VAIKRÁ 5786
Los límites de la santidad de la casa de oración (Beit Tefilá)
La sinagoga (beit kneset) es un lugar que una comunidad de Israel ha designado como sitio de oración a HaShem. @ La sinagoga tuvo un gran mérito en la preservación de la identidad judía a lo largo de los largos años del exilio, ya que funciona como una especie de sucursal espiritual que se extiende desde el Templo de Jerusalém y la Tierra de Israel. @ Desde el momento en que se comienza a rezar en ella, se aplican al edificio todas las leyes propias de la sinagoga. @ La sinagoga está destinada a asuntos de santidad: la oración y el estudio de la Torá. @ Todo aquel que la utilice para fines profanos o se comporte en su interior de manera mundana, desprecia su santidad.
Muchas autoridades halájicas dictaminaron que está prohibido besar a los hijos en la sinagoga o mostrarles allí un afecto excesivo, para fijar en el corazón que no hay amor como el amor a HaShem. Además, se debe tener el recaudo de no llevar a la sinagoga a niños pequeños que no sepan comportarse con respeto, ya que pueden menoscabar la dignidad del lugar y perturbar la concentración de quienes rezan.
La santidad de la sinagoga
La sinagoga es un lugar que una comunidad de Israel ha establecido como sitio de oración a HaShem, y en correspondencia, HaShem hace reposar en ella Su Presencia Divina (Shejiná). En ella se revela, en cierta medida, la santidad del Templo, por lo que se la denomina “un pequeño santuario” (Mikdash Me’at).
Incluso cuando el pueblo de Israel se encuentra en el exilio, la Presencia Divina mora con ellos de manera oculta a través de las sinagogas, en las cuales se manifiesta la fe en HaShem y en la redención de Israel. Tal como dijeran los sabios: «Ven y observa cuán amados son los hijos de Israel ante el Santo, Bendito Sea, pues en todo lugar al que fueron exiliados, la Presencia Divina está con ellos” (Tratado de Meguilá 29(A)). Tal como fue dicho: “Así dijo el Señor D’s: Aunque los he alejado entre las naciones y los he dispersado por las tierras, seré para ellos un pequeño santuario en las tierras a donde han llegado” (Yejezkel-Ezequiel 11:16). “Pequeño santuario” se refiere a las sinagogas y a las casas de estudio. Dado que la Presencia Divina reside en la sinagoga, toda persona que permanece en ella con seriedad y reverencia cumple un precepto (Shulján Aruj 151:1; basado en el Tratado de Meguilá 28(B)).
La continuidad de la nación
Todos los pueblos del mundo, después de ser exiliados de su tierra, en el transcurso de unas pocas generaciones perdieron su identidad y desaparecieron. Solo el pueblo de Israel, a pesar de su largo exilio en los cuatro confines de la tierra, mantuvo su identidad. La sinagoga tuvo un gran mérito en ello, ya que funciona como una especie de prolongación espiritual que se extiende desde el Templo de Jerusalém y la Tierra de Israel, y todo judío que entra en una sinagoga, en cualquier lugar del mundo, puede nutrirse de un poco de la santidad de la Tierra de Israel. De este modo, a pesar de todas las dificultades y los exilios, pudimos seguir manteniendo nuestra identidad nacional, cuya expresión principal es la fe en que HaShem es el D’s único, y que en el futuro, el pueblo de Israel habrá de regresar a su tierra, reconstruir el Templo y traer bendición al mundo (Tratado de Meguilá 29(A); ver también Likutei Halajot, Hiljot Beit HaKneset 3). Y si esto es así en el extranjero, con mayor razón que ello ocurre en las sinagogas de la Tierra de Israel, a donde se extiende una mayor iluminación y bendición proveniente del Templo de Jerusalém.
La virtud de la longevidad
Se cuenta en el Talmud que cuando Rabí Yojanán oyó que había judíos en Babilonia que alcanzaban una edad muy avanzada, se sorprendió y preguntó: ¿Acaso no fue dicho: ‘Para que se prolonguen vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la tierra que el Eterno juró a vuestros padres darles a ellos’? (Devarim-Deuteronomio 11:21). ¡Allí y no fuera de la tierra de Israel! Cuando le dijeron que esos ancianos madrugaban para ir a la sinagoga por la mañana y se demoraban en salir de ella al atardecer, dijo: Eso es lo que les ayudó a prolongar sus días (Tratado de Berajot 8(A)). Porque la santidad de la sinagoga es comparable, en cierto modo, a la santidad de la Tierra de Israel, la tierra de la vida.
Asimismo, los sabios relataron acerca de una mujer en la Tierra de Israel que vivió hasta una edad muy avanzada, hasta el punto de cansarse de la vida. Fue ante Rabí Yosei ben Jalaftá y le dijo: “Rabí, he envejecido demasiado, y ahora mi vida es una vida de sufrimiento; no disfruto ni de la comida ni de la bebida, y deseo partir de este mundo». Él le preguntó: “¿Por qué mérito has prolongado tanto tus días?” Ella le respondió: “Tengo la costumbre de que, incluso si tengo algo que me agrada mucho hacer, lo dejo de lado y me levanto temprano cada día para ir a la sinagoga». Él le dijo: “Abstente de ir a la sinagoga durante tres días consecutivos». Ella lo hizo así, y al tercer día enfermó y falleció .Por ello dijo el rey Shelomó: “Dichoso del hombre que me escucha, velando cada día a mis puertas, resguardando los postes de mis entradas. Porque quien me halla, halla la vida y obtiene el favor de HaShem” (Mishlei-Proverbios 8:34-35) (Yalkut Shimoni, Ekev 871).
Cómo un lugar se convierte en sinagoga
Para que un edificio sea considerado sinagoga deben cumplirse dos condiciones: 1) Que la intención de sus propietarios sea destinarlo a ese uso. 2) Que efectivamente se comience a rezar en él. Por ello, mientras la casa de oración está en construcción, no se aplican aun sobre ella las leyes propias de la sinagoga, y está permitido, por ejemplo, jugar en su interior. Solo a partir del momento en que se empieza a rezar en ella, se aplican todas las leyes propias de la sinagoga (Shulján Aruj, Oraj Jaím 153:8).
Un gimnasio en el que se reza en Shabat
Una comunidad que aún no ha construido su propia sinagoga, y mientras tanto sus miembros acostumbran a rezar en Shabat en un edificio destinado a otro propósito —por ejemplo, el salón de una escuela—, dicho lugar no adquiere el estatus halájico de sinagoga, ya que no fue destinado para ello. Por lo tanto, fuera de los horarios de oración, está permitido jugar o hacer ejercicio en su interior. Asimismo, un salón destinado a actividades de un movimiento juvenil, en el cual los jóvenes acostumbran a rezar algunas oraciones en Shabat, dado que no fue designado como sinagoga, se permite realizar en él actividades, representaciones e incluso reír dentro de él (Tratado de Meguilá 26(A); Shulján Aruj 154:1). No obstante, se debe colocar una separación, una especie de cortina entre el Arca Sagrada (Arón HaKodesh) y el resto del salón. Esto obedece a dos motivos: En primer lugar, para dejar en claro que el lugar no ha sido destinado a fungir como sinagoga de modo permanente.
En segundo lugar, porque está prohibido comportarse con ligereza frente a un rollo de la Torá, e incluso frente al Arca Sagrada que lo contiene (ver Shulján Aruj, Yoré Deá 282:1; Mishná Berurá 150:14 y Shaar HaTziún 13).
Leer noticias en la sinagoga
Pregunta: ¿Está permitido navegar en sitios de noticias mientras se está en la sinagoga?
Respuesta: La sinagoga está destinada a asuntos relativos a la santidad, a la oración y al estudio de la Torá. Quien la utiliza para fines profanos o se comporta en ella de manera mundana, desprecia su santidad. Por ello, no se permite en ella tener una conducta ligera tal como mantener conversaciones jocosas o divertirse, ni comer o beber, ni hablar de asuntos mundanos tales como negocios o economía (Tratado de Meguilá 28(A) y (B); Shulján Aruj 151:1). En consecuencia, está prohibido leer periódicos en la sinagoga o navegar en sitios de noticias en internet, incluyendo periódicos y sitios religiosos. Los sabios dijeron en el Zohar (II, 131b) que quien desprecia la sinagoga provoca una separación entre el pueblo de Israel y HaShem, ya que la Presencia Divina se revela en la sinagoga, y quien se ocupa allí de cosas vanas, es como si la ignorase y la despreciase. Una persona semejante no tiene parte en el D’s de Israel, y disminuye la fe, al impedir que esta se manifieste en el lugar apropiado.
La limpieza y el decoro de la sinagoga
Pregunta: Una persona entró a la sinagoga con barro en sus zapatos y ensució el lugar. ¿Está obligada a buscar un trapo o toallas para limpiar el barro? Y si no lo hizo, ¿resulta preceptivo que otros lo limpien?
Respuesta: Es preceptivo honrar la sinagoga y tener recaudo de mantener su limpieza. Quien tiene barro en sus zapatos debe limpiarlos antes de entrar (Shulján Aruj 151:8-9). Por lo tanto, es evidente que quien, sin darse cuenta, entró con barro a la sinagoga – está obligado a limpiar lo que ensució para reparar el daño causado al honor del lugar y para no seguir incomodando a quienes acuden a rezar. Si la persona que ensució fuera negligente y no lo limpiase, resulta preceptivo para cualquiera que pueda, honrar a la sinagoga y limpiar el barro. Esto se deduce con mayor razón del hecho de que si en una casa común los miembros del hogar cuidan que el suelo no esté sucio de barro, y si uno ve que se ensució y puede limpiarlo, se espera de él que lo haga y no deje la casa sucia, cuánto más en una sinagoga, donde existe el precepto específico de honrarla. Asimismo, está prohibido dejar sobre las mesas de la sinagoga o de la casa de estudio papeles que hayan sido usados para limpiar suciedad o sonarse la nariz.
Salivar en la sinagoga
Pregunta: He visto en algunos libros en los que se menciona que se debe escupir en la sinagoga al nombrar a los malvados durante el recitado de la plegaria “Aleinu Leshabeaj”. ¿Acaso ello está permitido?
Respuesta: Está prohibido escupir en la sinagoga. Es cierto que hubo épocas en que los médicos sostenían que, cuando una persona necesitaba escupir, debía hacerlo de inmediato para evitar entrar en peligro, y por ello también se permitía escupir en la sinagoga en ese caso (Shulján Aruj 151:7).
Sin embargo, hoy en día los médicos consideran que no hay peligro en contenerse, y escupir en una casa ya es considerado vergonzoso; con mayor razón que está prohibido hacerlo en la sinagoga (según el Tratado de Berajot 63(A)). Cabe añadir que en el pasado la saliva no ensuciaba tanto como hoy, ya que muchos pisos eran de tierra compacta, e incluso los pisos de piedra no eran tan lisos como los actuales.
Besar a los hijos en la sinagoga
Muchas autoridades halájicas dictaminaron que está prohibido besar a los hijos en la sinagoga o mostrarles un afecto excesivo, para fijar en el corazón que no hay amor como el amor a HaShem (Sefer Jasidim 255; Biniamín Ze’ev 163 en nombre de la Agudá; Ramá, Oraj Jaím 98:1). Además, se debe tener cuidado de no llevar a la sinagoga a niños pequeños que no sepan comportarse con respeto, ya que pueden menoscabar la dignidad del lugar y perturbar la concentración de quienes rezan (Shelá; Mishná Berurá 98:3).
Besar la mano del rabino o del padre
Pregunta: Muchos judíos de origen sefaradí y oriental acostumbran a besar la mano del rabino o del padre en la sinagoga. ¿Acaso ello está permitido?
Respuesta: Todos coinciden en que está permitido besar la mano del rabino, ya que no es una expresión de afecto personal sino de respeto hacia la Torá, y por lo tanto no implica una falta de respeto al Cielo. Asimismo, está permitido besar la mano del padre después de que sube a la Torá, pues también se trata de un acto de conferir honor (Ben Ish Jai, Vaikrá 11). También está permitido besar la mano de familiares a quienes se debe honrar, como un hermano mayor o el suegro (Kitzur Shulján Aruj Toledano 27:4).
Saludar a amigos de beso en la sinagoga
Pregunta: Muchos judíos provenientes del norte de África acostumbraban a besarse en la cara dentro de la sinagoga como muestra de amistad y afecto. ¿Acaso ello está permitido?
Respuesta: El rabino Ytzjak Jazán, quien fuera juez rabínico en Casablanca (Marruecos) y luego en Haifa, escribió (Yejavé Da’at III, Oraj Jaím 5) que no se debe mantener esta costumbre que surgió en las grandes ciudades de Marruecos, ya que no se trataba de una práctica antigua. Solo se permite besar a quien se debe honrar, o a un sabio de la Torá. Así también lo escribió el rabino Mamán (Emek Yehoshúa III, Oraj Jaím 18; VI, Oraj Jaím 21).
Sin embargo, por el contrario, el rabino Shalom Masás, quien fuera el gran rabino de Marruecos y luego de Jerusalém, escribió (Shemesh uMaguen I, Oraj Jaím 39) que el beso entre amigos y familiares es una forma de saludo y expresión de afecto y amistad, y no disminuye el amor que le es profesado a D’s, sino que incluso puede considerarse que es ello es realizado como forma de rendir honor a la Torá. Por lo tanto, aunque algunos rabinos de Marruecos prefirieron dejar esta costumbre sin efecto, dado que fue practicada con el consentimiento de las autoridades rabínicas, quienes deseen continuar con su tradición pueden hacerlo.





