El precepto del estudio de la Torá recae sobre los padres, quienes deben procurar que sus hijos estudien sus fundamentos mientras son jóvenes. @ Quien no haya logrado estudiarlos durante su juventud tiene la obligación de hacerlo por sí mismo en la edad adulta. @ A lo largo de las generaciones, el contenido del estudio se fue ampliando hasta que fue necesario autorizar la escritura de la Torá Oral. @ Lo singular del Talmud es que quien logra adquirir la compleja habilidad necesaria para estudiarlo es como si ingresara en el mundo de los sabios y participara con ellos en el debate. @ El objetivo principal del estudio es preparar a los alumnos para estudiar correctamente y con precisión, de acuerdo con la Halajá .@ Es necesario diseñar un programa de estudios que permita que hasta aproximadamente la edad de veinte años los alumnos alcancen a abarcar todos los fundamentos de las mitzvot y de la Halajá, junto con las principales explicaciones desarrolladas en el Talmud y sus comentaristas.
Aunque el objetivo está claro, lamentablemente faltan libros que presenten de manera concisa los fundamentos de los preceptos y de la Halajá a partir de las Escrituras y el Talmud, incluyendo las principales argumentaciones de los sabios medievales (rishonim) y los de las últimas generaciones (ajaronim), hasta llegar a la halajá práctica. Esta es la principal razón por la que escribí la serie Pninei Halajá, y espero, con la ayuda de D’s, completar en ella la lista de temas mencionada en el párrafo anterior. Además de la obligación de estudiar los fundamentos de las mitzvot y de la halajá, también existe la obligación de estudiar el Tanaj y los fundamentos de la fe y de la moral.
En la columna anterior aprendimos que el precepto del estudio de la Torá que recae sobre los hombres consiste en estudiar todos los fundamentos de la Torá: las Escrituras (Mikrá), la Mishná y el Talmud. Es decir, el Tanaj, la Mishná —que presenta la halajá práctica— y el Talmud, que permite comprender las fuentes de la Halajá, sus límites y sus razones. Las leyes que tienen aplicación práctica deben estudiarse con mayor detalle y profundidad, mientras que los preceptos que en la actualidad no la tienen deben estudiarse de manera general. Esta mitzvá recae sobre los padres, quienes deben procurar que sus hijos estudien estos fundamentos mientras son jóvenes, tal como dijeron nuestros sabios: «A los cinco años, que estudie la Mikrá; a los diez, que estudie la Mishná; a los trece, que cumpla las mitzvot; y a los quince, que estudie el Talmud» (Tratado de Avot 5:21). Quien no haya logrado estudiarlos durante su juventud tiene la obligación de hacerlo por sí mismo en la edad adulta. He presentado pruebas tomadas del Talmud, de los sabios medievales y de los de las últimas generaciones que demuestran que, efectivamente, la obligación que recae sobre todo el pueblo de Israel es conocer todos los fundamentos de la Torá (en otra columna abordaremos la obligación de las mujeres).
Las dificultades que se presentan para cumplir el precepto
A lo largo de las generaciones, el contenido del estudio se amplió al punto que resultó necesario autorizar la escritura de la Torá Oral: primero la Mishná y, posteriormente, el Talmud, los midrashim y los escritos de los Gaonitas y los rishonim. De este modo, el contenido del estudio se expandió enormemente y surgió una gran dificultad para abarcar todos los fundamentos de la Torá. Algunos de los sabios medievales propusieron métodos para estudiar de manera integral toda la Torá. Entre ellos se encontraban el Rif, que expuso los temas de análisis (suguiot) del Talmud orientándolas hacia la Halajá; el Rambám, en su obra Mishné Torá (HaYad HaJazaká); el Semag, en su libro Sefer Mitzvot Gadol; y Rabí Ya’akov ben HaRosh, en su obra halájica Arba’á Turim. Sin embargo, por otra parte, numerosos rabinos guiaron a sus alumnos para que abarcaran la Torá mediante el estudio del Talmud, que constituye la clave para comprender la Torá en profundidad y la base para dictaminar la Halajá. En la época de los ajaronim, el contenido del estudio continuó expandiéndose sin límites. Una vez más, algunos de los grandes sabios indicaron que se estudiaran libros que sintetizaban los fundamentos de la Torá: algunos de manera extensa, como el Beit Yosef, y otros de forma concisa, como el Shulján Aruj acompañado de alguno de sus comentaristas, o bien el Shulján Aruj HaRav, el Jaiei Adam, el Jojmat Adam y el Aruj HaShulján.
La virtud del estudio del Talmud
Para comprender la tensión existente entre el estudio del Talmud y el estudio de los libros que abarcan la Halajá y los fundamentos de la Torá, es necesario profundizar un poco en la importancia del Talmud Babilónico, que en arameo se denomina «Guemará». De hecho, durante muchas generaciones, la mayor parte del estudio de la Torá se llevó a cabo en torno a él.
En el Talmud Babilónico se recopilaron los mejores debates de los sabios amoraítas de la Tierra de Israel y de Babilonia en torno a las leyes de la Mishná. A veces, el debate consiste en buscar el versículo del que los sabios dedujeron una determinada ley; otras veces, se centra en definir con precisión la halajá. Cuando la Mishná presenta una controversia, el debate puede enfocarse en delimitar el alcance de la discrepancia y esclarecer los razonamientos que la sustentan. En ocasiones, el debate tiene lugar entre un maestro y su discípulo, y otras veces entre dos rabinos. A veces se desarrolla serenamente y otras, mediante una discusión acalorada. En ciertos casos, el debate se prolonga durante varias generaciones, hasta que finalmente se dictamina la halajá de acuerdo con una de las opiniones. En el proceso, aprendemos los criterios que condujeron a esa decisión halájica. A partir del análisis de las leyes de la Mishná, el debate se ramifica muchas veces hacia temas halájicos relacionados, tanto cercanos como distantes. En ocasiones, comienza con la exposición de una decisión halájica de uno de los amoraítas; en otras, se presenta un caso que suscitó una discusión halájica en la casa de estudio (beit midrash).
El Talmud también contiene relatos de carácter exegético (agadá) y enseñanzas morales (musar), basados en interpretaciones de los versículos o en tradiciones transmitidas por los rabinos. A veces, estas enseñanzas aparecen en el contexto de relatos sobre los tanaítas —los sabios de la Mishná— y los amoraítas —los sabios del Talmud—. En otras ocasiones, se examinan las acciones y el carácter de las grandes figuras de Israel mencionadas en el Tanaj, así como de los pecadores que allí aparecen. Sin embargo, por encima de todo, el Talmud se ocupa principalmente de esclarecer la Halajá a partir de sus fuentes y de precisar los razonamientos que la sustentan. En ello se concentran la mayoría de sus comentaristas, tanto los medievales como los de las últimas generaciones. Como continuación de esta labor, los sabios medievales escribieron respuestas halájicas a las preguntas que surgían en su época. Sus respuestas se apoyan en el análisis de las suguiot del Talmud, mientras que las respuestas de los de las últimas generaciones se basan tanto en el análisis de las suguiot talmúdicas como en las opiniones de los sabios medievales. Todas estas respuestas están redactadas en un estilo similar al del Talmud.
Lo singular del Talmud
Lo singular del Talmud es que quien logra adquirir la compleja habilidad necesaria para estudiarlo es como si ingresara en el mundo de los sabios y participara con ellos en el debate. Este está formulado en un lenguaje conciso, preciso y rico, y se desarrolla de manera viva, fascinante y llena de sorpresas. A veces, la suguiá se ocupa de razonamientos y argumentos; otras veces, de un análisis minucioso de versículos, palabras y formas gramaticales. Dado que se trata de un debate, se invita a los estudiantes que profundizan en él a preguntarse por qué se formuló un argumento determinado y no otro. De este modo, descubren significados adicionales. Así, el estudio del Talmud cautiva el corazón y plantea desafíos a los estudiantes más capacitados.
Las enseñanzas de los grandes sabios sobre la importancia del estudio orientado a la halajá y sus críticas al pilpul
Sin embargo, como consecuencia del estudio del Talmud y de sus comentaristas, muchos se sienten atraídos por el estudio analítico basado en razonamientos agudos y complejos (pilpul), y numerosos de entre los grandes maestros de Israel los criticaron por ello. El Maharal de Praga expresó su pesar por los años que había dedicado al pilpul y por no haber conocido antes las críticas dirigidas contra este método (Derej Jaím, Avot 6:5). En su obra Netivot Olam (Netiv HaTorá, cap. 5), también manifestó su indignación porque, en lugar de estudiar el Talmud con los comentarios de Rashi y del Rosh, que explican la halajá, se estudian los Tosafot, que añaden un nivel de análisis más profundo, pero no constituyen lo esencial. Asimismo, el Shela escribió (Masejet Shavuot, Ner Mitzvá, apartados 25 y 29) que es necesario apartarse de las argumentaciones vanas que abundan entre los estudiantes, en las que se mezclan ideas que no son verdaderas. También expresó su pesar por los años que había dedicado al pilpul y se arrepintió de ello en su libro, para que otros no cayeran en el mismo error. En otras palabras, el análisis correcto debe tener como objetivo comprender la suguiá con vistas a determinar la halajá. Así lo escribieron también el Maharshá (Tratado de Bavá Metziá 85(A)), el Javot Yair (responsa 124), Lejem Shamaim (Avot 5:6), el Gaón de Vilna (en la introducción escrita por sus hijos a su comentario sobre el Shulján Aruj), Rabí Jaim de Volozhin (en su introducción al comentario del Gaón de Vilna), el Jaiei Adam (en su introducción), Divrei Jaim (Yoré Deá II, 47), nuestro maestro, el Rav Kook (Adar HaYakar, cap. 4; Pinkasei HaReayá IV, pág. 501; Séder HaLimud HaMeyushar, publicado por Halajá Berurá), el Jazón Ish (Emuná UBitajón 3:18), la introducción a Yabía Omer, vol. I, y muchos otros.
La inclinación práctica hacia el pilpul y el estudio analítico
A pesar de las enseñanzas de los grandes sabios de todas las generaciones en favor de un estudio directo y ordenado, orientado a la halajá, y de sus severas críticas a los rabinos que enseñaban mediante el pilpul, en la práctica muchos rabinos y directores de yeshivot impartieron principalmente clases de análisis profundo y pilpul. Numerosos alumnos acudían a estudiar con ellos, porque este método resulta más atractivo para quienes tienen una mente especialmente aguda. Sin embargo, cuando el análisis profundo es recto y riguroso, siguiendo el estilo de los Ba’alei HaTosafot, todos coinciden en que, aunque no esté dirigido a abarcar toda la Torá ni a adquirir un conocimiento completo de la Halajá —que constituyen el objetivo principal del estudio—, prepara a los alumnos para estudiar correctamente y con precisión, tal como es debido (ver Sefer Séder HaYom, «Seder HaLimud»; Tiferet Israel, Avot 1:17, nota 66).
El análisis en las yeshivot lituanas
Hay quienes sostienen que el análisis basado en el pilpul, mediante investigaciones conceptuales abstractas que se desarrollaron en las últimas generaciones en las yeshivot lituanas, posee una gran importancia. Según esta opinión, esto permite llegar a las raíces profundas de la suguiá, despierta las capacidades creativas y otorga al estudiante amplitud de visión y elevación espiritual. Gracias a él, el estudiante percibe la verdad infinita que encierra la Torá, y además aumenta su deseo de dedicarse a su estudio (ver la introducción a las responsa de Beit HaLeví; HaMidot LeJeker HaHalajá, vol. I, pág. 31; Jidushei Sridei Esh, vol. II, pág. 402).
Otros atribuyeron menor importancia al análisis propio de las yeshivot lituanas, aunque lo justificaron considerándolo un complemento que sirve de aperitivo para el estudio principal. Así lo expresaron nuestro maestro, el Rav Kuk, en Adar HaYakar, cap. 4, y el Rav Unterman, en Shevet MiYehudá, pág. 392.
En la práctica, sin embargo, resulta difícil mantener el equilibrio adecuado, ya que el análisis que no está orientado a establecer correctamente la halajá atrae el interés de los estudiantes, y quien lo enseña suele conseguir más alumnos. Como resultado, en muchas yeshivot se enseñaron y se siguen enseñando numerosos análisis que no están dirigidos a discernir la halajá (ver Shaagat Arié, cuya introducción señala que en su libro incluyó únicamente las innovaciones interpretativas que tienen consecuencias para la Halajá). Contra esta tendencia se pronunciaron los grandes sabios de Israel mencionados anteriormente. Los más recientes de ellos se dirigieron explícitamente contra el estudio analítico característico de las yeshivot lituanas.
El programa de estudios orientado a la práctica halájica
En definitiva, a pesar de que el contenido del estudio se ha ampliado y enriquecido enormemente a lo largo de las generaciones, la obligación de estudiar todos los fundamentos de la Torá sigue vigente. Para ello, es necesario diseñar un programa de estudios que permita a los alumnos abarcar, hasta aproximadamente los veinte años, todos los fundamentos de las mitzvot y de la Halajá, junto con las principales explicaciones desarrolladas en el Talmud y sus comentaristas. Los preceptos y las leyes que tienen aplicación práctica deberán estudiarse con mayor amplitud y detalle, así como con una profundización mayor en sus razones, pues el estudio de los temas que tienen aplicación práctica precede al de aquellos que no la tienen. Tal como fue dicho: «Las aprenderéis y cuidaréis de cumplirlas» (Devarim-Deuteronomio 5:1).
Esto incluye el estudio de las leyes relativas a la oración, las comidas y las bendiciones; el Shabat y las festividades; y las leyes que regulan las relaciones entre las personas, como el precepto de amar al prójimo como a uno mismo, la prohibición de causar daños, robar, mentir y hablar lashón hará (calumniar o hablar mal de los demás), así como las leyes sobre préstamos, caridad (tzedaká) y devolución de objetos perdidos. También deben estudiarse las leyes de kashrut en todas sus ramas; las relativas a la sinagoga, la mezuzá, los tzitzit y los tefilín; la prohibición de la idolatría y las mitzvot relacionadas con la fe.
Asimismo, deben estudiarse las leyes de la vida familiar, como el respeto a los padres, el matrimonio, la ceremonia nupcial (jupá), la pureza familiar, las obligaciones mutuas de los cónyuges y la educación de los hijos. También deben incluirse los preceptos de carácter colectivo, como el poblamiento de la Tierra de Israel, las obligaciones relativas al ejército, el estatus jurídico de las leyes del Estado y las ordenanzas de la comunidad. Por otra parte, es necesario estudiar brevemente las leyes que no afectan a la vida de todas las personas, como las relativas a los asuntos patrimoniales y los litigios entre una persona y su prójimo o entre un hombre y su esposa. También deben estudiarse las leyes que no se aplican en la actualidad, como las relativas al Sanedrín, al Templo y los sacrificios, y a la impureza y la pureza ritual.
El ideal y su realización en el estudio de la Halajá
Aunque el ideal está claro, lamentablemente faltan libros que presenten de manera concisa los fundamentos de los preceptos y de la Halajá a partir de las Escrituras y el Talmud, incluyendo los principales razonamientos de los rishonim y los ajaronim, hasta llegar a la halajá práctica. Esta es la principal razón por la que escribí la serie Pninei Halajá, y espero, con la ayuda de D’s, completar en ella la lista de temas mencionada en el párrafo anterior. Además de la obligación de estudiar los fundamentos de las mitzvot y de la Halajá, también existe la obligación de estudiar el Tanaj y los fundamentos de la fe y de la moral. Cabe señalar que las mujeres, al igual que los hombres, tienen la obligación de estudiar los fundamentos de la Halajá y de la fe. Asimismo, es obligatorio enseñar el Talmud a los varones, para que adquieran los métodos de estudio y puedan seguir progresando en el estudio y la comprensión de la Torá durante toda su vida.
Resumen
En conclusión, los padres tienen la obligación de procurar que sus hijos estudien todos los fundamentos de las mitzvot y de las leyes halájicas hasta aproximadamente los veinte años y alcancen un nivel que les permita continuar estudiando por sí mismos. Tal como fue dicho: «Las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas» (Devarim-Deuteronomio 11:19). «Las enseñaréis» significa que conozcan los fundamentos de la Torá; «hablando de ellas» implica que sepan estudiar el Talmud por sí mismos. Quien no haya recibido de sus padres la formación necesaria tiene la obligación de completarla por sí mismo (Shulján Aruj HaRav, Talmud Torá 1:5-7). De este modo, los jóvenes podrán emprender su vida adulta equipados con el conocimiento de la Halajá y con una visión general de la perspectiva de la Torá sobre la vida. Así podrán contribuir a la construcción y el desarrollo del mundo, defender al pueblo y la Tierra de Israel y formar una familia.





