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La liberación del sometimiento a los ídolos

  • La extensión del camino y la intensidad de los sufrimientos son proporcionales a la trascendencia de la misión. Por ello, el pueblo de Israel tuvo que pasar por el duro exilio egipcio en su camino a la revelación de la Divinidad.
  • A los efectos de preparar al pueblo de Israel para salir de su subyugación en Egipto y abandonar la fe idólatra, HaShem le ordenó que sacrifique la ofrenda de Pesaj, para que de esa manera cumpla abnegadamente con la peligrosa acción de renegar de los dioses egipcios.
  • También después de salvarse del sometimiento a otra nación, se le ordenó al pueblo de Israel no obrar de ese modo con otros pueblos cuando su poderío nacional se incremente, sino que por el contrario, recibió el mandato de amar al extranjero.

Según la cosmovisión idólatra, en todo el mundo el fundamento constitutivo de la realidad es la fuerza, por eso los paganos valoraban a los poderosos y a los dominadores al tiempo que despreciaban a los esclavos, al grado de casi no considerarlos seres humanos sino propiedad de sus dueños. Sin embargo, HaShem escogió justamente a esclavos pobres y humillados para por su intermedio llevar a cabo la gran revelación.

La extensión del camino y la intensidad de los sufrimientos hasta su concreción son proporcionales a la trascendencia de la misión de revelar la Palabra de HaShem. Tal como dijeran nuestros sabios (Tratado de Berajot 5(A)), la Torá, la tierra de Israel y el Mundo venidero se obtienen por medio de penurias. Esto es así ya que para poder elevarse allende los límites de lo existente es necesario estar dispuesto a sacrificar la existencia ordinaria. Por ello, a los efectos de que el pueblo de Israel pueda realizar la misión de la redención del mundo de su sometimiento y de sus pesares, sus hijos debieron sufrir primeramente todos los tipos de maldad que el ser humano es capaz de perpetrar, tuvieron que experimentar el terror y la oscuridad para luego salir de todo ello con grandes pertenencias. Por lo tanto, se decretó que los hijos de Israel desciendan a Egipto para que así sientan en carne propia el sufrimiento de la esclavitud, y a partir de este puedan revelar los valores de la fe y de la libertad, tal como se le anticipara a nuestro patriarca Abraham en el Pacto entre los trozos (Brit Bien HaBetarim) (Bereshit-Génesis 15:12-14).

El decreto se cumplió, y los hijos de Israel fueron esclavos en Egipto. Sin embargo, HaShem se apiadó de Su pueblo y calculó los cuatrocientos años a partir del nacimiento de Ytzjak, de modo tal que en la práctica la esclavitud comenzó tras el fallecimiento de Yosef y se prolongó por ciento veinte años.

Cuando llegó el momento de su redención, HaShem se reveló ante Moshé, quien se transformó en Su digno enviado tras haber arriesgado su vida en aras de defender a un esclavo judío de manos de su hermano.

En el enfoque idólatra lo principal es la fuerza

El egipcio fue uno de los reinos más grandes e importantes de la antigüedad, y de acuerdo con su cosmovisión pagana la fuerza era el factor más importante. Por ello el Nilo, que era la fuente de la vida del país era una deidad. Otro tanto ocurría en relación con los seres humanos, cuanto más exitosa resultaba una persona en este mundo, más clara era la señal en cuanto a que los dioses estaban de su lado. Por ello, el más fuerte es quien tiene la razón. Y el Faraón, que era el rey más poderoso sobre la tierra, era considerado un dios e hijo de los dioses más potentes. Esta era la actitud que los egipcios tenían para con su monarca, y así se veía él mismo. Tal como dijeran nuestros sabios en la Mejilta: «El Faraón se llamaba a sí mismo dios, tal como fue dicho: »que ha dicho: ‘Mío es el rio y yo mismo lo he hecho’ (Yejezkel-Ezequiel 29:3)«. Asimismo, también dijeron nuestros sabios que el Faraón acostumbraba a hacer sus necesidades mientras se bañaba en el rio para que sus súbditos no supieran que él también precisaba evacuar como un mortal cualquiera (Rashi a Shemot-Éxodo 7:15).

Todo el aparato legal y gubernamental egipcio, incluido el sometimiento de esclavos, estaba basado en una cosmovisión pagana según la cual el Faraón es el hijo de las deidades egipcias y domina a todas las naciones vecinas porque los dioses de los pueblos sometidos se rindieron ante los suyos.

El relato de la resistencia del Faraón

«Y luego vinieron Moshé y Aharón y le dijeron: Así ha Dicho HaShem D’s de Israel: Deja salir a Mi pueblo para que me reverencien en el desierto» (Éxodo 5:1). Esta exigencia implicaba un desafío al gobierno faraónico y a la fe pagana. «Y dijo el Faraón: ¿Quién HaShem para que le haga caso y libere a Israel? No conozco a HaShem y tampoco enviaré a Israel. Y le dijeron: El D´s de los hebreos se nos apareció. Pedimos ir tres días por el desierto y ofrendar sacrificios a HaShem nuestro D´s…», y si desatiendes Su pedido, Él te castigará y te herirá «con la peste o la espada» (ídem 5:2-3).

Cuentan nuestros sabios (Shemot Rabá 5:14) que ese día se celebraba el cumpleaños del Faraón y todos los monarcas acudieron para homenajearlo, trayendo consigo presentes para ornamentarlo con estos. En ese momento llegaron sus siervos y dijeron: Dos ancianos están parados en la entrada del palacio. Les dijo: Que suban. Al subir estos, el rey los miraba y esperaba a que lo ornamenten con obsequios. Sin embargo, ni siquiera lo saludaron. Les dijo: ¿Quiénes sois y qué deseáis? Le dijeron: Somos enviados del Santo Bendito Él. Así ha dicho HaShem: «Deja salir a Mi pueblo para que me reverencie en el desierto». En ese momento se enfureció y dijo: ¿Quién es HaShem para que le haga caso y libere a Israel? ¿Acaso carece de conocimiento, no enviándome una diadema si es que quiere hablar conmigo? Buscó entre sus libros y encontró los nombres de todas las deidades de las demás naciones, pero no encontró al D’s de los hebreos en la lista, el cual según Moshé y Aharón carece de cuerpo y forma. Consultó a todos sus sabios y ninguno de ellos conocía a HaShem.

Cuando escuchó que además el D´s de los hebreos lo amenaza y que si no libera a Su pueblo lo habrá de castigar con la peste o la espada – montó en cólera, ya que, si es poderoso, ¿cómo es posible que los hijos de Su pueblo sean los esclavos más despreciables que hay sobre la tierra? y ¿cómo osa amenazarlo a él y a los poderosos dioses que lo acompañan?

HaShem escogió a esclavos para que sean Su pueblo

Sin embargo, HaShem vio el sufrimiento que padeció Su pueblo en Egipto, escuchó su dolor y su clamor, recordó el pacto que estableciera en juramento con sus ancestros castigando al Faraón y a sus dioses con las diez plagas, hizo salir a pueblo de Israel redimiéndolos de la servidumbre, les entregó la Torá, les ordenó descreer de la idolatría y apegarse a la senda de la moral para reparar el mundo de acuerdo con Su soberanía. «Pues HaShem vuestro D’s es el D’s de los dioses y el Señor de los señores, es un D’s grande, poderoso y reverenciado que no dispensa trato preferencial ni admite soborno. Hace justicia con el huérfano y la viuda, ama al extranjero dándole pan y vestimenta. Y amaréis al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» (Devarim-Deuteronomio 10:17-19).

La fe y la moral están vinculadas entre sí, y son además interdependientes. Así es como se reveló en la salida de Egipto, que a pesar de que el pueblo de Israel estaba compuesto por humildes esclavos, HaShem cumplió con ellos el pacto y el juramento que estableciese con sus ancestros, Abraham, Ytzjak y Ya’akov rescatándolos de Egipto.

Según la cosmovisión idólatra, en todo el mundo el fundamento constitutivo de la realidad es la fuerza, por eso los paganos valoraban a los poderosos y a los dominadores al tiempo que despreciaban a los esclavos, al grado de casi no considerarlos seres humanos sino propiedad de sus dueños. Sin embargo, HaShem escogió justamente a los esclavos pobres y humillados para por su intermedio llevar a cabo la gran revelación. A ellos los sacó de la Casa de la Esclavitud y los llevó al Monte Sinai, ante ellos se reveló entre nubes de pureza y en virtud de Su gran amor les entregó Su Torá y a través de ellos habló a las personas encumbradas de la humanidad en todas las generaciones.

Junto al pueblo de Israel, HaShem sacó también de Egipto a una gran mescolanza de naciones

Cuando los hijos de Israel salieron de Egipto se les sumaron numerosos extranjeros pertenecientes a las clases más bajas, tal como fue dicho: «y una gran mescolanza salió también junto a ellos» (Shemot-Éxodo 12:38). Tal como parece, el motivo para ello fue que vieron que existe un D’s que ama a los débiles y quisieron sumarse a Él. Los mejores de entre estos quisieron apegarse a Su buen camino y los malvados intentaron aprovechar Su fuerza sin cargar con la responsabilidad de revelar la Torá. Estos últimos fueron los primeros en adorar al becerro de oro.

Ofrendar sacrificios a los dioses de Egipto

A los efectos de preparar al pueblo de Israel para su salida del sometimiento a Egipto y la fe en ídolos, HaShem les ordenó sacrificar el Sacrificio Pascual (Korban Pesaj) por cuyo intermedio demostraron que ya no son siervos del reino del Nilo ni de sus deidades sino fieles a HaShem, el D’s de sus ancestros. Los egipcios consideraban que los animales representaban a las divinidades más importantes, y en una situación común, si hubiesen visto a alguien matar una cabra o una oveja lo habrían ejecutado de inmediato. Empero HaShem ordenó al pueblo de Israel que el día diez de Nisán cada familia tome para sí un cordero para ofrendarlo el día catorce y comerlo en la noche del quince ya preparados para partir en el éxodo. Los hijos de Israel debían reforzarse en su fe en HaShem y no temer a los egipcios, guardar en sus hogares el cordero vivo durante cuatro días y degollarlo como ofrenda a HaShem el día catorce, pasado el mediodía, y declarar así públicamente que las fuerzas que los egipcios confirieron a estas sus divinidades no son sino instrumentos destinados al servicio al D’s Único. Esto y más, se les ordenó a los israelitas que asen la carne del cordero hasta que todo Egipto se entere que el pueblo de Israel recibió el precepto Divino de faenar al dios egipcio. Y en caso de que viniesen a verlo, se percatarían de que además los israelitas tuvieron el atrevimiento de untar con la sangre de la ofrenda el marco de la puerta de sus casas.

Solamente después de haber abjurado de la idolatría con entrega y arrojo es posible apegarse a la fe en la Unicidad de D´s, recibir la Torá y reparar el mundo. Por ello, la negación del paganismo es un fundamento del judaísmo, y tal como dijeron nuestros sabios: «Todo aquel que abjura de la idolatría es llamado judío» (Tratado de Meguilá 13(A)). Por ello, el primer precepto que recibieron los hijos de Israel como nación fue el de realizar el Sacrificio Pascual.

El precepto que recibieron previo a su salida

Aun antes de comenzar las diez plagas, «HaShem habló a Moshé y a Aharon y les ordenó a los hijos de Israel» (Shemot-Éxodo 6:13). Dijeron nuestros sabios: «Les ordenó abandonar la idolatría» (Mejilta allí), y «la porción que habla de espantar a la madre de los pichones del nido antes de tomar los huevos» (Talmud Jerosolimitano Tratado de Rosh HaShaná 3:5). O sea, se les ordenó aceptar que una vez que saliesen en libertad, se estableciesen y tuviesen siervos, los habrían de tratar respetuosamente y no abusarían de ellos, y tras seis años los habrían de liberar otorgándoles presentes generosos.

Generaciones después, el pueblo de Israel incurrió en el pecado de la idolatría y tampoco liberaron a sus siervos pasados los seis años de labor, y a raíz de ello sucumbieron ante los babilonios quienes destruyeron el Templo, esclavizaron a los judíos y los exiliaron de su tierra (Yrmiahu-Jeremías 34).

La salida de Egipto y la liberación del sometimiento a la idolatría

La salida de Egipto fue simultáneamente la liberación del cruel sometimiento de los opresores egipcios y la redención de la subyugación a la fe idólatra. Por ello, mientras el pueblo de Israel se reforzaba en su creencia y comía del Sacrificio Pascual, HaShem castigaba duramente a los egipcios y a sus deidades, tal como fue dicho: «Y pasaré en esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todo primogénito tanto humano como animal y castigaré a todos sus dioses, Yo soy HaShem» (Shemot-Éxodo 12:12).

La expresión más clara de la liberación de la cosmovisión pagana es el hecho de que el pueblo de Israel se apegó a la libertad como valor moral, ya que todas las naciones, una vez que logran derrotar a sus dominadores los transforman en sus propios esclavos. Esto es así porque los libertos continúan creyendo en la premisa según la cual es correcto que el fuerte subyugue al débil. Por el contrario, en el caso de los hijos de Israel, una vez que los egipcios fueron derrotados no intentaron dominarlos o someterlos, sino que simplemente salieron en libertad. Por ello, el recuerdo de los días de la esclavitud en Egipto perdura eternamente en el pueblo judío como una enseñanza moral que nos indica cómo corresponde actuar con los forasteros y con los débiles. Tal como fue dicho: «No oprimirás al extranjero ya que conocéis su alma, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» (Shemot-Éxodo 23:9). Esto es así ya que, en la creencia verdadera, la fe y la moral van unidas de la mano.

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