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Sobre el permiso del Rabino Moshé Fainstein para la realización de inseminación artificial

BALAK 2022

Sobre el permiso del Rabino Moshé Fainstein para la realización de inseminación artificial

 

El Rabino Riskin contó la siguiente anécdota sobre el Rabino Fainstein.

Incluso después de que su esposa, la Rabanit Fainstein, le rogara que se retractase del permiso que diera para la realización de inseminación artificial en virtud de las amenazas de las que fuera objeto por parte de extremistas, los cuales también efectuaron quemas públicas de sus libros, el Rabino Fainstein se negó a hacerlo en virtud de su preocupación por el bienestar de las mujeres que padecen de dificultades para poder quedar embarazadas.

Aunque un hijo no vaya por la senda del bien y no honre a sus padres como corresponde, no se le debe privar de una parte igual de la herencia junto al resto de sus hermanos.

«¡Rabí!», le dije, «me disculpo por la molestia, pero se trata de Torá y preciso aprender. Se que soy un pequeño que se inmiscuye entre grandes en un tema que no es de su incumbencia, pero anoche estuve en la casa del Rabino Soloveichik cuando la Rabanit Fainstein lo llamó por teléfono y no pude evitar escuchar su dolor y su sufrimiento». Y yo también lloré. «Ellos queman sus libros, enloquecen a su esposa, ¿por qué mejor no se retracta?»

 

Antes de Pesaj, tuvo lugar en Efrat una reunión nocturna con motivo de la culminación del estudio de la colección «Pninei Halajá». Tuve el mérito y el privilegio de que el rabino titular de esa ciudad durante décadas y fundador de la red educativa «Ohr Torah Stone», el Rabino Shlomo Riskin Shlita, participara del evento con la intención de reforzar mi postura halájica. Para ello, les contó a los presentes un testimonio personal sobre dos de las grandes eminencias del mundo de la Torá de la generación pasada, su maestro y rabino el Rav Soloveichik (5663-5753, 1903-1993) y su rabino el Rav Moshé Fainstein (5655-5746, 1895-1986). Ambos eruditos estaban emparentados entre sí, la madre del Rabino Soloveichik era prima del Rabino Fainstein. Sus posturas diferían levemente, el Rabino Soloveichik apoyaba al movimiento Mizraji al tiempo que el Rabino Fainstein simpatizaba con Agudat Israel.

Pedí al Rabino Riskin que escribiera el relato de lo acontecido para poder transmitirlo con exactitud, y he aquí que lo presento ante ustedes:

El sufrimiento de la Rabanit Fainstein     

«Tras haber tenido el privilegio de estudiar durante siete años y recibir la ordenación rabínica de mi maestro, el Gaón Rabino Yosef Dov HaLevi Soloveichik, de bendita memoria, y tras haber comenzado a fungir como profesor en la Yeshiva University y como rabino de una sinagoga de personas que regresan a la práctica religiosa (jozrim bitshuvá) en un nuevo barrio de New York, comprendí en qué medida me resultaba indispensable el poder sentarme junto a mi maestro y rabino a los efectos de recibir su guía y asesorarme con él. El Rav Soloveichik accedió a reunirse conmigo en su apartamento de los dormitorios estudiantiles de la Yeshiva University todos los jueves por la noche previo a su viaje de regreso a su lugar de residencia en la ciudad de Boston.

En una de esas noches de jueves, estando reunido con el Rav, sonó el teléfono. Fue el rabino quien atendiera, pero de todas maneras no puede no escuchar y reconocer la voz que hablaba del otro lado de la línea. Me di cuenta de que se trataba de la Rabanit Fainstein. Ella lloraba y le suplicaba al Rabino Soloveichik, que por ser alguien a quien su marido el Rabino Fainstein quería y respetaba tanto sería la única persona capaz de convencerlo de retractarse de la autorización que diera para la realización de procedimientos de inseminación artificial.

Ella le contó cómo los jaredim extremistas quemaban los libros de su marido en los barrios ultraortodoxos de Brooklyn y llamaban por teléfono a la casa de la familia Fainstein a todas las horas de la noche, pronunciando maldiciones y epítetos.

Escuché cómo el Rabino Soloveichik intentó calmarla y le prometió que se esforzaría por convencer al Rabino Fainstein de que se retractara del permiso que había concedido. Sin embargo, a continuación, me dijo que no tenía probabilidad alguna de éxito ya que cuando el Rabino Fainstein estaba convencido del acierto de un dictamen halájico, como en este caso de la inseminación artificial, la cual no implica problema alguno de relación íntima extramatrimonial, este se mantendría inamovible en su postura, ¡y la defendería como un león!

Al día siguiente, el viernes por la mañana, tras una noche en vela por la preocupación y el sufrimiento del Rabino y la Rabanit Fainstein y carcomido por la duda de si correspondía o no que un rabino menor como yo expresara su opinión en semejante cuestión, llegué a la Yeshiva Tiferet Yerushalaim para reunirme con el Rabino Moshé Fainstein.

Pensé que era mi deber de lego en la cuestión intentar convencer al rabino, ya que dos años atrás, por encargo del Rabino Soloveichik, había estudiado con él el dictamen de manchas menstruales, ya que mi maestro deseaba que estudiase allí la sentencia práctica de Halajá. Fue entonces que entendí que ambos rabinos eminentes estaban emparentados y se profesaban un gran respeto y amor mutuos.

A pesar de que no pedí permiso previo para llegar, el Rabino Fainstein me recibió con gran alegría y calidez. «¡Rabí!», le dije, «me disculpo por la molestia, pero se trata de Torá y preciso aprender. Se que soy un pequeño que se inmiscuye entre grandes en un tema que no es de su incumbencia, pero anoche estuve en la casa del Rabino Soloveichik cuando la Rabanit Fainstein lo llamó por teléfono y no pude evitar escuchar su dolor y su sufrimiento. Y yo también lloré. Ellos queman sus libros, enloquecen a su esposa, ¿por qué mejor no se retracta? Después de todo, ellos no le piden una autorización sino solamente mantener en pie el carácter prohibitivo de un procedimiento, perdón Rabí, espero sepa usted disculparme».

El Rabino Fainstein tomó mi mano y me dijo: «Respeto enormemente tu pedido, pero no puedo retractarme. En efecto, ellos queman mis libros, pero, aunque me quemasen a mí mismo, no me retractaría. ¡Se trata de una cuestión de vida o muerte! ¿Acaso te olvidas lo que le dijo nuestra matriarca Rajel a nuestro patriarca Ya’akov: ‘dame hijos, porque si no estaré muerta’? Una mujer que no puede dar a luz se siente morir. ‘¿Tienes idea de a cuántas hijas de Israel les di vida gracias a este dictamen? Desde el punto de vista halájico, la inseminación artificial no implica relación íntima prohibida alguna. No, ¡no puedo retractarme!»

Me retiré de mi encuentro con el Rabino Fainstein habiendo aprendido una pequeña lección de qué es la grandeza y quiénes son los grandes de la Torá».

La autorización del Rabino Fainstein

La autorización indicaba que en caso de que una pareja no pudiera traer hijos al mundo por causa de una deficiencia en la fertilidad del marido, tiene la opción de recibir una donación de esperma de un hombre extraño para que por su intermedio la mujer se embarace. Esto resulta posible en virtud de que no se transgrede ninguna norma en el área de las relaciones prohibidas por cuanto que no hay contacto físico alguno, y, por lo tanto, el bebé resultante es un judío kasher, y en caso de nacer una niña, esta podrá casarse con un cohen (Igrot Moshé Even HaEzer I 10, 71, IV 32:5).

A propósito, una vez vino a mí una pareja con una pregunta similar. La mujer deseaba mucho tener un hijo más. Por su parte, el marido, que amaba a su esposa accedió, pero se sentía incómodo. Me consultaron si estaba permitido realizar ese procedimiento y les respondí que en efecto era posible hacerlo, y agregué que el marido sería considerado el padre de la criatura por dos motivos: en primer lugar, porque de no mediar su consentimiento el niño no podría venir al mundo, y en el segundo, en virtud de lo que dijeron nuestros sabios (Tratado de Sanhedrín 19(B)) de que «quien cría a un huérfano en su hogar se lo considera su progenitor». Cuánto más aun cuando habrá de acompañar al niño desde el momento del embarazo y criarlo desde el primer día de vida, ¡sin duda que se lo considerará su progenitor! El semblante del señor se iluminó y también su mujer se alegró enormemente.

¿Se puede desheredar a un hijo que no honra a sus padres?

Pregunta: Tengo varios hijos, y uno de ellos casi que no viene a visitarme. Aparentemente es su esposa quien ejerce influencia sobre él en ese sentido. Yo esperaría que me honre más, tal como lo hacen mis demás hijos. Soy una persona adinerada, ¿estaría bien que escriba en mi testamento que su parte en la herencia será menor que las de sus hermanos? ¿Acaso resultaría conveniente decir algo así?

Respuesta: Está prohibido discriminar entre los hijos a la hora de dejar la herencia, incluso si uno de ellos se condujese inadecuadamente y no fuese cuidadoso en la observancia de los preceptos (Tratado de Baba Batra 133(B)). Esto es así ya que aunque el hijo en cuestión no fuera bueno, es probable que un nieto que de él provenga sí lo sea. Pero en caso de que el padre lo excluyera de la herencia, el hijo podría amargarse y alejarse del legado familiar con lo cual se incrementaría el temor de que no criase a sus hijos como corresponde.

El amoraíta Shmuel ordenó a su alumno Rav Yehudá que nunca forme parte de un tribunal en el cual se desherede a un hijo, aunque se le retire la herencia a un vástago malo para dársela a uno bueno, y así es como se dictaminó finalmente la halajá (Joshen Mishpat 382:1).

De más está decir que los padres pueden hacer regalos a sus hijos en vida, e incluso, a esos efectos, preferir a aquellos que estén en contacto más regular con ellos. Pero en el caso de la herencia, la cual expresa el vínculo absoluto existente entre padres e hijos, está prohibido hacer diferencias entre los vástagos. Padres que hacen diferencias entre sus hijos a la hora de repartir su herencia, generan entre estos discordia y destruyen la familia. El hermano perjudicado acusará a sus hermanos de que por culpa de sus prácticas aduladoras lo alejaron de sus padres a los efectos de resultar beneficiados a la hora de recibir la herencia, les guardará rencor todos los días de su vida y la familia se verá destruida.

También los hijos a los que el progenitor en cuestión deseó acercar, al final de cuentas se sentirán distantes de él. Puede ser que en un inicio se alegren por su porción mayor en la herencia, pero luego se lamentarán por el desmembramiento de la familia y sentirán rechazo por su padre, ya que el vínculo entre padres e hijos debe ser absoluto y eterno. Esta relación no puede depender de elemento alguno. En caso de que los hijos vean que el nexo depende de honores rendidos o de la adulación hacia los padres, no los recordarán como buenos progenitores sino como personas excesivamente preocupadas por su honor que se conducen con bajeza y rencor incluso con uno de sus críos.

Un hijo que maldice a sus padres

Rabí Shim’ón Ben Tzemaj (Rashbatz) fue consultado respecto de cuál debería ser el castigo de un hijo que maldijo a sus progenitores y llamó ‘bastardo’ a su padre, y si corresponde o no acceder al pedido paterno de desheredarlo (Tashbetz 3:192).

Antes de traer la respuesta, he de referirme brevemente a esta eminente autoridad halájica. Rabí Shim’on Ben Tzemaj vivió al final del tiempo de los sabios medievales o rishonim (5121-5204, 1361-1444). Nació en la isla de Mallorca junto a España y a raíz de los desmanes antijudíos del año 5151 (1391) huyó hacia África del Norte y se asentó en Argelia. Al igual que muchos de entre los grandes eruditos españoles, Rabí Shim’ón fue también médico.

El Rashbatz explicó que, si bien el hijo en cuestión no empleó el Nombre Divino al maldecir a sus padres, que es la más grave de las transgresiones a la que la Torá se refiere en este ámbito, tal como fue dicho (Vaikrá-Levítico 20:9): «Ya que cualquier hombre que maldiga a su padre o a su madre, morir habrá de ser muerto. Su padre y su madre maldijo, su propia pena de muerte ha causado», de todas maneras, una maldición sin el uso del Nombre de D’s implica transgredir una grave prohibición, y al momento de infringirla es denominado «maldito», tal como fue dicho (Devarim-Deuteronomio 27:16): «Maldito es aquel que ultraja a su padre o a su madre», y merece ser proscrito socialmente. Sin embargo, no debe ser desheredado, ya que hacerlo no se condice con el espíritu de las enseñanzas de nuestros sabios. Asimismo, es de esperar y de suponer que con el correr del tiempo habrá de retornar en arrepentimiento y se lamentará el haber procedido de esa manera con sus padres.

Cuando un hijo adopta otra religión

Pregunta: ¿Qué debe hacerse cuando uno de los hijos no observa los preceptos del judaísmo, corresponde desheredarlo?

Respuesta: Mientras que el hijo siga perteneciendo al pueblo judío y detente su legado, de acuerdo con lo indicado por los sabios – no debe ser desheredado. No obstante, en el caso de un hijo que decidió alejarse de su familia y de su pueblo, dado que cortó el vínculo con sus seres cercanos y con la nación de Israel, cabe sopesar el desheredarlo (ver Pninei Halajá Mishpajá 1:30).

Un consejo para los padres

Cabe proponer a los padres que disponen de una abultada herencia para dejar y desean incentivar a sus hijos a continuar la senda de la Torá, que estipulen en su testamento que una parte del dinero se dedique a la educación religiosa de los nietos y los bisnietos, así como también para ayudar a solventar casamientos que se lleven a cabo conforme las leyes de Moshé e Israel.

De esa manera, se incentivará a todos los hijos por igual a educar a sus propios vástagos en el estudio de la Torá, el cumplimiento de los preceptos y la formación de hogares judíos tradicionales. En un caso así, quien no desee proceder de esta manera se perderá el beneficio a conciencia.

 

 

 

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