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Preguntas que me fueron formuladas respecto de la conversión al judaísmo

  • La conversión al judaísmo de personas tradicionalistas no tiene como objetivo derribar las puertas de entrada a nuestro pueblo sino atender a las necesidades de familiares de judíos que echaron aquí raíces y conocen bien la tradición.
  • El público al cual me refiero aporta al país, se siente seguro en su posición, y el sentirse rechazado por parte del establishment rabínico despierta en ellos rencor y genera alejamiento.
  • Desde el punto de vista halájico, un tribunal de conversión puede estar conformado por tres judíos honestos y practicantes (ksherim) cualesquiera, y por ello no hay motivo para que el Gran Rabinato de Israel intervenga en las decisiones de los diferentes tribunales que operen en cada sitio.

Estamos hablando de un público cuyo número asciende a casi un millón de almas, que hicieron sus vidas aquí y no tienen ningún otro lugar en el mundo a donde ir. La mayoría de ellos son judíos, y algunos no lo son según la Halajá, pero su única identidad es la judía israelí y su lengua es el hebreo. Son partícipes de la construcción del país y su contribución a la sociedad es enorme. Entre ellos se incluyen grandes científicos, emprendedores, economistas, médicos, músicos y deportistas. Ellos hacen progresar a Israel poniéndola en la primera línea entre los países del mundo.

Últimamente he escrito algunos artículos en los cuales procuro fundamentar la posibilidad de convertir a posteriori a prosélitos que tienen la intención de llevar un estilo de vida solamente tradicionalista. En virtud de ello, se me han formulado una serie de consultas. He de responder a algunas de ellas.

Situación de emergencia espiritual y nacional

Pregunta: Incluso si a posteriori la conversión de un prosélito que no es observante permanece vigente, ¿cómo es posible promover a priori la conversión de personas que no tienen la intención de observar todos los preceptos? ¿Cómo es posible debilitar a los tribunales en su rol como salvaguardas de la Torá y de la observancia?

Respuesta: Se trata de una situación de emergencia y peligro espiritual inminente (pikuaj nefesh rujaní), tanto de individuos como de la nación en su conjunto. La intención no es salir a buscar por no judíos por ahí y convertirlos de esta manera, sino hacerlo con familiares de judíos que ya se asentaron y establecieron en el Estado de Israel y están interesados en ser tradicionalistas. En caso de no convertirlos, resultará imposible evitar los casamientos entre judíos y aquellos que no lo son según la Halajá, pues todos estos últimos son familiares de judíos, estudian en los mismos colegios junto a judíos y trabajan con ellos en todos los sectores de la economía, y tanto los primeros como los segundos detentan una misma identidad judía israelí. Sobre la base de esta identidad común se enrolan al ejército y aportan en gran manera al florecimiento y el desarrollo del país.

Más aún, este gran sector de la sociedad está conectado a la tradición judía. Sus hijos logran absorber los valores judíos y nacionales en el sistema educativo estatal en el marco de los estudios de Tanaj, así como también aprenden hebreo, festividades e historia judía. El Shabat y las festividades están presentes en sus vidas ya que, por lo general, en el Estado de Israel no se trabaja los sábados, y la sociedad en su totalidad conmemora las festividades. Asimismo, los valores socialmente extendidos de justicia y preocupación por los más necesitados, respeto a los padres y fidelidad a la familia provienen en gran medida de las fuentes judías.

Estas personas carecen de otra identidad salvo la judía, a sus ojos, a ojos de sus vecinos y amigos son parte del pueblo judío. De no convertirse, cientos de miles de israelíes no se casarán según la Halajá y sentirán una gran desconexión y un poderoso rencor hacia el legado del judaísmo. Sus parejas judías también se alejarán de la tradición, y lo mismo ocurrirá con sus demás parientes. Sus hijos crecerán con una consciencia de humillación y discriminación y se le echará la culpa a los rabinos y a la generalidad de las personas observantes. A raíz de ello, puede desatarse un odio tal que amenace con dividir a la sociedad y esa sería una situación de emergencia nacional (pikuaj nefesh leumí). Detallemos más:

Peligro de vida (pikuaj nefesh) de individuos

Muchas son las familias que se desdoblan entre su fidelidad a la Torá, por una parte, y por la otra, sus hijos e hijas que escogieron casarse con personas buenas que según la Halajá no son judías. Ellos desean casarse según las normas de Moshé e Israel, pero no pueden, y cuando encuentran maneras determinadas de consolidar su relación de pareja surge la interrogante, ¿alegrarse junto a ellos en su casamiento o enlutarse? ¿Debemos reconocer su relación e invitarlos a las alegrías familiares lo cual habrá de causar que los devotos de la familia se ausenten, o abstenerse de invitarlos y partir así la familia? ¿Celebrar el Seder de Pesaj todos juntos o renunciar a un miembro de la familia? A los efectos de evitar ofensas y humillaciones, hay familias que acostumbran año tras año pasar las vacaciones de Pesaj en el extranjero, y así evitarse tensiones y discusiones. Pero así, ellos y sus hijos se alejan de la tradición, de la noche del Seder y de Yom Kipur, de la kashrut, de los Shabatot y las festividades, y tras ellos se alejan también otros hermanos y sobrinos.

En lugar de ello, la pareja no judía podría convertirse, y así la familia mantenerse unida en torno a su tradición judía.

Peligro de vida (pikuaj nefesh) nacional

Estamos hablando de un público cuyo número asciende a casi un millón de almas que hicieron sus vidas aquí y no tienen ningún otro lugar en el mundo a donde irse. La mayoría de ellos son judíos, y si bien algunos no lo son según la Halajá, su única identidad es la judía israelí y su lengua es el hebreo. Son partícipes de la construcción del país y su contribución a la sociedad es enorme. Entre ellos se incluyen grandes científicos, emprendedores, economistas, médicos, músicos y deportistas. Ellos hacen progresar a Israel poniéndola en la primera línea entre los países del mundo. Sienten que no precisan favores de nadie, porque se encuentran aquí en su carácter de judíos e israelíes. No es posible ofrecerles vivir aquí como ciudadanos dignos que disfrutan de igualdad de derechos sin ser parte del pueblo judío, ya que carecen de una identidad alternativa y tampoco la procuran. Por el contrario, en su mayoría están interesados en integrarse de lleno a la generalidad del pueblo judío e integrar en sus vidas a las tradiciones judías tal como es comúnmente aceptado en la sociedad israelí, incluida la fe en D’s, la celebración del Shabat y las festividades, las circuncisiones y las Bar Mitzvot, las Jupot y los funerales, los preceptos del hombre para con su prójimo y entre el hombre y su pueblo y la inclusión del Tanaj entre las materias estudiadas en los colegios. Si van a ser bien recibidos, desearán hacerlo más y más.

Sin embargo, cuando entienden que, aunque observen las tradiciones como la mayoría de los judíos o incluso en mayor medida que estos, no serán recibidos como iguales – se ofenden.

A los efectos de casarse se ven en la necesidad de atravesar revisaciones desagradables respecto de su árbol genealógico, y cuando no logran demostrar su judeidad, aun cuando a su entender esta es completamente certera y fidedigna, deben pasar por un proceso de conversión. Muchos de ellos están dispuestos a aceptar que la Halajá posee requerimientos y por ende deben convertirse, pero si aun después de haber aceptado pasar por el proceso y comprometerse a cumplir los preceptos como la mayoría de los judíos, todavía se les exige llevar un estilo de vida observante, surge en su interior una terrible sensación de humillación, que deviene en un profundo rencor, un alejamiento de la Torá y los preceptos y de todo cuanto es sagrado e importante para el pueblo de Israel a lo largo de todas las generaciones.

En efecto, un grupo nada despreciable ya sostiene que “si no nos quisieron como judíos fieles, nos van a recibir como los enemigos más duros del Shabat, la kashrut, de Pesaj, de la circuncisión y todo cuanto pertenezca a la tradición judía”.

Se trata de un público decidido que sabe de la magnitud de su aporte a la sociedad y en la medida en que se siente ofendido por el establishment rabínico desarrolla un rechazo mayor hacia el público jaredí, y le increpa a este último que destruye el país, que sus hijos no sirven ene el ejército, que no estudian ciencias, no aportan a la sociedad ni pagan impuestos y que únicamente representan una carga para el erario público. Y no solamente los jaredim, tampoco los religiosos y los tradicionalistas se escapan de sus acusaciones, que se originan en la humillación que padecieron y del rencor que acuñaron, por apoyar a la institucionalidad rabínica que les es hostil. Sostienen que el sionismo religioso es mesiánico y peligroso, que los tradicionalistas son ignorantes y atentan contra el desarrollo del país.

Ya hoy es posible sentir las llamas del odio que comienzan a chamuscar a la sociedad judía israelí y son capaces de generar en su seno un enorme cisma. Se trata de una situación de peligro de vida nacional, pikuaj nefesh leumí, que nos obliga a proceder conforme la opinión de las autoridades halájicas que consideran que ante circunstancias similares adoptaron una actitud sumamente flexible en lo que refiere a la aceptación de prosélitos.

La aceptación del yugo de los preceptos

Pregunta: ¿Cómo es posible que usted esté promoviendo en sus artículos una “conversión tradicionalista” mientras que diferentes rabinos sostienen que según la Halajá resulta imposible convertir a una persona sin que esta acepte por completo los preceptos?

Respuesta: Es por todos aceptado que la conversión requiere de la aceptación de los preceptos (kabalat mitzvot), la pregunta es qué significa ello. ¿Acaso se trata de un compromiso de cumplir todos los preceptos o de una aceptación general de que los preceptos son obligatorios para el pueblo de Israel, y de ese modo también el prosélito acepta que por su cumplimiento será recompensado y por su transgresión castigado? Por lo tanto, todas las citas que se traen a colación en cuanto a que la conversión requiere de ‘la aceptación de los preceptos’ no aportan nada al debate, ya que solamente aquellas que expliciten que se trata de un compromiso a cumplir ‘todos los preceptos’ serviría como prueba.

Hay unas veinte respuestas explícitas de juristas (poskim) en cuanto a que resulta posible convertir mediante una aceptación general de los preceptos, y las encabeza el mismísimo Rav Uziel. Esto surge también de las expresiones de otras decenas de grandes eruditos, y así procedieron en la práctica cientos de rabinos de todas las comunidades judías que aceptaron conversos aun cuando resultaba claro que en su gran mayoría no llevarían un estilo de vida religioso. Y así procedía el Gran Rabinato de Israel en las generaciones anteriores.

¿Acaso en el pasado todos los prosélitos eran observantes?

Pregunta: Si bien es cierto que en el pasado se convertía a personas que no se comprometían a cumplir en la práctica todos los preceptos, ello era posible ya que los prosélitos se incorporaban a comunidades religiosas y por ende resultaba claro que con el tiempo los cumplirían en su totalidad. Sin embargo, en la actualidad que se incorporan a la sociedad secular, ¿cómo resulta posible convertir a quien no haya estudiado concienzudamente todos los preceptos y no se haya comprometido a cumplirlos en su totalidad? Por este motivo los tribunales de conversión se ven en la necesidad de adoptar una actitud estricta respecto de las personas que solicitan convertirse.

Respuesta: “No digas cómo fue el pasado, que los días pretéritos fueron mejores que estos, porque no lo has dicho con sabiduría”. (Kohelet-Eclesiastés 7:10). También en los días de la Mishná y el Talmud muchos de los prosélitos no cumplían todos los preceptos, y por ello dijeron nuestros sabios en cuatro sitios del Talmud que “los conversos son difíciles para el pueblo de Israel como la psoriasis (sapajat)” (Tratado de Yevamot 47(B), 109(B), Tratado de Kidushín 70(B), Tratado de Nidá 13(B)). La explicación comúnmente aceptada por la mayoría de los sabios medievales es que muchos de los prosélitos no observaban los preceptos y algunos incluso rendían culto idolátrico y hacían que muchos judíos los siguieran en esas acciones. Tal como escribiera el Rambám (Hiljot Isurei Biá 13:18) y comentara Rashí: “No son cuidadosos en el cumplimiento de los preceptos, y quienes los frecuentan se ven arrastrados y aprenden de sus acciones” (Tratado de Kidushín 70(B)); “persisten en sus conductas anteriores y los judíos aprenden de estas o confían en ellos en cuestiones halájicas” (Tratado de Yevamot 47(B)) (en la actualidad este temor no existe, tal como escribiera en su responsa el Rabino Eliahu Gutemajer Yoré Deá 85).

A pesar de ello, los rabinos no se abstuvieron de convertir. Hete aquí el ejemplo de Eliahu, el prosélito que era lego en cuestiones religiosas y tal como veremos no aceptó cumplir los preceptos como debería, al punto que crio a su hijo sin formación judaica alguna y este llegó a odiar a los estudiosos de la Torá de tal manera que atestiguó de sí mismo que solía decir ¡“Quién me diera un estudioso de la Torá para que lo muerda como un burro”! (Tratado de Pesajim 49(B)), y al final, por el mérito de Rajel retornó en arrepentimiento y se convirtió en el mayor maestro de la Torá Oral – Rabí Akiva.

El Gran Rabinato de Israel

Pregunta: La conversión es una cuestión que atañe a la generalidad del pueblo de Israel, ¿cómo es posible otorgar potestad a cada rabino para que establezca un tribunal propio de conversión?

Respuesta: La conversión depende de un tribunal de tres jueces (Tratado de Yevamot 46(B), 47(A)). No obstante, a diferencia de los demás tribunales, no es necesario que sea conformado por tres jueces rabínicos expertos, sino que resulta suficiente con tres judíos honestos y observantes (ksherim) que uno de los tres sepa cómo llevar adelante el procedimiento de la conversión como corresponde (Shulján Aruj Yoré Deá 268:2). Como judíos ksherim nos referimos a personas observantes de quienes es sabido que no transgreden exprofeso ninguno de los preceptos de la Torá. Esta es la regla general: todo aquel que no es apto para ser testigo en alguno de los testimonios formales de la Torá, por ejemplo, atestiguar sobre matrimonios o divorcios, no es apto para ejercer la función de juez en un tribunal de conversión. Por lo tanto, no hay motivo para que el Gran Rabinato de Israel esté involucrado en las decisiones de los tribunales que surgen en cada sitio, y alcanza con que exija que los jueces de estos tribunales sean rabinos titulados o educadores que llevan sobre sus espaldas la responsabilidad de educar para una vida de Torá.

Por lo antedicho, resulta que el gran desafío social y nacional que tenemos por delante tiene una solución apropiada en la Halajá, y si vamos a lograr efectivizarla, elevaremos a la sociedad toda por medio de una identificación más profunda con la Torá y los preceptos.

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