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El combate contra el nacionalismo extremista árabe

El público rechaza la falsa simetría que generan los comentaristas en los estudios televisivos entre la violencia judía y la violencia árabe, pero no logra generar una mejor alternativa moral y social.

Todo intento de menoscabar nuestra soberanía sobre la tierra de Israel debe ser respondido con una acción que lleve a su fortalecimiento.

La reacción a la violencia nacionalista extremista de los ciudadanos árabes del Estado de Israel debe ser la anulación de la ciudadanía.

Ante la sociedad árabe es necesario actuar por medio de la recompensa con  quienes respeten nuestra soberanía y con mano dura contra los nacionalistas radicales.

 

El disparo de misiles sobre Jerusalém es una oportunidad para decidir permitir a los judíos ascender al Monte del Templo sin limitación alguna de número u horario, así como también para establecer allí un sitio fijo para que estos puedan llevar a cabo rezos regulares. Paralelamente, es nuestro deber decidir que de ahora en más todo desmán o incidente violento sobre el Monte del Templo implicará su cierre para los árabes durante días o semanas. Asimismo, es necesario prohibir de modo absoluto el ascenso al Monte del Templo de todo incitador a la violencia o vándalo.

Los comentaristas que generan una simetría entre judíos y árabes se equivocan e inducen al error y no permiten a su público televidente arribar a una solución, tal como disimular un problema no permite solucionarlo. Su error no es casual, se basa en una perspectiva de mundo que aspira a una igualdad absoluta entre las personas y ve en el ser humano un individuo, ignorando de exprofeso su identidad nacional, religiosa y cultural. Por ello, creen que es su deber moral esforzarse en generar una equivalencia entre las agresiones de árabes contra los judíos y las de judíos contra los árabes sin tomar en cuenta la cantidad de vándalos involucrados en los diferentes eventos, la gravedad de su violencia, el móvil de su actuar y el apoyo público que reciben en el seno de sus comunidades.

A la luz del hecho de que los disturbios árabes son mucho más graves y generalizados, estos periodistas van a utilizar cualquier excusa a la cual puedan atribuirle lo sucedido, por ejemplo, que los árabes son más pobres y están desempleados, que el estado los desatendió y no invirtió en ellos suficientes recursos. De ese modo, aceptan también argumentos de corte antisemita como que la adquisición por parte de árabes de casas en barrios judíos es una expresión de igualdad, mientras que la adquisición por parte de judíos de casas en barrios árabes es una provocación y un acto de discriminación que justifica desmanes.

El público general

Por una parte, para nuestra suerte, la mayoría del público es más inteligente que estos expertos y comentaristas antes mencionados y no acepta sus interpretaciones de lo sucedido. Pero, por otra parte, el público carece de una visión moral y social mejor que la de estos, y por ello, aunque sabe que se trata de una lucha nacional, carece de una solución moral y legal alternativa. Este es el motivo por el cual estos expertos y comentaristas desprecian al público en general y pasan por alto su justificado sentir. Esto es así ya que mientras no se plantee un camino alternativo para enfrentar esta gran guerra en la que el pueblo de Israel se encuentra ya por generaciones, resulta difícil establecer una estrategia sistemática sobre la base de intuiciones acertadas.

Más aun, hay quienes entienden que los ataques árabes obedecen a su profundo odio al estado judío, y se expresan de un modo injusto y poco pragmático diciendo cosas tales como «hay que matarlos a todos» o «hay que echarlos a todos», cuando en realidad la población árabe no es homogénea. Hay en su seno quienes aceptaron nuestra presencia y hasta están satisfechos con la situación, otros que son indiferentes y permanecen en el medio, y muchos que nos odian en gradaciones diferentes hasta alcanzar el nivel de enemigo declarado.

Reconocer el valor del nacionalismo y la religión

En primer lugar, es necesario reconocer la influencia decisiva del nacionalismo y la religión en el ser humano. Si bien es cierto que desde cierto punto de vista cada ser humano es un mundo en sí mismo, y por medio de sus libres decisiones puede ir por el camino de su pueblo, religión o cultura en la cual nació y creció, o en su defecto, escoger un camino diferente, de todas maneras las influencias del nacionalismo y la religión son enormes. Es un hecho que es dable encontrar patrones de conducta comunes a toda la nación árabe en los numerosos países en los que esta reside. Lamentablemente, en nuestra época esta cultura se manifiesta en muchos casos bajo la tendencia a admirar la fuerza y actuar violentamente, siendo el nacionalismo y la religión los justificativos de tal proceder. Esto no tiene por qué ser así necesariamente, en la religión musulmana y el nacionalismo árabe existen aspectos positivos que si sus líderes escogiesen poner en ellos énfasis podrían conducir a sus oyentes por el camino del aporte a sí mismos y a la sociedad, y la valentía intrínseca de su cultura podría transformarse en una fuerza de contención de los bajos instintos, en generosidad y apertura al prójimo.

El combate por la soberanía

A los efectos de salir victoriosos, debemos definir primeramente nuestros objetivos nacionales y avanzar en su procura.

El objetivo profundo de nuestros enemigos es dañar o afectar la identidad judía del Estado de Israel y evitar que el pueblo judío regrese a su tierra tal como lo establecen la Torá y los profetas. Por ello, su lucha está dirigida contra nuestra soberanía sobre el Monte del Templo y contra los asentamientos en Judea y Samaria, así como contra nuestra presencia en el Néguev, en la Galilea y en las ciudades de población mixta. En la medida que les resulte claro que todo ataque contra nosotros alcanza el objetivo inverso nosotros saldremos fortalecidos y ellos debilitados.

El disparo de misiles sobre Jerusalém es una oportunidad para decidir permitir el ingreso de judíos al Monte del Templo sin limitación alguna de número u horario, así como también para establecer allí sitios fijos para que estos puedan rezar. Paralelamente, debemos decidir que de ahora en más disturbios sobre el Monte del Templo causarán su cierre para árabes durante días o semanas. Asimismo, se debe prohibir de modo terminante el ingreso de hostigadores o vándalos al Monte del Templo.

Negar la ciudadanía y la residencia

Dado que la guerra es contra la soberanía israelí, no se debe percibir el ataque a la bandera o cualquier símbolo nacional y menos aun la agresión contra judíos o casas de judíos como crímenes comunes sino como una sublevación contra el estado y el pueblo judío y una alianza con nuestros enemigos. Para ello, es necesario crear los instrumentos legales necesarios para poder retirar la ciudadanía en casos comunes de vandalismo nacionalista y negar la residencia, y por ende expulsar del país, a quienes participen de disturbios graves. Esto, además de los castigos comunes del código penal.

En la práctica, existen leyes y decretos que se ocupan de reprimir la incitación al odio, pero se emplean únicamente contra judíos, y solamente cuando el país arde y no hay más remedio – se usan también contra árabes. A los efectos de evitar esta situación, se deben crear herramientas jurídicas claras que se adapten a nuestra realidad.

Un enfoque moral corrupto

Lamentablemente, ante la ausencia de una visión soberana y moral general, los instrumentos legales creados en el pasado por la fiscalía y la policía, tales como el departamento de criminalidad nacionalista, estaban enfocados principalmente hacia judíos. Esto es así debido al enfoque moral corrupto que no reconoce el sitial de honor que poseen el nacionalismo y la religión, acompañado del perverso intento de generar una simetría entre ambos bandos. Dado que en la realidad no existe una igualdad entre el actuar de las partes, este enfoque desviado precisa inclinar el fiel de la balanza judicial en favor de los árabes para intentar así equilibrar la realidad. Un ejemplo de este enfoque desviado son las palabras del presidente de la Universidad de Tel Aviv, quien dijera que si bien no se debe tolerar el ataque a ningún ciudadano, la agresión contra árabes es mucho más grave por tratarse de una minoría. Si bien luego borró lo publicado, no se desdijo, ya que su postura se sustenta en la corrupción moral que deriva de la negación de la guerra que el enemigo árabe dirige contra nosotros y la negación de los derechos judíos a su tierra.

De igual manera, decenas de docentes universitarios de la Academia de Bellas Artes ‘Betzalel’ escribieron que apoyan la lucha de los estudiantes árabes contra ‘la ocupación’. Cuando hacen esto en nombre de la moral, la profanan y estorban a la sociedad en su intento de establecer normas de vida morales.

La fiscalización de la ley

Dado que el público árabe está compuesto de enemigos y ciudadanos honestos, el límite entre ambos grupos no es claro y existen entre ambos diferentes matices, el Estado de Israel debe encontrar el camino para incentivar y recompensar a quienes avanzan hacia el apoyo y la identificación con el país judío y castigar duramente a quienes se alzan contra nosotros.

El principal modo de hacerlo es aplicando la ley sobre el público árabe en todos los ámbitos de la vida, leyes de planificación y construcción, leyes impositivas, normas ambientales, leyes de tránsito, tenencia de armas y por supuesto la represión de disturbios por ellos provocados. De modo natural, los árabes más respetuosos de la soberanía israelí son los más apegados a la ley, y por ello, la obediencia a la normativa vigente debe recompensar a los buenos ciudadanos.

Acto seguido, se deben crear los instrumentos legales y judiciales que permitan que las alcaldías que educan hacia el respeto por la soberanía israelí reciban un tratamiento preferencial, y en caso contrario, se les recorte y hasta elimine completamente su presupuesto.

En ausencia de fiscalización los presupuestos corrompen

El Estado de Israel invirtió enormes sumas de dinero en el sector árabe de la población, pero no logró acercar a este público a una actitud ciudadana honesta y fiel como la que se requiere de toda minoría étnica o religiosa en cualquier país del mundo. Por el contrario, dado que no se llevó a cabo una guerra sin cuartel contra el enemigo árabe ni contra su hostilidad ideológica, y el hostigamiento contra la soberanía israelí continúa sin nada que se le interponga, esta enorme inversión realizada en vez de ayudar a la sociedad árabe a integrarse la estimuló a reforzarse en sus posturas hostiles y desagradecidas.

En la práctica, este esfuerzo presupuestario fortaleció las posturas que inducen a los jóvenes a la cultura del odio, la violencia y el crimen, ya que en el actual estado de cosas, a menudo, en la medida que una persona actúa más violenta y atrevidamente habrá de recibir más mientras que un ciudadano normativo y educado queda relegado y sufre de la violencia de los matones radicales y los criminales.

En vez de que el público árabe reclame a sus líderes por haber educado a la juventud en el camino de la violencia, el odio y el crimen y agradezca plenamente por todo lo bueno que recibió del estado judío y se unan en apoyo a Israel y su identidad judía, muchos en este público condenan a quien procura acercarse a las instituciones estatales al tiempo que vanaglorian a sus enemigos.

Por ejemplo, el diputado Mansur Abas realizó una digna acción. Fue a la sinagoga quemada por vándalos árabes y dijo que sus acciones son opuestas a los valores del islam y corresponde que el público árabe participe de la reparación del edificio incendiado. En respuesta, los demás miembros de su partido dijeron que traspasó los límites de su autoridad como líder de la agrupación y su estatus como directivo se vio debilitado.

A propósito, al margen de la discusión de si es correcto o no formar gobierno con el apoyo de un partido árabe, debemos valorar al Dr. Mansur Abas por el camino positivo que está abriendo y debemos procurar ayudarle con la esperanza de que no se vea afectado ni se rinda ante la presión de los radicales y sirva de ejemplo para muchos otros que sigan su actuar.

La reparación de los estudiosos de la Torá

A los efectos de preparar las bases para hacer frente a estos desafíos debemos de regresar a los fundamentos. En la medida en que logremos crecer en la Torá y en la comprensión de nuestro rol en el mundo, poblando la tierra de Israel y construyendo un país desarrollado del punto de vita moral y social, científico y económico, la justicia de nuestra causa brillará más y las demás naciones -incluidos los árabes- reconocerán nuestro derecho a nuestra tierra y nos ayudarán a poblarla para que de Sion salga la Torá y la palabra de HaShem de Jerusalém.

Para ello, debemos estudiar Torá como corresponde, de un modo que influya sobre la realidad y la oriente. En vez de llevar a cabo un estudio desconectado de la vida, que erróneamente es llamado ‘lishmá’ (por amor al Cielo), debemos enfocar nuestro estudio en el camino de la halajá y la vida. Un estudio que forme personas buenas en todos los ámbitos de la existencia, hasta que resulte claro que en la medida que una persona esté más conectada a la Torá mayor será la bendición que verá en su labor profesional, y que en la medida que el público esté más estrechamente vinculado a la Torá surgirán de su seno más científicos, expertos, emprendedores y profesionales de primera línea en todas las áreas. Inspirados en este tipo de estudio, podremos también crear los instrumentos judiciales apropiados para enfrentar los grandes desafíos que se nos presentan.

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