Entre el estudio de la Torá y la responsabilidad de ganarse el sustento

KORAJ 5786

Entre el estudio de la Torá y la responsabilidad de ganarse el sustento

 

Incluso antes del pecado de Adán, el ser humano estaba destinado a trabajar y a ser socio en la construcción y el desarrollo del mundo (ishuvó shel olám). @ Quienes pasan su tiempo en la ociosidad, como los jugadores de dados y los apostadores, son considerados no aptos para prestar testimonio. @ Incluso una persona rica que no necesita trabajar para mantenerse – debe dedicarse a alguna labor. @ En las últimas generaciones, debido al gran aumento en el contenido y la amplitud del estudio de la Torá, los rabinos necesitan dedicar todos sus días al estudio. @ Los sabios tanaítas y los amoraítas se ganaban la vida con su propio trabajo, haciendo de la Torá su ocupación principal y del trabajo una ocupación secundaria. @ Ambas dimensiones —el estudio de la Torá y el trabajo— coexistían plenamente en sus vidas. @ Quien no está llamado a desempeñar funciones de rabinato o educación no actúa conforme a la orientación de la Torá cuando elude la responsabilidad de procurarse el sustento y permanece estudiando en un kolel (yeshivá para hombres ya casados) estando mantenido por otros.

 

Debido a la expansión del contenido del estudio de la Torá en las últimas generaciones, hoy en día casi no es posible que los rabinos cumplan adecuadamente su función sin dedicar todo su tiempo al estudio, la preparación de clases y la respuesta a consultas halájicas. En consecuencia, incluso el estudio que realizan para sí mismos se considera parte de su trabajo, ya que es indispensable para preparar sus enseñanzas y emitir decisiones legales. Asimismo, los maestros y educadores son considerados trabajadores en todo sentido. Incluso en tiempos de los sabios del Talmud se les pagaba para que pudieran liberarse de sus ocupaciones y dedicarse a la enseñanza de los alumnos.

 

El valor del trabajo

Se plantearon muchas preguntas a raíz del artículo anterior, en el que expliqué el valor del trabajo y escribí que, según la Torá, es preferible que una persona trabaje y fije tiempos para el estudio de la Torá, antes de que estudie todo el día como avrej (estudiante casado de kolel) recibiendo una beca de manutención. Expliqué que el trabajo posee un valor intrínseco. En este artículo responderé a algunas de las preguntas, y con la ayuda de HaShem responderé a otras en el próximo.

Pregunta: Si el trabajo es una maldición impuesta al ser humano como consecuencia del pecado del primer Adam, ¿por qué escribió que tiene un valor intrínseco?

Respuesta: Incluso antes del pecado del primer Adam, el ser humano estaba destinado a trabajar y a ser socio en la construcción del mundo, tal como fue dicho: «Y tomó HaShem Elokim al hombre y lo colocó en el Jardín del Edén para que lo cultivara y lo guardara» (Bereshit-Génesis 2:15). Nuestros sabios añadieron que al hombre no se le permitió comer de los frutos del Jardín del Edén «hasta que realizó una labor» (Avot deRabí Natán 11). Esto también forma parte de la bondad divina hacia el ser humano: D’s creó el mundo incompleto para dar al hombre la oportunidad de ser Su socio en la construcción y perfeccionamiento del mundo.

Después del pecado del primer Adam, ya no fue suficiente un trabajo ordinario; el hombre necesitó de uno que fuera duro y fatigoso para reparar su falta. Por eso se decretó sobre él: «Con el sudor de tu frente comerás el pan» (Bereshit-Génesis 3:19). Sin embargo, también este trabajo es para beneficio del ser humano, pues mediante el esfuerzo por obtener su sustento corrige su pecado y se desarrolla a sí mismo a la vez que al mundo.

 

Según cuál opinión se establece la halajá en la discusión sobre la cuestión del trabajo

También aprendemos el valor del trabajo de la enseñanza de los sabios según la cual incluso una mujer rica, que tiene sirvientas y no necesita realizar las tareas del hogar, debe ocuparse en algún trabajo, porque «la ociosidad conduce al aburrimiento», es decir, a la degradación y a la perturbación mental (Tratado de Ketuvot 59(B)). Es cierto que, si se entretiene con juegos, como el ajedrez, o criando mascotas, no llegará a ese aburrimiento; sin embargo, sigue existiendo el temor de que la ociosidad la conduzca al pecado, tal como dijera Rabán Shim’ón ben Gamliel: «La ociosidad conduce a la inmoralidad sexual» (Tratado de Ketuvot 61(B)).

Por ello, si surge una disputa entre el esposo y la esposa, y la mujer desea permanecer completamente inactiva mientras el marido quiere que se ocupe de alguna tarea doméstica o laboral, la mujer está obligada a trabajar. Del mismo modo, si el marido desea que su esposa no realice ninguna labor, mientras que ella por su parte desea trabajar, le está prohibido impedirle hacerlo (Shulján Aruj Even HaEzer 80:2-3).

 

Las personas que no trabajan no son válidas como testigos

Además, los sabios enseñaron (Tratado de Sanedrín 24(B)) que quienes pasan su tiempo en la ociosidad, como los jugadores de dados, son inválidos para prestar testimonio, «porque no participan en la construcción y el desarrollo del mundo» (Shulján Aruj Joshen Mishpat 34:16). Asimismo, el Rambám escribió: «Quien no se ocupa ni del estudio de la Escritura, ni de la Mishná, ni de una ocupación productiva (trabajo), es considerado presumiblemente malvado e inválido para testificar por decreto rabínico; pues quien ha descendido hasta ese punto, se presume que transgrede la mayoría de las faltas que se le presenten» (Hiljot Edut 11:1).

 

Ama el trabajo que repara a la persona

Dijeron los sabios: «Ama el trabajo» (Tratado de Avot 1:10). Es decir, «aunque la persona tenga medios suficientes para mantenerse, está obligada a ocuparse en alguna labor, porque la ociosidad conduce al aburrimiento» (comentario de Rabí Ovadia de Bartenura). Por consiguiente, incluso una persona rica que no necesita trabajar para ganarse la vida, por ejemplo, porque heredó una gran fortuna, debe trabajar debido al enorme valor que tiene participar en la construcción y el desarrollo del mundo. Más aún, aunque su trabajo no produzca un beneficio económico significativo, los sabios instruyeron que tome un campo y lo cultive para no permanecer ocioso. Tal como fue dicho: «Seis días trabajarás y realizarás toda tu labor» (Shemot-Éxodo 20:9). ¿Qué viene a enseñarnos la expresión “realizarás toda tu labor”? Que incluso quien posee patios o campos abandonados debe ir y ocuparse de ellos (Avot deRabí Natán 11). Es decir, aunque tenga terrenos que no sean capaces de producir una gran cosecha, debe trabajarlos y obtener de ellos todo el fruto que sea posible. Y en palabras del HaMeirí :»Esto significa que la persona debe ocuparse en alguna actividad útil y no permanecer inactiva, porque la ociosidad le acarrea graves consecuencias» (ídem).

 

¿Por qué no encontramos que los grandes rabinos y justos trabajen?

Pregunta: En el artículo anterior usted escribió que el trabajo posee un gran valor, pero no vemos que los grandes rabinos y justos se hayan dedicado a una profesión.

Respuesta: En efecto, en las últimas generaciones, debido a la enorme expansión del contenido del estudio de la Torá, los rabinos necesitan dedicar todos sus días al estudio, tal como se explicará más adelante. Sin embargo, originalmente los grandes rabinos y justos participaban en la construcción del mundo y trabajaban para mantenerse, tal como lo relata extensamente el libro de Bereshit (Génesis) al referirse a los patriarcas.

 

La práctica de los grandes tanaítas

Asimismo, los tanaítas y los amoraítas se ganaban la vida con su propio trabajo. Hacían de la Torá su ocupación principal y del trabajo una ocupación secundaria, y ambas se mantenían conjuntamente en sus vidas (Tratado de Berajot 35(B)). Es cierto que quien era nombrado dirigente comunitario dejaba de ejercer su oficio. Si no era rico, la comunidad procuraba enriquecerlo para que gozara de prestigio y sus palabras fueran escuchadas (Tratado de Kidushín 70(A)). Sin embargo, incluso estos líderes, aunque fueran enormes sabios de la Torá, antes de ser designados para esos cargos, trabajaban para su propio sustento.

Shimón ben Shetaj, antes de convertirse en presidente del Sanedrín, se dedicaba al comercio del lino (Talmud Jerosolimitano Tratado de Bava Metzía 2:5). Hilel Hazakén (lit. «el anciano»), antes de ser nombrado presidente, cortaba leña. Ganaba un tarpéik (una moneda), con la mitad se mantenía y con la otra mitad pagaba al guardián de la casa de estudio para poder entrar (Tratado de Yoma 35(B)).

Aba Jilkía, famoso por la eficacia de sus oraciones y por los milagros asociados a ellas, a quien los sabios enviaban emisarios para pedir lluvia, trabajaba diligentemente en el campo y se mantenía con dificultad como jornalero (Tratado de Ta’anit 23(A)). Shamai era constructor; por eso llevaba siempre consigo la vara de medición propia de los albañiles (Tratado de Shabat 31(A)). Rabí Yehoshúa, cuya opinión halájica fue frecuentemente aceptada, fabricaba agujas utilizando carbón (Tratado de Berajot 28(A), Talmud Jerosolimitano ídem 28:1). Rabí Akiva obtenía su sustento con gran dificultad recogiendo leña en el campo y vendiéndola. Parte de esa misma leña la utilizaba para encender fuego, calentarse y estudiar a su luz durante la noche (Avot deRabí Natán 6). Rabí Meir, de quien se dijo que no tuvo igual en su generación, se mantenía trabajando como escriba o sofer St.Ta.M (Sifrei Torá, tefilín y mezuzot) (Tratado de Eruvín 13(A)). Rabí Yosei, cuya opinión halájica era especialmente valorada por la solidez de sus argumentos, trabajaba como curtidor pieles (ídem 46(B), 14(B), Tratado de Shabat 49(A) y (B)).

Hubo incluso sabios que fueron conocidos por el nombre de su oficio, como Shimón HaPakulí, que trabajaba con algodón; Rabí Yojanán HaSandlar, “el zapatero”; Najum HaLavlar, que era escriba (Tratado de Peá 2:6); y Rabí Yeshvav HaSofer, también escriba, quien fue uno de los Diez Mártires ejecutados (asará haruguei maljut) por el Imperio Romano (Eijá Rabá 2:2)

 

La práctica de los amoraítas

Rabí Yanai, de la primera generación de amoraítas de la Tierra de Israel, era agricultor y se dedicaba al cultivo de viñedos (Tratado de Bava Batra 14(A)). Shmuel, también de la primera generación de amoraítas babilonios, cuya opinión prevalece en asuntos monetarios, era médico y propietario de campos, a los que inspeccionaba diariamente (Tratado de Bava Metziá 85(A), Tratado de Julín 105(A)). Rav Huna, perteneciente a la segunda generación de los amoraítas babilonios, se ganaba la vida irrigando campos antes de ser nombrado director de la gran academia de Sura. Cuando la gente acudía a él para que juzgara sus litigios conforme a la Torá, les pedía que contrataran a otra persona para regar el campo en su lugar, de modo que pudiera dedicar tiempo a juzgarlos (Tratado de Ketuvot 105(A)). Rav Janina y Rav Oshaia, que emigraron de Babilonia a la Tierra de Israel y estudiaron con Rabí Yojanán, se mantenían fabricando sandalias (Tratado de Pesajím 113(B)). Rav Kahana fabricaba y vendía canastas (Tratado de Kidushín 40(A)). Rav Papa, de la quinta generación de amoraítas y posteriormente director de una academia talmúdica, trabajaba en el campo; según otra opinión, se mantenía produciendo cerveza (Tratado de Bava Metzía 109(A), Tratado de Pesajim 113(A)). Asimismo, Rabí Avdima vendía carne; Rabí Abahu fabricaba tejidos; Rabí Zeira trabajaba con algodón; y Raba vendía bañeras (Talmud Jerosolimitano Tratado de Bava Metzía 4:7). Añadió Shim’ón ben Tzemaj Durán (Maguén Avot sobre Pirkei Avot 1:10) que los «grandes sabios de Israel» eligieron profesiones respetables, tales como cavar campos o cortar leña, «para someter su inclinación al mal y evitar pensamientos impropios».

 

La práctica de los grandes sabios medievales (rishonim) y los sabios de las últimas generaciones (ajaronim)

Así también actuaron muchos de los grandes rishonim: mientras no estuvieran obligados a dedicar todas sus horas a la enseñanza de los alumnos, se mantenían mediante su trabajo. Por ejemplo, varios de los más grandes sabios medievales ejercieron la medicina, entre ellos Rabí Yehudá HaLeví, el Rambám, el Rambán, Rabenu Nisim, el Ralbag, Rabí Shim’ón ben Tzemaj Durán y Rabí Ovadia Sforno. Por su parte, Rashi y Rabenu Tam obtenían su sustento mediante la producción y comercialización de vino.

 

La práctica de los sabios de las últimas generaciones (ajaronim)

En la época de los ajaronim (aproximadamente desde hace unos quinientos años), el contenido y la amplitud del estudio de la Torá crecieron enormemente. Aun así, muchos de los grandes sabios de Israel continuaron manteniéndose mediante su trabajo. Entre quienes se dedicaron al comercio se encontraban el Arí Hakadosh (Rabí Ytzjak Luria), Biniamín Zeev, destacado rabino de Turquía y Grecia autor del libro de responsa Biniamín Zeev, y Rabí Efraim Zalman Margaiot, de Galitzia, autor del libro de responsa Beit Efraím entre otros. Asimismo, Rabí Ya’akov Tzví Mecklenburg, Rabí Abraham Danzig, y Reb Jaim de Volozhin, quien incluso sostuvo económicamente la yeshivá con sus propios recursos en sus comienzos. Rabí Yitzjak Lampronti, de Italia, ejerció la medicina, al igual que Rabí Abraham HaRofé Portaleone. Rabí Moshé Jaím Luzzatto (Ramajal) trabajaba puliendo lentes ópticas, mientras que Reb Simja Bunim de Pashisja, antes de convertirse en líder jasídico, se ganaba la vida como farmacéutico y comerciante.

 

La práctica en nuestros días

Debido a la expansión del contenido del estudio de la Torá en las últimas generaciones, hoy en día casi no es posible que los rabinos cumplan adecuadamente su función sin dedicar todo su tiempo al estudio, la preparación de clases y la respuesta a consultas halájicas. En consecuencia, incluso el estudio que realizan para sí mismos se considera parte de su trabajo, ya que es indispensable para preparar sus enseñanzas y emitir decisiones legales. Asimismo, los maestros y educadores son considerados trabajadores en todo sentido. Incluso en tiempos de los sabios del Talmud se les pagaba para que pudieran liberarse de sus ocupaciones y dedicarse a la enseñanza de los alumnos.

Sin embargo, quien no está llamado a desempeñar funciones de rabinato o educación no actúa de acuerdo con la orientación de la Torá cuando elude la responsabilidad de procurarse el sustento y permanece estudiando en un kolel, dependiendo de becas, subsidios sociales y diversos beneficios destinados originalmente a familias necesitadas que, pese a sus esfuerzos, no han logrado mantenerse económicamente por sí mismas.

 

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