Las mujeres tienen la obligación de estudiar Torá, y la Torá pertenece tanto a las mujeres como a los hombres. @ En el fundamento del vínculo con la Torá, las mujeres incluso preceden a los hombres. @ Solo los hombres están obligados a abarcar en su estudio la totalidad de la Torá. @ Las mujeres, al igual que los hombres, deben recitar cada día las bendiciones de la Torá. @ A medida que han transcurrido los años, la participación de las mujeres en todos los ámbitos laborales y científicos ha aumentado. @ Las mujeres que viven en la sociedad moderna y participan en el desarrollo de la ciencia y de la comunidad en general tienen la obligación de estudiar mucha más Torá.
En el pasado, las mujeres necesitaban dedicar todo su tiempo y sus energías a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos. Sin embargo, gracias al progreso tecnológico, las tareas del hogar se han vuelto más sencillas, y muchas mujeres han comenzado a adquirir formación académica, trabajar en todas las profesiones, participar en el estudio y la investigación académica, y convertirse en socias plenas de la vida pública y de su conducción. En este contexto, hoy se enfrentan a nuevas preguntas en todos los ámbitos de la vida. Por consiguiente, tienen la obligación de estudiar mucha más Torá que en el pasado.
La cuestión del estudio de la Torá por parte de las mujeres
Pregunta: ¿Es cierto que las mujeres están exentas del precepto de estudiar Torá? ¿Y acaso es cierto que la Torá pertenece a los hombres y no a las mujeres?
Respuesta: No es cierto. Las mujeres tienen la obligación de estudiar Torá, y la Torá pertenece tanto a las mujeres como a los hombres. Es verdad que la obligación de los hombres es mayor que la de las mujeres, pero, en lo que respecta al fundamento del vínculo con la Torá, las mujeres incluso preceden a los hombres.
Lo que hombres y mujeres tienen en común y aquello en lo que se diferencian respecto de este precepto
El precepto del estudio de la Torá comprende dos partes. La primera consiste en conocer las enseñanzas de la Torá para orientar la vida. La segunda consiste en profundizar en su estudio y abarcarla en su totalidad, más allá de lo que se necesita para orientar la propia existencia.
En la primera parte, que consiste en conocer las enseñanzas de la Torá que guían la vida, tanto las mujeres como los hombres tienen el mismo grado de obligación (Sefer Jasidim 313; Sefer Mitzvot Katán en su introducción; Agur, Tefilá 2; Ramá a Yoré Deá 246:6; Levush ad loc,; Rishón LeTzión 1). Por eso, la Torá fue entregada en el Monte Sinai a todo el pueblo de Israel, a los hombres y a las mujeres por igual. Así le dijo HaShem a Moshé antes de la revelación en el Monte Sinai: «Así dirás a la casa de Ya’akov y anunciarás a los hijos de Israel: Ustedes han visto lo que hice a Egipto… Ahora, pues, si escuchan atentamente Mi voz y guardan Mi pacto, serán para Mí un tesoro singular entre todos los pueblos…» Y todo el pueblo respondió al unísono: «Todo lo que D’s ha dicho haremos» (Shemot-Éxodo 19:3-8). Más aún, en lo que respecta a esta parte de la Torá, las mujeres tienen precedencia, tal como interpretaron nuestros sabios: «Así dirás a la casa de Ya’akov»: estas son las mujeres; «y anunciarás a los hijos de Israel»: estos son los hombres (Mejilta ad loc.).
La segunda parte consiste en abarcar con el estudio a toda la Torá, tanto los preceptos relacionados con la vida de quien estudia como aquellos que no lo están, y continuar profundizando en ella y examinándola con precisión. En esta parte, solo los hombres tienen la obligación de estudiar, como fue dicho: «Y las enseñaréis a vuestros hijos» (Devarim-Deuteronomio 11:19). Nuestros sabios interpretaron: «Y no a vuestras hijas» (Tratado de Kidushín 29(B)). Sin embargo, una mujer que voluntariamente estudia más allá de lo necesario para orientar su vida cumple un precepto y es recompensada por ello (Tratado de Sotá 21(B)).
Las bendiciones de la Torá y el precepto de reunir a todo el pueblo (Hakhel)
Dado que las mujeres tienen la obligación de estudiar las enseñanzas de la Torá que orientan la vida, al igual que los hombres, deben recitar cada día las Birkot HaTorá, las bendiciones que se pronuncian antes de estudiar Torá (Shulján Aruj, Oraj Jaím 47:14; Baj, allí, inciso 4; Maguén Abraham, inciso 14; Shulján Aruj HaRav, inciso 10; introducción a las responsas de Beit HaLeví).
Asimismo, nuestros sabios relataron (Tratado de Sanedrín 94(B)) que el rey Jizkiá (Ezequías) fortaleció el estudio de la Torá en todo Israel: «¿Qué hizo? Clavó una espada en la entrada de la casa de estudio y dijo: ‘Quien no se dedique al estudio de la Torá será atravesado por esta espada’. Examinaron desde Dan hasta Beer Sheva y no encontraron a nadie que fuese ignorante de la Torá; desde Gueva hasta Antípatris no encontraron a ningún niño o niña, hombre o mujer, que no conociera las leyes de impureza y pureza ritual».
Por eso, también en el precepto de Hakhel, que se cumplía cada siete años y en el que todo Israel se reunía para escuchar la Torá, las mujeres participaban del mismo modo que los hombres. Tal como fue dicho: «Y Moshé les ordenó, diciendo: Al cabo de siete años, en el tiempo señalado del año de la remisión, durante la festividad de Sucot, cuando todo el pueblo de Israel venga a presentarse ante HaShem, tu Señor, en el lugar que Él elija, leerás esta Torá ante todo Israel, a sus oídos. Reúne al pueblo, a los hombres, a las mujeres, a los niños y al extranjero que habita en tus ciudades, para que escuchen, aprendan, teman a HaShem, vuestro Señor, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta Torá» (Devarim-Deuteronomio 31:10-12).
El grado de la obligación que pende sobre las mujeres depende de la generación
En el pasado, cuando las personas necesitaban dedicar todo su tiempo y sus energías a conseguir alimentos, prepararlos, mantener el hogar y cuidar de los hijos, la humanidad vivía sumida en la ignorancia, y solo un pequeño porcentaje de la población sabía leer. En aquellos tiempos, las mujeres aprendían las enseñanzas de la Torá para orientar sus vidas a partir de lo que escuchaban de sus padres y de las disertaciones de los rabinos durante los Shabatot y las festividades. Por eso, no se esforzaban en enseñar a leer a las niñas tanto como se esforzaban en enseñar a los niños. Solo unas pocas mujeres excepcionales profundizaban en la Torá y llegaban a ser sabias y profetisas.
En las últimas generaciones, en un proceso que anuncia el advenimiento de la redención, el conocimiento se ha extendido entre la humanidad. Muchas personas aprendieron a leer y escribir, primero en Europa y en los países a los que emigraron los europeos, y posteriormente en todos los países. Al principio, fueron los hombres quienes aprendieron a leer, y más adelante también las mujeres, hasta que hoy cerca del 90 % de los adultos del mundo saben leer.
En este contexto, incluso las mujeres que administran sus hogares y crían a sus hijos están expuestas a diversas opiniones en los ámbitos de la fe, la sociedad, la familia y la naturaleza humana. Por ello, ya no les basta con tener un conocimiento general de la Torá y recibir una orientación práctica para cumplir las leyes relativas al hogar.
Además, en el pasado las mujeres necesitaban dedicar todo su tiempo y sus energías a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos. Sin embargo, gracias al progreso tecnológico, las tareas del hogar se han vuelto más sencillas, y muchas mujeres han comenzado a adquirir formación académica, trabajar en todas las profesiones, participar en el estudio y la investigación académica, y convertirse en socias plenas de la vida pública y de su conducción. En este contexto, las mujeres se enfrentan a nuevas preguntas en todos los ámbitos de la vida. Por consiguiente, tienen la obligación de estudiar mucha más Torá que en el pasado.
Las enseñanzas del Jafetz Jaím y de los rabinos de Europa oriental
Rabí Israel Meir HaCohen, conocido como el Jafetz Jaím (1838-1933), escribió que, dado que la tradición se había debilitado, muchas niñas ya no vivían cerca de sus padres y estudiaban ciencias en las escuelas, «sin duda, es un gran precepto enseñarles el Jumash, así como los libros de los Neviím (Profetas) y de los Ketuvím (Hagiógrafos), y las enseñanzas éticas de nuestros sabios, como el tratado Avot, el libro Menorat HaMaor y obras similares, para que se afiance en ellas la convicción en nuestra sagrada fe. De lo contrario, podrían apartarse por completo del camino de HaShem y ¡D’s no lo permita!, transgredir todos los fundamentos de la religión» (Likutei Halajot, Tratado de Sotá 21(A), nota).
Asimismo, en una carta de aliento dirigida a una escuela para niñas, escribió (citada en HaJafetz Jaím uPoalo, vol. III, p. 813): «En nuestros días, no hay motivo alguno para preocuparse por todas las reservas y dudas relativas a la prohibición de enseñar Torá a la propia hija…».
En aquella época, con el apoyo de las grandes autoridades rabínicas de Israel, se fundaron instituciones educativas dedicadas a la enseñanza de la Torá para niñas, con un elevado nivel académico y religioso. Un ejemplo fue la red de escuelas Beit Ya’akov, fundada por la señora Sara Schnirer en 1918, con el respaldo de los grandes rabinos de Polonia. En el mismo sentido, en 1938, el rabino autor de la responsa Zakán Aharón escribió en sus respuestas (II, 66) que estaba permitido destinar una donación para el estudio de la Torá a la escuela Beit Ya’akov, pues todo lo que allí se enseñaba con el propósito de preservar el judaísmo constituía un gran precepto. Así lo escribió también el rabino Tzirelson (Responsas Lev Yehudá, Yoré Deá 56). El rabino Sorotzkin sostuvo lo mismo respecto del estudio de la Torá Oral en Beit Ya’akov (Moznaim LaMishpat 42), y destacó que, en nuestros días, ya no se trata simplemente de algo permitido, sino de una «obligación absoluta». En este mismo sentido se pronunciaron el rabino Waldenberg (Tzitz Eliezer, IX, 3), el rabino Malka (Mikvé HaMáim, vol. III, Yoré Deá 21), el rabino Jaim David HaLeví (Asé Lejá Rav, II, 52) y el rabino Eliahu (Maamar Mordejai, vol. I, Yoré Deá 11).
Rabinos de la era moderna
Como es natural, con el paso de los años, especialmente en las sociedades modernas, ha aumentado la participación de las mujeres en todos los ámbitos laborales y científicos. En consecuencia, los rabinos han indicado que se debe ampliar el estudio de la Torá por parte de las mujeres.
Así lo enseñó el Rebe Menajem Mendel Schneerson, de Lubavitch, en una conversación (libro At Alit, pp. 45-46). Dado que las mujeres, de todos modos, «salen de sus hogares y reciben influencias del exterior, etc.», es necesario establecer instituciones educativas para ellas en las que reciban una educación conforme a la Torá. «Es preciso enseñarles Torá Oral, no solo las leyes ya establecidas, sin sus razones, sino también los fundamentos y las razones de las leyes, llegando incluso al análisis y debate propios del estudio de la Torá. Esto se debe a que la naturaleza humana (tanto del hombre como de la mujer) hace que quien estudia de esta manera encuentre mayor interés y placer en el aprendizaje. De este modo, se desarrollarán sus sentidos y capacidades (…) en el espíritu de nuestra santa Torá».
Asimismo, el rabino Soloveitchik enseñó (Pninei HaRav, p. 167): «Hoy, en una época en la que las mujeres son iguales a los hombres tanto en el ámbito académico como en el político, no aceptarán conducirse de acuerdo con la Torá si no comprenden sus fundamentos a partir de las fuentes originales de la Biblia y la Guemará. Por eso, debemos permitirles estudiar Torá Oral (…). Si las niñas no estudian los fundamentos de la Torá a partir del Jumash y de la Guemará, junto con los comentarios de los primeros grandes sabios, ¡D’s no lo permita!, nuestro judaísmo auténtico llegará a su fin».
Es cierto que hubo rabinos de la generación anterior que expresaron su desacuerdo con la autorización de enseñar Torá a las mujeres, sosteniendo que solo estaba permitido enseñarles las leyes ya establecidas (Divrei Yatziv, Yoré Deá 139-140; Shevet HaLeví, VI, 150). Algunos incluso prohibieron enseñarles Mishná (Igrot Moshé, Yoré Deá III, 87; comentarios del Rishón LeTzión al Tratado de Sotá 21(B)).
Lo que tenían en común era que vivían en una sociedad partidaria de mantenerse alejada de la modernidad. Por eso consideraban suficiente una modalidad de estudio relativamente sencilla, que, de todos modos, era incomparablemente más amplia que la que se acostumbraba hace unos doscientos años, cuando las niñas no asistían a la escuela ni aprendían a leer.
Sin embargo, las mujeres que viven en la sociedad moderna y participan en el desarrollo de la ciencia y de la sociedad tienen la obligación de estudiar mucha más Torá.
La obligación de las mujeres de estudiar Torá en nuestros días
Por consiguiente, para saber cómo vivir hoy de acuerdo con la Torá y conocer sus enseñanzas en los ámbitos de la fe y la ética, del individuo, la familia y la sociedad, las mujeres tienen la obligación de ampliar y profundizar sus estudios de Torá y de Halajá, comprendiendo la lógica interna de la Torá tal como se explica en el Talmud y en los comentarios de sus intérpretes. Esta obligación incluye también estudiar, en términos generales, los preceptos que no tienen aplicación práctica en la propia vida, a fin de comprender la visión global de la Torá. Asimismo, es necesario estudiar los fundamentos de la fe y la historia de la revelación de la fe por medio del pueblo de Israel, tal como se exponen en el Tanaj y en las enseñanzas de nuestros sabios, tanto de los medievales (rishonim) como de los de las últimas generaciones (ajaronim). Todo ello permite comprender la visión ética e idealista de la Torá para la reparación del mundo. Cuanto mayores sean las capacidades de una mujer para el estudio, mayores serán los desafíos que tendrá por delante y, al mismo tiempo, más deberá profundizar en el estudio de la Torá.
En la serie Pninei Halajá, he procurado ofrecer una vía para cumplir con esta obligación, que recae por igual sobre hombres y mujeres, con una amplitud y una profundidad que considero adecuadas. Sin embargo, respecto de los preceptos específicos de los hombres, como los tefilín y los tzitzit, basta con que las mujeres estudien las leyes que explican los principios generales de cada precepto .Por lo tanto, en la práctica, dado que la obligación de estudiar Halajá, fe y ética se ha ampliado considerablemente, la diferencia entre las obligaciones de los hombres y las de las mujeres se ha reducido. Incluso la mayor parte de los hombres no logra estudiar hoy todo aquello que las mujeres están obligadas a estudiar.
Con la ayuda de HaShem, en la próxima columna escribiré acerca de la posibilidad que tienen las mujeres de estudiar Torá y Guemará más allá de lo obligatorio, profundizando y examinando sus contenidos; abordaré también las dificultades que surgieron en torno a esta cuestión tanto en el pasado como en nuestros días, y las soluciones que han sido propuestas.





