Grande es quien disfruta del fruto de su propio trabajo

SHELAJ LEJÁ 5786

Grande es quien disfruta del fruto de su propio trabajo

 

Los grandes sabios tanaítas y amoraítas se mantenían con su propio trabajo, haciendo de la Torá su ocupación principal y del trabajo una ocupación secundaria @ Ambas actividades fueron cumplidas y mantenidas por ellos a lo largo del tiempo. @ Existe la necesidad de mantener económicamente a quienes estudian para que posteriormente ejerzan funciones como rabinos y maestros, pues de otro modo no habría quien ocupe esas posiciones en Israel. @ Cuando el estudioso no vive de la caridad, no hay profanación del Nombre Divino en el hecho de que estudie todo el día y no trabaje. @ La virtud o categoría de un sabio de la Torá que se mantiene con su propio trabajo es superior a la de otro que es mantenido por otros.

 

También los estudiosos de la Torá deben combinar su estudio con «derej eretz» (lit. el camino de la tierra), es decir, con el ejercicio de una actividad laboral para su sustento. Si no lo hacen, pueden llegar a incurrir en el pecado, pues solamente el esfuerzo conjunto en el estudio de la Torá y en el trabajo aleja a la persona de la transgresión: la Torá perfecciona su alma y el trabajo perfecciona su cuerpo, y de ese modo, la persona alcanza la completitud.

 

¿Es correcto alentar a las personas a convertirse en avrejim (personas casadas que se dedican a estudiar Torá en tiempo completo)?

Pregunta: Escuché a un rabino decir en una conferencia que todo aquel que pueda ser avrej (estudiante de kolel casado), vivir de una beca y del trabajo de su esposa, y dedicar su vida al estudio de la Torá, así debería hacerlo. Según él, el precepto del estudio de la Torá exige estudiar todo el tiempo, y solamente quien no tiene alternativa y está obligado a trabajar para mantenerse puede dejar de estudiar; pero quien puede vivir de una beca debe dedicar su vida a la Torá. Añadió además que de esa manera contribuye al pueblo de Israel más que con cualquier otra actividad.

El rabino agregó que es preferible estudiar la mayor cantidad de años posible en el kolel, y solo por absoluta necesidad aceptar salir de la casa de estudio para servir como maestro. Mientras la familia pueda mantenerse con el salario de la esposa y la beca, es mejor permanecer estudiando en el kolel. Sus palabras me sorprendieron mucho, y le pregunté: ¿Cómo es posible fomentar que las personas vivan de becas, subsidios y caridad? Además, si todo Israel actuara de ese modo, el pueblo judío sería pobre. ¿Cómo podría entonces ser una luz para las naciones? Él me respondió que yo hablaba como una persona lega o ignorante en cuestiones religiosas (am haaretz). ¿Según la Torá, es correcto lo que dice?

 

Las palabras de Maimónides

Respuesta: El Rambám escribió: “Todo aquel que decide en su fuero íntimo dedicarse al estudio de la Torá sin realizar ningún trabajo y mantenerse de la caridad, profana el Nombre Divino, desprecia la Torá, extingue la luz de la religión, se causa daño a sí mismo y pierde su parte en el Mundo Venidero, pues está prohibido obtener beneficio de las palabras de la Torá en este mundo. Dijeron nuestros sabios: ‘Todo aquel que obtiene provecho de las palabras de la Torá pierde su vida en el mundo’. También dijeron: ‘No las conviertas (a las palabras de la Torá) en una corona para engrandecerte con ellas ni en una pala para cavar con ellas’. Y también dijeron: ‘Ama el trabajo y aborrece el «rabinato» (el ejercicio de un cargo de poder)’. Toda Torá que no va acompañada de trabajo finalmente desaparece, y el final de una persona así será vivir a expensas del robo a los demás” (Hiljot Talmud Torá 3:10).

Así actuaron también los grandes tanaítas y amoraítas: se mantenían mediante su trabajo, hacían de la Torá su ocupación principal y del trabajo una actividad secundaria, y ambas prosperaban en sus manos (Tratado de Berajot 35(B)). Sin embargo, los sabios que fueron designados como dirigentes comunitarios dejaron de dedicarse a sus oficios, y necesitaban disponer de recursos económicos. Si no eran ricos por sí mismos, la comunidad los enriquecía para que fueran respetados y sus palabras fueran escuchadas (Tratado de Kidushín 70(A)). No obstante, incluso ellos, antes de ser nombrados líderes, a pesar de ser grandes y eminentes estudiosos de la Torá, trabajaban para ganarse la vida. Tal como dijeran acerca de Shimón ben Shetaj, que antes de ser nombrado Nasí (presidente del Sanedrín) se dedicaba al comercio del lino (Talmud Jerosolimitano Baba Metzía 2:5).

 

La necesidad de mantener a quienes estudian para que puedan enseñar

Aunque las palabras de Maimónides tienen una sólida base, en la práctica, desde la época de los sabios medievales (rishonim), la mayoría de los juristas halájicos sostienen que, dado que las generaciones han disminuido en nivel espiritual y que el contenido del estudio se ha ampliado enormemente, existe la necesidad de sostener económicamente a quienes estudian con la finalidad de desempeñarse como rabinos y maestros. De otro modo, no habría rabinos ni maestros en Israel. Así escribieron Rabí Shimón ben Tzemaj Durán (Tashbetz I, 142-148), Rabí Yosef Caro (Kesef Mishné sobre el Rambám, ad loc.), el Maharshal y el Siftei Cohen (Yoré Deá 246:20), Rabí Jaím ben Atar (Rishón LeTzión 246:21), y muchos otros.

Sin embargo, todo esto fue dicho respecto de quien estudia con el propósito de enseñar. En cuanto a quien no tiene la intención de dedicarse a funciones de enseñanza o rabinato, también ellos coinciden con el Rambám en que, si se mantiene de la caridad, convierte a la Torá en una herramienta para obtener beneficio material y, con ello, profana el Nombre Divino.

 

Grande es quien disfruta del fruto de su propio trabajo

Cuando el estudioso no recibe caridad, no hay profanación del Nombre Divino en el hecho de que estudie todo el día y no trabaje. Por ejemplo, si vive de una herencia que recibió, o si recibe una beca de manera honorable y no como caridad; por ejemplo, cuando existen benefactores que, por iniciativa propia, desean apoyar el estudio de la Torá y no es necesario que los directores del kolel soliciten donaciones para mantener a los estudiantes.

 

No obstante, su nivel es inferior al de quien trabaja y fija tiempos para el estudio de la Torá. Tal como dijeran nuestros sabios: «Es más grande quien disfruta del fruto de su propio trabajo que quien teme al Cielo» (Tratado de Berajot 8(A)). Pues respecto de quien vive de su trabajo está escrito: «Del trabajo de tus manos comerás; feliz de ti y bien para ti» (Salmos 128:2). Los sabios explicaron: «Feliz de ti» en este mundo, «y bien para ti» en el Mundo Venidero. En cambio, respecto del temeroso de D’s está escrito: «Feliz del hombre que teme al Eterno» (Salmos 112:1), lo cual indica felicidad en este mundo, pero no se menciona explícitamente el bien en el Mundo Venidero. Por ello el Rambám escribió: «Es una gran virtud que una persona se mantenga con el trabajo de sus propias manos; esta era la cualidad de los primeros piadosos (jasidim rishonim). Por medio de ella, merece todo honor y todo bien en este mundo y en el Mundo Venidero» (Hiljot Talmud Torá 3:11). Sus palabras fueron citadas como dictamen halájico por el Tur y el Ramá (Yoré Deá 246:21).

Es decir, la categoría o la virtud de un sabio de la Torá que se mantiene con su propio trabajo es superior a la de otro que es mantenido por los demás, aunque el primero estudie menos horas al día (el Maharshá y el Pnei Yehoshúa en su comentario al Tratado de Berajot 8(A), el Tashbetz (I, 148) y muchos otros). Incluso Rabí Yosef Alshaker, uno de los sabios expulsados de España, escribió en su obra Merkevet HaMishné (al Tratado de Avot 1:10): «Más grande es quien estudia una sola hora y disfruta del fruto de su propio trabajo, que quien estudia todo el día y no realiza ninguna labor para sostener el estudio de la Torá. La razón es, como hemos explicado, que la persona debe dar una parte al cuerpo y una parte al alma».

 

Más sobre la grandeza y la virtud de quien vive del fruto de su propio trabajo

En el Taná Devei Eliahu (Zuta 18) se citan las palabras del Talmud (Tratado de Berajot 8(A)) con una ampliación adicional: «Dijo Rabí Yojanán: Tomo por testigos al cielo y a la tierra que todo erudito de la Torá que estudia y repasa su aprendizaje por amor al Cielo y vive del fruto de su propio trabajo, sobre él dice la Escritura: “Feliz de ti y bien para ti”. Feliz de ti en este mundo y bien para ti en el Mundo Venidero. Y también está dicho: “¡Qué hermosa y agradable eres!”; y no solo eso, sino que su esposa y sus hijos lo respetan, las naciones del mundo lo respetan, los ángeles celestiales piden por su bienestar, y el Santo, Bendito Él, lo ama con un amor completo, tal como fuera escrito: “Y verán todos los pueblos de la tierra verán que el Nombre del Eterno es invocado sobre ti, y te temerán” (Devarim-Deuteronomio 28:10)».

 

Quien se mantiene con su trabajo se apega a D’s

La persona que se mantiene mediante su propio trabajo asume la responsabilidad por su existencia y manifiesta con ello la imagen divina (tzelem Elokim) que anida en su interior. Así le fue dicho al primer Adam, cuya misión era «trabajar y cuidar» el mundo, es decir, procurarse el sustento mediante sus propias capacidades. Al desarrollar los talentos que D’s le otorgó, disfruta del fruto de su esfuerzo. De esta manera se adhiere a la cualidad del propio Creador, quien creó el mundo sin completarlo totalmente, para dar al ser humano la posibilidad de ser Su socio en el mantenimiento y perfeccionamiento de la Creación. Por ello, el Maharal de Praga escribió: «Porque resulta imposible que quien disfruta del fruto de su propio trabajo no llegue también al amor a D’s» (Netiv HaOsher, cap. 1). Por el contrario, quien no se mantiene a sí mismo y depende de otros se vuelve dependiente de ellos; su pensamiento está constantemente preocupado por si le darán o no ayuda, cuánto le darán y de qué manera. Como consecuencia, la imagen divina que en él anida se ve disminuida (según la explicación del Maharal allí).

De manera similar aprendemos acerca de Rabí Janina ben Dosa y su esposa. Ellos no quisieron aceptar un regalo que no hubiese llegado gracias a su propio esfuerzo, aunque se tratara de una pata de oro descendida milagrosamente del cielo. En un sueño comprendieron que ese regalo disminuiría su nivel espiritual y reduciría su recompensa en el Mundo Venidero (Tratado de Ta’anit 25(A); Maharshá y Jefetz HaShem sobre el Tratado de Berajot 8(A)).

 

El estudio de la Torá junto con una ocupación

Asimismo, dijeron los sabios: «Hermoso es el estudio de la Torá junto con una ocupación laboral (derej eretz), porque el esfuerzo de ambos hace olvidar el pecado. Y toda Torá que no va acompañada de trabajo, finalmente desaparece y conduce al pecado» (Tratado de Avot 2:2). Es decir, también los estudiosos de la Torá deben combinar su estudio con una actividad laboral destinada a la obtención del sustento. Si no lo hacen, pueden llegar a transgredir, porque solamente la combinación del esfuerzo en la Torá y en el trabajo aleja a la persona del pecado: la Torá perfecciona su alma y el trabajo perfecciona su cuerpo, y así la persona alcanza una integridad completa (así lo explican el Menajem Hameiri, Rabí Yosef Alashkar en su libro Merkevet Mishné y el Maharal sobre el Tratado de Avot ad loc.).

 

El peligro que acecha a quien vive de donaciones y becas

Además de esto, los comentaristas escribieron que quien estudia Torá sin dedicarse a una ocupación laboral puede llegar a ser excesivamente dependiente de las comodidades y verse arrastrado por los deseos materiales. También puede ocurrir que, para asegurar su sustento, se vea obligado a adular a personas poderosas o adineradas y a desarrollar un apego por los obsequios. Más aún, en momentos de necesidad económica podría verse tentado a mentir, apropiarse indebidamente de bienes ajenos, apostar o apropiarse de los recursos de otras personas (Rabí Menajem Hameiri, Tashbatz en Maguén Avot, y Rabí Ovadia de Bartenura ad loc.). En palabras de Rabí Yoná de Gerona: «No descansará ni estará tranquilo hasta que termine por transgredir todos los preceptos mencionados en la Torá» (ídem).

 

Quienes se dedican a la enseñanza y al rabinato son considerados personas que trabajan

Es importante señalar que quienes se ocupan de la labor sagrada de enseñar a alumnos o desempeñan funciones rabínicas, dado que deben dedicar a ello la mayor parte de su tiempo, son considerados personas que trabajan. Por lo tanto, se los considera como quienes combinan Torá y derej eretz (una actividad productiva) de la manera más elevada (en otra ocasión espero poder desarrollar este principio con amplitud).

 

La raíz del pecado de los espías

En cierta medida, quienes sostienen que lo ideal es que una persona permanezca toda su vida estudiando en un kolel incurren en un error semejante al pecado de los espías (meraglim). Los espías pensaron que la vida en el desierto era más santa y elevada porque estaba libre de las ocupaciones prácticas y materiales. En una línea similar escribió Rabí Shneur Zalman de Liadi (Likutei Torá, Shelaj 38b), explicando que los espías no querían entrar en la Tierra de Israel porque argumentaban: «¿Para qué descender al mundo de la acción? Podemos cumplir la Torá y los preceptos de manera espiritual y no mediante acciones materiales». Sin embargo, continúa diciendo: «En realidad estaban equivocados, pues lo esencial es cumplirlos precisamente en la Tierra [de Israel]». Tal como enseñaran nuestros sabios respecto de Moshé (Tratado de Sotá 14(A)): «¡Cuántas plegarias elevó Moshé para poder entrar a la Tierra de Israel!» Los sabios preguntan: «¿Acaso deseaba entrar en ella para comer de sus frutos?» Y responden: «No, sino para poder cumplir los preceptos que dependen de la Tierra de Israel». Porque el cumplimiento de los preceptos en la Tierra de Israel constituye la manifestación más elevada de santificación del Nombre Divino, y por lo tanto, en virtud de ello se revela una gran luz espiritual, mayor que la que puede alcanzarse mediante una existencia dedicada únicamente a la espiritualidad.

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