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Pesaj: Fiesta de la libertad y la fe

Pesaj: Fiesta de la libertad y la fe

A diferencia de los demás días del año en los cuales expresamos aprecio por los logros humanos, en Pesaj retornamos a la raíz de la fe en que la Creación y la Providencia son el fundamento de todo.

Retornar cada año al fundamento de la fe es esencial para recordarnos que, a pesar de sus múltiples ropajes y explicaciones que cambian con las personas y las épocas, su raíz permanece firme por siempre.

Hay lugar para explicaciones sobre el significado de la festividad y sus preceptos, pero al final de cuentas es menester volver a basarse en el compromiso con el mandato Divino.

El fundamento de la fe es que cada judío sepa que el Santo Bendito Él creó el mundo y le fijó un objetivo, y las raíces de todas las cosas dependen únicamente de HaShem, bendito sea. Y si bien el Creador dio al hombre la capacidad de perfeccionar y desarrollar el mundo, se trata del desarrollo de las ramificaciones, pero la mano humana no tiene alcance sobre las raíces de las cosas, ya que todas estas son Creación Divina.

 

La prohibición del jametz en Pesaj es de una gravedad especial, ya que la Torá no solo prohibió comerlo, sino que además nos ordenó no verlo y que no se encuentre en nuestra posesión, y a esto los sabios le agregaron la prohibición de cualquier tipo de mezcla que lo contenga. O sea, el alejamiento del jametz en Pesaj es absoluto. Esto obedece a que el jametz expresa el mal, tal como dijeran nuestros sabios en el Zohar (II 40:2), que el jametz es la inclinación al mal y alude al orgullo, ya que el leudado provoca que la masa se infle y este agrandamiento o hinchazón de la materia se asemeja a la ínfula de la soberbia.  Por el contrario, la matzá alude a la humildad, ya que permanece en su tamaño original tal como fuera creada por D´s.

El jametz expresa la virtud humana  

Aparentemente esto resulta difícil de comprender, ya que, si el jametz expresa la inclinación al mal, ¿por qué no existe un precepto o una costumbre que nos impida consumirlo durante todo el año? O por el contrario, una de las virtudes particulares del ser humano mencionadas en nuestras fuentes es que sabe transformar espigas en panes leudados de gran calidad (Tanjuma Tazría 5). Para ello, el Eterno concedió al ser humano sabiduría y talento práctico para que pueda dedicarse al perfeccionamiento del mundo, ya que HaShem creó intencionalmente un universo con carencias para que el ser humano pueda apegarse a las acciones de D’s y participar de su reparación por medio del desarrollo de la ciencia, la tecnología y la laboriosidad práctica. O sea, el mejoramiento de la naturaleza y su desarrollo se asemejan a la elaboración de jametz, por lo que entonces este resulta que es bueno y expresa la virtud humana.

El orgullo que siempre resulta ilegítimo

Sin embargo, existen dos tipos de soberbia. Uno, cuando la persona se excede en halagos a sí mismo y se considera más sabio, fuerte y exitoso de lo que en realidad es. Toda persona razonable entiende que este tipo de soberbia afecta la capacidad de la persona de efectivizar sus habilidades, ya que al estar alterado su sano juicio no puede planificar adecuadamente los pasos a seguir y en vez de alegrarse por sus acciones, ve que toda su vida está plagada de errores y decepciones. Este tipo de orgullo es ilegítimo durante todo el año y no guarda vinculación alguna con la prohibición del jametz. Todo lo contrario, este tipo de orgullo afecta al buen jametz de todo el año, ya que molesta al ser humano y no le permite crear cosas bonitas en el mundo.

La prohibición del jametz no expresa este tipo de soberbia, sino que esta se ve manifestada en todos los alimentos que causan enfermedades y desarreglos estomacales, y su ingestión está prohibida durante todo el año por resultar nocivos para la salud (Pninei Halajá Kashrut 36:1).

El orgullo es ilegítimo únicamente si está dirigido hacia el Cielo

El segundo tipo de orgullo, hacia el cual está dirigida la prohibición del jametz, es la soberbia del ser humano en su relación hacia D´s. El fundamento de la fe es que cada judío sepa que el Santo Bendito Él creó el mundo y le fijó un cometido, y todas las raíces de todas las cosas dependen directamente de HaShem bendito sea. Si bien D´s dio al ser humano la capacidad de mejorar y desarrollar el mundo, esta labor se realiza sobre las diferentes ramificaciones, pero las raíces de las cosas no están en absoluto a su alcance ya que se trata de creación Divina. El Santo Bendito Él creó el mundo, y al hombre lo creó a Su imagen, y Él es quien escogió a Israel como Su pueblo y le entregó Su Torá. En todos estos fundamentos el ser humano no tiene derecho a intervenir. Por ello, cuando una persona se encuentra ante D´s debe envolverse de una gran humildad y esforzarse con todo su ser en no mezclar pensamientos humanos en los fundamentos de la Creación, ya que se asemejan a la prohibición de jametz en Pesaj.

En Pesaj retornamos a la raíz de la fe

La festividad de Pesaj en general y la noche del Seder en particular fueron destinadas a arraigar en nuestro interior los fundamentos de la fe, que hay un Creador del universo y es providente con todas Sus creaturas y que escogió a Israel para que revele Su Nombre en el mundo. Cada vez que se manifiesta un fundamento Divino en el mundo aparece de manera totalmente milagrosa, para hacernos saber que se trata de una cuestión Divina y no humana. Por este motivo, la salida de Egipto tuvo lugar en medio de señales y maravillas, y de igual manera la Torá fue entregada por medio de milagros revelados y a una generación que vivió milagrosamente durante cuarenta años en el desierto, para que se sepa que se trata de una cuestión netamente Divina. En otras palabras: los fundamentos de la fe los percibimos, no los inventamos. Todo aquel que involucra un aspecto humano en los fundamentos de la fe incurre en idolatría. Y en el Zohar nuestros sabios insinuaron que el jametz de Pesaj es la idolatría (II 182:1).

Por ello, en Pesaj que es la festividad destinada a arraigar en nuestro interior los fundamentos de la fe, se nos ordenó ser sumamente cuidadosos con cualquier vestigio de jametz en nuestros alimentos o en nuestro haber, ya que este expresa nuestro lado humano, el cual está prohibido involucrar en verdades de esa dimensión. Sin embargo, durante el resto del año nos ocupamos de las ramificaciones, las cuales debemos desarrollar y mejorar, por lo que entonces el jametz es bienvenido.

El significado de la matzá

La matzá es el opuesto del jametz y por ello viene a insinuarnos nuestra debida humildad hacia el Cielo, y que, si bien HaShem nos concedió fuerzas para actuar y mejorar el mundo, no tenemos acceso a las raíces de las cosas. Por lo tanto, en Pesaj, al ocuparnos de las raíces – no involucramos rastro alguno de jametz en nuestros alimentos.

A partir de una actitud de humildad hacia el Cielo que se manifiesta en la matzá, tenemos la posibilidad de captar la fe que se reveló en la salida de Egipto respecto de que HaShem es providente hacia el mundo y escogió al pueblo de Israel. Si bien antes del éxodo hubo también individualidades que creyeron en D´s, de todas maneras se trató de conexiones personales de personas excepcionales con la cuestión Divina, pero la fe completa no se había revelado aun en el mundo. Solamente a partir de la salida de Egipto, al formarse una nación entera que incluía en su seno todas las capas de la sociedad y cuya misión era revelar la palabra de HaShem en el mundo, pudo manifestarse la fe en su totalidad.

La matzá viene a recordarnos la fe, y así es como en el libro del Zohar se la denomina «pan de la fe» (mijla demeheimenuta) (Zohar II 183:2), ya que por medio de su ingestión en la noche del Seder con la correcta intención se alcanza la fe, y comiendo matzá los siete días de la festividad se logra arraigarla y fijarla en el corazón (Pri Tzadik Maamarei Pesaj 9)

Nuevamente cada año

Cada año, nuevamente, debemos celebrar la festividad de Pesaj y volver a conectarnos con los fundamentos de la fe y purificarlos, ya que, en la práctica, durante todo el año debemos revestir a la fe de explicaciones por medio de las cuales podamos actuar en pos de la reparación del mundo. Estas explicaciones son una suerte de jametz que trae bendición, pero con el tiempo podemos llegar a creer que esos ropajes son la fe misma y así esta se echa a perder transformándose en idolatría. Gracias a Pesaj y por medio de la eliminación del jametz depuramos nuevamente la fe y diferenciamos entre sus fundamentos y sus ropajes.

Más aun, los ropajes de la fe cambian con el tiempo, ya que las ropas que viste el rey por la mañana no son las mismas que por la noche» (Tikunei Zohar 22), y tal como lo explicara el Rav Kuk en su artículo Da’at Elokim (lit. Conocimiento de D´s), algunas fundamentaciones de la fe son acordes a su época, pero al cambiar estas ya no resultan suficientes. Y a veces, estas fundamentaciones resultan apropiadas para algunas personas mas no para otras. La prohibición del jametz implica la prohibición de ocuparse de los ropajes para depurar la fe y diferenciarla de sus vestiduras.

Un ejemplo de la diferencia entre hombres y mujeres

He aquí un ejemplo: HaShem creó al ser humano en dos sexos, varón y mujer, que tienen entre sí diferencias significativas. Sin embargo, la esencia humana y la diferencia entre los géneros son más profundos de lo que el hombre percibe, y a pesar de ello nos resulta importante entender estas cuestiones en la medida de nuestra comprensión, caracterizando al hombre como más inclinado a lo racional y a la mujer como más vinculada a lo emocional. Sin embargo, todas las explicaciones son meros ropajes que cubren a la esencia. Con el correr de las generaciones la percepción se torna más y más profunda, y en virtud de ello van cambiando las explicaciones, que solo son vestiduras.

La regla indica que los fundamentos creados por D’s son permanentes y fijos, pero los ropajes cambian. Cada año en Pesaj retornamos a los fundamentos de la fe y nos renovamos, y gracias a ello podremos vestirlos y explicarlos de la mejor manera para incrementar nuestra identificación y nuestro apego a la Torá y a los preceptos y continuar así reparando el mundo.

El que desprecia las festividades

«Rabí Elazar Hamodaí dice: El que profana las cosas sagradas, desprecia las festividades, avergüenza a su semejante en público, viola el pacto de nuestro patriarca Abraham o interpreta la Torá contrariando la Halajá – no tendrá parte en el Mundo Venidero – a pesar de que disponga a su favor el conocimiento de la Torá y acredite buenas acciones» (Avot 3:11).

Mi maestro y rabino el Rav Tzví Yehuda Kuk, de bendita memoria, decía que era necesario entender cómo es que una persona que detenta en su haber estudio de Torá y buenas acciones carece de porción en el Mundo Venidero. Esto y más, dado que la Mishná no especifica cuánta Torá y cuántas buenas acciones, inferimos que, aunque estemos ante alguien muy grande en estas áreas y que es sumamente puntilloso en el cumplimiento de los preceptos, dado que denigra las festividades o revela aspectos de la Torá de un modo incorrecto no tiene parte del Mundo Venidero.

Si bien se trata de una persona que respeta mucho la tradición y es cuidadosa en la observancia de la noche del Seder como corresponde, todo esto lo fundamenta únicamente en el raciocinio humano. Explica la importancia de la festividad de Pesaj y la noche del Seder como la transmisión de la tradición a las próximas generaciones, y en el hecho de que la fiesta arraiga en los más jóvenes los fundamentos morales de la libertad personal y la conciencia de actuar en pos de la reparación del mundo, que las matzot representan la conciencia histórica del pueblo de Israel y las cuatro copas de vino aluden a la alegría que debe embargar al ser humano. Si bien todas estas ideas son bellas y ciertas falta lo principal: que HaShem bendito sea nos escogió de entre todas las naciones, nos dio Su Torá, nos ordenó celebrar Pesaj y comer matzot en la noche del Seder. Ese mismo judío puede también respetar el Shabat de sobremanera, pues a su entender en ese día la familia se reúne y cada judío tiene la posibilidad de descansar de sus labores y dedicarse a temas espirituales, pero se aparta de la idea de que HaShem nos ordenó observar el Shabat con todas sus normas y detalles.

Esto es «interpretar la Torá contrariando la halajá». A pesar de que la persona se esmera en el estudio, para él no se trata de una Torá celestial sino únicamente de sabiduría humana, por ello a veces se permite interpretarla contrariando la halajá. Esta persona desprecia las festividades al pensar que son meras costumbres y tradiciones que los seres humanos inventaron para de esa manera expresar todo tipo de ideas espirituales, y de ese modo niega que se trate de preceptos de origen Divino. Por ello, aunque tenga en su haber estudio de Torá y buenas acciones – no eliminó el jametz y no se conectó con el fundamento Divino absoluto de la fe y la Torá. Por ello, no tiene parte en la misión eterna del pueblo de Israel a lo largo de las generaciones, y por ende, no tiene porción en el Mundo Venidero.

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