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La importancia del ascenso al Monte del Templo

-La carta del Rabino Goren dirigida al Primer Ministro Ytzjak Rabin en la cual protesta por la entrega del Monte del Templo a manos de los jordanos.

-Lo que más ocupó al Rabino Tzví Yehuda Kuk respecto al Monte del Templo fue su insistencia en que rija completamente sobre el mismo la soberanía israelí, y no la prohibición de ascender a rezar en él.

-Por el mérito de quienes ascienden al Monte del Templo se aclara nuestra soberanía sobre el lugar y sobre toda la tierra de Israel.

-Si nuestro maestro, el Rabino Tzví Yehudá Kuk, hubiese escuchado del continuo ataque a la soberanía judía sobre el Monte del Templo, temblaría de dolor y apoyaría cualquier medio apto según la halajá para reforzarla. En efecto, por el mérito de quienes ascienden al Monte del Templo y el de los ministros del gobierno que los apoyan la situación va mejorando.

El 17 de Ab del 5754, el eminente Rabino Shelomó Goren de bendita memoria (Gran Rabino de Israel en los años 5733-5743) envió una importante carta al entonces Primer Ministro Ytzjak Rabin Z´L, que reza lo siguiente:

«Al Primer Ministro y Ministro de Defensa Ytzjak Rabin, que abunde la paz con usted.

Me veo en el sentido deber de reaccionar ante las versiones que escucho de parte de su Ministro de Relaciones Exteriores en cuanto a que existe un plan, por efecto del cual se piensa ceder al rey Husein de Jordania un enclave soberano en el Monte del Templo para conquistar así el corazón del monarca Hashemita, al reclamar éste propiedad sobre Jerusalém y los lugares santos.

Es mi intención anunciarle por la presente que el Monte del Templo es considerado el sitio más sagrado (Kodesh Kodashim) para la nación judía, y que no se deje ilusionar por cuentos fantasiosos según los cuales ‘de todas maneras los judíos tienen prohibido ascender y rezar en él’. Adjunto a esta carta el libro de mi autoría «Har HaBait» (Monte del Templo), el cual publiqué hace dos años y contiene doce mapas en los cuales demarqué los límites de aquellos sitios del Monte del Templo que los judíos tienen prohibido visitar y los de las áreas a las que tienen permitido ascender y rezar. De los mapas, queda demostrado que la mayor parte del Monte del Templo está halájicamente autorizado para la visita de judíos, y en este mi libro antes mencionado, determino que se puede construir en el lugar una sinagoga para que recen.

No tengo intención alguna de evitar que los musulmanes asciendan al Monte del Templo para orar en sus mezquitas, sí exigimos que las áreas libres del Monte del Templo donde no las hay y están abiertos al cielo queden bajo soberanía judía y se permita allí a los judíos rezar a voluntad.

Desde la destrucción del Segundo Templo y hasta hace unos trescientos años los judíos rezaron ininterrumpidamente sobre el Monte:

1) Con la destrucción del Segundo Templo Rabán Gamliel, Nasí (Presidente) de Israel, estableció su despacho sobre las escaleras que ascienden al Monte del Templo y de allí salía la Torá para todo el pueblo judío, tal como está explicado en el Tratado de Sanhedrín (11(B)). Asimismo, Rabán Shim’ón Ben Gamliel fijó su despacho sobre el camino que asciende al Monte del Templo (Tratado de Avodá Zará 20(A)).

2) En los días de ayuno público existían formatos de plegarias especiales a recitar en el Monte del Templo acompañadas de toques de Shofar, tal como lo narra el Tratado de Ta’anit (15(B)): «Y cuando se trajo esto ante los sabios, ellos dijeron: no acostumbrábamos a hacerlo sino en el portón oriental y en el Monte del Templo».

3) El viajero de Burdeos (siglo IV) relata: «Los judíos acudían una vez al año (el 9 de Av) a este sitio (Monte del Templo) donde lloraban y se lamentaban ante una piedra que quedó de su Templo, la cual ungían con aceite (ver Joveret Tzión libro III 5689 desde la pág. 111 en adelante, el artículo de Yehudá Ytzjak Yejekel).

4) Rabí Abraham Ben Rabí Jía HaNasí (siglo XII) describe la ‘casa de rezo y estudio’ (Beit HaTefilá VeHamidrash) que existía para los judíos en el Monte del Templo: «Asimismo, los reyes ismaelitas les dispensaban a los judíos un buen trato y les permitieron entrar al Monte del Templo y construir en él una casa de oración y estudio, y todos los exiliados de Israel que vivían en la cercanía ascendían a este edificio en las fiestas y días sagrados para rezar, haciendo de sus rezos un sustituto de las ofrendas permanentes y suplementarias que se sacrificaban anteriormente en el Santuario (ver el gran artículo del Profesor Ben Tzión Dinur «La casa de oración y estudio de los judíos sobre el Monte del Templo en el tiempo del dominio árabe», Joveret Tzión op. cit. Desde la página 4 en adelante).

5) Cuando el Rambám ascendió a Jerusalém en el mes de Siván del año 4825 (1165) rezó en la casa de oración que se encontraba sobre el Monte del Templo. Esto se desprende de su carta transcripta en el Sefer Jaredim, Sha’ar Teshuvá capítulo 4 (ver también al respecto el artículo de Dinur antes mencionado página 87 nota 178 y el artículo de Yejezkel páginas 107-114).

6) El gran viajero Rabí Benjamín de Tudela, que paró por dos años en Jerusalém en el siglo XII, describe el rezo de los judíos ante la cúpula que cubre la piedra fundamental (Even Hashtiá).

7) Todavía en el siglo XVI, en los días del Ridbaz (Rabí David Ben Zimrá), «…todos acostumbraban a ascender por esas escaleras (al Monte del Templo) para contemplar desde allí la totalidad del Templo, y no vimos ni escuchamos a nadie que protestase por ello» (Responsa del Ridbaz parte I 691).

No es mi intención analizar aquí los aspectos halájicos del ingreso al Monte del Templo, para nosotros resulta suficiente recordar que el Rambám, que era considerado el más estricto en este tema rezó allí en persona, por lo que, a nosotros, ¿qué nos queda por agregar?

La singularidad del Kotel HaMa’arabí (Muro Occidental) como sitio de rezo para los judíos es novedoso desde el punto de vista histórico y no se remonta a más de trecientos años. Comenzó con las prohibiciones y limitaciones que impusieron los gobernantes musulmanes sobre los judíos y la anulación de la sinagoga y casa de estudio que existió en el Monte del Templo durante cientos de años. Pero de ninguna manera el Kotel es el sitio más sagrado, toda su santidad se deriva del hecho de que es el muro que limita exteriormente el Monte de D’s. Esto es así ya que el Muro Occidental respecto del cual el Midrash dice que de él «no se retira nunca la Divina Presencia» (Shemot Rabá 2:2) es la pared oeste del Santo Sanctórum (Kodesh Kodashim) o del patio del Santuario (Azará) mas no la pared exterior del Monte del Templo (y esto ya está explicado en nuestro libro Har HaBait). Los rezos junto al Kotel simbolizan el exilio del pueblo y su expulsión del Monte del Templo, y nuestras plegarias sobre el Monte representan el retorno de la nación a su tierra y al sitio de su Santuario.

Aquellos rabinos que por falta de conocimiento sobre la topografía y la halajá relativas al Monte del Templo teman ascender y rezar en él, pueden actuar de modo estricto para consigo mismo, pero a nosotros y al pueblo todo se le debe permitir libertad religiosa en el lugar, en los sitios a los que se puede ingresar tras sumergirse en una mikve purificadora, y a los musulmanes se les debe dar acceso libre a sus mezquitas. Pero D’s nos libre de entregar al Wakf (organismo musulmán encargado del sitio) o al rey Husein la completa soberanía sobre todo el recinto».

Unos tres meses después de enviada la epístola, el 24 de Marjeshván del 5755 fallecía el Rabino Goren. El Primer Ministro Ytzjak Rabin se hizo de un tiempo en su agenda para ir a consolar a la familia del rabino, de bendita memoria.

El fundamento de la halajá

A los efectos de explicar la halajá, es pertinente anticipar que el Monte del Templo posee dos partes. Una es pequeña e incluye el sitio del Santuario y sus patios y es denominada Majané Shejiná (Campamento o área de la Divina Presencia). Según la opinión del Rambám y la mayoría de las autoridades halájicas está prohibido en nuestros días ingresar a esta área, ya que nos resulta imposible purificarnos de la impureza del muerto. La otra, es la llamada Majané Leviá (Campamento o área de los levitas) a la que se puede ingresar en nuestros días tras una inmersión en la mikve.

Sin embargo, es sabido que en los años anteriores al establecimiento del Estado de Israel y en virtud de diferentes temores, los rabinos -entre ellos el Rav Kuk de bendita memoria- indicaron que no se ascienda al Monte del Templo.

Tres motivos indujeron al Rabino Goren a permitir el ascenso a la mayor parte del área del Monte del Templo.

1) El mapeo exacto del sitio efectuado por el cuerpo de ingeniería militar por orden suya tras la liberación. Según estos mapas, es posible establecer con certeza dónde se encuentran los sitios a los que según todas las opiniones está permitido ingresar.

2) Existen numerosos testimonios respecto de que tras la destrucción del Templo, durante más de mil años, los grandes maestros de Israel acostumbraban a rezar sobre el Monte del Templo en los sitios permitidos.

3) La amenaza a la soberanía judía sobre el Monte del Templo.

Cabe destacar que, el motivo por el cual en los días de los turcos y los británicos se colocaron carteles que instaban a los judíos a no ascender al monte del Templo, era evitar provocar a los musulmanes o a los gobernantes del país, los cuales de todas maneras no protegieron a los judíos como correspondía en tiempos de desmanes.

Las palabras del Rav Tzví Yehudá Kuk

Hay quienes discuten o atacan las palabras de mi maestro y rabino el Rav Tzví Yehudá Kuk de bendita memoria, pero si se lee su posición expresada en el comunicado del día 27 de Shvat del 5737, se percibe que del mismo se desprende la conclusión opuesta:

«Toda la actitud halájica estricta de no ingresar a él (al Monte del Templo) por hallarnos aún, según la norma, en estado de impureza, no se refiere a, no afecta ni disminuye en un ápice la vigencia de la propiedad judía sobre el área de este sitio sagrado y maravilloso. Nuestro comandante del ejército, el Sr. Mordejai Gur, y junto a él nuestro honorable maestro y rabino, el eminente Rabino Shelomó Goren, líder de los rabinos de Israel, tuvieron el mérito de liberar este sitio del dominio de las naciones haciendo de él uno más de los lugares de nuestra tierra sagrada, que se encuentra a nuestra disposición y bajo nuestra propiedad. Bajo nuestra autorización y en ejercicio de nuestro dominio, les autorizamos llevar a cabo sus rezos los viernes. Grupos de soldados nuestros que allí se encuentran, cuidan y vigilan de ellos por orden de nuestro gobierno, y aunque nos abstengamos de ingresar al lugar en cuestión por motivos halájicos, paralelamente y en virtud de estos motivos nuestra propiedad sobre el área se mantiene en todo su vigor, y nuestro es el derecho de permitir el ingreso a gentiles, a quienes de ninguna manera este sitio pertenece».

El significado de sus palabras

De sus conceptos se desprende que la soberanía es el elemento principal, ya que el precepto de asentarse en la tierra de Israel nos obliga a que esta esté en nuestra posesión y no en la de ninguna otra nación, y más aún en el caso del Monte del Templo que es el sitio de nuestro Santuario. Dado que en sus días la cuestión de la soberanía estaba clara, el Rav Tzví Yehudá enumeró en detalle sus expresiones exteriores entre las que menciona el control efectivo del gobierno sobre el Monte del Templo, al tiempo que no se detuvo en aclarar los límites de la prohibición halájica. Pero si escuchase que en virtud de la reserva de los judíos en ascender al Monte del Templo la bandera de Israel se retiró del lugar, la estación de policía fue quitada de su perímetro,  la presencia militar fija dejada sin efecto, que tanto policías como soldados tienen prohibido ingresar a las mezquitas,  que el Wakf musulmán se adjudica la soberanía en el lugar, que a los musulmanes no solamente «se les autoriza rezar los viernes» sino que desde allí incitan a todo el mundo contra Israel, que pandillas de árabes insultan y maldicen a policías, soldados y judíos que ascienden al Monte del Templo; si escuchase todo esto – temblaría de dolor y apoyaría cualquier medio apto, en el marco de la halajá, para reforzar la soberanía israelí en el lugar. En efecto, por el mérito de quienes ascienden al Monte del Templo y el de los ministros del gobierno que los apoyan la situación va mejorando.

De la redacción de sus palabras puede verse en qué medida el Rav Tzví Yehudá respetaba al Rav Goren y su autoridad halájica, de modo que es dable especular que habría confiado en sus investigaciones halájicas, y junto a él, habría promovido el ascenso de judíos al Monte del Templo.

Benditos sean los que ascienden

De cara a Yom Yerusahalaim (Día de la liberación de Jerusalém), bendecimos nuevamente a quienes ascienden con pureza al Monte del Templo, se aclara nuestra soberanía sobre el lugar y sobre toda la tierra de Israel. Quiera D’s que en virtud de ello tengamos el mérito de estudiar Torá como corresponde. «Pues de Sión saldrá la Torá y la palabra de Hashem de Jerusalém».

 

 

 

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