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El cuidado de plantas durante el año sabático y el precepto de santificar el Nombre Divino

  • Macetas con plantas que se encuentran bajo techo y sobre un piso construido, aunque estén en la planta baja y cuenten con un orificio, pueden ser cuidadas y atendidas como en un año común.
  • ¿Cómo deben proceder quienes habitan en el extranjero en pisos altos de torres que carecen de elevador de Shabat?
  • La diferencia entre los tres pecados más graves de la Torá.

Por lo general, la santificación del Nombre Divino tiene lugar en la vida rutinaria, transitando por las sendas de HaShem, comportándose moral y éticamente, conduciéndose honradamente (derej eretz) lo cual es una cualidad anterior a la Torá, teniendo cuidado de no cometer transgresiones y observando los preceptos con esmero y alegría. Sin embargo, a veces, en momentos difíciles y terribles, cuando realizar una transgresión implica la profanación del Nombre Divino, el precepto de santificarlo nos obliga a entregar la vida.

 

Pregunta: ¿Existen limitaciones en el año sabático en lo referente al cuidado y la atención de las plantas hogareñas, tanto en interiores como en el balcón?

Respuesta: Las reglas del año sabático no recaen sobre una planta que está ubicada en la casa o en un balcón que posee techo, ya que está desconectada de la tierra por medio de las baldosas que resultan impenetrables para cualquier raíz y además tiene encima una cobertura. Por lo tanto, se permite sembrar o plantar en una maceta y asimismo se permite podar aquello que crece (Pninei Halajá Sheviit 2:13).

Aunque la maceta posea un orificio y se halle en un primer piso, dado que se encuentra sobre un piso que resulta impenetrable para cualquier raíz, se la considera desconectada de la tierra. Sin embargo, hay quienes tienden a una opinión más estricta respecto de una maceta que posee un orificio y se encuentra en un primer piso (Minjat Shelomó I 41:2). Hay quienes también tienden a adoptar una actitud estricta en los pisos altos (ver Shevet Leví 6:167). Sin embargo, la halajá principal es que todos los tipos de baldosas y cemento que suelen ser empleados en la construcción de viviendas se interponen entre la planta y la tierra y ninguna raíz puede atravesarlos (así escribieron Jazón Ish en Zeraím 22:1, Brit Olam Kotzer 15 y Pninei Halajá Sheviit 2 nota al pie de pág. 14).

Plantas en un balcón abierto

Sobre una maceta que se encuentra en un jardín o un balcón descubierto recaen todas las leyes del séptimo año, ya que se están bajo cielo abierto. Entre las prohibiciones que recaen sobre esta maceta encontramos: no plantar en ella retoños, no podar la planta ni realizar acción alguna que pudiera mejorarla o incentivar su crecimiento. Sin embargo, cualquier acción destinada a preservar la planta está permitida. Aunque la maceta carezca de orificio, se aplican sobre esta todas las prohibiciones mencionadas (Pninei Halajá Sheviit 2:14).

Pregunta respecto del ascensor de Shabat

Pregunta de un rabino comunitario de la ciudad de Nueva York: «Tras saludarlo con bien y felicitarlo por sus respuestas esclarecedoras, quisiera formularle una pregunta que incluye muchas situaciones que se encuentran en el área del ‘a posteriori de a posteriori’. Tal como usted sabe, en nuestra ciudad de Nueva York abundan los edificios altos y muchas personas habitan en pisos tales como el 20 o el 50, y hay quienes compraron apartamentos en torres antes de hacerse observantes del Shabat o antes de que supiesen que la altura podría llegar a implicar algún tipo de inconveniente en su cumplimiento, y demás está decir que estas edificaciones carecen de ascensor o elevador de Shabat. Al ascender, estos edificios suelen contar con un trabajador no judío que se encuentra en la portería y puede oprimir el botón correspondiente, llamar al ascensor y viajar junto a quienes suben (por supuesto que esta no es la forma de proceder a priori), pero al descender, cuando se sale del apartamento, no hay ningún gentil a la vista que pueda llamar el ascensor y descender con los judíos, y de ello resulta que muchas de las personas que asisten a la sinagoga llaman por sí mismas al elevador y bajan en él».

«Mi pregunta es si cabe hacer algo que permita atenuar la gravedad de la prohibición que se transgrede en el caso de quienes de todas maneras van a oprimir el botón para llamar al ascensor. Mi pregunta se centra fundamentalmente en los hijos, cuyos padres aman la Torá y los preceptos, pero ignoran que el viaje en ascensor implica quebrar una transgresión y piden a sus vástagos que lo llamen. Y cuando enseñamos a los niños halajot de Shabat resulta difícil decirles de un modo sencillo y directo que lo que hacen está prohibido. Por supuesto que la situación es «a posteriori de a posteriori» y la pregunta es si hay algo que pueda hacerse para reducir la intensidad de la prohibición que se quiebra. Asimismo, si es posible no instruir a las personas que están reforzándose en su cumplimiento de preceptos la realización de acciones imposibles, que con certeza no van a cumplir, esto es, que se queden cada Shabat todo el día dentro de sus apartamentos».

Respuesta

La solución pasa por idear un método por medio del cual activar el ascensor en modo «grama», o sea, que se atenga a dos condiciones: 1) Cambio en el modo de activación. 2) Postergar la acción en al menos un cuarto de minuto. Para ello, es preciso recurrir a los servicios de un técnico que invente un mecanismo así, y quizás este ya exista y yo no tengo aun conocimiento.

En caso de gran necesidad, cuando es sabido que un judío no está dispuesto a subir o bajar a pie, se debe indicar que reduzca el tenor de la prohibición que se infringe por medio de la activación del elevador de un modo diferente al habitual (shinui), ya que de ese modo se pasa de transgredir una norma de la Torá a quebrar una de origen rabínico. Quienes entienden que la electricidad en Shabat es únicamente una prohibición rabínica por medio de shinui transforman la acción en una prohibición rabínica de Shabat de segundo orden (Shvut Deshvut). Si bien en general se permite transgredir una prohibición rabínica de segundo orden en caso de haber una gran necesidad o a los efectos de cumplir un precepto, de todas maneras, esta instrucción es únicamente para quienes tienen la certeza de que no podrán subir o bajar a pie, ya que el permiso de transgredir un Shvut Deshvut se puede aplicar una sola vez y no se puede cimentar la observancia del Shabat en permisos de este tenor (ver Pninei Halajá Shabat 9:9, 11 y 17:2).

El Rav Jarlap sobre el odio gratuito y la redención del pueblo de Israel

Como homenaje al Rav Jarlap, Rabino jefe de la Yeshivá Merkaz HaRav y fiel discípulo del Rav Kuk, cuya fecha de fallecimiento se conmemora en estos días, quisiera recordar algunos conceptos importantes por él escritos: «El pecado del odio gratuito se asienta en el maldito aborrecimiento que se adhiere a la mente humana, que lo lleva a odiar el modo en el cual el prójimo sirve a D’s y amar solamente el suyo propio, sin profundizar en la interioridad de cada orden y cada senda. La redención de Israel depende principalmente de la recepción y aceptación de todas las vías y todos los órdenes, reunirlos y fusionarlos por medio de la depuración a través de la unión al prójimo para de ese modo repararlos. Esta labor recae principalmente sobre los justos que sienten en su interior la capacidad de poder emprender una labor de este tipo» (Mei Marom 19, Razí Li pág. 42).

El precepto de santificar el Nombre Divino

A D’s gracias tengo el privilegio de estar avocado a la tarea de escribir un tomo más de la serie ‘Pninei Halajá’, esta vez sobre cuestiones de fe e idolatría, incluidas halajot sobre el paganismo y el precepto de estar dispuesto a entregar la vida en aras de no adorar ídolos. Tal como hago habitualmente, he de compartir con ustedes, estimados lectores, algunos de los frutos de mi estudio.

Es preceptivo para todo hijo de Israel santificar el Gran Nombre Divino, evitar profanarlo y en caso de necesidad entregar la vida para consagrarlo. Tal como fue dicho: «Y guardaréis Mis preceptos y los cumpliréis Yo soy HaShem. Y no profanareis Mi Nombre Sagrado y seré santificado en el seno de los hijos de Israel, Yo Soy HaShem quien os consagra, quien os saca de la tierra de Egipto para ser vuestro D’s, Yo Soy HaShem» (Vaikrá-Levítico 22:31-33). Dijeron nuestros sabios (Sifra allí): «Os saqué de Egipto a condición de que os entreguéis para santificar Mi Nombre». Por lo tanto, si bien los preceptos de la Torá fueron dados para que por su intermedio vivamos, y la salvaguarda de la vida antecede en importancia al cumplimiento de todos los preceptos, tal como fue dicho: «Y cumpliréis Mis leyes y Mis estatutos, los cuales habrá de hacer el hombre y vivirá en ellos» (Vaikrá – Levítico 18:5) – «vivirá en ellos y no morirá en ellos» (Tratado de Yomá 85(B)). Sin embargo, cuando nos referimos a la santificación del Nombre Divino y a evitar Su profanación en un nivel grave, la directiva es «morirá y no habrá de transgredir».

Por lo general la santificación del Nombre Divino tiene lugar en la vida rutinaria, transitando por las sendas de HaShem, comportándose moral y éticamente, conduciéndose honradamente (derej eretz), lo cual es una cualidad anterior a la Torá, teniendo el cuidado de no cometer transgresiones y observando los preceptos con esmero y alegría. Por otra parte, cuando una persona se conduce de un modo amoral y transgrede las palabras de la Torá profana el Nombre Divino. Sin embargo, a veces, en momentos difíciles y terribles, cuando realizar una transgresión implica la profanación del Nombre de HaShem, el precepto de santificarlo nos obliga a entregar la vida.

Tres niveles en el deber de entregar la vida

1) Cuando se obliga a un judío a cometer una de las tres transgresiones más graves, a saber, idolatría, relaciones prohibidas o derramamiento de sangre so pena de ser asesinado – morirá y no habrá de transgredir.

2) En el caso del resto de las prohibiciones de la Torá, si la imposición tiene como objetivo que el judío renuncie a su fe públicamente – morirá y no habrá de transgredir. Si esta tiene por objetivo último el deleite de quien impone o hacer renunciar al judío a su fe pero en privado, esto es, no en presencia de diez judíos – transgredirá y no habrá de morir.

3) En tiempos de persecuciones y conversiones forzadas generalizadas (sha’at hashmad) o sea, cuando se decreta sobre el pueblo de Israel leyes para hacerlo renunciar a su fe, aunque esto se lleve a cabo en privado – morirá y no habrá de transgredir ni uno solo de los preceptos de la Torá.

Los tres pecados más graves

Cuando se le impone a un judío adorar ídolos so pena de muerte debe santificar el Nombre Divino y morir sin transgredir, tal como fue dicho: «Y no profanareis Mi Nombre Sagrado y seré santificado en el seno de los hijos de Israel, Yo Soy HaShem quien os consagra» (Vaikrá – Levítico 22:32). Y fue dicho: «Amarás a HaShem tu D’s con todo tu corazón, con toda tu alma y todo tu poder» (Devarim – Deuteronomio 6:5), respecto de lo cual dijeron nuestros sabios (Mishná Berajot 9:5): «con toda tu alma – aunque te la quite» (Tratado de Sanhedrín 74(A)).

Dijeron nuestros sabios que lo mismo aplica a las relaciones prohibidas y al derramamiento de sangre. Si se le exige a un judío que mate a su compañero so pena de muerte – morirá y no habrá de matar, ya que no cabe aceptar que salve su vida por medio de un asesinato. ¿Acaso su sangre es más roja que la de su compañero? El permiso existente para transgredir preceptos de la Torá en caso de peligrar la vida se aprende del versículo que reza «y vivirá en ellos» y está destinado a incrementar la vida y no a llevar a una persona a asesinar a su semejante en aras de salvarse.

Lo mismo aplica a la cuestión de las relaciones prohibidas, tal como fue dicho: «Pues, así como cuando una persona se alza contra su prójimo y lo asesina, lo mismo aplica en este caso (el del violador)» (Devarim – Deuteronomio 22:26). Por ello, si se impone a un hombre que viole a una mujer con la que tiene prohibido mantener relaciones, o si se impone a un hombre violar a su compañero varón, en ambos casos so pena de muerte – morirá y no habrá de transgredir (Tratado de Sanhedrín 74(A), Rambám Yesodei HaTorá 5:2, Shulján Aruj Yoré Deá 157:1).

La diferencia entre las tres transgresiones

Si bien sobre las tres transgresiones graves se aplica el principio de «morirá y no habrá de transgredir», y todo aquel que peca en ellas profana el Nombre Divino y quien no lo hace lo santifica, en el motivo de la gravedad sí encontramos algunas diferencias. En el caso de la idolatría, de transgredirse, se traiciona la fe en la Unicidad Divina y la visión de la reparación del mundo, al tiempo que en los casos del derramamiento de sangre y las relaciones prohibidas, estamos ante la perpetración de un daño terrible al prójimo. Esto no depende de la anuencia de nuestro semejante, ya que, aunque el asesinado acepte ser ejecutado está igualmente prohibido matarlo, y lo mismo aplica al caso de las relaciones prohibidas, a pesar de la anuencia de la víctima, en última instancia, el asesino o el copulador afecta gravemente la imagen Divina del afectado. Sin embargo, si se fuerza a un judío a copular con un animal, a pesar de que la prohibición resulta grave como la de las relaciones prohibidas, dado que no se daña al prójimo el judío amenazado transgredirá y no habrá de morir.

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