá): puesto que no quiso proclamar la grandeza del Creador manifestada en Su obra, tampoco corresponde proclamar sus propios méritos (Eliahu Rabá, Oraj Jaím 340:14; Panim Yafot a Deuteronomio 4:6; Jidá, Petaj Einaim al Tratado de Shabat 75(A); Ben Yehoiadá, ibid.).
Otros explican que «No es un honor para la Torá que quienes la estudian desconozcan la ciencia del cálculo de los ciclos astronómicos, que constituye nuestro orgullo ante las naciones» (Rabí Elazar Moshé Horowitz, comentario al Tratado de Shabat 75(A)). Y hay quienes sostienen que el rechazo de las ciencias equivale a rechazar la imagen divina (tzelem Elokim) presente en el ser humano (Rav Kuk, Ein Aiá al Tratado de Shabat 75(A)).
¿Quiénes pueden ser considerados grandes sabios de la Torá?
Pregunta: ¿Es posible que de las yeshivot secundarias (tijoniot) surjan los grandes sabios de la Torá? ¿No es evidente que solo de las yeshivot ktanot pueden surgir los grandes líderes espirituales de la próxima generación? Y, si es así, ¿por qué los grandes rabinos luchan con tanta firmeza contra la introducción del currículo básico, es decir, del estudio de las ciencias?
Respuesta: Es probable que el concepto de «grandes de la Torá» se haya distorsionado un poco. Nuestros sabios enseñaron (Tratado de Sanedrín 17(A)) que una de las condiciones para ser nombrado miembro del Sanedrín es ser una persona «poseedora de sabiduría». Así lo dictaminó también Maimónides para la Halajá: «No se designa como miembro del Sanedrín, ya sea el Gran Sanedrín o un tribunal menor, sino a hombres sabios e inteligentes, sobresalientes en la sabiduría de la Torá, de amplio criterio, y que posean también conocimientos de otras ciencias, como la medicina, el cálculo de los ciclos astronómicos y de las constelaciones, la astrología, las prácticas de los adivinos, hechiceros, magos y las creencias de la idolatría y asuntos semejantes, para que sepan juzgar estos casos» (Mishné Torá, Hiljot Sanedrín 2:1) .Asimismo, esta norma es aceptada unánimemente por las autoridades halájicas, sin discrepancias (Radbaz, Kesef Mishné y Merkevet HaMishné sobre el Rambám; Sefer HaJinuj, mitzvá 492; comentario de Rabenu Bejaié a Devarim-Deuteronomio 18:9; Rashbatz, Zohar HaRakía, parashat Shoftim, entre muchos otros).
En resumen, quien no posee conocimientos de las distintas ciencias no puede ser nombrado miembro del Sanedrín y, por lo tanto, no puede ser considerado uno de los grandes sabios de la Torá. Puede ser un erudito extraordinario y tener una mente aguda en numerosas áreas del Talmud, pero no alcanza la categoría de gran sabio de la Torá.
Las palabras del Gaón de Vilna: sin ciencias, la comprensión de la Torá queda incompleta
Es bien sabido que el Gaón de Vilna alentó a sus discípulos a estudiar ciencias. Incluso animó a su alumno, el Rav Baruj de Shklov a traducir al hebreo los «Elementos» de Euclides, para que los estudiantes pudieran aprender geometría. En la introducción a esa traducción, Baruj de Shklov cita estas palabras del Gaón: «En la misma medida en que a una persona le falte conocimiento de las demás ciencias, le faltará cien veces más en la sabiduría de la Torá; porque la Torá y la sabiduría están unidas entre sí». Asimismo, el Rav Israel de Shklov escribió en la introducción de su obra Peat HaShulján, en nombre del Gaón de Vilna, que todas las ciencias son necesarias para comprender correctamente la Torá. Testificó además que el Gaón dominaba el álgebra, la trigonometría, la geometría, la música y las demás ciencias. La única disciplina que no estudió fue la preparación de medicamentos, porque su piadoso padre le prohibió aprenderla, para que no tuviera que interrumpir constantemente su estudio de la Torá al verse llamado a salvar vidas. De todo ello se desprende que, cuando un erudito de la Torá carece de conocimientos científicos, también le falta una parte importante de la comprensión de la propia Torá.
Si bien es cierto que resulta imposible que un estudioso domine todas las ciencias en profundidad, la intención es que tenga una familiaridad general con ellas. Naturalmente, unos se inclinarán más hacia las ciencias exactas y otros hacia las ciencias sociales o la economía, pero lo esencial es que posean conocimientos en estos campos. Quien carece de tales conocimientos, y más aún quien insiste en negar su valor, pierde —en palabras del Gaón de Vilna— «cien veces más» en la comprensión de la Torá.
El temor al abandono del judaísmo
En ciertas épocas, cuando el pueblo de Israel vivía en el exilio, surgió la preocupación de que el estudio de las ciencias, compartidas tanto por los judíos como por las demás naciones, pudiera llevar a los jóvenes a abandonar el judaísmo. Por ello, en ocasiones, grandes rabinos establecieron restricciones al estudio de las ciencias. Así ocurrió, por ejemplo, con el Rashbá en España hace unos setecientos cincuenta años. Del mismo modo, en la era moderna, como consecuencia del difícil enfrentamiento con la modernidad, hubo rabinos que limitaron el acceso de los jóvenes al estudio de las ciencias.
En efecto, existe un consenso en que, si el estudio de las ciencias conduce al abandono de la Torá, es obligatorio renunciar a ellas. Sin embargo, los rabinos discreparon sobre cuál es el mejor camino para preservar el judaísmo. Según la opinión de nuestros maestros, incluso cuando en determinadas circunstancias sea correcto restringir temporalmente el estudio de las ciencias para fortalecer las defensas espirituales, esta medida constituye únicamente una disposición excepcional para una situación específica (horaat shaá). Es indispensable regresar cuanto antes a la situación correcta a priori, en la que también se estudian las ciencias. Ese es precisamente el objetivo de las yeshivot secundarias, que combinan el estudio de la Torá con una formación científica.
¿Cuándo debe estudiarse la ciencia?
Es posible debatir, desde el punto de vista pedagógico, si es preferible que durante los primeros años los alumnos se dediquen exclusivamente al estudio de la Torá y solo más adelante incorporen las ciencias, o si conviene estudiar ambas de manera paralela desde el principio. Sin embargo, el principio fundamental debe mantenerse: el estudio de las ciencias es importante y beneficia la comprensión de la Torá. Por ello, incluso una yeshivá ktaná que opte por posponer el estudio de las ciencias no puede ser acusada de despreciarlas, pues reconoce que forman parte de la obra de HaShem.
La preparación para una profesión
Otra razón para integrar estudios básicos de ciencias y de lengua (el currículo básico) es que permiten a los alumnos adquirir posteriormente una profesión. La Torá impone a los padres la obligación de enseñar a sus hijos un oficio con el que puedan ganarse la vida dignamente (Mishná Tratado de Kidushín 29(A); Mejilta de Rabí Ishmael, Bo, Masejta DePisja 18). Rabí Yehudá añadió que «quien no enseña a su hijo un oficio es como si le enseñara a robar». Rashí explica que, al no poseer los medios para obtener un sustento honrado, cuando pase hambre «saldrá a los caminos y asaltará a la gente» (Rashi ídem).
Sobre la base de este principio, es preferible incorporar el estudio de las ciencias y de la lengua en todos los cursos escolares. Si bien es cierto que hay unas pocas personas que, siendo ya adultas, logran completar los estudios científicos y lingüísticos que les faltaban y adquirir una profesión acorde con sus capacidades, de todas maneras muchos de quienes no recibieron esa formación durante su juventud no consiguen recuperar posteriormente esas carencias y se ven obligados a conformarse con trabajos precarios, que no se corresponden a sus talentos natos.




