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LA RESPUESTA A NUESTROS ENEMIGOS – CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO Y ALIÁ

MATOT MAS’EI
LA RESPUESTA A NUESTROS ENEMIGOS – CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO Y ALIÁ

Mientras no haya suficientes judíos en la tierra de Israel, nuestros enemigos seguirán existiendo y persistiendo en matarnos.
Si el pueblo de Israel hubiese tenido la lucidez de inmigrar a la tierra de Israel hace unos ciento veinte años, la situación demográfica dentro de los límites de la promesa bíblica sería de una abrumadora mayoría judía.
La discusión interna afecta nuestro crecimiento demográfico, tal como ocurriera en las comunidades de Hungría que se dividieron, lo cual produjo una intensa ola de asimilación.

Hay quienes piensan que el problema es externo. Si el país dejará de tener enemigos, los problemas se acabarían. Sin embargo, de la Torá aprendemos que la realidad funciona a la inversa: de no mediar enemigos, por efecto del aburrimiento, podrían surgir problemas mucho mayores. No es agradable reconocerlo, pero el combate contra nuestros hostiles adversarios nos refuerza y nos une, y quién sabe en qué tipo de crisis y en qué clase de guerras civiles nos enfrascaríamos de no ser por la amenaza externa.
A veces, muchachos jóvenes formulan preguntas grandes y abren un espacio para una reflexión profunda. Recientemente me reuní con unos jóvenes para conversar, y uno de ellos me preguntó con total seriedad y gran dolor: ¿Por qué hay atentados? ¿Por qué judíos justos son asesinados?

Porque no hay suficientes judíos en el país
Respondí: Porque no hay suficientes judíos en la tierra de Israel en general y en Judea y Samaria en particular, tal como dice la Torá: “Pero si no vais a desterrar a los habitantes de la tierra de delante de vosotros, serán, los que dejéis de ellos, espinos en vuestros ojos y aguijones en vuestros costados; y os hostigarán a vosotros en la tierra en la cual vosotros habitáis” (Bamidbar-Números 33:55). Hay quienes piensan que el problema es externo. Si el país dejase de tener enemigos, los problemas se acabarían. Sin embargo, de la Torá aprendemos que la realidad funciona a la inversa: De no ser por nuestros enemigos, por efecto del aburrimiento, podrían surgir problemas mucho mayores. No es agradable reconocerlo, pero el combate contra nuestros hostiles adversarios nos refuerza y nos une, y quién sabe en qué tipo de crisis y en qué clase de guerras civiles nos enfrascaríamos de no ser por la amenaza externa. En otras palabras, mientras no haya suficientes judíos para poblar todo el país, a lo largo y a lo ancho, hasta que no queden sitios deshabitados, HaShem se ocupa de que por medios naturales siga habiendo enemigos en nuestra tierra. Tal como fue dicho: “No lo expulsaré de ante ti en un solo año, no sea que la tierra quede desolada Y te excedan a ti las fieras del campo. Poco a poco los expulsaré de ante ti hasta que fructifiques y poseas la tierra” (Shemot-Éxodo 23:29-30).
Una vez que el pueblo de Israel se multiplique y se fortalezca tanto material como espiritualmente, nuestros enemigos se marcharán. Es de suponer que algunos de entre ellos decidan sumarse a nosotros y de ese modo se transformarían de enemigos en amigos, y es de suponer también que algunos lucharían hasta caer derrotados, y que otros, preferirán emigrar a otro país.
¿Por qué fueron reducidos los límites del país que aparecen en la porción de Mas’ei?
Los límites de la tierra de Israel son desde el rio Éufrates hasta el rio de Egipto. Sin embargo, en la práctica, en la porción de Mas’ei, cuando D’s le ordenó al pueblo de Israel heredar el país y habitarlo, instruyó conquistar únicamente la margen occidental del rio Jordán. Dado que el precepto de habitar la tierra de Israel debe cumplirse de acuerdo con las posibilidades de la nación y dado que el número de hijos de Israel no alcanzaba para habitar todo el territorio prometido, fueron preceptuados de conquistar en primera instancia la parte más sagrada, la margen occidental del Jordán. Y solamente una vez que se multiplicasen y creciesen demográficamente podrían ampliar gradualmente sus dominios hacia la margen oriental y a todos los confines de la heredad de la promesa (Rambán a Bamidbar-Números 21:21, Malbim ad. loc.).
La margen oriental del Jordán
Por ello, en un inicio los hijos de Israel no tuvieron la intención de conquistar las tierras de Sijón y de Og, y solo después que no aceptaron la propuesta de paz y salieron a la guerra contra los israelitas nuestro pueblo conquistó sus dominios. E incluso entonces, no se tenía la intención de asentarse en esas comarcas y por ello, cuando los miembros de las tribus de Reuvén, Gad y media tribu de Menashé pidieron asentarse en la margen oriental del Jordán Moshé se molestó con ellos en gran manera, pero a posteriori, accedió a su pedido, una vez que ellos le prometieran que marcharían en primera fila a la conquista de la margen occidental, la parte principal del país. En la práctica, faltaba judíos para poblar la margen occidental del Jordán, motivo por el cual continuaron existiendo enclaves soberanos de los pueblos gentiles, los cuales provocaron grandes problemas al pueblo de Israel durante unos cuatrocientos años, tal como se relata en el libro de Shoftim – Jueces.
La importancia del crecimiento demográfico del pueblo de Israel
El libro de Bamidbar-Números es llamado «el libro de los censos» (jumash hapekudim) en virtud de los censos realizados en procura de establecer el número de soldados con el que contaba nuestra nación. Lamentablemente, durante los años de la marcha por el desierto su número se mantuvo igual como al inicio, unos seiscientos mil. En Egipto, durante 210 años se habían multiplicado de setenta personas a seiscientos mil hombres en edad de combatir, y si hubiesen continuado observando el precepto de procrear en el desierto habrían podido multiplicarse cuanto menos por dos. Esto es, el pecado de los espías llevó a la desesperanza respecto de la posibilidad de poblar el país, por lo que también el deseo de procrear se vio afectado. Y tal como dice siempre en la Torá, la bendición de la procreación y la herencia efectiva del país están conectadas entre sí y dependen la una de la otra.
La influencia del pecado de los espías en nuestra generación
Hace unos ciento veinte años, cuando se constituía el movimiento sionista, el pueblo judío sumaba unos once millones de almas y los árabes que habitaban en los límites de la promesa bíblica, incluido el Líbano, Siria e Irak, sumaban no más de cinco millones de personas. A ambas márgenes del Jordán vivían un poco menos de medio millón de árabes. Se trataba de una gran oportunidad para el pueblo judío de regresar a su tierra y poblarla a lo largo y a lo ancho, de crecer y multiplicarse en ella. Sin embargo, la mayoría de los miembros de nuestra nación decidió quedarse en el exilio, sufriendo de las desgracias que fueron en aumento con la irrupción de la revolución comunista, y alcanzaron su punto álgido durante el Holocausto. Paralelamente, la desesperanza en cuanto a la posibilidad de reconstituir a nuestra nación en suelo patrio, condujo a una detención en el crecimiento demográfico y a un proceso de aumento en la asimilación.
A raíz de ello, en la actualidad, en todo el mundo hay unos quince millones de personas que se declaran judías, y en la tierra de Israel unos siete millones. Por su parte, los árabes que viven en ellos alrededores de la tierra de Israel tuvieron el privilegio de disfrutar de los frutos de la revolución industrial, el aumento en la producción de alimentos y las mejoras en las ciencias médicas, por lo que en la actualidad suman unos ochenta millones de personas.
Felices de los judíos que optaron por ascender a la tierra de Israel y poblarla. En ellos perdura la vitalidad, ellos heredan la tierra, se multiplican y son el futuro de todo el pueblo judío.
Las divisiones – puñales en el corazón de la nación
La polémica de Koraj y sus seguidores es una de las consecuencias graves del pecado de los espías, ya que aparece inmediatamente después de que este acaeciera. El vínculo a la tierra de Israel une a la nación, y la traición a esta genera diatribas, las cuales, a su vez, le restan también vitalidad a nuestro pueblo y causan que se detenga el crecimiento demográfico.
Es así que vemos cómo en la era moderna la cooperación en el proyecto de habitar el país generó la unión entre todas las facciones judías, seculares y religiosos, izquierda y derecha, sefaradíes y ashkenazíes, jasídicos y opositores al jasidismo, e incluso los pocos reformistas que apoyaron el poblamiento de la tierra de Israel estaban unidos a la generalidad de los sionistas, incluidos los religiosos. Si bien el poblamiento del país fue acompañado de grandes debates, en última instancia preponderó la unidad. Por su parte, en el exterior, las discusiones generaron cismas que condujeron a la desesperanza y a la aceleración de las tendencias asimilatorias.
El duro ejemplo de Hungría
En el seno judaísmo húngaro tuvo lugar una dura y muy profunda discusión. A raíz de la ley que otorgó igualdad de derechos a los judíos, en el año 5630 (1870) se generó una durísima división entre los ortodoxos y los neológicos. Los primeros veían en esta ley un peligro y procuraron enfrentarla, al tiempo que los neológicos la recibieron como una bendición que habría de permitir la ampliación de la emancipación (la obtención de igualdad de derechos efectiva para los judíos).
Muchos comparan a los neológicos con los conservadores, una suerte de corriente intermedia entre la ortodoxia y el reformismo, mas ello no es exacto. Lo que tienen en común conservadores y neológicos es su gran apertura a la modernidad, y los neológicos querían que la comunidad judía incluyese conjuntamente a personas seculares y religiosas, de modo tal que bajo la rótula ‘neológico’ había también un poco de religiosos modernos junto a comunidades que se asemejaban a las reformistas o las conservadoras. Los neológicos comenzaron a conformarse como congregación en el año 5590 (1830), y en el momento del cisma, que llegaría unos cuarenta años después, eran ya casi que la mitad de los judíos húngaros.
La consecuencia de la escisión en Hungría – una terrible asimilación
De acuerdo con los documentos de los que se dispone, durante el siglo XIX (5560 – 5650) en Hungría se bautizaron al cristianismo 10.056 judíos. El ritmo de cristianización se fue intensificando con el correr de los años, y en la década contigua al año 5650 (5656-5667, 1896-1907) abrazaron la fe cristiana 5.148 judíos (el número de conversos al judaísmo era un quinto del número de los que se convertían al cristianismo).
Entre los años 5679-5701 (1919-1941) el número de conversos al cristianismo fue en aumento, y en esos veintidós años se documentaron 36.648 bautismos de judíos.
En paralelo, el número de matrimonio mixtos en Hungría se fue incrementando. En el año 5655 (1895) el índice de matrimonios mixtos alcanzaba el tres por ciento, unos cuarenta años más tarde llegaba ya al doce.
Es difícil valorar numéricamente la pérdida sufrida por la población judía a raíz de los matrimonios mixtos, pero podemos aprender sobre ello de los resultados del censo que los nazis -su nombre sea borrado- realizaron en el año 5701 (1941). En ese año el número de cristianos anotados como racialmente judíos de acuerdo con sus leyes era de 89.640, un quinto del total de la población judía. Este número estaba compuesto por tres grupos principales: conversos al cristianismo, sus hijos y los hijos de los matrimonios mixtos que fueron anotados como cristianos.
Hubo otros muchos judíos que abrazaron el cristianismo y emigraron a Occidente. Cabe estimar que su número es por lo menos semejante al de los que se quedaron en Hungría, ya que quien adoptaba otra religión podía emigrar más fácilmente. Si bien hubo también judíos que mantuvieron su identidad original que emigraron, pero al final de cuentas, cabe estimar que hasta el Holocausto cerca de la mitad de los judíos húngaros se había ya asimilado.
Hungría comparada con Galitzia o Alemania
Resulta difícil no percibir la diferencia abismal entre el porcentaje de judíos asimilados en Hungría, en la cual se instauró una separación radical entre las distintas comunidades judías, y el porcentaje de los que se asimilaron en la vecina provincia de Galitzia, en la cual la comunidad judía, a pesar de los diferendos, mantuvo su unidad. Desde el punto de vista del abrazo de la modernidad no hubo entre ellas ninguna diferencia significativa, ambas comunidades, la de Hungría y la de Galitzia, eran parte del Imperio Austrohúngaro, pero a diferencia del país magyar, el porcentaje de casamientos mixtos en Galitzia era menos del diez por ciento que en Hungría y las conversiones al cristianismo una cuarta parte.
Esto y más, incluso respecto a Alemania, el proceso de cristianización en Hungría fue más veloz. Si bien poco antes del Holocausto el porcentaje de matrimonios mixtos había alcanzado en Alemania el 28% mientras que en Hungría solo el 12, en el país germano el proceso de la secularización había comenzado tres generaciones antes, de modo tal que si se comparan los porcentajes de matrimonios mixtos en Hungría con los de Alemania en un tiempo correspondiente en cuanto a la antigüedad del proceso de secularización, esto es, unos treinta o cuarenta años antes, veremos que el guarismo de los húngaros era mayor.
La división provocó la asimilación incluso en familias religiosas
Cabe estimar que la gran mayoría de las conversiones al cristianismo y de los matrimonios mixtos tuvieron lugar en el seno de la comunidad neológica, no obstante, resulta claro que también en el seno de las comunidades ortodoxas el índice de conversiones al cristianismo y de matrimonios mixtos era más elevado comparado al de otras comunidades judías similares en el resto de Europa. Forzosamente llegamos a la conclusión de que el cisma entre las comunidades provocó una pérdida de robustez judía y generó el desastre de la conversión al cristianismo y de los matrimonios mixtos en porcentajes especialmente elevados.
Puñales en el corazón de la nación
Esto era lo que solía enseñarnos nuestro maestro y rabino, el Rav Tzví Yehudá Kuk en nombre del Netziv de Volozhin, quien respecto de la separación entre las comunidades ortodoxas y reformistas dijo que “esa idea es peligrosa cual puñales para el cuerpo de la nación”. Asimismo, solía citar al rabino de la localidad de Levov, la capital del Galitzia Oriental, el Rabino Arie Leib Broide, quien se opusiera a la separación de las comunidades y dijera que “esto no beneficia a la religión, y el peor daño que podía hacerse era separar a los judíos apegados a la tradición de las comunidades de la congregación de Yeshurún”.
Herzl
Esta semana, el día 20 de Tamuz se conmemoró el aniversario del fallecimiento de uno de los grandes judíos que salieron de Hungría. Quién sabe, quizás justamente en virtud de la gran división que él con su gran sensibilidad logró percibir claramente, en un inicio sintió una profunda desesperanza por el futuro del judaísmo. Y luego, cuando regresó a su identidad judía, permeó en su corazón la percepción clara de que la salvación del pueblo judío dependía del establecimiento de un estado en la tierra de Israel. Así, reparó el pecado de los espías, unificó al pueblo y estableció el movimiento sionista por medio del cual vendría una gran salvación para la nación judía en el correr de las últimas generaciones.

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