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El concepto de la unidad en el pensamiento del Rav Kuk

  • El exilio y la distancia geográfica crearon diferentes maneras de servir a D’s que se dividen y disgregan al grado de tornarse hostiles una con la otra.
  • El Rabino Abraham Ytzjak HaCohen Kuk, de bendita memoria, propuso un enfoque unitario que de cabida a todas estas diferentes maneras de labor espiritual y propuso una que las incluya a todas, paralelamente con la renovada reunión de todos los judíos en la tierra de Israel.
  • Su singular óptica encontró también lugar para los movimientos seculares que se extendieron en el pueblo de Israel, acercándolos así al seno del judaísmo más que aquellos que los rechazaron a dos manos.

Desde el Cielo le fueron concedidas enormes habilidades, virtudes sin parangón y un alma superior capaz de conectarse con la raíz de la Unicidad. Así, con genio y profundidad, a través del estudio concienzudo y la amplitud de criterio, logró incluir a todos los métodos de labor espiritual y captar su raíz, ver que unos complementan a otros y reconocer claramente el sitial particular y apropiado de cada uno de ellos, de modo tal que puedan brindar su aporte con plenitud sin afectar negativamente a las demás doctrinas.

 

Nuestro maestro el Rav Kuk era una persona realmente especial e ideó una doctrina ordenada que da lugar a todos los métodos espirituales y a todas las formas de estudiar Torá. Esa es la virtud de la Torá de la tierra de Israel, ya que en ella se revela la luz de la Unicidad Divina, y todas las tribus de Israel se unen en esta para fecundarse mutuamente e irradiar la Palabra de D’s por el mundo. Sobre esto, nuestros sabios dijeron (Tratado de Sanhedrín 24(A)) que los estudiosos de la Torá de la tierra de Israel son denominados ‘No’am’ (agrado), ya que se deleitan o agradan unos a otros en el estudio de la Halajá y no se pelean dura e inflexiblemente como lo hacen los eruditos de la diáspora. Este enfoque es esencial a los efectos de retornar en arrepentimiento y llegar a un estado de cosas en el que la Torá se revele en la plenitud de su luz a todo el pueblo de Israel.

La división que impera en el exilio

En el extranjero, cada comunidad debía fortalecerse y sobrevivir frente al odio y las influencias extrañas que amenazaban con destruirla, y precisaba definir o idear un estilo propio que le sirviese para enfrentar las adversidades específicas de un determinado lugar. Con el correr del tiempo y en virtud de lo prolongado del exilio a cada comunidad le pareció que su estilo particular de proceder, incluidos su acento y sus vestimentas, son el judaísmo puro o verdadero. Cada comunidad consideraba a sus rabinos como los líderes espirituales de toda la diáspora. Eso pensaban en Lituania, Polonia, Hungría, Ucrania, Marruecos, Tunes, Argelia, Libia, Alepo, Egipto, Irak y el Yemen. De repente, por efecto de la bondad generosa de HaShem, se reunieron todas las comunidades en la tierra de Israel junto a todas las eminencias de la generación y todos los líderes de la diáspora debieron arreglarse los unos con los otros.

Si bien en principio es por todos sabido que hay otras comunidades, y que cada costumbre posee un sitial y un pórtico propios, de todas maneras, a cada grupo le parece que en realidad todos los demás deberían proceder como ellos, ir por su camino que es el mejor y el más excelente de todos. Así, los provenientes de Lituania están seguros de que su forma de estudio analítica es la única para estudiar realmente la Torá y todos los judíos deberían hacerlo tal como ellos y aceptar su liderazgo. Muchos de los judíos provenientes de países orientales y del Norte de África entienden que el estilo de estudio orientado a la dilucidación de la halajá por medio de un razonamiento lineal, similar al de los grandes rabinos sefaradíes y entre ellos el Beit Yosef, es el método apropiado para todo el pueblo de Israel. Los jasídicos entienden que el camino de labor espiritual que revelaron los justos alumnos del Baal Shem Tov de servir a D’s con entusiasmo y alegría, apego a los grandes maestros y estudio de la doctrina jasídica – es la vía adecuada a través de la cual llegará la redención, y que lo correcto sería que todos los judíos adhiriesen a su movimiento. Muchos de ellos agregan que lo mejor es que cada judío adhiera al camino particular del fundador de su grupo jasídico particular, que es el continuador verdadero del Baal Shem Tov. Hay quienes se conducen a través de la Kabalá del Arí Z»l y del Ben Ish Jai, y a su entender la redención llegará por medio del estudio de los secretos de la Torá y la intencionalidad meditativa en el rezo, y que incluso quien no ha alcanzado a penetrar los secretos Divinos, igualmente corresponde que se conduzca según las prácticas de los sagrados kabalistas. Otro tanto ocurre con los judíos yemenitas, quienes preservaron su legado con exactitud y esmero. Ellos entienden que así deberían proceder todos los demás, especialmente, dado que ellos siguen los dictámenes halájicos del Rambám, el gran rabino de todo el pueblo de Israel.

La raíz de la división entre las congregaciones y las comunidades

Las profundas diferencias generan una gran distancia entre los grandes maestros de Israel, mayor a la que existió en su momento entre las escuelas de Hilel y Shamai (ver Tratado de Eruvín 13(B)), al grado de que a pesar del amor y el respeto que los verdaderos estudiosos se profesan unos a otros, no resulta posible que estudien y resuelvan juntos las cuestiones de actualidad que se nos presentan. El estilo de estudio y los supuestos sobre los que este se basa son tan diferentes que no resulta posible que los grandes rabinos del pueblo judío provenientes de los diferentes sectores mantengan un diálogo real. Solamente en situaciones difíciles y angustiosas, resulta apenas posible reunirlos para una discusión de tipo política sobre un tema acuciante. Este es un gran obstáculo para la manifestación de la Torá en nuestros días.

Hay quienes equivocadamente piensan que la distancia y la disgregación entre las congregaciones y las comunidades se deriva de distintos defectos de carácter tales como el orgullo y la parcialización. Sin embargo, las profundas diferencias en el modo de estudiar la Torá son aquellas que generan la división. Unos ponen el énfasis en el debate lógico y otros en el ordenamiento del tema de estudio, unos analizan y otros recitan, unos gritan en el rezo y otros cantan, unos se extienden y otros abrevian, unos se conducen en la sinagoga con gran seriedad y otros comen y beben alcohol en su interior. A todo esto, se le sumó un grave problema y es que en virtud de aferrarse a la tradición defensiva de la vida en el exilio hay quienes niegan el valor de la ciencia, que es también una sabiduría Divina, otros niegan el valor del trabajo, el cual es también preceptivo, y otros niegan los preceptos de habitar la tierra de Israel y servir en el Ejército de Defensa de Israel. A estas profundas diferencias se le suman ‘pequeños zorros’ (personas astutas) de conducta condenable que generan disputas. Al final de cuentas, a consecuencia de las grandes diferencias de perspectiva de mundo, no se genera un enriquecimiento mutuo entre las diferentes partes de la Torá ni entre los diferentes sectores de lo cual resulta que los miembros de cada grupo están convencidos de que Moshé Rabenu, de bendita memoria, y todos los sagrados maestros tanaítas y amoraítas se conducía exactamente tal como ellos lo hacen. Por ello, si bien en cada sector hay personas justas que respetan a los demás eruditos del pueblo de Israel y oran por la unidad, las grandes diferencias internas se mantienen en pie y provocan que de tanto en tanto surjan duras discusiones.

Mientras no se encuentre el modo de unir lo bueno de cada uno de los métodos y cada una de las tradiciones junto a todos los preceptos asociados al deber de poblar la tierra de Israel en la plenitud de su alcance, incluidas las cuestiones de seguridad, economía y ciencia, no resulta factible resolver el grave problema de la desunión y continuaremos llorando en las penumbras por la menguada luz de la Torá.

La perspectiva unitaria en el pensamiento del Rav Kuk

En un acto de generosidad de D’s para con Su pueblo, junto con el inicio de la reunión de los exiliados, nos envió también a nuestro maestro el Rabino Abraham Ytzjak HaCohen Kuk, de bendita memoria, a los efectos de iluminar para nosotros el camino de la Torá de la tierra de Israel. Desde el Cielo le fueron concedidas enormes habilidades, virtudes sin parangón y un alma superior capaz de conectarse con la raíz de la Unicidad. Así, con genio y profundidad, a través del estudio concienzudo y la amplitud de criterio, logró incluir a todos los métodos de labor espiritual y captar su raíz, ver que unos complementan a otros y reconocer claramente el sitial particular y apropiado de cada uno de ellos, de modo tal que puedan brindar su aporte con plenitud sin afectar negativamente a las demás doctrinas.

Sefaradíes y ashkenazíes

Por ejemplo, en su importante artículo «A las dos Casas de Israel» (Maamarei a Raaiá pág. 45) analizó las diferencias entre el estilo de estudio ashkenazí que tiene al análisis lógico como su centro y el sefaradí que pone énfasis en el ordenamiento de las leyes y su análisis sistemático. Allí, el Rav explicó ampliamente en qué medida el pueblo de Israel precisa de ambas ‘Casas’, y demostró cómo corresponde que en la tierra de Israel puedan fecundarse unos a otros y generar así una construcción más sofisticada y esplendorosa.

Los diferentes libros de fe

Por lo general cada grupo o sector se dedica a estudiar únicamente aquellos libros que son cercanos a sus enfoques, y así, no es dable encontrar una yeshivá jasídica en la que se estudien ‘La guía de los Perplejos’ o los libros del Ramajal y demás comentaristas de la fe por medio del raciocinio. Los seguidores del Rambám no estudian jasidismo. Los cabalistas de veta sefaradí no estudian libros jasídicos o del Ramajal, y los jasídicos no estudian los libros de cabalá sefaradí. Hay quienes se dedican al estudio del Tanaj sin profundizar en los libros de fe, y hay quienes profundizan en estos libros pero no se dedican al estudio del Tanaj. Y también en el ámbito del estudio del Tanaj existen varias corrientes.

Nuestro maestro el Rav Kuk, de bendita memoria, nos enseñó un camino para incluirlo a todo, y más aún, explicó que justamente por medio de un estudio completo y comprensivo de todos los libros – la luz de la fe brillará por toda la tierra. Tal como escribió en su introducción al libro «Adar HaYakar», es preciso estudiar todas las áreas del pensamiento y la fe judíos comenzando por las palabras de nuestros sabios talmúdicos de bendita memoria, y de allí ‘dirigirse hacia todas las líneas de luminosidad que se desprenden y continúan en el fluir de las generaciones… por ejemplo, desde los libros de Rabí Saadiá Gaón, Rambám, pasando por ‘El Cuzarí’, ‘El Deber de los Corazones’, ‘El Libro de la Akedá’, ‘Los Fundamentos de la Fe’ y semejantes. De este modo, la línea se prolonga y abarca lentamente hasta los primeros libros de la sabiduría, ‘Las Dos Tablas de la Ley’, el Maharal de Praga y semejantes, para de allí pasar a las obras de las generaciones más recientes, como los libros del Gaón de Vilna y sus discípulos, el Gaón Rabí Zalman  de Liadi y los comentaristas jasídicos y similares tanto de uno como del otro, los libros del Ramajal tales como ‘El Fundamento y la Raíz del Servicio’ y semejantes, y todos los libros que hacen de pasaje o intermedios entre las diferentes épocas hasta llegar a los grandes autores de nuestra generación… y de allí las ramificaciones se extenderán y los ríos fluirán hasta la cúspide del tesoro del pensar y el sentir del pueblo de Israel… que es el libro del Zohar con sus diferentes secciones y derivaciones, conforme a los múltiples métodos o sistemas de los diferentes maestros cabalistas’. ‘Reunir ideas dispersas… extraer de todas ellas herramientas completas… sumar luminosidad a las sendas de nuestro querido pueblo’. Entonces, todos entenderán la dimensión de la misión del pueblo de Israel, que es la de iluminar al mundo con la luz de la Torá y repararlo.

Guemará y Halajá

Asimismo, el Rav Kuk se detuvo en la cuestión de la división surgida entre quienes estudian Guemará y quienes se dedican al estudio de la Halajá. Quienes se dedican al estudio de la Guemará con sus comentaristas tanto medievales como los de las generaciones recientes, nunca llegan a la dilucidación ordenada y final de la norma halájica. Por su parte, quienes se dedican al estudio del Shulján Aruj y sus comentaristas, la responsa y los dictámenes halájicos, al no estudiar en profundidad la cuestión desde su origen en la Guemará y en los juristas medievales no entienden adecuadamente las fuentes de las diferentes opiniones. Por ello, el Rav Kuk propuso la visión de unir el estudio de la Guemará con el de la Halajá por medio de la redacción del comentario ‘Halajá Berurá’ (Halajá Clara) y ‘Berur Halajá’ (Aclaración de la Halajá), conectar el estudio de la Halajá con las raíces talmúdicas y en los sabios medievales por medio de la ampliación de los comentarios del Gaón de Vilna.

A propósito, al comienzo de mis estudios pensé siempre que unir el estudio de la Guemará con el análisis pormenorizado de la Halajá es un principio sagrado que suma bendición, pero no entendí el gran daño que esta división genera. Cuanto más estudiaba, me di cuenta de que en realidad los estudiosos de la Guemará que no llegan al dictamen halájico no analizan como corresponde el objeto de su estudio y no distinguen correctamente entre las lógicas acertadas y las desacertadas. Entendí, que muchos de los estudiosos de la Halajá se equivocan en cuestiones vinculadas al objeto de su estudio por la falta de análisis talmúdico de la que adolecen.

La unidad por medio de la revelación de las luces

La perspectiva parcial de la Torá hizo que muchos de sus estudiosos no vean el móvil positivo de los movimientos idealistas que se alejaron del camino judío tradicional, tales como los socialistas, los liberales, los nacionalistas, los sionistas y los universalistas. Además de la pequeñez de la fe y la escasez de Torá que se vislumbra en sus posturas, causaron que muchos se alejasen de la Torá y los preceptos. Por el contrario, nuestro maestro el Rav Kuk nos enseñó a ver, de acuerdo con la Torá, la luz interior que anida en el seno de cada uno de estos movimientos, y en virtud de ello poder cooperar en aras de la concreción de todos los ideales, para que en su más encumbrado nivel se materialicen por medio de la superación en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos.

Lamentablemente, hay quienes en vez de contemplar la luz, en todos los movimientos que no son jaredim solamente ven oscuridad y maldad que proviene de una agenda general que amenaza al carácter judío, a la familia y al país. Por ello, en aras de salvar al mundo de la destrucción luchan sin cuartel contra todas estas corrientes. Recemos para que la luz de la Torá que fue revelada por nuestro maestro el Rav Abraham Ytzjak HaCohen Kuk, aquel que veía luces, los corrija y los devuelva a la senda correcta.

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