El estudio de Guemará y el análisis profundo de la Torá en las mujeres

revivim1218

Las mujeres tienen la obligación de ampliar y profundizar sus conocimientos de Torá y de Halajá, comprendiendo la lógica interna de la Torá tal como se desprende del Talmud y de sus comentaristas. @ Esto incluye también la obligación de estudiar, en términos generales, aquellos preceptos que no tienen aplicación práctica en su propia vida. @ Las autoridades halájicas medievales (rishonim) dictaminaron que no se debía enseñar Torá a las hijas, por temor a que, a partir de sus estudios, llegaran a justificar aquello que está prohibido. @ Sin embargo, una mujer que desea estudiar por iniciativa propia tiene permitido estudiar el Tanaj y la Torá Oral en profundidad, y recibe recompensa por ello. @ En todas las generaciones hubo mujeres que estudiaron Torá y alcanzaron en ella un elevado nivel de conocimiento.

 

Si bien la obligación de estudiar Torá para las mujeres se ha ampliado considerablemente, subsiste una diferencia fundamental entre ambos géneros: los hombres deben estudiar también en virtud de su obligación religiosa, mientras que las mujeres deben dedicarse al estudio del Talmud a partir de la libertad y la voluntad propias. De este modo, mediante la combinación de la obligación y el deseo o voluntad, el pueblo de Israel podrá construirse y desarrollarse.

El estudio del Talmud por parte de las mujeres

Pregunta: ¿Es bueno que una mujer estudie Guemará en profundidad? ¿Es correcto alentarlas a hacerlo, o acaso, como algunos sostienen, no es conveniente, porque ello implica un perjuicio para la tradición y podría conducir a un debilitamiento de la fidelidad en el cumplimiento de los preceptos?

Respuesta: En primer lugar, es necesario explicar que la mitzvá del estudio de la Torá comprende dos aspectos. El primero consiste en conocer las enseñanzas de la Torá para orientar la propia vida; en este aspecto, hombres y mujeres tienen la misma obligación. El segundo consiste en abarcar en el estudio la totalidad de la Torá, tanto los preceptos relacionados con la vida de quien estudia como aquellos que no lo están, y continuar profundizando en ella, examinándola y analizando sus detalles. En este segundo aspecto, solamente los hombres tienen la obligación de hacerlo, como lo explicaremos más adelante.

La obligación de las mujeres de estudiar Torá para orientar sus vidas, en el pasado y en la actualidad

En el pasado, cuando las personas debían dedicar todo su tiempo y sus energías a conseguir alimentos, prepararlos, mantener el hogar y cuidar a los hijos, la humanidad vivía sumida en la ignorancia, y solamente un pequeño porcentaje de la población sabía leer. En aquellos tiempos, las mujeres aprendían las enseñanzas de la Torá para orientar sus vidas a partir de lo que escuchaban de sus padres y de las prédicas de los rabinos durante los Shabatot y las festividades. Por eso, no se esforzaban en enseñar a las niñas a leer del mismo modo como a los varones. En ese estado de cosas, solamente algunas mujeres excepcionales profundizaban en el estudio de la Torá y llegaban a convertirse en sabias y profetisas.

Sin embargo, en las últimas generaciones, las condiciones de vida han mejorado y el conocimiento se ha extendido en el seno de la humanidad, al punto de que cerca del 90% de los adultos del mundo sabe leer. En este contexto, muchas mujeres comenzaron a adquirir educación, a desempeñarse en todas las profesiones, a participar en los estudios y las investigaciones académicas y a convertirse en integrantes plenas de la vida pública y de su conducción. Por consiguiente, el desafío de continuar transmitiendo al mundo la palabra de HaShem y Su bendición se ha vuelto mucho más complejo. Incluso las mujeres que administran sus hogares y crían a sus hijos están expuestas a diferentes opiniones en los ámbitos de la fe, la sociedad, la familia y la naturaleza humana. Por lo tanto, ya no les basta solamente con tener un conocimiento general de la Torá.

Por lo tanto, para saber cómo vivir hoy de acuerdo con la Torá y conocer sus enseñanzas en los ámbitos de la fe y la moral, del individuo, la familia y la sociedad, las mujeres tienen la obligación de ampliar y profundizar sus conocimientos de Torá y de Halajá, comprendiendo la lógica interna de la Torá tal como se desprende del Talmud y de sus comentaristas. Esto incluye también la obligación de estudiar, en términos generales, los preceptos que no tienen aplicación práctica en sus vidas, a fin de comprender la visión global de la Torá. Asimismo, tienen la obligación de estudiar los fundamentos de la fe y la historia de su revelación a través del pueblo de Israel, tal como se exponen en el Tanaj y en las enseñanzas de nuestros sabios, tanto los medievales (rishonim) como los de las últimas generaciones (ajaronim), para comprender la concepción moral e idealista que la Torá propone para la reparación del mundo (tikún haolam). Cuanto mayor sean las capacidades de una mujer para el estudio, mayores serán los desafíos que se le presenten y, paralelamente, deberá estudiar la Torá con mayor profundidad.

El estudio que no tiene como finalidad orientar la vida

En cuanto al estudio de la Torá que no resulta necesario para llevar una vida conforme a sus preceptos, los tanaítas discreparon. En la Mishná, en el tratado de Sotá (20(A)), y en la Guemará (21(A)), se explica que, según Ben Azái, «el hombre tiene la obligación de enseñar Torá a su hija». Esta es también la opinión anónima que aparece en aquella Mishná. En cambio, según Rabí Eliezer, «todo aquel que enseña Torá a su hija le enseña frivolidad», y Rabí Yehoshúa coincide con él. En el Talmud Jerosolimitano, Tratado de Sotá (3:4), se explica que, según Rabí Eleazar ben Azariá, es preceptivo que las mujeres escuchen la Torá, pero no que la estudien en profundidad.

En la práctica, las eminencias halájicas medievales (rishonim) dictaminaron que no se debe enseñar Torá a las hijas, por temor a que, a partir de sus estudios, lleguen a justificar aquello que está prohibido. Así lo escribieron Rabenu Jananel, Rashi, Maimónides (Mishné Torá, Hiljot Talmud Torá 1:13), Rabí Ovadia de Bartenura (Sotá 3:4) y muchos otros. (Sin embargo, según el Riaz, Sotá 1:2, el padre tiene permitido enseñar Torá Oral a su hija, aunque no está obligado a hacerlo).

Es decir, dado que las mujeres no disponían del tiempo ni de las condiciones necesarias para estudiar la Torá Oral con la seriedad y la profundidad requeridas, existía el temor de que una mujer comprendiera e interpretara la Torá de manera incorrecta. Por eso, los sabios no ordenaron que se enseñara Torá a las niñas. Solamente se enseñaba a aquellas que tenían aptitudes especiales y un deseo particular de hacerlo, como explicaremos más adelante. Cabe señalar que esta precaución también se aplica a los hombres: quien no está preparado para estudiar con la seriedad y la humildad necesarias, es considerado un alumno que no reúne las condiciones adecuadas, y no se le debe enseñar Torá antes de que corrija su conducta.

La diferencia entre la Torá Escrita y la Torá Oral

En principio, la disposición de no enseñar a las hijas Torá que no tenga como finalidad orientar sus vidas se aplica tanto a la Torá Escrita como a la Torá Oral. Sin embargo, la afirmación de los sabios según la cual: «Todo aquel que enseña Torá a su hija le enseña frivolidad», se refiere a la Oral y no a la Escrita, tal como escribió Maimónides (Hiljot Talmud Torá 1:13): «Los sabios ordenaron que el hombre no enseñe Torá a su hija, porque la mayoría de las mujeres no tienen la disposición adecuada para dedicarse a su estudio, sino que, debido a la limitación de sus conocimientos, hacen de las palabras de la Torá en asuntos triviales. Dijeron los sabios: ‘Todo aquel que enseña Torá a su hija es como si le enseñara frivolidad’. ¿A qué se refiere esto? A la Torá Oral. En cuanto a la Torá Escrita, tampoco debe enseñársela en primera instancia; pero si se la enseñó, no es como si le hubiera enseñado frivolidad”. Así también fue dictaminado en el Shulján Aruj (Yoré Deá 246:6).

La razón de esta diferencia es que el temor de que las palabras de la Torá sean convertidas en asuntos triviales se refiere al estudio de la Torá Oral, en el cual se aprenden los métodos de análisis y los razonamientos jurídicos, pero no al estudio de la Torá Escrita (Sefer Mitzvot Gadol, preceptos positivos 12; Responsa del Mahari»l HaJadashot 45).

El Turei Zahav (246:4) agregó que la prohibición inicial de enseñar Torá Escrita se refiere a su estudio en profundidad, que podría conducir a interpretaciones incorrectas. Sin embargo, está permitido incluso desde un principio estudiar sus contenidos de manera general, sin pretender comprenderlos e interpretarlos en profundidad. Así lo escribieron también el Tzitz Eliezer (9:3) y el Bnei Banim (3:12).

Una mujer que desea estudiar Guemará cumple una mitzvá

Todo lo que hemos explicado hasta aquí se refiere a los padres y a los rabinos, a quienes los sabios indicaron que no enseñaran a las niñas más Torá de la necesaria para orientar sus vidas. Sin embargo, una mujer que desea estudiar por iniciativa propia tiene permitido estudiar el Tanaj y la Torá Oral en profundidad, y recibe recompensa por ello. Así lo escribió Maimónides (Hiljot Talmud Torá 1:13): «Una mujer que estudió Torá recibe recompensa, aunque no la misma que un hombre, porque ella no fue preceptuada al respecto. Quien realiza una acción que no tiene la obligación de efectuar no recibe la misma recompensa que quien cumple una mitzvá que le fue ordenada, sino una recompensa menor».

La razón por la cual no hay ningún defecto en el estudio de una mujer que desea estudiar Guemará por iniciativa propia es que, dado que ella misma se ofreció voluntariamente a estudiar y profundizar en la Torá por amor al Cielo (leshem Shamaim), no existe el temor de que convierta las palabras de la Torá en frivolidades. Así lo escribió el Mahari»l (HaJadashot 45), uno de los más grandes rabinos de Alemania hacia el final del período de los rishonim. Así también lo escribió Rabí Shmuel Archivolti (Responsa Ma’aián Ganim 10), y Rabí Yehoshúa Falk Katz (Prishá, Yoré Deá 246:15), quien explicó que, al haber elegido estudiar por iniciativa propia, la mujer demostró que no pertenece a la mayoría que no está en condiciones de estudiar adecuadamente, y que por ello tiene mérito. Así lo escribió también nuestro maestro, el Rav Abraham Ytzjak Hacohen Kuk (Igrot HaRaaiá II, carta 467).

Las mujeres sabias pueden emitir dictámenes halájicos

Por esta razón, en todas las generaciones hubo mujeres que estudiaron Torá y alcanzaron en ella un elevado nivel de conocimiento. Así lo escribió el Jidá (Tov Ayin 4): si el padre observa que su hija desea estudiar verdaderamente, tiene permitido enseñarle. Rabí Yehudá Assad (Yehudá Ya’alé I, Yoré Deá 48) escribió que una mujer que lo desea puede estudiar las leyes de la shejitá (faena ritual). Así lo escribió también Tzitz Eliezer (9:13).

Más aún, el Jidá escribió (Birkei Yosef, Joshen Mishpat 7:12): «Una mujer sabia puede emitir dictámenes halájicos». Así lo escribió también el Sefer HaJinuj (mitzvá 152), al tratar la prohibición de emitir dictámenes halájicos bajo los efectos del vino, que se aplica también a «una mujer sabia capacitada para emitir dictámenes».

La dificultad en la práctica

Sin embargo, en la práctica existe una dificultad: el estudio del Talmud exige una elevada capacidad de análisis y un amplio conocimiento de la Torá. Sin estas condiciones, es probable que quien estudia incurra en errores al formular razonamientos equivocados.

Por eso, los varones estudian durante muchas horas en la casa de estudio (beit midrash), y solamente después de muchos años aprenden a formular argumentos que puedan ser aceptados desde el punto de vista halájico. Incluso entonces, al principio lo hacen mediante discusiones con autoridades halájicas experimentadas, y solo gradualmente comienzan a aportar sus propios razonamientos. Dado que a las mujeres les resulta difícil alcanzar el nivel requerido sin dedicar esa misma cantidad de tiempo al estudio, sin un marco como el beit midrash y sin la formación directa junto a sabios de la Torá (shimush talmidei jajamim), existe el temor de que formulen argumentos equivocados.

Una solución gradual

De todos modos, dado que la obligación de estudiar Torá por parte de las mujeres se ha ampliado considerablemente, existe consenso en cuanto a que es necesario comenzar por estudiar los preceptos de la Torá y sus respectivas leyes, junto con sus razonamientos y fundamentos, así como los principios de la fe y la moral. Esta es también la norma para los hombres, que tienen la obligación de estudiar el Talmud; con mayor razón, entonces, para las mujeres, que no tienen esa obligación. Después de estudiar ampliamente y en profundidad todas las mitzvot y las leyes halájicas, disminuye el temor de que el Talmud sea estudiado de manera equivocada, aunque no desaparece por completo. Por lo tanto, las mujeres que estudian Talmud deben tener presente que estudiarlo a un nivel básico, o sin recibir la tradición de estudio transmitida en el marco del beit midrash, puede conducir a interpretaciones erróneas. En cambio, cuando se estudia Halajá en profundidad, junto con los razonamientos depurados que se desprenden del Talmud y de sus comentaristas, prácticamente no existe riesgo de error. Una mujer que repase una y otra vez el estudio de la Halajá podrá llegar a ser una excelente dictaminadora de Halajá, capaz de responder a la gran mayoría de las preguntas halájicas que se presentan en la vida cotidiana. A partir de esta sólida base de estudio de Halajá, fe y moral, las mujeres que así lo deseen podrán continuar elevándose en el estudio del Talmud hasta alcanzar el nivel más encumbrado.

La visión para el futuro

Aunque la obligación de estudiar Torá para las mujeres se ha ampliado considerablemente, subsiste una diferencia fundamental entre hombres y mujeres: los hombres deben estudiar también en virtud de su obligación religiosa, mientras que las mujeres deben dedicarse al estudio del Talmud desde la libertad y la voluntad propias. De este modo, mediante la combinación de la obligación y el deseo o la voluntad, el pueblo de Israel se construirá y desarrollará (ver Pninei Halajá, Tefilat Nashim, capítulo 3, y La alegría del hogar y su bendición capítulo 10).

En definitiva, en el marco del progreso de las generaciones, el ideal es que las mujeres estudien mucha Torá. Tal como se explica en Maimónides (Hiljot Yesodei HaTorá 4:14), toda persona está preceptuada de amar a D’s y temerle. El camino para alcanzar ese amor y ese temor es el estudio de la Torá: primero, mediante el estudio de las discusiones talmúdicas de Abaié y Raba, y el conocimiento de lo permitido y lo prohibido en todas las mitzvot; y posteriormente, mediante el estudio de los misterios de la Creación (ma’asé bereshit) y de la Carroza Celestial (ma’asé merkavá). Sobre esto escribió Maimónides: «Pues estos conocimientos constituyen el gran bien que el Santo, Bendito Sea, otorgó para el bienestar en este mundo, a fin de que se pueda heredar el Mundo Venidero. Y es posible que todos alcancen a comprenderlos: tanto el grande como el pequeño, tanto el hombre como la mujer, quien posee una mente amplia y quien tiene una capacidad intelectual más limitada» (así lo dedujo con precisión el rabino Rabinovitch en su comentario Yad Peshutá). Y tal como lo dijera el profeta Yoel (3:1-2): «Y sucederá después de esto que derramaré Mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas… También sobre los siervos y las siervas, en aquellos días, derramaré Mi espíritu».

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