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Sobre las discusiones, la unidad y cuestiones relativas al 15 de Av – Tu BeAv

EKEV 2023

Sobre las discusiones, la unidad y cuestiones relativas al 15 de Av – Tu BeAv

 

Qué es lo que caracteriza a una discusión en aras de alcanzar la verdad (leshem shamaim) y por qué en un debate de este tipo no se debe anular o restar importancia a la posición del bando opuesto.

El modo oportuno para alcanzar una concesión que resulte satisfactoria para ambos bandos.

El espíritu de unidad que se trasluce en los eventos del 15 de Av.

A diferencia del día de Kipur, el 15 de Av continuó siendo uno en el cual, en la práctica, se celebran numerosos enlaces y eventos de búsqueda de pareja, lo cual contribuye al incremento del amor entre los hijos de Israel.

Cuando una discusión se entabla como corresponde, paulatinamente las posturas se van aclarando y cobrando forma de un modo que resulta útil y beneficioso, y a partir de ello, las partes pueden alcanzar una concesión en la cual cada uno de los bandos logre la mitad de sus anhelos. Si por medio de un espíritu amplio o una “mirada benevolente” (ain tová) las partes logran comprenderse mutuamente, cada una de ellas podrá obtener la mayoría de sus aspiraciones. Esto es, si las partes en disputa logran profundizar en el análisis de las del bando opuesto, podrán aceptar que cada una de las partes reciba aquello que le es más importante, y así resultará que la mayoría o una gran proporción de los deseos de cada uno de bandos encontrados se habrán de materializar.

Una discusión en aras de alcanzar la verdad

Por lo general, cuando surge una gran controversia, se despiertan intensos sentimientos de odio, y en virtud de ellos, muchas personas se asustan y piensan que nuevamente hemos fracasado al incurrir en el odio gratuito que destruyó nuestro a Sagrado Templo y que por lo tanto debemos incrementar nuestras muestras de amor desinteresado (ahavat jinam). Entonces, surge la demanda hacia todas las partes en disputa para que detengan de inmediato la discusión. Otras, organizan actos de declaración de unidad, otras escriben y hablan en contra del disentimiento, que incluye todas las prohibiciones de los preceptos entre el hombre y su prójimo.

Sin embargo, en la práctica, a pesar de las buenas intenciones, el reclamo por amor gratuito o desinteresado (ahavat jinam) y la conmoción por el odio gratuito (sinat jinam) no son aceptados por la opinión pública. Esto se debe a que mientras tiene lugar una disputa, cada bando está convencido de que le asiste la razón, que su futuro depende de ello, y que si D´s no lo quiera el bando contrario saliese airoso en el debate, su mundo se sumirá en ruinas. Por ello, incluso cuando se teme que de mantenerse la disputa en pie ambos bandos habrán de colapsar juntos, esta igualmente continúa, ya que de todas maneras cada uno de los bandos está convencido de que en caso de que gane la facción contraria – todo se verá destruido.

En efecto, la Torá no les exige a las personas ni a los grupos que cedan a sus ideas, pues del hecho de que las defiendan con firmeza surge un gran beneficio en lo que respecta al discernimiento o aclaración de la verdad, y el progreso de la sociedad, y es esta una discusión en aras de alcanzar la verdad (leshem shamaim, lit. ‘en aras del cielo’). Lo que la Torá prohíbe es mantener discusiones que no tienen por cometido alcanzar la verdad (sheló leshem shamaim).

Corresponde agregar, que tampoco resulta justo el exigirle a uno de los bandos que renuncie a su postura, y por ello, mientras su argumento no sea escuchado con seriedad, el sentido de justicia que late en su interior no le permitirá callarse. Si en nombre de la paz se le exige a un bando que renuncie a su postura, ello deteriorará la discusión impulsándola en una dirección problemática, pues en lugar de atenderse sus reclamos puntuales, la polémica se volverá personal y poseerá de un carácter más peligroso aún.

Las características de una discusión en aras de alcanzar la verdad

En el marco de una discusión que realmente procura alcanzar la verdad se sigue queriendo y respetando al bando opuesto, al tiempo que en una que no tiene por objetivo dilucidarla cada bando odia y desprecia al contrario. Una persona que sostiene una mala discusión puede engañarse a sí misma y argüir que en efecto le profesa al otro grupo tanto afecto como respecto, pero ello puede verificarse de un modo muy sencillo. Si la persona quiere al otro bando, desea su bien, y no se alegra en virtud de su fracaso ni le desea la destrucción. En virtud de ello, lo respeta, percibe todas sus cualidades y las valora. Entonces, es también capaz de exponer la postura del otro grupo de un modo honesto, tal que sus adversarios puedan estar satisfechos al escucharla.

Por su parte, en el caso de una polémica que no procura realmente alcanzar la verdad, los bandos en disputa se desprecian mutuamente, no logran percibir las cualidades del contrario ni pueden exponer su postura de un modo honesto, tal que cada opinión u acción del grupo adversario es interpretada de la peor manera, deseándose ver únicamente su fracaso y su padecimiento.

O sea, una disputa en aras de alcanzar la verdad se limita al tema respecto del cual se discute y no se extiende a otras áreas no vinculadas al mismo. Por su parte, cuando la discusión no es en aras de llegar a la verdad, rápidamente se vuelve personal y genera una oposición a todas las posturas del rival. Cuando la discusión es grande, se extiende a la generalidad de la perspectiva de mundo que detenta el grupo contrario. Si este es la izquierda, se sostiene que odian a todos los colonos y a todos los jaredim, desprecian a los tradicionalistas y los oprimen, están divorciados de su identidad judía, se apoderaron del sistema judicial, de la economía, la academia y demás recursos nacionales. Se sostiene que sus hijos sirven solamente en aquellas unidades del ejército que les habrán de proporcionar una ventaja laboral en la vida civil posterior al periodo de servicio y evitan las unidades de combate regulares. Se esgrime contra ellos que no están dispuestos a ceder el gobierno, y por medio de artilugios legales encuentran la manera de desechar la opinión del otro bando y perjudicarla. Si el otro grupo es el de la gente de la derecha, entonces se sostiene que pasan por alto la ley, odian a los árabes y desean transformar al Estado de Israel en un país de apartheid que será rechazado por todas las demás naciones. Si además son también religiosos, entonces odian al público LGTB, a los reformistas, a los fieles de las otras religiones, y si solo habrán de obtener el poder impondrán por la fuerza las leyes de la religión judía y el recato sobre el público secular, dañarán las ciencias, la economía y el ejército. Los últimos judíos seculares que queden deberán financiar con sus impuestos a los estudiantes de los kolelim y a su numerosa prole.

Si bien en todos estos argumentos hay un fundamento de verdad, la exageración es un tipo de mentira, y esta pone de manifiesto que no se trata de una discusión en aras de alcanzar la verdad.

Una discusión en aras de alcanzar la verdad permite una buena concesión

Cuando una discusión se lleva a cabo como corresponde, las posturas se van aclarando y cobrando forma de un modo que resulta beneficioso, y a partir de ello, las partes pueden alcanzar una concesión en la cual cada uno de los bandos logre la mitad de sus anhelos. Si por medio de un espíritu amplio o una “mirada benevolente” (ain tová) las partes logran comprenderse mutuamente, cada una de ellas podrá obtener la mayoría de sus aspiraciones. Esto es, si las partes en disputa logran profundizar en el análisis de las ideas del bando opuesto, podrán aceptar que cada una de las partes reciba aquello que le es más importante, y así resultará que la mayoría o una gran proporción de los deseos de cada uno de los bandos se habrán de materializar.

Por el contrario, en una discusión dura, por lo general cada uno de los bandos obtiene menos de la mitad de sus aspiraciones, ya que cada parte trata de afectar negativamente a la otra, y por ende, en el mejor de los casos, cada bando obtiene algunas de sus aspiraciones, y en el peor, resulta dañado y no obtiene nada.

15 de Av – Tu BeAv

En estos días, resulta muy apropiado dedicarnos al estudio de cuestiones relativas al día 15 de Av. Dijeron nuestros sabios: “No hubo días buenos para el pueblo de Israel como el 15 de Av y Yom Kipur” (Mishná Tratado de Ta’anit 4:8). El Talmud fundamentó esta afirmación en varios motivos (Tratado de Ta’anit 30(B)) y todos ellos están vinculados a eventos que promovieron la unidad y la paz entre las tribus de Israel. Ello implica una reparación del pecado del odio gratuito en virtud del cual fue destruido el Segundo Templo.

Tres eventos vinculados al reforzamiento de la unidad

El primero: en este día se permitió a una mujer que no poseía hermanos varones casarse con el miembro de otra tribu, ya que hasta entonces ello se prohibía para que la parcela que esta heredase no saliese de la jurisdicción de la tribu paterna pasando a la del marido, tal como se dijera respecto de las hijas de Tzlofjad: “Y toda hija que hereda posesión, de las tribus de los hijos de Israel, de un hombre de la familia de la tribu de su padre habrá de ser esposa; para que hereden los hijos de Israel cada uno la herencia de sus padres. Y no podrás traspasar la herencia de una tribu a otra; ya que cada hombre quedará adherido a su herencia en las tribus de los hijos de Israel” (Bamidbar-Números 36:8-9).

El segundo: en este día se permitió a los hijos de la tribu de Benjamín desposar mujeres de las demás tribus, ya que a raíz de la negativa de los benjamitas de castigar a los perpetradores del crimen de la concubina del levita en la localidad de Guiv’á estalló una terrible guerra civil en la cual fenecieron miles de israelitas y la tribu de Benjamín fue casi aniquilada. En el marco de esta guerra y de la animosidad hacia la tribu de Benjamín, los demás hijos de Israel juraron que no les darían sus hijas por esposas, tal como fue dicho: “Y cada hombre de Israel juró en Mitzpá declarando: Nadie de nosotros habrá de dar su hija a un benjamita por esposa” (Shoftim-Jueces 21:1).

Al concluir la guerra solamente quedaron un par de cientos de muchachos de la tribu de Benjamín y para salvarla de la desaparición hubo que encontrar, entre otras cosas, con quién casarlos. Entonces se dispuso que los muchachos de Benjamín habrían de esperar a las muchachas en los viñedos de Shiló, cuando estas acostumbraban a danzar y previo a sus enlaces y trabasen allí contacto con estas sin el consentimiento de los padres de las jóvenes y de esa manera encontrasen pareja sin que los padres de las niñas precisasen quebrar su juramento. Tal como dijeron los ancianos de Israel a los hijos de Benjamín: “y mirareis, y he aquí que cuando las hijas de Shiló salgan a danzar, saldréis vosotros de entre los viñedos y las tomareis (con la anuencia de las jóvenes, pero sin la de sus padres) por esposas y os marchareis a la tierra de Benjamín” (ídem 21:21).

Además, dijeron nuestros sabios (Tratado de Ta’anit 30(B)) que, tras la escisión del reino de Israel, Yerovoam ben Nevat apostó guardias que evitasen que alguien de las diez tribus de su reino norteño ascendiese a Jerusalém y al Sagrado Templo que se encontraba en el reino de Yehudá. Pasadas unasa generaciones, un día 15 de Av el rey Hoshea ben Elá dejó sin efecto este decreto y de ese mod permitió a todo el pueblo de Israel volver a reunirse en el Templo de Jerusalém como en los días del rey Shlomó.

La formación de parejas y los enlaces

Además de ello, el 15 de Av, al igual que Yom Kipur, estaban destinados a la formación de parejas, y en estos días las hijas de Jerusalém continuaban la tradición de las de Shiló y salían a danzar a los viñedos para encontrar pareja en una atmósfera de alegría. Tal como dijeran nuestros sabios: “No hubo días buenos para el pueblo de Israel como el 15 de Av y Yom Kipur, en los cuales las hijas de Jerusalém salían con vestidos blancos prestados para no avergonzar a quien no tenía… y danzaban en los viñedos. ¿Y qué decían? ¡Joven! Alza tu vista y mira qué escoges para ti. ¡No dirijas tu atención a la belleza sino a la familia! ‘La gracia es mentirosa y la belleza vana, una mujer temerosa de D’s ha de ser alabada’, y agregaba ‘dadle del fruto de sus manos y sea alabada en los portones por sus acciones’” (Mishná Tratado de Ta’anit 26(B)).

Lo que tienen en común ambas fechas es que son días en los cuales se hace la paz y se genera la unión en el mundo – en Yom Kipur entre el pueblo de Israel y D’s, el 15 de Av en el seno de la nación judía. En Yom Kipur Israel retorna en arrepentimiento y HaShem, con el gran amor que profesa por Su pueblo, expía sus pecados y los purifica, y ellos a su vez vuelven a conectarse con Él desde la santidad de su fe y se unen a Él con amor (Pninei Halajá Yamim Noraím 6:1). El 15 de Av se hace la paz en el seno de Israel, ya que la gran división que existía era entre las tribus, y en esa fecha se retiraron los obstáculos para los matrimonios entre estas y así volvieron a consolidar su unidad.

A raíz de la unidad general de estos días, los hijos de Israel acostumbran a dedicar la fecha a la formación de parejas, ya que todo casal que se casa con amor y alegría expresa en forma particular la unidad existente entre HaShem y Su pueblo, la unidad en el seno de Israel y por ende la Divina Presencia (Shejiná) reposa entre ellos. En el pacto matrimonial, que incluye el compromiso a vivir en absoluta lealtad mutua, encontramos una manifestación de la santidad del pacto existente entre Israel y HaShem, tal como se dice en la bendición de la consagración nupcial: “Que santifica al pueblo de Israel por medio de palio nupcial (jupá) y la consagración matrimonial (kidushín)”. Por ello, el vínculo entre D’s y el pueblo de Israel se asemeja a la alegría de un novio y una novia, tal como fue dicho: “…así como el novio se regocija sobre la novia, así se habrá de regocijar tu D’s sobre ti” (Ishaiahu-Isaías 62:5). Asimismo, por medio del casamiento, que incluye el deber de amarse y alegrarse recíprocamente, la pareja cumple de la forma más completa el precepto que es el gran principio general de la Torá, “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Vaikrá-Levítico 19:18, Sifrá ídem). En virtud de ello, se revela la unidad imperante entre todas las tribus de Israel y entre la nación hebrea y su Padre Celestial, lo cual redunda en un incremento de la bendición y la vida que fluyen sobre el mundo (Pninei Halajá Simjat Habait Ubirkató 1:1; 5-6).

Desde que se destruyó el Templo no acostumbramos a dedicarnos a formar parejas en el día de Kipur y nos limitamos a llevar a cabo los rezos, para que los solteros y las solteras logren casarse y se puedan incrementar el amor y la alegría entre los cónyuges resultantes de las uniones (Pninei Halajá Yamim Noraím 6:12). Sin embargo, el 15 de Av permaneció como un día en el cual se celebran numerosos casamientos y se realizan actividades vinculadas a la formación de parejas y a la unidad entre los diferentes sectores del pueblo judío. Por ello es considerado un día festivo (Yom Tov) y en él no se recita Tajanún ni se ayuna.

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