La opinión de quienes detentan una actitud flexible en lo referente a la conversión

La opinión de quienes detentan una actitud flexible en lo referente a la conversión

La aceptación de los preceptos es una anuencia general por parte del prosélito a ingresar a la generalidad del pueblo de Israel, que está preceptuado de cumplir la Torá y observar sus mandamientos.

También en los días del Talmud encontramos prosélitos que no eran cuidadosos en la observancia de los preceptos y a pesar de ello fueron aceptados.

En nuestra generación, el temor a la asimilación es un criterio de importancia que se tiene en cuenta a la hora de aceptar prosélitos.

Si bien hubo rabinos que detentaron posturas más estrictas e instruyeron que no sean aceptados prosélitos que no lleven un estilo de vida observante, de las respuestas mayoritarias surge que, en la práctica, incluso ellos aceptan que la conversión está vigente, aunque el candidato no tenga la intención de vivir como una persona religiosa.

A priori, la aspiración es que todos los hijos de Israel santifiquen el Nombre Sagrado de D’s en público, y que los prosélitos se conviertan en aras de apegarse a HaShem y a su pueblo para cumplir toda la Torá y sus preceptos, y sumarse así al gran ideal de la revelación de la palabra de la palabra de D’s y Su bendición para el mundo.

La pregunta que surge es qué se hace cuando el pueblo judío no alcanza ese nivel, y muchos de sus hijos se debilitan en cuanto a la observancia de los preceptos, establecen vínculos con parejas gentiles y estas últimas están interesadas en sumarse a la nación hebrea e incluso en observar algunos de los preceptos, pero no están dispuestas a llevar un estilo de vida observante. En caso de que estas personas sean rechazadas, sus parejas judías y su descendencia corren el riesgo de asimilarse entre las naciones. En caso de que sean aceptadas, cabe la posibilidad de que con el correr del tiempo las parejas judías vuelvan a cumplir la Torá y los preceptos.

La semana pasada estudiamos la postura de quienes detentan la actitud estricta, la de quienes entienden que la validez de una conversión está supeditada a la asunción de un compromiso por parte del prosélito a llevar un estilo de vida observante, y, de no mediar este, la conversión queda sin efecto. En esta ocasión, vamos a estudiar la postura de quienes detentan la actitud flexible y entienden que la validez de una conversión no depende de la asunción de tal compromiso.

La conversión depende de la identidad judía

Según la opinión de los que detentan la actitud flexible, si bien la conversión requiere de la aceptación de los preceptos, esta es entendida de un modo diferente. La aceptación es la anuencia general del prosélito a ingresar a la generalidad del pueblo de Israel que está preceptuado de cumplir la Torá y sus preceptos, con sus recompensas y sus castigos, tal como está detallado tanto en la Torá Escrita como en la Oral, pero no implica el compromiso a cumplir todos los preceptos. Se trata de una aceptación general de la religión judía, de modo tal que a partir de ese momento si se le pregunta al prosélito en cuestión qué es, responderá: ¡Soy judío!

Pruebas

Esto se desprende de lo que ordenaran nuestros sabios (Tratado de Yevamot 47(B)) en cuanto a hacer saber al candidato a convertirse “algunos preceptos livianos y otros graves”. En caso de que la conversión dependa de que el prosélito se comprometa a cumplir todos los preceptos, habría que habérselos enseñado previamente en su totalidad, pues quizás haya algún mandamiento que no pueda comprometerse a cumplir, tanto sea porque su inclinación instintiva se lo impide o porque no concuerda con este. Sin embargo, alcanza con que conozca la religión judía y desee incorporarse a ella para que pueda convertirse, y esto queda demostrado por el pasaje de la Guemará en el Tratado de Shabat (68 (A)y(B)) que se refiere al caso extremo de un prosélito que no sabía que está prohibido practicar la idolatría y trabajar en Shabat, y por ende, profanó numerosos Shabatot e incurrió en muchos ritos idólatras, ante lo cual los sabios analizaron su caso y dictaminaron que traiga al Templo de Jerusalém una ofrenda expiatoria, y en ningún momento barajaron la posibilidad de dejar sin efecto su conversión.

O sea, la conversión no depende de un compromiso sincero a observar todos los preceptos sino de la aceptación general de la religión judía.

Lo que dijeron los sabios (Tratado de Bejorot 30 (B)) “Un gentil que acepta todas las palabras de la Torá menos una – no es aceptado como converso” se refiere a que si tiene una objeción a uno de los preceptos no debe ser aceptado, pero ello no implica la exigencia de cumplirlos todos en la práctica.

La costumbre de Hilel

Otra prueba de que la conversión no está sujeta o supeditada a la asunción de un compromiso, es la costumbre del anciano Hilel que aceptaba prosélitos que al momento de su conversión declaraban que no observarían todos los preceptos (Tratado de Shabat 31(A)). Un prosélito aceptó cumplir la Torá Escrita mas no la Oral, un segundo prosélito aceptó cumplir solamente la Torá que alcanzase a aprender mientras se mantuviese parado sobre una sola pierna, y un tercero se convirtió en aras de poder ser cohen gadol, sumo sacerdote, y vestir las prendas rituales – lo cual está prohibido por la Torá. A pesar de ello, Hilel los convirtió ya que consideró que con el tiempo progresarían en su judaísmo y aceptarían la Torá.

De esto resulta que, aunque el prosélito no acepte sobre sí la totalidad de los preceptos, su conversión sigue vigente. Si bien los tosafistas (Tratado de Yevamot 24(B)) escribieron que Hilel estaba seguro de que así sería, no resulta razonable pensar que lo hizo recurriendo al espíritu de santidad (nivel bajo de profecía), sino que se basó en su valoración racional o su reflexión (Atzei HaLevanon 63, Prí HaSadé 2:3 y otros).

De igual manera, a los efectos de salvar a judíos de la asimilación, numerosas autoridades halájicas en diferentes partes del mundo judío instruyeron convertir a sus parejas e hijos gentiles a pesar de que resultaba claro que no llevarían un estilo de vida observante.

También en el pasado hubo conversos que no observaban los preceptos

Sin embargo, hubo quienes arguyeron que en el pasado se le podía enseñar al converso algunos preceptos sin exigirle que se comprometiera a cumplirlos todos, porque en esos tiempos todas las personas eran religiosas, y resultaba obvio que tras incorporarse a una comunidad totalmente practicante adoptaría sus costumbres y con el correr del tiempo cumpliría todos los preceptos (Dvar Abraham 3:26). Sin embargo, se trata de un argumento errado, ya que también en el pasado numerosos conversos no cumplían los preceptos como corresponde. Por ello, nuestros sabios dijeron en cuatro diferentes pasajes del Talmud que los conversos “son difíciles para el pueblo de Israel como la psoriasis”, lo cual fue explicado por Rashí del siguiente modo: “Porque persisten en sus antiguas prácticas y los hijos de Israel aprenden de ellos o confían en ellos en cuestiones de halajá en lo referente a lo que está prohibido o permitido ingerir” (en su comentario al Tratado de Yevamot 47(B)), “Porque no son cuidadosos en el cumplimiento de los preceptos y quienes los frecuentan aprenden de sus prácticas” (en su comentario al Tratado de Kidushín 70(B)). Y en ese sentido escribieron también otros sabios medievales (rishonim) a modo de explicación única (Rabí Yeshaiá di Terani, Meiri) o principal (Tosafot, Maharam, Sefer Mitzvot Gadol, Rosh).

Así es como escribió el Rambám (Isurei Biá 13:18) tras ocuparse de una pregunta referida a conversos que practicaban la idolatría: “Por ello dijeron nuestros sabios que los conversos son difíciles para el pueblo de Israel como la lepra, ya que en su mayoría regresan a alguna de sus antiguas prácticas, e inducen al pueblo de Israel al error, y resulta difícil erradicarlas tras su conversión, y de ello aprenderás qué ocurrió en el desierto durante el pecado del becerro de oro, y en Kivrot Hataavá (cuando el pueblo pidió carne) y en las demás pruebas, el vulgo (las naciones que salieron junto a los israelitas, N. de T.) siempre fue aquel que comenzó los disturbios”.

A pesar de todo, hay que aceptar prosélitos

Y aunque esta era la situación, nuestros sabios no instruyeron dejar de recibir prosélitos, porque el temor a no aceptar a uno de quien pudieran nacer grandes justos es mucho más grave que el de aceptar a conversos que en las primeras generaciones no se conduzcan adecuadamente, y tal como escribiera el Rabino Eliahu Gutemacher (Aderet Eliahu Yoré De’á 87), el temor a rechazar a un candidato que debía ser aceptado es mayor que el de aceptar a uno que pudiera regresar a sus antiguas  costumbres, ya que nuestros sabios dijeron (Tratado de Sanhedrín 99(B)) que Timná era una princesa y deseaba apegarse a la simiente de Abraham y convertirse: “Llegó donde Abraham, Ytzjak y Ya’akov y no fue aceptada, luego se transformó en la concubina de Elifaz hijo de Esav. Dijo: ‘Es mejor ser una sierva de esta nación y no una noble en otra’. De ella salió Amalek que afligió al pueblo de Israel”. O sea, el castigo por no recibirla fue que surgió una nación que le provocó al pueblo de Israel más sufrimientos que ninguna otra.

El Rabino Gutemcher añadió (Aderet Eliahu Yoré De’á 85) que, en nuestras generaciones, en las que numerosos judíos aprenden de los gentiles y van por sus caminos, en numerosas oportunidades los conversos son más observantes que sus cónyuges judíos. A propósito, así ocurrió también en los kibutzim, donde los voluntarios que se convirtieron elevaron el nivel de observancia del kibutz y tal como parece, su influencia benéfica se puede percibir hasta el día de hoy.

Según la opinión de numerosas eminencias se debe convertir a los efectos de evitar la asimilación

En las últimas generaciones, a la par del desarrollo de la ciencia, la economía, los valores de la libertad y los derechos humanos, se incrementó notablemente el atractivo de la asimilación. Muchos de los jóvenes dejaron de cumplir los preceptos, y entre estos hubo quienes desposaron parejas gentiles por matrimonio civil. Pocos de entre estos procuraron convertir a sus parejas, pero no tuvieron la intención de llevar un estilo de vida observante. La gran pregunta que se le presenta a los rabinos es si convertir a los gentiles y mantener a sus parejas en el seno del pueblo judío o rechazarlos.

Tras analizar numerosas respuestas, considero que, hasta hace unos cincuenta años, la opinión mayoritaria de los rabinos era que si la pareja del judío está interesada en llevar un estilo de vida únicamente tradicional – corresponde convertirla.

Esta es la opinión del Rabino Shlomó Kluger (Tuv Ta’am Vada’at primera edición 230), del Rabino Eliahu Gutemacher (Yoré De’á 85-86), del Maharsham (6:109), del Rabino Abraham Ytzjak Glik (Responsa Yad Ytzjak 2:256), del Rabino Ya’akov Sapir, del Rabino Tabak (presidente del Tribunal Rabínico de Siguet, Teshurat Shai tomo II 3), del Rabino Meir Simja de Dwinsk (Responsa Or Sameaj 2:32), del Rabino Biniamín Arie Weiss, presidente del Tribunal Rabínico de Chernowich (Responsa Even Yekará III 98).

Asimismo, entre los juristas sefaradíes encontramos al Rabino Muati (Tzuf Devash Yoré De’á 56), al Rishón LeTzión el Rabino Eliashar (Isá Ish Even Ha’Ezer 7), al Rabino Bejor Jazán (Responsa Ta’alumot Lev III Yoré De’á 29), al Rabino Rafael Ben Shim’ón (Nahar Mitzraim Guerim 5), al Gran Rabino de Israel, el Rishón LeTzión el Rabino Uziel, de bendita memoria, y al Rabino Glazner, uno de los principales rabinos húngaros (Kuntres Jakor Davar y sus artículos en Tel Talpiot), amén de otros rabinos de todas las congregaciones del pueblo de Israel.

Esta es la opinión mayoritaria de los rabinos

Si bien hubo también rabinos que adoptaron una actitud estricta e instruyeron no aceptar conversos que no lleven un estilo de vida observante, sin embargo, de la mayoría de sus respuestas resulta que ellos en la práctica, concuerdan en que la conversión de un prosélito que no tiene la intención de ser observante es igualmente válida.

Esta norma se manifiesta en la práctica cuando un converso abandonó a su mujer judía y se negó a concederle el divorcio, entonces, los juristas indicaron que por cuanto que su conversión está vigente la mujer tiene prohibido desposar a otro hombre previo a recibir el guet.

Prueba de la generalidad de sus opiniones

Quienes detentan una opinión estricta esgrimen diferentes argumentos a los efectos de sustentar la idea de que no se debe convertir a gentiles que se encuentren en pareja con judíos, por ejemplo, arguyendo que no se debe aceptar a prosélitos que no tienen la intención de ser observantes, o que no se debe convertir a los efectos de que el prosélito se case, o que tras la conversión no podrán casarse ya que en el pasado mantuvieron relaciones íntimas prohibidas (דין נטען).

Además, en caso de aceptar convertirlos, serán muchos los que se tienten a casarse con gentiles, ya que sabrán que sus parejas serán aceptadas.

De lo antedicho se demuestra que ellos también aceptan que, en la práctica, en caso de que los gentiles en cuestión sean convertidos, la conversión tendrá vigencia, ya que si en su opinión la conversión de quien no habrá de mantener un estilo de vida religioso no es válida, debería ser el único o al menos el principal argumento a esgrimir, ya que es el que define el debate. Entonces, ¿por qué la mayoría de los juristas que detentan la actitud estricta no lo mencionan?

¿A qué se asemeja esto? A un apersona que se asesora con un abogado respecto de la adquisición de un inmueble que según la ley está prohibido vender. ¿Resulta lógico que un experto negocie con el interesado el precio de la propiedad, el estado de las puertas, de la cañería y las direcciones de aire y no le mencione que toda la conversación es inútil ya que no es legalmente posible adquirirla?

De igual manera, esto se asemeja a que un rabino sea consultado si un judío puede o no viajar en Shabat a la Bar Mitzvá de un pariente en una ciudad distante, a lo cual responda que no conviene hacerlo porque ello afectaría el deleite sabático (Oneg Shabat), o porque la llave del automóvil es Muktzé, y no le diga claramente que no hay de qué hablar, ya que la Torá prohíbe viajar en automóvil en Shabat.

 

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