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Volver a los fundamentos

La actual guerra nos obliga a volver a nuestra postura fundamental de que la tierra de Israel fue entregada por D’s al pueblo judío. «Debemos aclararle al mundo que no se trata únicamente de un conflicto entre vecinos sino de una guerra del islam contra el pueblo de Israel y su Torá». La bendición sacerdotal (birkat cohanim), al igual que el resto de las bendiciones de la Torá, se refiere básicamente a que tengamos éxito y obtengamos bendición por medios naturales.

El Tanaj es el libro más importante y conocido del mundo. Nuestros representantes deberían basarse en él para expresar la dimensión milagrosa del cumplimiento de las palabras de los profetas. Quiera HaShem que por el mérito de la festividad de Shavu’ot y el recuerdo de la entrega de la Torá podamos fortalecernos en nuestro estudio de las Escrituras que son aquellas que definen nuestra identidad nacional y nuestra gran misión de asentar todas las ideas divinas en la tierra, y así traer la bendición a nuestro país y al mundo entero. Y que en virtud de ello logremos triunfar en la guerra contra nuestros enemigos y logremos explicarles a las naciones del mundo la justicia de nuestra causa.

La guerra actual expresa una profunda crisis y nos obliga a volver a los fundamentos. Durante largo años el Estado de Israel intentó explicarle al mundo que está dispuesto a llegar a un acuerdo de concesiones con los árabes con la esperanza de que ello le reporte apoyo y popularidad entre las naciones. Cuando a pesar de ello los árabes nos atacaron y asesinaron malvadamente a civiles en franca oposición a cualquier convención internacional, muchos en el mundo no justificaron nuestra guerra defensiva destinada a destruir al enemigo.

El problema en nuestra postura fundamental es que casi ninguno de los representantes oficiales del Estado de Israel expresa el vínculo absoluto que tenemos con la totalidad de la tierra prometida, el cual proviene del hecho de que D’s la dio en herencia a nuestros antepasados y a nosotros y nos ordenó poblarla. Salvo algunos embajadores, por ejemplo, Tzipi Jotoveli en el Reino Unido y Dror Ider en Italia, nuestros representantes no citan versículos del Tanaj en los cuales HaShem le prometió la tierra de Israel al pueblo judío, ni tampoco citan los versículos de los profetas que anunciaron hace ya miles de años el retorno del pueblo de Israel a su tierra para reverdecerla y traer la bendición al mundo entero.

El Tanaj es el libro más importante y conocido del mundo. Nuestros representantes podrían basarse en él para expresar la dimensión milagrosa del cumplimiento de las palabras de los profetas. En vez de ello hablan de seguridad y de la disposición a realizar concesiones sin brindar respuesta alguna al argumento central que esgrimen los árabes en nuestra contra, que vinimos de tierras extrañas y desposeímos a los habitantes del país. Sobre una base argumental superficial describen a nuestro conflicto con los árabes en términos de una disputa entre vecinos que puede ser resuelta por medio de una concesión, en vez de explicar al mundo que los árabes musulmanes luchan contra el pueblo de Israel y contra la gran idea de la Torá de Israel, y en gran medida contra todo aquello que no es musulmán.

Quiera HaShem que por el mérito de la festividad de Shavu’ot y el recuerdo de la entrega de la Torá podamos fortalecernos en nuestro estudio de las Escrituras que son aquellas que definen nuestra identidad nacional y nuestra gran misión de asentar todas las ideas divinas en la tierra, y así traer la bendición a nuestro país y al mundo entero. Y que en virtud de ello logremos triunfar en la guerra contra nuestros enemigos y logremos explicarles a las naciones del mundo la justicia de nuestra causa.

La bendición sacerdotal (birkat cohanim)

En estos días, en los que pedimos ayuda al Cielo, nos ocuparemos un poco de las halajot de la bendición de los cohanim que se encuentra en nuestra parashá. En primer lugar, resulta importante explicar que la bendición que le pedimos a D’s no es una que ha de llegar a nosotros de un modo milagroso sino por medios naturales, porque de esa manera podemos captarla de una manera apropiada y a partir de ella seguir avanzando. Sin embargo, cuando somos receptores de un milagro, a pesar de que este nos salve, carecemos de los instrumentos para seguir adelante y por ello, generalmente tras un milagro sobreviene una crisis. Asimismo, aprendimos que las bendiciones que aparecen en la Torá en las porciones de Bejukotai y Ki Tavó han de llegar a nosotros por medios naturales.

De todas maneras, todo lo que hacemos es gracias a la ayuda de D’s, pues también la naturaleza se sostiene por Su intermedio. La diferencia entre lo milagrosos y lo natural es que el milagro implica que de acuerdo con todos los cálculos lógicos deberíamos fracasar y el éxito sobrevino únicamente porque se dio algo completamente imprevisto. Por el contrario, la bendición llega a nosotros por canales naturales cuando según los cálculos lógicos podríamos también haber triunfado, pero podríamos haberlo hecho en mayor o menor medida, y HaShem ayudó a nos viéramos coronados por el éxito en su máxima expresión. La bendición sacerdotal (birkat cohanim), al igual que el resto de las bendiciones de la Torá, se refiere básicamente a que tengamos éxito y obtengamos la bendición por medios naturales.

El precepto

Es precepto positivo de la Torá que los cohanim bendigan al pueblo de Israel, tal como fue dicho: “Habló HaShem a Moshé diciendo: Habla a Aharón y a sus hijos diciendo: Así habréis de bendecir a los hijos de Israel, diciéndoles: HaShem te bendiga y te guarde…” (Bemidbar-Números 6:22-27).

Este precepto aplica todos los días, y todo cohen que es llamado a subir a la tarima de la sinagoga a bendecir al pueblo de Israel y se niega a hacerlo, si bien desde el punto de vista estrictamente legal simplemente dejó sin efecto un mandamiento positivo, se le considera como si hubiera omitido el cumplimiento de tres preceptos de la Torá, pues tres veces se ordena a los cohanim que procedan con diligencia en bendecir a la nación (Tratado de Sotá 38(B), Rambám Hiljot Tefilá 15:12). Incluso si el cohen en cuestión en ese día específico ya bendijo al pueblo de Israel, si en otro minián es llamado a subir a la tarima a bendecir a la congregación -está preceptuado de subir nuevamente para recitar la bendición sacerdotal. Pero en caso de que no lo hiciera, no habrá dejado sin efecto el cumplimiento un precepto positivo de la Torá (Shulján Aruj Oraj Jaím 128:3).

Al llegar el momento del recitado de la bendición sacerdotal, cada miembro de la grey de Israel debe pararse ante los cohanim y dirigir su atención al recitado (Shulján Aruj 128:23). El autor de Sefer HaJaredim (12:18) dice que los israelitas que se paran ante los cohanim en silencio y en completa concentración y responden “Amén” son partícipes del cumplimiento del mandamiento de la Torá de birkat cohanim.

El sitio en el cual deben pararse quienes recitan la bendición

Cuando los cohanim bendicen, los bendecidos deben pararse frente a ellos, tal como fue dicho: “Así habréis de bendecir a los hijos de Israel, diciéndoles” (Bemidbar-Números 6:23). Nuestros sabios aprendieron que la bendición sacerdotal debe llevarse a cabo tal como las personas hablan con sus compañeros, parados unos frente a otros y hablando en voz alta de modo tal que todos los bendecidos puedan oirla.

Quien se para detrás de los cohanim no queda incluido en la bendición, pero quien lo hace a sus lados debe dirigir su rostro hacia estos para así incluirse. Quienes se sientan en las primeras filas de la sinagoga deben medir su ubicación con relación a los cohanim, si están frente a estos o incluso a sus lados pueden permanecer en su sitio y deberán dirigir su semblante hacia ellos. Pero si su ubicación tiende a estar por detrás de los que bendicen, deberán moverse a otro sitio durante la bendición sacerdotal (Shulján Aruj Oraj Jaím 128:24).

Todo aquel que se encuentra de pie frente a los cohanim queda incluido en la bendición y aunque delante suyo estén paradas personas muy altas que se interpongan entre el individuo en cuestión y los que bendicen, o, aunque delante suyo se encuentre una columna que se interponga entre él y quienes bendicen, dado que se encuentra del lado que está enfrentado a los cohanim queda incluido en la bendición.

Pregunta: Quien está parado frente a los cohanim pero les da la espalda, por ejemplo, si está parado bajo el talit de su padre y su rostro está orientado hacia él ¿queda incluido en la bendición?

Respuesta: Quien le da la espalda a los cohanim no queda incluido en la bendición, e incluso quien por causas de fuerza mayor -por ejemplo, porque tuvo que ir al trabajo- no acude a la sinagoga -tampoco queda incluido. Asimismo, mujeres y niños que precisan acudir a la sinagoga quedan incluidos en la bendición que está dirigida a la generalidad del pueblo de Israel. Pero quienes están en la sinagoga mas no tienen el recaudo de pararse con su semblante dirigido a los cohanim -no quedan incluidos en la bendición (Biur Halajá 128:24 en el pasaje que comienza con la expresión ‘אם’).

Un cohen malvado

Pregunta: Un cohen malvado que transgrede la Torá profanando el Shabat, cometiendo adulterio o incurriendo en rapiñas, ¿puede subir a la tarima de la sinagoga para bendecir a la congregación?

Respuesta: También quien incurre en numerosas transgresiones sigue estando preceptuado de cumplir todos los preceptos de la Torá, por lo que un cohen malvado debe bendecir a la congregación, pues la bendición divina no sobreviene por el mérito del cohen, sino que provienen de HaShem que es quien ordenó llevar a cabo la ceremonia de la bendición. Solamente en caso de que el cohen incurriera en pecados que afectan su estatus sacerdotal, por ejemplo, si matara a alguien, desposara a una mujer divorciada o se impurificara por contacto o cercanía con un muerto -quedará impedido de bendecir a la congregación.

¿Cuánta harina se debe amasar para que se deba separar la jalá?

Pregunta: Cuando un grupo de mujeres se reúne para amasar y cumplir el precepto de la separación de la jalá ¿cuál es la cantidad mínima de harina que tiene que haber en la masa para que se pueda separar jalá recitando la bendición correspondiente y si debe haber esa cantidad por cada una de las mujeres presentes?

Respuesta: En el caso de harina de trigo común se acostumbra a separar jalá sin recitar bendición alguna por cantidades que van de los 1250 a los 1550 gramos. En el caso de la harina integral se debe separar jalá sin recitar bendición alguna a partir de los 1450 gramos y se debe hacerlo recitando la bendición correspondiente a partir de los 1650 gramos (ver Pninei Halajá Kashrut 11:6). Esto se debe a que el precepto de la jalá recae sobre la masa que se acostumbraba a amasar en la generación del desierto, tal como fue dicho: “De la primicia de vuestras masas (arisoteijem), una hogaza habréis de separar; cual ofrenda” (Bemidbar-Números 15:20). “Arisá” es la masa que se solía elaborar a partir del maná que caía en el desierto cada día para cada persona, y su volumen era de una décima parte de efá per cápita, tal como fue dicho (Shemot-Éxodo 16:36): “Y el Omer es una décima parte de efá” (Tratado de Eruvín 83(B)). Pero una masa que tenga un volumen inferior a esto carece de importancia y está exenta del precepto de la separación de la jalá.

Una décima de efá es el volumen de cuarenta y tres huevos y un quinto, esto es, 2.16 litros (un huevo equivale a 50 centímetros cúbicos), y a priori es bueno redondear la cuenta llevándola a 2.2 litros. La harina se mide antes de que se forme la masa al mezclarla con agua y sin que se le agreguen sal ni condimentos. A los efectos de ser precisos con la cantidad de harina es preciso medirla con recipientes que posean marcas de volumen. En caso de que no resultara posible medir el volumen de la harina, será posible recurrir a la medición por medio del peso, pero como ello depende del grado de la aglomeración de las partículas, este recurso resulta dudoso ya que a veces la harina poseedora del volumen que la vuelve pasible de la separación de jalá pesa más y en otras oportunidades pesa menos. Por lo tanto, es preciso establecer dos medidas, una para el deber de separación de la jalá sin el recitado de bendición y otra para el deber de la separación con el recitado de la bendición correspondiente.

La condición para la separación de la jalá de una masa común a varias mujeres

Cuando varias mujeres amasan juntas y cada una posee una masa propia de la cual elabora hogazas de pan para sí, aunque la masa común tuviera un volumen que requiere de separación, dado que las mujeres se la reparten, los diferentes pedazos no se suman para alcanzar la cantidad requerida, y mientras esta cantidad no esté a disposición de cada una de las participantes -no podrán cumplir con el precepto de la separación. Y aunque hornearen todas las hogazas simultáneamente en un mismo horno, mientras que cada mujer pueda reconocer su hogaza particular y tenga el recaudo de llevársela consigo, los panes no se sumarán para llegar a la cantidad requerida.

Por lo tanto, aquellas mujeres que desean hornear juntas panes o pasteles para poder cumplir con el precepto, y ninguna posee por separado la cantidad mínima necesaria para que aplique el deber de la separación de la jalá, deben tener el recaudo de ser socias plenas en todos los panecillos o pasteles hasta el final del horneado, de modo tal que no se pueda diferencias a quién pertenece cada pieza. Solamente después del horneado cada una habrá de llevarse un pan o un pastelillo al azar, esto es, que no haya señal alguna de que tal o cual pieza sea la suya, y así, al finalizar el amasado cada una podrá separar jalá para todas.

Pero si una de las presentes trenza un panecillo con una forma especial y tiene el cuidado de llevárselo posteriormente, dado que previo al horneado se repartieron las masas, estas no se suman.

La separación de jalá en un jardín de infantes

Asimismo, una maestra jardinera que hornea jalot para Shabat con sus alumnos y cada uno de ellos amasa su propio panecillo y le pega su nombre, las jalot no se suman. Para que sí lo hagan, es preciso que hasta el final del horneado todos los panes sean iguales sin que se les adhieran los nombres de los niños. En un caso así la maestra jardinera podrá recitar la bendición por la separación de la jalá, y tras la finalización del horneado las piezas serán repartidas entre los niños, y entonces, si así lo quisieran, podrán adherirles etiquetas con sus nombres.                          

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