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Un análisis de la postura estricta en lo que refiere a la conversión

Koraj

Un análisis de la postura estricta en lo que refiere a la conversión

La primera mención en cuanto a dejar sin efecto una conversión a raíz de la no observancia de los preceptos por parte del prosélito aparece en la responsa Beit Ytzjak, hace unos cien años.

El compromiso a un cumplimiento absoluto y permanente de todos los detalles de los preceptos no es realista, por ello se debe interpretar que quienes detentan una opinión estricta se refieren a un estilo de vida religioso en términos generales.

La postura de quienes detentan una opinión estricta es sumamente lógica ya que define la conversión en un tiempo en el cual la identidad nacional está desdibujada.

La opinión estricta requiere ser aclarada. ¿Cómo puede el converso comprometerse de modo sincero a cumplir todos los preceptos? ¿Acaso puede asegurar honestamente que no hará sufrir jamás a su prójimo, qué jamás habrá de incurrir en habladurías, qué nunca habrá de tentarse a evadir un impuesto, que bajo ningún concepto habrá de faltar a su estudio de Torá en los tiempos oportunos para ello, qué siempre que pueda habrá de ayudar a su compañero?

 

En columnas anteriores no me había dedicado a analizar pormenorizadamente las opiniones de quienes detentan actitudes estrictas y flexibles en lo referente a la conversión y solamente rebatí el común error de pensar que «todos los rabinos» consideran que, de no mediar un compromiso a cumplir todos los preceptos, la conversión queda sin efecto. Traje como prueba el modo en el cual los grandes maestros de Israel sentenciaban en la práctica, alentando la conversión de los familiares gentiles de personas judías que tenían la intención de mantener un estilo de vida tradicional mas no religioso.

Dado que se trata de una cuestión importante y decisiva y todos los que la estudian pueden influir en su definición, continuaré profundizando en lo referente a las líneas argumentales de ambos bandos, y comenzaré explicando la de los que detentan la actitud estricta.

La opinión de los que detentan la actitud estricta la explicó por vez primera el Rabino Ytzjak Shmelkish (5587-5665, 1827-1905) en su libro de responsa ‘Beit Ytzjak’ (II 100). El Rabino Ytzjak Shmelkish era uno de los grandes sentenciadores halájicos de su generación, ejerció el rabinato en varias comunidades y en el año 5654 (1894) fue nombrado Gran Rabino de Levov, la capital de la región de Galitzia. En sus respuestas se refirió también a problemas nuevos tales como la electricidad en Shabat, y su postura era que, de no mediar una fibra o un alambre incandescente, su uso estaba prohibido por prescripción rabínica, entrando en la categoría de shevut. Esta sentencia fue ampliamente aceptada. Apoyó al movimiento de Jovevei Tzion (amantes de Sion) pero tuvo sus reservas respecto del movimiento sionista, no obstante, sus discípulos y familiares eran activos en el partido «Mizraji» y él jamás expresó su oposición a ello.

Su respuesta respecto a la conversión fue escrita en el año 5636 e impresa en el 5655. Contados años después, ya comenzó a ser citada. Veinte años después, ya había eminencias que siguieron su línea de pensamiento añadiendo elementos propios, como en el caso del Rabino Grodzinski, autor del libro de responsa ‘Ajiezer’. El público jaredí en general adoptó esta postura por completo, al punto que en no pocos libros ni se menciona la postura mayoritaria de los sentenciadores halájicos que le precedieron o la de los que fueron sus contemporáneos. En la última generación casi se ha olvidado que la mayoría de los rabinos que lo precedieron opinaron de un modo diferente.

La opinión del Beit Ytzjak

La gran interrogante surgió en los tiempos modernos, cuando multitudes en el seno del pueblo de Israel dejaron de observar los preceptos, e incluso muchos desposaron parejas gentiles, pero desearon mantener su identidad judía y convertir a sus cónyuges.

Hasta el Beit Ytzjak la pregunta había sido si se permite o no convertir a un gentil cuyo propósito es el de casarse con un judío o si se debe permitirle hacerlo tras su conversión, sobre la base de la ley que habla de «aquel de quien se sospecha que cohabitó con una mujer gentil», según la cual a priori no debe desposar a esta mujer una vez conversa, y a posteriori, si la desposó no está obligado a divorciarse (Yevamot 24(B)). Asimismo, se debatió la cuestión de si se considera un mérito para el gentil el convertirse a pesar de no cumplir los preceptos y ser entonces pasible de recibir castigo por cada transgresión en la que incurra. Sin embargo, en esos días no se sostenía que de no mediar un compromiso honesto de observar todos los preceptos la conversión queda sin efecto.

Tampoco el Beit Ytzjak (II 100) comienza su respuesta con ese tenor. A lo largo de la mayor parte de esta analiza preguntas anteriores, pero en el inciso 9 pone por primera vez en escena la idea de que si el prosélito no tuvo sinceras intenciones de observar la totalidad de los preceptos su conversión queda sin efecto. En un inicio duda, pero finalmente define que esa es la norma a aplicar. Sobre esto escribió: «Según esto, los prosélitos de la actualidad, que en virtud de nuestras numerosas transgresiones se convierten en Alemania a sabiendas de que tras la conversión no se conducirán como judíos piadosos, sino que cohabitarán con mujeres en estado de impureza y comerán alimentos prohibidos… no se los considera conversos».

El origen de esta postura

Su razonamiento fue el siguiente: así como los hijos de Israel se transformaron en una nación por medio del pacto que establecieron con D’s en el Monte Sinai y a través de su consentimiento a aceptar la totalidad de la Torá al expresar «Haremos y entenderemos», de igual manera el prosélito ingresa al pacto entre HaShem y el pueblo de Israel por medio de la aceptación de los preceptos. En caso de no aceptar cumplirlos, su conversión queda sin efecto. Esto lo aprendió de lo que dijeran los sabios (Tratado de Bejorot 30(B)): «Un gentil que acepta todas las palabras de la Torá menos una – no es aceptado». Y Rabí Yosei hijo de Rabí Yehudá dice: «Incluso si no aceptó sobre sí alguna de las reglamentaciones de los sabios» (la explicación más aceptada a esta Guemará es que se trata de la aceptación a priori de todos los preceptos, sin abjurar de ningún de estos, pero no de un compromiso personal a cumplirlos).

Respuestas a preguntas de quienes detentan la actitud estricta

Hubo quienes argumentaron contra esta línea de pensamiento y dijeron que estudiamos en la Guemará (Tratado de Shabat 68(a) y (B)) respecto de prosélitos que ignoraban la existencia de una prohibición de rendir culto a ídolos y del precepto del Shabat, motivo por el cual incurrieron en idolatría y profanaron el día sagrado, ante lo cual surge la interrogante de cuántas ofrendas expiatorias debían traer al Templo. Entonces, si la conversión quedaba sin efecto ante la ausencia de una intención sincera de observar los preceptos, ¡sus conversiones quedaban anuladas y no precisaban traer ofrenda alguna!

La respuesta que dieron sus defensores es que los prosélitos en cuestión se comprometieron a observar todos los preceptos, pero no los conocían, ya que según la Halajá antes de la conversión se le enseñan al candidato solamente algunos de los mandamientos para que no se asuste y por ende desista, ya que tampoco un prosélito justo puede aprender a observar todo de una sola vez (Shulján Aruj 268:2). Sin embargo, se le enseña que existen 613 preceptos, y al aceptarlos se compromete a continuar aprendiendo hasta cumplirlos en su totalidad (Tratado de Yevamot 47(B)). Esta fue su intención, pero en el caso mencionado por la Guemará ocurrió lo que ocurrió y no alcanzaron a enseñarle lo suficiente, por lo que el prosélito siguió rindiendo culto a ídolos y profanando el Shabat.

Hubo también quien preguntó respecto del anciano Hilel, que aceptó a un prosélito que no tenía la intención de observar la Torá Oral, a otro que estaba dispuesto a cumplir solo aquello que pudiera aprender mientras se mantenía parado sobre una sola pierna y a un tercero que se convertía para poder fungir como Sumo Sacerdote en el Templo de Jerusalém, lo cual estaba en clara oposición a lo que indica la Torá (Tratado de Shabat 31(A)). La respuesta que dieron a ello fue de acuerdo con lo que explicaron as Tosafot (Yevamot 109(B) ‘רעה’): «Hilel sabía que al final se volverían conversos íntegros».

La conversión queda sin efecto de no mediar la intención de observar todos los preceptos

El Beit Ytzjak añadió, que, aunque previo a su inmersión en la mikvé el prosélito exprese su intención de cumplir todos los preceptos, si no es lo que pensó para sus adentros, su conversión queda sin efecto, porque en esta cuestión la intención del corazón es el factor determinante. Si bien en lo referente a la negociación entre personas se toma en cuenta lo que cada parte declaró y no lo que pensó para sus adentros, ya que de no ser así ningún compromiso interpersonal resultaría obligatorio pues siempre alguien podría argüir que para sus adentros tuvo intenciones diferentes, en el caso de la conversión se trata de una cuestión entre el individuo y D’s, que conoce el pensamiento íntimo del ser humano y por ende, si el prosélito no se comprometió sinceramente a observar los preceptos – su conversión no es válida. Esto y más, aunque el prosélito sostenga que tuvo la seria intención de observar los preceptos, mientras quepa concluir que por sus condiciones de vida muy probablemente no pueda cumplirlos, o si en la práctica tras la conversión no los observó – esta queda sin efecto.

Preguntas respecto de la aceptación de «todos los preceptos»

La opinión estricta requiere ser aclarada. ¿Cómo puede el converso comprometerse de un modo sincero a cumplir todos los preceptos? ¿Acaso puede asegurar honestamente que no hará sufrir jamás a su prójimo, qué no habrá de incurrir jamás en habladurías, que nunca habrá de tentarse  a evadir un impuesto, que bajo ningún concepto habrá de faltar a su estudio de Torá en los tiempos oportunos para ello, qué siempre que pueda habrá de ayudar a su compañero?

Si bien es posible argüir que el prosélito se compromete a procurar observar todos los preceptos, queda aún por aclararse que significa ‘procurar’. Pues resulta claro que si ha de esmerarse con todas sus fuerzas logrará cumplir más preceptos, y en caso de esforzarse menos – habrá de pecar más. Cabe preguntarse, ¿a qué medida de esfuerzo debe comprometerse el prosélito para que la conversión mantenga su vigencia?

Tiempo de cumplir el compromiso

Surge también otra pregunta. Estudiamos que no se le enseñan al prosélito todos los preceptos previo a su conversión, sino que únicamente se le «hacen saber algunos preceptos leves y algunos preceptos graves… y no se lo agobia (ein marbim alav) y no se entra con él en detalles (ein medakdekim)» (Shulján Aruj Yoré Deá 268:2). O sea, no es posible que inmediatamente después de la conversión el prosélito cumpla todos los preceptos porque aún desconoce cómo hacerlo. Por ejemplo, sin estudiar concienzudamente las leyes de Shabat, resulta que habrá de profanarlo, y todos coinciden en que previo a la conversión no se le enseñan todos los detalles de las diferentes halajot.

Empero según la opinión estricta, el prosélito, tras su conversión, debe estudiar todos los preceptos y cumplirlos. La pregunta que surge es ¿en cuánto tiempo debe comprometerse a aprenderlos y a observarlos en su totalidad? De ser a la mayor brevedad posible, entonces el tribunal debe establecer para cada prosélito un plan de estudio individualizado adaptado a sus capacidades, y en caso de que no se comprometa sinceramente a hacerlo – la conversión quedaría sin efecto. Pero como no se fija un plazo, ¿acaso la conversión sigue vigente si el prosélito tiene la intención de avanzar a lo largo de cien años hasta llegar a cumplir todos los preceptos, y hasta ese entonces no habría de cumplir muchos de estos?

Los preceptos que diferentes sectores no cumplen

Además, hay preceptos que sectores enteros del pueblo de Israel son negligentes en su observancia: hay comunidades que no son cuidadosas en el cumplimiento del precepto de habitar la tierra de Israel y servir en el ejército, que son preceptos que equivalen en importancia a la sumatoria de todos los demás mandamientos de la Torá. Otras congregaciones son negligentes en establecer tiempos fijos para el estudio de la Torá, para rezar con minián y para las reglas de recato instauradas por nuestros sabios. Y hay también sectores que tienden a pecar en el avivamiento de disputas y en la difusión del odio gratuito.

Si según la opinión de los partidarios de una actitud estricta el prosélito debe comprometerse a cumplir en la práctica todos los preceptos, resulta que todo converso que se sume a cualquiera de los sectores y proceda según sus usanzas, en opinión de los miembros de las otras comunidades su conversión carecerá de vigencia.

Debemos explicar a qué se refiere el concepto de «un estilo de vida religioso»

Forzosamente, debemos interpretar que según la opinión estricta el prosélito debe comprometerse a llevar un estilo de vida observante tal como es común en alguno de los sectores religiosos o jaredím, en los cuales los preceptos más característicos son el Shabat, la Kashrut, la pureza familiar, el rezo, las bendiciones, usar kipá para los hombres y la vestimenta habitual entre las señoras religiosas para las mujeres. Si bien en un inicio el prosélito no logrará cumplir estos y otros preceptos en todo sus detalles, dado que se comprometió honestamente a llevar un estilo de vida observante – su conversión es válida.

La lógica de la postura estricta

A pesar de que la postura estricta carece de bases sólidas en la Guemará y en la tradición de la jurisprudencia rabínica, goza de gran lógica. En el pasado, la identidad religiosa de la persona era sumamente definida. Existía una enorme diferencia entre un judío y un gentil, y si bien había hijos de Israel que incurrían en numerosas transgresiones, siempre y cuando no se convirtieran a otra religión, resultaba claro que eran judíos. Esto se manifiesta en su estatus legal, en sus áreas de residencia, en su indumentaria y en su lengua, y por supuesto, en sus costumbres religiosas. En la era moderna, a raíz de que se les concedieron derechos legales a todos los seres humanos, y en virtud de las enormes olas migratorias, la identidad nacional se vio desdibujada al grado de que resulta difícil decir que por el hecho de que una persona acepte ser judía y se comprometa a observar los preceptos, cambia en efecto su identidad. Ya que, si en los hechos no va a observar los preceptos, queda tal como era sin que ocurra cambio alguno.

Así, «la aceptación de los preceptos» que en el pasado significaba la aceptación básica de la religión judía, fue interpretada o entendida como un compromiso absoluto a observar todos los preceptos. Gracias a la lógica que encierra esta postura, numerosos rabinos la adoptaron. Algunos de estos añadieron (Ajiezer 3:26) que, aunque durante el acto de la conversión el prosélito piense que no cumplirá determinado precepto, incluyendo la profanación del Shabat a los efectos de ganarse el sustento, siempre y cuando se comprometa en términos generales a mantener un estilo de vida observante, su conversión será válida.

En un próximo artículo expondré la postura de quienes detentan una actitud flexible e intentaré profundizar en la explicación de su postura.

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